“Quien me oiga asegurar que el gato gris que ahora juega, en el patio, es aquel mismo que brincaba y que traveseaba hace quinientos años, pensará de mí lo que quiera, pero locura más extraña es imaginar que fundamentalmente es otro”

Borges, Borges, Borges

Borges nace en Buenos Aires en 1899. Hijo de una familia relativamente humilde (relativamente porque en su adolescencia se va con toda su familia a vivir a Suiza), decide convertirse en escritor. Luego de educarse, retoma a Buenos Aires y comienza a publicar su trabajo, principalmente ensayos y poemas.

De ahí en adelante se dedicará a la docencia universitaria, también se ocupó como bibliotecario y en 1955 fue nombrado director general de la Biblioteca Nacional de la República Argentina.

Borges queda ciego a los 55 años. Ya para ese entonces, como si las cosas cayeran por su propio peso, sus obras se fueron traduciendo al inglés, empezó a ganar premios internacionalmente y se hace mundialmente conocido. Un poco avanzado también, su vida coincide con el boom latinoamericano. Aunque no necesariamente un representante de esa corriente, como latinoamericano, ocupa un espacio junto con García Márquez en boca de todos.

Sin embargo, se sostiene que debido a sus convicciones políticas conservadoras no ganó el premio Nobel (estando de candidato durante 30 años). Eso es lo bochornoso de la academia, bien se dice que para ese entonces si no estabas de acuerdo con la Revolución Cubana o los movimientos socialistas no te aceptarían como un escritor “del grupo”. Vargas Llosa ya opinó de estos temas en diferentes conferencias, derivando también que la mansedumbre y timidez de García Márquez lo hicieron pasar disimulado a pesar de que no estaba de acuerdo con Castro (probablemente le importaba poco o nada).

Pero bueno, las cosas en la actualidad han cambiado (aunque eso no significa necesariamente para bien). La academia siempre será cuestionada y muchas veces con justa razón. Solo recordemos que los premios no hacen al escritor. Lo exponen y visibilizan al mundo, en efecto, y eso es valioso, pero aunque uno nunca haya sido conocido, aunque nunca alguien te haya leído, mientras exista la posibilidad de que lo hagan, mientras exista pruebas de tu trabajo y tus ideas hayan sido impresas en cualquier material, no hay motivo para no estar satisfecho.

“Entendemos que renunciar a la Trinidad -a la Dualidad, por lo menos- es hacer de Jesús un delegado ocasional del Señor, un incidente de la historia, no el auditor imperecedero continuo, de nuestra devoción”

Historia de la eternidad

Este es un ensayo donde Borges diserta sobre el tiempo y la eternidad. Fue publicado en Buenos Aires en 1936 de manera independiente. Sin embargo, viene complementado con otros dos ensayos posteriores: La doctrina de los ciclos El tiempo circular. 

Para el desarrollo de la argumentación, Borges tomará como estudio tres posturas centrales: la platónica, la cristiana y la de Nietzsche. En mi opinión el contenido del ensayo es abrumador cuando eres capaz de aprehenderlo todo, esclarecedor, acompañante, exquisito y soberbio. Es el primer texto que he leído de Borges porque realmente no es que tenga escritas novelas (y es así como me gusta acercarme a un escritor), pero ya hace un par de meses que he acabado este ensayo y he digerido bastante bien el contenido. Espero ansioso empezar con otro de sus textos.

Lo que voy a hacer para que le des una mirada al contenido es dejarte algunas citas adicionales que particularmente me gustaron. Espero que  las disfrutes tanto como yo:

“Si el tiempo es un proceso mental, ¿cómo lo pueden compartir miles de hombres, o aun dos hombres distintos?”

“Vivir es perder tiempo: nada podemos recobrar o guardar sino bajo forma de eternidad”, leo en el español emersonizado Jorge Santayana.

“Dicho sea con otras palabras: el estilo del deseo es la eternidad”

“El tiempo, si podemos intuir esa identidad, es una delusión: la indiferencia e inseparabilidad de un momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy, bastan para desintegrarlo”

El mejor para el final

“Si te figuras una larga paz antes de renacer, te juro que piensas mal. Entre el último instante de la conciencia y el primer resplandor de una vida nueva hay “ningún tiempo” -el plazo dura lo que un rayo, aunque no basten a medirlo billones de años. Si falta un yo, la infinidad puede equivaler a la sucesión”.

Nos vemos el martes con otra reseña,

R.

 

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