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El color en La la land (crítica con spoilers)
Por Percy M.V. Rodríguez

La la land (2016) del realizador Damien Chazelle empieza con el plano largo de un número musical que nos da el contexto de espacio y tema del relato. El uso del color resalta a primera vista. Los bailarines visten de amarillo, rojo, azul y verde principalmente. Y estos colores volverán a presentarse de modo frecuente a lo largo del filme. Por ejemplo, en las escenas de Mia (Emma Stone) y Sebastian (Ryan Gosling) aparecen los colores azul y rojo aunque sin consolidarse en un único personaje. Sin embargo, se observa que el azul predomina en las escenas en que aparece Mia y hace evidente su soledad pese a estar con amigas o en reuniones sociales. En lo que respecta a Sebastian, se nos muestra el color rojo que se podría interpretar como la pasión que intenta ingresar a la vida de Mia para motivarla a no rendirse y perseguir sus sueños.

El primer musical, another day of the Sun, presenta la idea de una congestión vehicular en que los automóviles no pueden avanzar, al igual que los ideales de nuestros protagonistas. Luego aparece Mia, trabajadora en una cafetería, que aspira a ser actriz de Hollywood pero la suerte no la acompaña. Después, mediante una elipsis sonora (piano y el claxón) ingresa Sebastian, un pianista de jazz, que quiere abrir su propio club pero sobrevive tocando en un restaurante. Es en el encuentro de ambos personajes que el realizador Damien Chazelle busca darnos su versión moderna del musical hollywoodense clásico, y toma como referencia principal a “Los paraguas de Cherburgo” (1964), filme francés que hace uso de colores primarios y su variaciones para contarnos una historia de amor.

En la escena en que Mia y Sebastian se conocen, ella lleva un vestido azul. Este color en inglés es blue palabra que también significa tristeza. Y es que Mia está en una etapa muy difícil para ella al no conseguir ningún rol pese a postular a varias audiciones.

En otra escena en que Mia sale de una fiesta y camina por las calles de Los Angeles, la fotografía es fría y predomina los tonos azules, hasta que encuentra el aviso de un bar de rojo fosforescente. Ese bar es curiosamente el lugar donde Sebastian trabaja. Cuando Mia ingresa al establecimiento se produce la primera introducción significativa del color rojo. El rostro de Mia queda rodeado de luces rojas y cálidas, dando pie a pensar que Mia se siente cómoda en ese lugar. A partir de este punto, los dos colores se yuxtaponen y aparecen juntos en varios planos pero en distintas proporciones sin encontrarse un balance visual concreto. Es como si Mia intentara aceptar el rojo, a Sebastian, en su vida pero rechazándolo continuamente.

Otro color que ingresa a escena es el amarillo. Desde el principio del filme, Sebastian viste trajes marrones, beiges y variaciones del amarillo, además del rojo. A lo largo de la película, Sebastian es presentado como un hombre menos vulnerable que Mia, más soñador. En la escena en que Mia está cenando con su novio, ella se siente incómoda y quiere escapar para encontrarse con Sebastian en el cine. Es esta escena, Mia lleva un vestido verde que es la combinación del azul y amarillo. También en la escena en que ambos personajes se ubican al pie del observatorio Griffith, el fondo es verde con la noche azulada y Sebastian luciendo un traje de tonos amarillos.

El uso estimulante del color llega a su punto máximo al final de la película. Es la escena del bar de Sebastian cuyo nombre evoca la sugerencia de Mia. Hay una iluminación azul como si se quisiera mantener el recuerdo de su color.

Todo esta gama de recursos visuales además de la gran secuencia del montaje final que es musicalizada en su totalidad más las extensas coreografías, hace a La la land merecedora de por lo menos un visionado.

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