La bicameralidad aprobada por este Congreso no responde a un diseño institucional equilibrado entre cámaras: prevalece el Senado, que se ha convertido en la cámara más apetecible. No solo designa altas autoridades del Estado, sino también aprueba, modifica o rechaza las propuestas legislativas remitidas por la Cámara de Diputados. Tiene, pues, más poder. Y eso se refleja en los incentivos: de los 130 congresistas, 88 van a la reelección y, de ellos, 58 postulan al Senado.
El cargo de presidente de la República es el más importante y de mayor responsabilidad en el país. Sin embargo, ¿cómo es posible que, para ser senador, se necesiten diez años más de edad que para postular a la presidencia? ¿Quiénes se benefician de esta peculiaridad normativa? En la práctica, quienes han sido, son o serán congresistas.
En América Latina, la edad mínima para ser senador varía entre 25 y 35 años. Ningún país exige 45. A nivel mundial, en Europa, la edad más alta suele rondar los 40 años (Italia o República Checa, por ejemplo), y algo similar ocurre en Jordania o Tailandia. En cambio, el Perú está en el extremo: exige 45 años como regla general para el Senado. Hace dos siglos, en nuestro país se exigían 35 años y el último Senado -bajo el marco de la Constitución de 1979- también operó con un umbral menor.
¿Qué justifica que nuestros senadores necesiten un requisito tan exigente? ¿Qué ocurre cuando el umbral de edad es tan alto? Menos peruanos pueden aspirar a ser candidatos al Senado. Eso reduce la competencia, especialmente en un país donde la mayoría de la población es menor de 45 años. De hecho, varios integrantes del actual Parlamento no podrían postular si esa valla se aplicara de manera pareja. No obstante, al modificar la Constitución, el Congreso introdujo una excepción: para ser elegido senador basta con haber cumplido 45 años o haber sido congresista o diputado. En otras palabras, se crea una vía rápida para quienes ya están dentro del sistema.
Lo que puede ocurrir en adelante es evidente: si un diputado sale elegido con 25 años -la edad mínima exigida-, en la siguiente elección, con 30, podrá ser senador, es decir, quince años menos que lo exigido para cualquier peruano sin ese antecedente. Es difícil no verlo como un privilegio. Y no es un detalle menor: en una democracia, las reglas de acceso a la representación deben ampliar oportunidades, no cerrarlas ni establecer atajos corporativos.
Es urgente que el Congreso reforme este artículo y reduzca la edad mínima a 35 años, un requisito razonable y consistente con estándares comparados. Así se evitaría que el Perú sostenga un vergonzoso récord mundial y, a la vez, se eliminaría la excepción que hoy favorece a los políticos en ejercicio. Por lo demás, no tendremos un “Senado romano” con Marco Tulio o Julio César -que ingresaron con menos de 35 años- sino uno con algunos congresistas que candidatean por la reelección (Perú21, lunes 2 de marzo 2026).


