En el imaginario de la mayoría de peruanos, parafraseando al Conde de Lemos, La Libertad es Trujillo.  El reciente Informe Técnico sobre Pobreza elaborado por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) indica que La Libertad se encuentra en el grupo de regiones cuyos niveles de pobreza monetaria oscilan entre 21.6 y 24.6% [1].  Esto es, a nivel de la región, aproximadamente, 1 de cada 4 personas se encuentra en situación de pobreza monetaria.  Dados esos resultados, en consecuencia, en materia de priorización de intervenciones del Estado e inversión pública a nivel regional, La Libertad no se encuentra, digamos, entre las regiones prioritarias.

No obstante, lamentablemente, La Libertad no sólo es Trujillo. La región está conformada por once provincias adicionales y más de ochenta distritos.  Cinco de ellos – Curgos, Condomarca, Huaso, Taurija y Bambamarca – tenían, hasta hace unos años, niveles de pobreza por encima del 85% y se encontraban entre los diez más pobres de los más de 1800 distritos que tiene nuestro país [2].  Anita vive en Curgos.  Sin embargo, además de las diversas privaciones que enfrenta su familia, las características del entorno en el que le ha tocado vivir configuran un panorama muy poco auspicioso para ella.  ¿De qué enfoques disponemos para “territorializar” nuestra comprensión de situaciones como ésta? ¿de qué experiencias podemos aprender para trascender la reflexión y generar evidencia que respalde decisiones oportunas y sensibles a la heterogeneidad del territorio?

El enfoque de capacidades humanas alude a la activación de las libertades sustantivas para que las personas desplieguen funcionamientos que les permitan alcanzar el bienestar.  Partiendo de ello, en una entrada previa de este blog titulada ¿Qué nos dice el censo de 2017 sobre la pobreza multidimensional en el Perú?: Ideas para continuar el debate, Jhonatan Clausen y Nicolás Barrantes resaltaban que actualmente existe consenso acerca del reconocimiento de la naturaleza multidimensional de las privaciones que las personas experimentan.  En breve, esto implica que, si bien garantizar un adecuado nivel de ingreso es clave para contribuir a su bienestar, se requiere evaluar múltiples dimensiones que enriquezcan la medición de la pobreza (i.e., acceder a educación, tener trabajo, disponer de servicios básicos). Siguiendo esa línea argumentativa, proponemos reflexionar acerca de la multidimensionalidad de la pobreza desde una perspectiva territorialmente situada.

Así, desde el IDHAL PUCP venimos debatiendo la aproximación del Desarrollo Humano Territorial (DHT) que resulta del diálogo entre el enfoque de capacidades humanas y el Desarrollo Territorial Rural [3]. En suma, la discusión se centra en torno al bienestar multidimensional de las personas enmarcándolo en la configuración de diversas dinámicas territoriales [4]. En ese sentido, proponemos que el territorio – en tanto potencial campo habilitador de oportunidades de bienestar dadas sus connotaciones físicas, sociales e históricas – alude a la interrelación de tres grandes dinámicas: (i) productivas vinculadas al acceso, uso y gestión de recursos productivos, así como a la articulación al mercado, (ii) sociodemográfico-culturales centradas en los aspectos de movilidad y desplazamiento, así como en la valoración y generación de saberes y experiencias, y (iii) institucionales con énfasis en las dimensiones de agencia y gobernanza presentes en los procesos de toma de decisiones, ejercicio del poder y generación de autonomía.  Estas dinámicas, por lo demás, están engarzadas en un modelo territorial multinivel (nacional, regional/provincial y local) a partir del cual se activan trayectorias territoriales y, a la vez, enmarca las trayectorias individuales que se despliegan a partir de las múltiples dimensiones del bienestar individual descritas arriba [5] (ver Gráfico 1).

Gráfico 1

Si bien el DHT – en tanto aproximación teórico-práctica – sugiere pistas renovadas, su puesta en marcha no está exenta de limitaciones conceptuales, metodológicas y operativas.  En ese sentido, hemos venido explorando las aproximaciones que diversos países de América Latina han desarrollado en línea con lo aquí planteado.  Entre ellas destaca el caso de México que, a partir del trabajo que realiza el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), ha incorporado algunos elementos del contexto territorial a la medición de la pobreza multidimensional.  Institucionalmente, el Consejo ha decidido trascender los atributos individuales o del hogar para incorporar lo que ellos denominan factores contextuales.  Así, han considerado ciertas características locales a partir del uso de criterios territoriales.  Hoy, en México, la comprensión de la pobreza multidimensional pasa por incorporar la cohesión social y el grado de accesibilidad a carreteras pavimentadas [6].  La cohesión social incluye indicadores que intentan aproximarse al nivel de desigualdad económica y social de la población a nivel nacional, estatal y municipal, así como indicadores de redes de apoyo e intercambio social a nivel estatal.  De otro lado, el grado de accesibilidad a carreteras pavimentadas supone que, ante su ausencia, hay una influencia negativa en las condiciones de vida de la población debido al aislamiento, falta de servicios y abastecimiento de productos.

Estas reflexiones nos permiten retornar al caso de Anita. Una aproximación de DHT supone que, por ejemplo, el análisis de la situación de pobreza a la que ella está expuesta incorpore información acerca de las dinámicas del territorio que, en última instancia, afectan la configuración de privaciones de su hogar.  Entre ellas, el grado de concurrencia de intervenciones del Estado y el monto de inversión pública asignada y ejecutada oportunamente en su distrito, así como indicadores de proximidad a servicios públicos básicos.  En esa línea, el INEI viene trabajando en una versión renovada del Sistema de Información Regional para la Toma de Decisiones (SIRTOD) que, confiamos, permitirá estimar las brechas territoriales asociadas a algunos de estos indicadores.  Disponer de esa información será un paso importancia hacia la generación de mejores y mayores oportunidades de bienestar para Anita.  A la par, desde el IDHAL PUCP, en coordinación con el IOP PUCP, estamos concluyendo el Primer Estudio sobre Bienestar Multidimensional en el Perú que contribuirá a la reflexión sobre el tema.   Anticipamos que los resultados aportarán al debate sobre la necesidad de territorializar las políticas e intervenciones, tanto del sector público como privado.  Estas pistas favorecerán que centremos nuestros esfuerzos en las personas desde una perspectiva multidimensional y multinivel del bienestar a partir de un enfoque territorialmente situado.  Transitemos a nuevas aproximaciones.  Anita lo requiere.  Se lo debemos.

 

Notas

[1] INEI (2019). Informe Técnico: Evolución de la pobreza monetaria 2007-2018.  Lima: INEI, p. 43.

[2] INEI (2015).  Mapa de pobreza provincial y distrital 2013.  Lima: INEI, p. 59.

[3] Schejtman, A. y J. Berdegué (2004). Desarrollo territorial rural.  Debates y Temas Rurales Nº 1. Santiago de Chile: RIMISP – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural.

[4] Vargas, S. (2018). Políticas de desarrollo rural en América Latina. En Introducción al enfoque de capacidades – Aportes para el desarrollo humano en América Latina. (pp. 399 – 415). Manantial, FLACSO, Fondo Editorial PUCP

[5] Reflexiones a partir de la experiencia de investigación-acción del Proyecto TransitANDO del Aula al Valle del Mantaro que cuenta con la participación de docentes y estudiantes de la Universidad Nacional Agraria La Molina, la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la Universidad Nacional del Centro del Perú y la PUCP.

[6] CONEVAL (2018).  Documentos metodológicos.  México DF: CONEVAL.

Puntuación: 5 / Votos: 2
Desarrollo Humano Territorial – transitando a renovadas aproximaciones a favor del bienestar multidimensional centrado en las personas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *