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Fernando Pessoa. Buscándole un sentido a la vida

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Tengo en mí todos los sueños del mundo.

Tabaquería.

Álvaro de Campos, la tercera persona de la triada más famosa de heterónimos que utilizó Pessoa, desarrolla una voz poética particularmente pesimista y desgarradora. En ella se observan dos movimientos esenciales, a saber, la dinámica de sentirse profundamente insatisfecho con lo que rodea al individuo y, la consiguiente desesperación por zafarse de aquello, a como dé lugar, inclusive al fatal precio de la muerte, «¡Dios cambie mi vida o ponga fin a ella! (Opiario), ¡No me vengan con conclusiones! La única conclusión es morir (Lisbon Reviseted), ¡Todos los mares, todos los estrechos, todas las bahías, todos los golfos, quisiera apretarlos contra mi pecho, sentirlos a fondo y morir! (Oda Marítima)».

Irónicamente, toda esta frustración por la pobreza que conlleva la realidad se explica desde las profundas aspiraciones que tiene el poeta hacía la vida misma. Álvaro de Campos es un ingeniero naval, un aventurero fascinado por el verso de Walt Whitman y, razonablemente, espera que la vida y quienes la habitan, incluido él, estén a la altura de sus expectativas. Sin embargo, aquello no ocurre y como resultado de esto se produce la decepción y sus tentativas soluciones de escape; «¿qué mal hice yo a todos los dioses? (Lisbon Reviseted)», se pregunta, sobrepasado, el poeta.

La angustia de sentirse encapsulado en una vida imperfecta en el fondo evidencia la condición necesaria para existir aún a pesar de las miserias que rodean al poeta o, puestos al caso, a cualquier ser humano. Ya que, substancialmente, se trataría de un llamado in extremis a la individualidad, a la redención del individuo por medio de su propia fuerza creadora que es, a su vez, transformadora de realidades.

Ya lo dijo Camus en el Mito de Sísifo, «no hay más que un problema filosófico verdaderamente serio, y ese es el suicidio». Por lo que, sí entendemos la vida como una experiencia posible de ser interrumpida voluntariamente, es decir, una posibilidad disponible al arbitrio de cada uno, todo lo demás queda bajo una nueva interpretación, una medida que no solo relativiza al resto de posibles decisiones que tomaría el individuo, sino que las encauza hacia un nuevo sentido donde lo peor que podría pasar ya se halla contemplado como una alternativa válida, transformando de ese modo al individuo en alguien que es auténticamente su propio dueño, aquel con el poder de transformar sus vidas hasta el extremo de acabar con la experiencia sensible y pasar a un estado desconocido nominalizado bajo el concepto de “muerte” donde nada ni nadie tiene injerencia, al menos, materialmente hablando.

Otra interpretación interesante la da Cioran que, en una entrevista al diario alemán Süddeutsche Zeitung, afirmó lo siguiente: «Me han preguntado por qué no opto por el suicidio, pero, para mí, el suicidio no es algo negativo. Al contrario. La idea de que existe el suicidio me ha permitido soportar la vida y sentirme libre. No he vivido como un esclavo sino como un hombre libre».

Todo ello se demuestra en los versos ya citados líneas arriba, donde el poeta duda sobre si continuar con su vida o terminarla. Postulado que, dicho de otra forma, da a entender que él y solo él es el único capaz de transformar su existencia en algo que merezca la pena de ser vivida. Evidentemente, el paso a la muerte es la transformación más radical de todos y, por lo tanto, aquello quiere decir que existen otras decisiones menos radicales, tales como el viajar (cambiar una realidad social por otra), el aislacionismo (abandonar la experiencia social por la experiencia personal), etc. Pessoa, o Álvaro Campos, optaron por la literatura.

A ese respecto, es harto conocida la tesis vargaslloseana que apela a la literatura como aquel instrumento enriquecedor capaz de transformar hasta las experiencias más sombrías en oportunidades de autodescubrimiento y creación debido a su facultad inconformista. Es decir que, gracias a la imaginación de mundos mejores, el individuo difícilmente puede hallarse conforme con lo que lo rodea y por lo tanto siempre aspirará a más, tendrá la osadía de querer transformar su realidad en una que se asemeje a la que ya existe dentro de su cabeza. «(La literatura) contribuye al perfeccionamiento humano impidiendo el marasmo espiritual, la autosatisfacción, el inmovilismo, la parálisis humana, el reblandecimiento intelectual o moral. Su misión es agitar, inquietar, alarmar, mantener a los hombres en una constante insatisfacción de sí mismos: su función es estimular sin tregua la voluntad de cambio y de mejora, aun cuando para ello daba emplear las armas más hirientes y nocivas», Vargas Llosa dixit.

Por ello, luego de evadir las marañas de corte pesimista-nihilista de Pessoa o, mejor dicho, de Álvaro de Campos, uno se topa de lleno con una fuerza poética que invita a ver la vida como una posibilidad de experiencias valiosas, dignas de ser abrazadas en su complejidad sin dejarse llevar por los chancarrazos que se pueden dar y que, ciertamente, se darán. La poética de Álvaro de Campo es pues, en cierto sentido, una invitación a tomar las riendas de cada uno para así llegar a tener plena libertad, transformando aquello que sabemos está mal y mejorarlo, seguros de poder correr con el costo que implica dicha tarea, es decir, un mundo mejor a cambio de la vida misma.

Arequipa, febrero del 2020.

REFERENCIAS

  • PESSOA MÚLTIPLE. Antología bilingüe. Fernando Pessoa. Bogotá (2016). Fondo de Cultura Económica.
  • LA LITERATURA ES FUEGO. Mario Vargas Llosa. Caracas. Agosto (1967).
  • FERNANDO PESSOA’S DISAPPEARING ACT. The mysterious masterpiece of Portugal’s great modernist. Adam Kirsch. Agosto (2017). The New Yorker.
  • FERNANDO PESSOA. Poetry Foundation.
  • ALBERT CAMUS. Stanford Encyclopedia of Philosophy. Octubre (2011).
  • EMIL CIORAN, Süddeutsche Zeitung, (1978)

Giovanna en la Palabra. Crítica a la novela ‘Dos veces por semana’ de Giovanna Pollarolo

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Tengo suerte, yo sé.

Pero estoy aburrida.

Todas Piensan, Giovanna Pollarolo.

Pollarolo es una escritora cuya sola evocación basta para advertir la presencia de una obra temeraria, un llamado a sumergirse dentro de las aguas del sinsentido, a entablar un combate de vida o muerte por salir a flote y toparse con nada menos que un vértigo inclusive peor al que se experimentaba.

En el medio son especialmente conocidos sus trabajos en poesía: Huertos de los olivos (1987), Entre mujeres solas (1991) y La ceremonia del adiós (1997), valiéndole todos éstos un merecido puesto como parte del canon poético de la literatura peruana contemporánea. Sin embargo, Pollarolo no se ha circunscrito a la creación poética sino que también ha incursionado en el mundo de la dramaturgia, el cine, la academia y la narrativa en prosa.

Esta última es la que motiva las presentes líneas pues su novela titulada Dos veces por semana (2008), es una síntesis de su quehacer poético donde cualquier sentido que pudiese tener la vida pareciese quedar desdibujado frente a la mirada impotente de quienes la sienten, o mejor dicho, la padecen.

Dos veces por semana parece inscribirse dentro de una combinación de géneros literarios, por una parte desarrolla una narrativa psicológica, ya que se trata de un análisis clínico desde un enfoque propio al psicoanálisis; y por otra parte, de una narración lírica, intimista, de un realismo descarnado que obliga al lector a sentarse en el diván junto a la protagonista e interrogarse sobre el devenir de su vida, de sus relaciones con los demás, del amor, del odio, de sus sueños, sus miedos, sus fracasos, etc.

Ahora bien, aunque la novela es de lectura fácil ya que procura una estructura esencialmente lineal, a excepción de algunas regresiones al pasado traumático de la protagonista y una historia dentro de la historia que formula ésta, emitir una opinión sobre ella resulta difícil debido a los sentimientos que logra despertar, impidiendo la formación de posturas imparciales sobre la misma.

La novela presenta dos personajes principales, una “Yo” (la paciente clínica) y una “Ella” (la psicoanalista). Ambas son las piezas de un mundo que rebalsa lo meramente psicológico para ir a parar frente a esbozos de temas mayores como la religión, la vida social, el concepto de mujer, entre otros más.

Así pues, la trama de la obra, que no es otra que el tratamiento profesional que recibe la protagonista, es lento y la mayor parte del tiempo exasperante. Por momentos se trata de dos pasos adelante y uno detrás, otras de dos atrás y uno adelante, y en algunos casos de ningún paso en absoluto.

En ese sentido la obra es retadora, interpela directamente a la paciencia, a la comprensión del lector, en ningún momento lo deja de lado sino que lo vuelve en el testigo mudo de un proceso de sanación como menos polémico.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, y es que en muchas oportunidades la acción narrativa se entorpece con algunas menciones cultistas respecto al quehacer psicoanalítico, la forzada inclusión de referencias literarias como por ejemplo poemas, novelas y autores, y el tan temido ripio que azota a novelistas y cuentistas por igual; en realidad a cualquiera dispuesto a pactar con la creación literaria, a emplear el lenguaje con miras a una perfección estética.

A pesar de ello, la obra no pierde brío y mantiene una intensidad atrapante de comienzo a fin. Es más, pienso que al inicio de ella, y a mi estricta opinión de lector, se hallan los mejores pasajes de todo el texto. El descubrimiento de la sexualidad, de la seducción, son una muestra evidente del instinto poético presente en todas las obras de Giovanna Pollarolo.

Qué duda cabe que al terminar la novela el lector descubrirá un sentimiento de empatía, de solidaridad hacía quienes dedican sus vidas profesionales a lidiar con los líos del subconsciente. Costará sentir lo mismo por la protagonista. Sin embargo, y como diría Marco Aurelio Denegri, «los sentimientos son construcciones lentas y difíciles, que dependen de la calidad que uno tenga» (Denegri, 2018).

Dos veces por semana es una novela apasionante, un poema hecho novela y viceversa.

Arequipa, 24 de Mayo del 2018

Bibliografía

Denegri, M. A. (2018). MAD. Sexo, Amor y Otros Placeres de la Lengua. Lima: Penguin Random House.

 

La Democracia Imperfecta

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Vargas Llosa, fiel a su espíritu inquieto, se refirió con cierta decepción retórica a la permanencia de Pedro Pablo Kuczynski en la primera magistratura del Perú. El escribidor, “en nombre de la democracia”, se mostró favorable al uso de la presión para que el presidente Kuczynski renuncie o sea vacado en caso sean probadas las acusaciones de corrupción que recaen sobre éste (Vargas Llosa, 2018).Sin embargo, dicho escenario no hace otra cosa que abrir nuevas interrogantes dentro del juego de poder llamado “política”, interrogantes que no solo cuestionan el periodo de crisis que vivimos los peruanos, una entre muchas de nuestra historia republicana, sino que nos invita a reflexionar más allá de nuestro horizonte cercano y buscar soluciones consensuadas en aquel término que fue llamado “bien común”, muchas veces tan olvidado, y lo que es peor, muchas veces tan mal interpretado dentro de un contexto democrático.

Vargas Llosa, M. (19 de Febrero de 2018). Biografia Intelectual de un Nobel. (R. Tola, Entrevistador)

Los Reflejos del Óceano

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Para Sofía Ferró

La lluvia lo atrapó recostado en su hamaca, observando desde la suspensión del aire como las olas turquesas rompían en suaves estruendos hasta terminar en la orilla. Cuando sintió la primera gota, pensó que se trataba de un simple chubasco, algo pasajero y sin importancia. Pero fue cuestión de segundos para que las hojas de la palmera, aquellas que por su generosa frondosidad lo protegían, cedieran ante la presión del incontable sollozo que caía desde el cielo. Fue ahí cuando se sintió estremecerse por entero, que su vida estaba ante una verdadera tempestad del caribe, con consecuencias mucho peores que simplemente salir mojado.