La guerra entre Atahualpa y Huáscar
Introducción
En el informe anterior, describimos el escenario previo a la guerra civil inca, es decir, la batalla fratricida entre Huáscar y Atahualpa. Como vimos, este conflicto se desarrolló en un contexto marcado por la llegada de la viruela al territorio americano, que diezmó drásticamente a una población sin defensas inmunológicas contra la enfermedad. El propio inca Huayna Cápac murió a causa de ella. Además, la epidemia desencadenó una profunda crisis ideológica en el incanato: las deidades andinas, cuya función era orientar el cuidado de los cultivos y de las personas a través de sus oráculos, comenzaron a fallar al no poder responder a esta nueva amenaza.
Por si fuera poco, la guerra civil inca coincidió con la llegada de los españoles al Perú. En dos ocasiones previas a la captura de Atahualpa, los europeos ya habían hecho acto de presencia, sin revelar claramente sus intenciones. En este informe nos enfocamos en la guerra civil propiamente dicha y en las distintas versiones que existen sobre ella. ¿Fue una sola batalla o una campaña prolongada? ¿Cómo se movilizaron las tropas? ¿Qué factores inclinaron la balanza a favor de uno de los hermanos? Estas son las preguntas que intentaremos responder a continuación.
Resumen
- Existen dos versiones de la guerra civil: la guerra breve y la prolongada.
- La primera reduce el conflicto a una sola batalla librada en Quipaipán, cerca del Cuzco, donde Huáscar es capturado.
- La segunda sitúa el inicio del enfrentamiento al menos tres años antes de su desenlace, con un ataque de Huáscar en territorio norteño, bajo jurisdicción de Atahualpa.
- En un punto coinciden cronistas e investigadores: la actitud hostil de Huáscar hacia la élite cuzqueña y su creciente paranoia le restaron credibilidad. Como evidencia de ello, sus generales sufrieron derrotas incluso cuando contaban con ventaja numérica y estratégica.
- Según ambas versiones, Huáscar fue capturado, sometido a humillaciones y finalmente ejecutado, con lo que el conflicto llegó a su fin.
- Los españoles ya habían irrumpido en el territorio y llegaron a utilizar la figura de Huáscar para ganar apoyo militar contra Atahualpa.
La guerra breve
Según algunos cronistas, entre ellos el Inca Garcilaso de la Vega, el conflicto se redujo a un único enfrentamiento: la batalla de Quipaipán, librada en una llanura al oeste del Cuzco, donde Chalcuchímac y Quizquiz —los principales generales de Atahualpa— lograron apresar a Huáscar.
El detonante de esta versión fue la orden de Huáscar a su medio hermano Atahualpa de presentarse en el Cuzco para jurarle formalmente sometimiento. Desconfiando de las intenciones de Huáscar, Atahualpa aparentó públicamente preparar el viaje, pero en secreto ordenó a sus generales Chalcuchímac, Quizquiz y Rumiñahui marchar con distintas tropas hacia el sur, rumbo al Cuzco.
Atahualpa se detuvo al llegar al límite de sus dominios, mientras su ejército continuaba el avance. Las unidades de Chalcuchímac y Quizquiz se reunieron, lo que fue notificado a Huáscar. Los 20.000 soldados del norte cruzaron el río Apurímac en actitud bélica y fueron reforzados por 10.000 hombres más, ya en territorio cuzqueño. Las tropas atahualpistas llegaron hasta Villcacunca, a tan solo 30 km del Cuzco, listas para sitiar la ciudad.
Huáscar salió a su encuentro con 10.000 hombres y acampó a 15 km de la capital, aguardando refuerzos del Contisuyo, el suyo del suroeste. Pero las tropas de Atahualpa lo adelantaron y atacaron en Quipaipán. El enfrentamiento fue sangriento y los norteños resultaron vencedores gracias a la experiencia y habilidad de sus comandantes. Huáscar fue capturado cuando intentaba escapar tras la batalla.
Asegurada la victoria, Atahualpa viajó a Xauxa —la actual Huancayo, en Junín— donde convocó a todos los orejones y curacas del imperio para exigirles sometimiento. Sin embargo, el cronista Agustín de Zárate, testigo de los primeros años de la presencia española en el Perú, señala que entre la batalla de Quipaipán y la llegada de los conquistadores transcurrieron cerca de dos años y medio, durante los cuales Atahualpa debió sofocar constantes rebeliones de tropas leales a Huáscar dispersas por todo el imperio. Estas campañas fueron múltiples y muy sangrientas: Juan de Betanzos asegura que solo en Tomebamba —en el actual Ecuador, antigua capital del pueblo cañari— fueron masacradas 60.000 personas. Todas estas luchas impidieron a Atahualpa dirigirse al Cuzco.
Una vez vencidas las últimas resistencias, Atahualpa emprendió la marcha hacia la capital imperial, aunque debió alterar sus planes al enterarse de la llegada de un grupo de extranjeros: los conquistadores españoles.
La guerra prolongada
Esta versión incorpora elementos míticos y ofrece una visión más detallada de la campaña de Atahualpa. Aproximadamente en 1529, Atahualpa realizaba preparativos bélicos en Tomebamba, el centro administrativo del imperio en la zona norte, cuando fue apresado.
Sobre este episodio existen dos versiones: una sostiene que sus captores fueron cañaris leales a Huáscar, antiguos propietarios de la región de Tomebamba; la otra afirma que fue derrotado por tropas cuzqueñas al mando de Huanca Aunqui que habían llegado al norte.
Según esta versión, Atahualpa habría sido encerrado en un tambo real y liberado durante la noche por sus partidarios. Se cuenta que fue una mamacuna —mujer principal del inca— quien le proporcionó una barra de cobre con la que abrió un forado en la pared, logrando escabullirse sin ser advertido por sus vigilantes, que se encontraban en plena celebración por la victoria.
Atahualpa aprovechó el episodio para tejer un poderoso mito: difundió entre su pueblo que el dios Inti lo había transformado en amaru, la serpiente mítica, para que escapara por las grietas del tambo real. La leyenda se extendió por todo el Imperio y convirtió a Atahualpa en una figura casi sobrenatural.
Atahualpa huyó a Quito, donde reorganizó sus fuerzas, y luego atacó Tomebamba. Hualtopa, el gobernador cuzqueño de la ciudad, huyó con la mayoría de los hombres en edad de combatir para unirse a las tropas de Huáscar, mientras que mujeres y niños fueron masacrados por el ejército atahualpista. Las crónicas hablan de 60.000 muertes en esta avanzada.
Durante su marcha hacia Caxabamba, Atahualpa ordenó exterminar a todos los pueblos y tribus aliados de Huáscar que encontraba a su paso. Poco antes de su levantamiento, Huáscar había convocado a los curacas de la región de Tallán —la actual Piura—, quienes le habían jurado lealtad. Arrasando todo a su avance, Atahualpa llegó a Tumbes, donde encontró a la mayoría de la población favorable a su causa.
El curaca local Chirimasa se convirtió en uno de sus principales aliados y puso a disposición 12.000 soldados en balsas para atacar la isla Puná, en el golfo de Guayaquil, cuyos habitantes habían sido tradicionalmente rivales de las etnias aliadas a Atahualpa y eran leales a Huáscar. Los siete caciques de la isla —entre quienes destacaban Cotorí y Tomala— salieron al encuentro con 3.000 guerreros en balsas. Este enfrentamiento es considerado la mayor batalla naval de tiempos prehispánicos.
Los isleños, grandes navegantes, derrotaron al ejército inca pese a la desventaja numérica. La suerte de Atahualpa se torció cuando una flecha lo hirió en una pierna, lo que obligó a trasladarlo a Cajamarca para recuperarse en sus aguas termales. Aprovechando la retirada, los punaeños invadieron Tumbes, saquearon e incendiaron la ciudad y capturaron a 600 personas, entre soldados atahualpistas y locales. Atahualpa tuvo que retroceder una vez más a Quito para reorganizarse.
Cuando las fuerzas atahualpistas regresaron al sur, los punaeños se retiraron a su isla llevándose prisioneros y un cuantioso botín. Tiempo después, consumada la derrota de los cuzqueños, los de Puná optaron finalmente por aliarse con Atahualpa.
A partir de este punto, los dos relatos siguen un rumbo similar. La versión prolongada aporta, además, una descripción de cómo se constituyeron los ejércitos de ambos bandos y cómo se desplegaron en el territorio antes de las grandes batallas definitivas.
Las batallas decisivas
Hacia 1532, y ante el creciente descontento de las élites cuzqueñas con Huáscar, los ejércitos atahualpistas avanzaron hacia el centro y sur del actual Perú. Las continuas derrotas preocuparon profundamente a Huáscar, que comenzaba a agotar sus reservas y, en ocasiones, se vio obligado a enviar sacerdotes y curacas como generales. Replegó sus mermadas fuerzas al Cuzco, donde las reorganizó en tres ejércitos: el primero, bajo su mando personal, formado por orejones del Hurin Cuzco —la élite de menor prestigio en la capital—, cañaris y chachapoyas que guarnecían la ciudad; el segundo, comandado por Huampa Yupanqui, fue enviado a Cotabambas, en Apurímac, donde se concentraban las fuerzas enemigas; el tercero, bajo el mando de Huanca Aunqui, tenía la misión de vigilar al enemigo y atacarlo cuando la oportunidad se presentara.
| Generales de Atahualpa | Generales de Huáscar |
| Chalcuchímac | Huáscar |
| Quizquiz | Huampa Yupanqui |
| Rumiñahui | Huanca Auqui |
Los generales norteños Chalcuchímac y Quizquiz cruzaron el río Cotabamba con sus soldados. La vanguardia, formada por 25.000 honderos al mando de Chalcuchímac, llegó al valle del río Apurímac, específicamente en Tavaray, junto al puente de Huacachaca, que estaba defendido por fuerzas huascaristas. Sin que Chalcuchímac lo supiera, otra tropa cuzqueña había cruzado el río por el puente de Cunyac, sobre el Apurímac, entre Abancay y el Cuzco, y lo atacó por la retaguardia. Más de 10.000 atahualpistas cayeron y el resto se retiró. Esta victoria insufló nuevos ánimos a Huáscar, quien creyó posible ganar la guerra.
Las fuerzas de Huáscar se encontraron con las de Atahualpa en Huanacopampa, en el actual distrito de Tambopata, provincia de Cotabambas, en la región de Apurímac. Huáscar ordenó un ataque total. En el combate murió el general atahualpista Tomay Rimay. Los supervivientes del bando contrario se replegaron durante la noche a una colina. Al ver que el lugar estaba rodeado de hierba seca, los cuzqueños provocaron un incendio que mató a muchos de sus enemigos. Los sobrevivientes cruzaron el río Cotabamba, pero Huáscar decidió no perseguirlos y celebrar la victoria. Se dice que consideraba que hostigar a un enemigo en retirada no era digno de un Inca.
Al día siguiente, Huáscar ordenó cruzar el río y reanudar la persecución. Sus tropas llegaron a un barranco profundo llamado Chontacajas, cerca de Huanacopampa, donde decidieron actuar como vanguardia. Una vez dentro del barranco, fueron emboscadas desde las laderas por los atahualpistas y masacradas.
Fue entonces cuando Chalcuchímac ordenó a Quizquiz marchar en secreto con 5.000 hombres para situarse en la retaguardia de Huáscar, en Quipaipán. Este, que avanzaba confiado tras los triunfos de sus generales, fue sorprendido y apresado cuando intentaba acelerar la marcha hacia el norte. Chalcuchímac, por su parte, llegó de nuevo a Huanacopampa disfrazado de Huáscar. El grueso del ejército cuzqueño salió a recibirlo alegremente y arrojó sus armas al suelo, lo que permitió a las tropas norteñas lograr un triunfo definitivo tan ingenioso como contundente.
El victorioso ejército de Atahualpa inició su marcha hacia el Cuzco, con Huáscar preso bajo custodia especial en Quiuipay. Al llegar a Yavira, el ejército descansó. Enterada la nobleza cuzqueña de lo ocurrido, una delegación viajó a ese lugar para rendir homenaje al nuevo Sapa Inca Atahualpa, quien no se encontraba allí. Chalcuchímac ordenó entonces castigar ejemplarmente al general huascarista Huanca Aunqui y a Apo Challco Yupanqui y Rupaca, acusados de haber entregado la mascaypacha —la corona tejida, símbolo del poder inca— a Huáscar. Poco después, los atahualpistas tomaron el Cuzco sin resistencia.
Tras ser apresado, Huáscar fue conducido al Cuzco por Chalcuchímac y Quizquiz, donde fue obligado a presenciar la muerte de sus familiares, tanto directos como indirectos. Su propia madre le recriminó el estado en que había dejado el imperio por su forma de gobernar. El ejército atahualpista tomó entonces la ciudad, y sus soldados extrajeron la momia del Inca Túpac Yupanqui para quemarla en la plaza principal. Los pueblos del norte guardaban profundos resentimientos contra los cuzqueños, y en particular contra Túpac Yupanqui, por la conquista de sus territorios y la muerte de sus ancestros.
La toma del Cuzco por Quizquiz concluyó con la muerte de numerosas familias de la nobleza cuzqueña y el incendio de los palacios de la panaca de Huáscar. Desde sus aposentos en Cajamarca, Atahualpa celebraba los contundentes triunfos de sus tropas en el sur.
Prisión y muerte de Huáscar
Una vez consumada la victoria atahualpista, Huáscar permanecía como rehén. En prisión era constantemente insultado, alimentado con desechos y objeto de burlas. Después de que los españoles retuvieran a Atahualpa en Cajamarca, Huáscar fue conducido descalzo, semidesnudo y atado del cuello hacia el norte, camino a esa ciudad. Sin embargo, antes de que ambos hermanos pudieran encontrarse, Atahualpa —temiendo que Pizarro liberara a Huáscar y le restituyera el poder— ordenó su ejecución en el poblado de Andamarca.
Según las crónicas, el cuerpo de Huáscar fue arrojado al río Yanamayo, cerca del pueblo de Andamarca. La ubicación exacta de este lugar es incierta: algunas fuentes lo sitúan a 30 km al sur de Huamachuco, cerca de Cajamarca, mientras que otras lo ubican en Ayacucho, contradicción que las crónicas no terminan de resolver.
El fin de la guerra y la conquista española
Apenas concluida la guerra, irrumpieron los españoles bajo el mando de Francisco Pizarro. Mediante una serie de proclamas dirigidas a uno y otro bando, lograron internarse en el territorio sin ser atacados por el límite norte del imperio. Finalmente se declararon partidarios de Huáscar, lo que les sirvió de pretexto para tender la emboscada de Cajamarca, donde capturaron y dieron muerte al vencedor de la guerra civil: Atahualpa.
En todo caso, Pizarro supo aprovechar el conflicto interno para sus propósitos de conquista. Los españoles se apoyaron en los huascaristas, quienes les brindaron apoyo en hombres y, sobre todo, una cobertura ideológica que desarmó la resistencia de amplios sectores andinos: los europeos fueron presentados ante la población como libertadores que ponían fin a la guerra.
Mientras Quizquiz custodiaba el Cuzco, Pizarro entabló contacto con Túpac Hualpa, otro hijo de Huayna Cápac y hermano de ambos contendientes. Conocido por los españoles como Toparpa, fue nombrado Sapa Inca por Pizarro, aunque murió poco después. El conquistador acusó entonces a Chalcuchímac de haberlo envenenado y lo condenó a muerte.
Los otros grandes generales de Atahualpa corrieron suertes distintas. Rumiñahui continuó la resistencia en el norte frente a Sebastián de Belalcázar, lugarteniente de Pizarro, hasta ser derrotado. Quizquiz combatió contra Hernando de Soto y Manco Inca —otro hijo de Huayna Cápac y futuro sucesor de Túpac Hualpa— intentando reunirse con Rumiñahui, pero fue asesinado por uno de sus propios capitanes, Huayna Palcón, tras una disputa.
Por su parte, la nobleza cuzqueña, muy mermada por la guerra civil, se aglutinó en torno a Manco Inca, quien fue instituido Sapa Inca en el Cuzco antes del saqueo de la capital por los hispanos. Sin embargo, no tardó en comprender la verdadera naturaleza de los conquistadores y encabezó un levantamiento que daría origen a los Incas de Vilcabamba, sobre quienes hablaremos en un próximo informe.


































