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La censura como juego político

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Sabido es que vivir en Democracia es también poner en funcionamiento las instituciones del Estado y de la sociedad de acuerdo a lo que nos congrega a todos como diría Eurípides en Los Suplicantes 420 años antes de Cristo: ¿Quién tiene un consejo útil que dar para la ciudad (polis) y desea darlo a conocer?

La democracia representativa originalmente liberal creó mecanismos que se desprendían del régimen monárquico, algunos de los cuales se trasladaron al sistema republicano y forman parte de la tradición constitucional nuestra: El Jefe de Estado solicita permiso al  Congreso cada vez que se ausente del territorio nacional, que éste no responda por sus actos sino lo haga el Ministro de Estado correspondiente (ya que por su cargo es políticamente irresponsable, a semejanza del rey). A ello se agrega la existencia del Presidente del Consejo de Ministros (propio de las monarquías como Primer Ministro o Presidente de Gobierno) y que se instituyó para debilitar la figura del caudillo militar –en la mayoría de los casos- y finalmente que los Congresistas que puedan ser ministros de Estado.

La visita esporádica o no del Presidente de la República como Jefe de Estado a su homólogo francés no sólo constituye la del mejor embajador del país sino que orienta sus actos a la imagen que desea irradiar y hacia las negociaciones que pueda entablar en mérito al beneficio de la Nación. Lo cual es un primer acercamiento, ya que éstas se materializarán con las alianzas estratégicas, siendo perfeccionadas más adelante con la firma del ministro del ramo, quien asumirá la responsabilidad política correspondiente.

Más allá de la formalidad entre los Poderes Ejecutivo y Legislativo por el trámite conducente a la salida del primer mandatario hacia el exterior, resulta indudable que el Congreso apelando al interés público quiera conocer los alcances de la gestión emprendida dentro de un plazo razonable, bajo una actitud conciliadora.

En otros tiempos, el control parlamentario mostraba los signos del juego político apasionado, llegando a  interpelar al ministro de agricultura por no saber cuánto costaba un kilo de pallares (Caso Enrique Basombrío, 1945) o censurar en ausencia al ministro de justicia porque a criterio de un Senador no le satisfizo las explicaciones del entonces proyecto del Código de Procedimientos Penales. (Caso Valentín Paniagua, 1966)

En este contexto, la vida en democracia requiere que se deje de lado el juego político de la censura y que ésta obedezca a la objetividad y a una actitud desapasionada al momento de ejercitar dicho mecanismo de control el cual pretende recaer sobre la actual Ministro de Relaciones Exteriores.

Bajo ese mismo interés público que señalaba Eurípides hace siglos atrás, me permito compartir un video que pudiera ser intrascendente pero muy sutil: El comercial de fruteros de Watt´s en el país del sur donde un imaginario  “Partido por La Mitad” ensaya sus propuestas  políticas:  Porque el Mar es chileno.

Ad portas de conocer el fallo de la Corte Internacional de Justicia resulta importante mantener una actitud vigilante y no confiada que en la mira de fortalecer la postura coherente e integral de nuestra sociedad y de las autoridades políticas: Segura pero sin sobresaltos.

http://www.youtube.com/watch?v=CTty8pRqx-Q (última visita 17 de octubre de 2013).

 

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