EL PROYECTO OLMOS Y EL RETO DE LA GESTIÓN SOCIAL

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EL PROYECTO OLMOS Y EL RETO DE LA GESTIÓN SOCIAL

La historia del Proyecto Olmos se remonta al año 1924. Pasaron varios años y participación de diferentes Gobiernos de turno, y después de un proceso de promoción de la Inversión Privada y concurso del Proyectos integrales recién en el año 2004 se inicia su ejecución.

El Proyecto hidroenergético y de Irritación Olmos, es ejecutado en la modalidad de Asociación Publico Privada[1]   Su objetivo es la creación de un polo de desarrollo económico y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población en el norte del país, mediante el aprovechamiento hidroeléctrico de los recursos hídricos de los ríos por trasvasar, y el fomento de la producción agrícola orientada a la exportación basada en la irrigación de las áreas nuevas (ampliación de frontera agrícola) y en el mejoramiento del riego de las áreas existentes.

Uno de los aspectos centrales a tomar en cuenta grandes proyectos, como el proyecto en mención es el relacionamiento con los Stakehoder, y su atención a los grupos de interés, o área de influencia,   que no tratarlos, adecuada y oportunamente, no solo puede derivar en conflictos; sino pone en cuestión el modelo mismo de desarrollo e inversión.

Durante el 2017 y parte del 2018, la población aledaña al proyecto Olmos, ha mostrado su malestar, y fuerza de movilización, porque según entendían que las Empresas y el Proyecto Olmos no estaban cumpliendo con su responsabilidad social, ello derivó en la instalación de una Mesa de Dialogo liderado por la PCM, la misma que posteriormente de acuerdo su metodología de gestión de conflictos correspondía la etapa de seguimiento.

Estas acciones de la población pueden eventualmente presentarse, probablemente en algunas coyunturas, más que otras, y se tiene que tener los mecanismos desde el Proyecto mismo, más allá de la intervención del Estado para solucionar, prevenir conflictos pero también para promover el desarrollo; lo que se ha visto, desde la gestión misma del proyecto y lo implementado, no ha existido  ningún instrumento de gestión social, recién el año 2017 han aprobado los Lineamientos Generales de Responsabilidad Social, que sirve como marco orientador de Política Institucional, pero  en términos de Sistema de Gestión Social, el Proyecto Olmos carece de una estructura, con instrumentos definidos, en términos operativos y gestión interna, para prevenir conflictos, dar seguimiento y gestionar los impactos sociales, y que contribuya a su articulación con un Área Relaciones Comunitarias – Prevención de Conflictos y Gestión Social y alinear al personal en términos de funciones y roles. Por ello, en una nueva mirada del Proyecto, no solo de responsabilidad social, de relacionamiento; sino de Gestión Social Sostenible sería importante que la nueva dirección Institucional apueste  por elaborar e implementar instrumentos de Gestión Social, entre ellas un Plan de intervención social, Plan de Relaciones Comunitarias, un Plan de Comunicaciones, y como instrumentos de soporte un Plan de Medios- Seguridad y Protocolo de Crisis; estas acciones redundara no solo en el cumplimiento de compromisos planteados en los instrumentos de Gestión Ambiental aprobados para la puesta en marcha del Proyecto; sino serán referente en el cumplimiento de estándares nacional e Internacional.

JAINER ROJAS M

Consultor

[1] Se constituye en la primera experiencia a nivel nacional que se ejecuta en la modalidad de APP.

LAMBAYEQUE ACTUAL Y EL RETO DE RECUPERACION DE SU LIDERAZGO

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LAMBAYEQUE ACTUAL Y EL  RETO DE RECUPERACIÓN DE SU LIDERAZGO

 La Competitividad de Lambayeque en los últimos años 7 años ha retrocedido tres posiciones (del puesto 6 que se llegó en los años 2007 al 2009 hasta el puesto 9 en los años 2014 y 2015, salvo el año 2017 nunca se llegó a ocupar nuevamente el puesto 6 o en todo caso mejorar su posición competitiva a nivel nacional. Todo ello refleja, por un lado el pobre desempeño que ha tenido la Región Lambayeque no solo a nivel de la Macro Regional Norte que ha sido superado por regiones como Piura; sino a nivel Nacional, y por otro lado la carencia de iniciativas para ir cerrando brechas en infraestructura, salud, desnutrición, ingresos,  calidad educativa, conectividad; etc.

De acuerdo con INCORE 2018, los retos que tiene Lambayeque principalmente están en lo laboral e institucional; es decir en la creación e implementación de políticas para dinamizar el empleo local, en desarrollar una gestión pública moderna y brindar garantías de una seguridad ciudadana.

Mirando el Índice de Progreso Social, se observa un retroceso respecto al año 2016, bajo del puesto 7 hasta el 10, siendo el componente bienestar y acceso a información y telecomunicaciones ubicado en niveles bajos; los derechos personales y acceso a educación superior se encuentran en nivel muy bajo y el que se encuentra en peores condiciones es la calidad ambiental, ubicado en extremo bajo.

Ante este escenario de estancamiento y atraso, y de un sistema en descomposición por la corrupción, se requiere de líderes comprometidos con el desarrollo de su pueblo y con visión de transformación de una realidad como la descrita, aquellos que crean en una política no como oportunismo y competencia para ganar y luego beneficiarse y/o beneficiar a los allegados (lo que se llama el Crony Capitalism (capitalismo de compadres); sino, viendo la política como ejercicio razonado de ideas e implementaciones acciones que promueva calidad de vida de manera integral en la población, esa práctica constante de honestidad y perseverancia que se trabaja con la mente y la fuerza del corazón, donde se alberga el amor y la inteligencia, y alcanzar la excelencia como expresión de un sólida formación íntegra, apego a la moral y los valores, los conocimientos y capacidad para gobernar para su pueblo y la visión de trascendencia para generaciones futuras.

No se puede seguir permitiendo la postergación del desarrollo regional, ahora con nuevo equipo de Gobierno, se espera un cambio de dirección en la gestión de las inversiones, la ejecución del gasto público, la implementación de obras de envergadura regional, pero también aquellos proyectos que cimenten e impulsen la economía local, el turismo, la gastronomía y dinamicen cadenas económicas – eco productivos y generación de valor; etc. El equipo de Gobierno, ahora tiene la oportunidad de servir al pueblo, tiene el reto de recuperar el liderazgo regional; están llamados a asumir dicho reto.

Jainer Rojas M.

DE UNA POLÍTICA DE “BUZÓN” – DE DRENAJE A UNA POLÍTICA DE GESTIÓN DE RIESGOS DE DESASTRES EN CHICLAYO

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DE UNA POLÍTICA DE “BUZÓN” – DE DRENAJE A UNA POLÍTICA DE GESTIÓN DE RIESGOS DE DESASTRES EN CHICLAYO

 

Las últimas lluvias intensas ocurridas en Chiclayo, nos ha vuelto a la realidad, lo vulnerable que estamos frente a un fenómeno climático de esta naturaleza y nos ha “enrostrado” el alto riesgo que representa nos estar preparados, no prevenir; es decir los actores llamados de promover una política pública local de prevención, de la gestión de riesgos, 20 años después no han entendido este llamado.

Los motivos pueden ir desde las especificidades sectorial de los servicios de salud y sanitarios, hasta las fuertes resistencias corporativas delos entes que administran los servicios básicos, pero probablemente lo central es que no se tiene un modelo de gestión pública calificado, moderna y bien estructurado, que responda como todos los ciudadanos esperan, acciones concretas, con planificación, pero también con visión de futuro.

Chiclayo carece de un sistema de drenaje pluvial y lo que se ha visto como política (entendida como practicas institucionalizada) es, ante un fenómeno climático como las lluvias intensas se recurre al retiro de los buzones de desagüe, de realizar pequeños canales como una manera de atenuar el daño, aunque después tenga consecuencia en calle, la población y mismo sistema de conexión; se tiene que cambiar estas prácticas que se ha institucionalizado, las autoridades e instituciones no están para  mirar por donde evacuar el agua o entregar calamina después cuando la casa se desploma; sino la principal responsabilidad está en la planificación, en la prevención (gestión prospectiva), y en la preparación y organización ante una emergencia (gestión reactiva).

Esto implica que los Gobiernos Locales, Regionales, desarrollen e implementen una política de gestión de riesgos de desastres, lo cual suponen entender que los desastres son producto de procesos de desarrollo mal logrados, pues se tiene a la población y sus medios de vida en condiciones de vulnerabilidad; con lo cual se entiende que es posible actuar antes del desastre  en la planificación del desarrollo (Ley 29662 crea el Sistema Nacional del Gestión del Riesgo de Desastres), y la oportunidad de incidir a partir de  ella en la visión y estrategias de desarrollo así como en la adecuación de la inversión, tendiente a evitar el riesgo en el futuro y reducir el riesgo ya existente.

En esa perspectiva es importante articular, los instrumentos de planificación con las orientaciones de las políticas públicas locales en agua, saneamiento, territorialidad, etc; y allí cobra relevancia las propuestas que se vienen planteando desde la sociedad civil, los Colegios Profesionales, como por ejemplo no solamente ver el tema de drenaje, sino el plan integral de agua potable y drenaje pluvial, revisar y actualizar el Plan Urbano metropolitano, incorporando el Plan de Infraestructura regional, actualizar el catastro, validar los planes de contingencias ,etc. ; debemos ir definiendo el modelo de ciudad que deseamos vivir, y puede contribuir en ello el Programa de Ciudades Sostenibles, pero sobre todo tenemos que creer, despertar con ese  sueño y visión de que es posible vivir con dignidad, y desarrollo demostrable, articulado e integrado como pueblo y territorio.

Jainer Rojas- Febrero 2017