La semana pasada, el Programa de la Naciones Unidas Para el Desarrollo (PNUD) y la Oxford Poverty and Human Development Initiative (OPHI) publicaron los datos del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) global para el año 2019. Pocas horas más tarde los principales medios peruanos destacaron el desempeño del Perú dando cuenta de que somos el país que más ha reducido la pobreza multidimensional en la última década [1]. Sin duda alguna, el dar cuenta del progreso en la eliminación de la pobreza no monetaria en el Perú constituye una excelente noticia, pero ¿cómo debemos interpretar la información que el PNUD y OPHI nos proporciona?

Lo primero es entender de qué indicador estamos hablando. El IPM global fue desarrollado conjuntamente por OPHI y el PNUD en 2010 tomando como base el método de Alkire y Foster (2007, 2011) [2]. Desde entonces, el IPM global ha sufrido algunas modificaciones en los indicadores de salud, educación y estándar de vida que lo componen, para alinearlo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). El propósito del IPM global es dar un panorama internacional de la pobreza multidimensional no monetaria que complemente la información de pobreza monetaria a escala global que proporcionan indicadores como el de USD 1.90 al día del Banco Mundial. En tanto el IPM global es un indicador internacional, necesita ser construido de tal forma que sea comparable entre países. Es decir, es necesario que los 101 países para los que se calcula el IPM global tengan los mismos indicadores y se les aplique los mismos criterios para determinar cuándo una persona es o no pobre multidimensional. En términos prácticos eso quiere decir que mide con la “misma vara” a países como Perú (país de ingreso medio) y, por ejemplo, Uganda (país de ingresos bajos). 

El IPM global está alineado al ODS 1 que busca erradicar la pobreza “en todas sus formas” [3] en todas las regiones del mundo, de ahí que el estándar que aplica para determinar quién sufre una privación en una dimensión y quién es pobre multidimensional sea muy básico. Esto no quiere decir que sean estándares irrelevantes o triviales, sino que son estándares mínimos que aplican, retomando el ejemplo anterior, tanto para países como Uganda como para el Perú. ¿Invalida eso el uso del IPM global para explorar la pobreza multidimensional en el Perú? No, pero es importante reconocer que se trata de un indicador que mide carencias muy extremas y que, por tanto, no necesariamente agota el rango de dimensiones y estándares de privación que en el Perú podemos considerar como inaceptables. De ahí que varios países de América Latina como Colombia, México, Ecuador y Chile hayan construido (en muchos casos con el apoyo técnico de OPHI y otros organismos) índices de pobreza multidimensional basados en el mismo método que el IPM global pero que incluyen más dimensiones y estándares más exigentes que este. 

Teniendo esto en mente, analicemos algunos de los datos del IPM global para el Perú. Primero, es importante tomar en cuenta que los resultados proporcionados en el informe del PNUD corresponden a una comparación entre el 2006 y el 2012. Es decir, no son datos que necesariamente nos den información sobre la pobreza multidimensional hoy. A pesar de ello, lo que muestran estas cifras son, a todas luces, buenas noticias. Efectivamente, el Perú ha avanzado reduciendo las privaciones en los 10 indicadores de salud, educación y estándar de vida que componen el IPM global y la proporción de personas que son consideradas multidimensionalmente pobres de acuerdo al índice (es decir, aquellas que sufren varias privaciones simultáneamente) se ha reducido de 20.2% en 2006 a 12.7% en 2012. Aunque no podemos decir a ciencia cierta cómo ha evolucionado esa cifra entre 2012 y 2019, lo más probable es que haya continuado disminuyendo, posiblemente de manera más lenta. ¿Esto quiere decir que en el Perú el 87.3% restante no es pobre multidimensional? Evidentemente, si tomamos en cuenta el estándar del IPM global (que, recordemos, fue creado para realizar comparaciones internacionales), la respuesta es que, efectivamente, el 87.3% restante no es pobre multidimensional. Pero esa respuesta nos plantea, a su vez, otra pregunta: ¿Es el estándar del IPM global el más adecuado para evaluar la pobreza multidimensional en un país como el Perú? Probablemente no. En países como el Perú, el IPM global nos da una idea de la situación de pobreza multidimensional muy extrema, pero es absolutamente razonable pensar que existen personas que no son pobres de acuerdo al estándar del IPM global, pero que viven en circunstancias que consideraríamos absolutamente intolerables en nuestra sociedad. Por ejemplo, los datos de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) de 2018 muestran que, si bien actualmente el 89.3% de personas en el Perú tienen acceso a agua por red pública (uno de los indicadores que componen el IPM global) tan solo el 36.7% tiene acceso a agua con un nivel de cloro apto para el consumo humano. Tomando en cuenta el estándar del IPM global, las personas que tienen agua en su vivienda proveniente de la red pública no sufren una privación en ese indicador, pero ¿realmente alguien que tiene agua que no necesariamente es segura para el consumo humano podría considerarse como no carente? Una lógica similar a esta podría aplicarse a otros de los indicadores que componen el IPM global. 

El IPM global del PNUD y OPHI ha sido una herramienta fundamental para visibilizar la problemática de la pobreza multidimensional en el mundo. En particular, es necesario resaltar la enorme labor que OPHI viene realizando durante más de 10 años bajo el incansable liderazgo de Sabina Alkire quien ha logrado algo muy complejo de alcanzar para un centro de investigación: un equilibrio preciso entre una altísima rigurosidad académica y una incidencia efectiva en el diseño de políticas públicas. Para países como el Perú, el desafío consiste ahora en tomar como punto de partida la agenda de pobreza multidimensional global para desarrollar métricas más exigentes que reflejen mejor la realidad nacional en términos de dimensiones y criterios para determinar quién es considerado pobre multidimensional y quién no. Así, por ejemplo, en entradas previas de este blog se han mostrado estimaciones de pobreza multidimensional usando los datos del censo de 2017 que, empleando otros indicadores y estándares más cercanos a la realidad peruana, muestran que la incidencia de pobreza multidimensional podría oscilar en un rango de entre 26% y 30%. Propuestas hay muchas, pero lo cierto es que existe todavía una discusión pendiente alrededor del tema en el Perú. Esta es una tarea para la cual activar la colaboración entre el INEI, los académicos peruanos, el PNUD, OPHI y muchos otros organismos locales y multilaterales será, sin duda, un factor clave. En esa línea, la reciente aprobación de la “Visión del Perú al 2050” en el marco del Acuerdo Nacional representa una oportunidad para identificar cuáles son aquellas otras “formas” de pobreza que como país consideramos prioritario erradicar de cara al futuro.

[1] https://gestion.pe/peru/peru-pais-mayor-reduccion-pobreza-multidimensional-ultima-decada-272889, https://elcomercio.pe/economia/peru/onu-peru-pais-reducido-pobreza-multidimensional-onu-noticia-654591, https://rpp.pe/economia/economia/onu-que-es-la-pobreza-multidimensional-y-por-que-el-peru-fue-el-pais-que-mas-la-redujo-noticia-1208400

[2] Alkire, S., & Foster, J. (2007, 2011). Counting and multidimensional poverty measurement. Journal of public economics95(7-8), 476-487.

[3] https://sustainabledevelopment.un.org/sdg1 

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Pobreza multidimensional en el Perú: avanzamos, pero ¿es suficiente?

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