Es la tercera vez en una década que la espera por resultados ajustados pone en vilo al país. La primera vuelta concluyó marcada por el desinterés, la frustración y, finalmente, la desconfianza ante una jornada que dejó sensación de desorden. Sin embargo, poco se está mirando la conformación del nuevo Congreso, un espacio donde -ya lo hemos vivido- reside el centro real del poder.
Al observar la composición de las dos cámaras -pueden existir pequeñas variaciones posteriores- se confirma lo que veníamos anunciando en esta misma columna: al fraccionamiento electoral, gracias al umbral de representación, le sobreviene un número acotado de partidos. Los seis que lo superaron tienen representación en ambas cámaras. Es el resultado previsible de una alta dispersión: 38 agrupaciones en competencia, donde la primera mayoría (Fuerza Popular) apenas alcanza el 15% de los votos, solo seis superan el 5% y 23 se quedan por debajo del 1.5% que exigían las PASO, umbral que ilustra cuántos habrían participado en la elección parlamentaria (14) y no el impresionante número del sabanón.
Esa capacidad reductiva del umbral tiene dos consecuencias. La primera: los partidos que no cumplieron las dos condiciones de ingreso perdieron los escaños ganados. Ocho agrupaciones que habían conseguido 12 escaños -incluidos cinco de País para Todos- vieron redistribuirlos entre quienes sí superaron la valla. La segunda: Fuerza Popular, con el 14% de los votos, obtuvo el 31% de la Cámara de Diputados; y con el 15%, el 36% del Senado. Del resto, solo Juntos por el Perú (JPP) logró una proporción de escaños claramente mayor a su votación. Esta desproporción es el resultado típico de los umbrales: benefician a los dos primeros, en especial si cuentan con votación de extensión territorial.
En el Senado, la coincidencia más natural sería en la derecha entre Fuerza Popular (22) y Renovación Popular (8), que suman 30 escaños, la mitad de la cámara. No ocurre lo mismo en Diputados, donde Fuerza Popular (40) y Renovación Popular (18) quedan lejos de la mayoría. Si las bancadas de Ahora Nación, Buen Gobierno y JPP se ubican como opositoras, la de Obras -con 15 congresistas de perfil desconocido- puede inclinar la balanza hacia la derecha. El escenario es más favorable para un gobierno de Fuerza Popular, que cuenta con la bancada individual más numerosa. No así para uno encabezado por Renovación Popular, que estaría muy condicionado por el fujimorismo. Un gobierno de JPP, en cambio, tendría que ceder considerablemente en sus planteamientos para atraer a Buen Gobierno y Ahora Nación.
Quien gane la segunda vuelta encontrará un Congreso donde la mayoría no está dada sino por construir. Con bancadas cuya cohesión es incierta y un mapa de alianzas por negociar, la gobernabilidad dependerá, una vez más, de la capacidad de acuerdo. No será fácil para nadie (Perú21, lunes 20 de abril del 2026).


