No hay más, José María Balcázar es hijo legítimo del presente Congreso. El que -salvo Perú Libre y su exigua decena de votos- ahora nadie quiera reconocerlo es consecuencia del puro cálculo político. A lo largo del quinquenio, el núcleo denominado Bloque Democrático y sus cercanos han convivido con el partido de Vladimir Cerrón y, aún ahora, su diligente hermano está sentado de manera inamovible en la mesa directiva del Congreso. No hubo cuco ni ascos. Hubo intercambio en el mercado político. Por ejemplo, tú nos das el Tribunal Constitucional y te premiamos con la Defensoría del Pueblo y, a través de ella, todos ganamos con la Junta Nacional de Justicia y, de carambola, el Ministerio Público.
El problema es el impacto que este juego de sillas ha provocado en nuestro sistema político. En parte explica que el Perú viva el período democrático más largo de su historia (25 años), con cinco (pronto seis) presidentes elegidos consecutivamente -hecho sin precedentes- y, a la vez, experimente la mayor inestabilidad en un siglo. El hecho y la fecha son claves: las elecciones del 2016. A partir de ese momento, los sucesivos ocho gobiernos fueron minoritarios. El presidente de la República fue perdiendo poder efectivo y pasó a ser dependiente o subordinado del Congreso.
En esta oportunidad, dado que era imposible seguir sosteniendo a José Jerí, estaba en juego quién podía hacerse cargo del gobierno sin que ello perjudicara al Congreso, sin que alterara el reparto del poder y sin que tuviera efectos perniciosos en la campaña electoral. José María Balcázar (83), el elegido políticamente ambidiestro, es otro improvisado en la presidencia de la República y con lamentables antecedentes políticos y judiciales. Esto es posible porque es funcional -como fueron sus antecesores- al núcleo dominante del Congreso. Será presidente por cinco meses, tiempo en el que no podrá hacer casi nada, lo que es muy bueno. Salvo que quiera el abismo, sabe que debe ser prudente -por eso la designación de Hernando de Soto- pues cualquier movimiento en falso seguirá los pasos de José Jerí.
El cambio frecuente de presidentes se ha normalizado tanto, que no ha impactado en la vida diaria de los peruanos, como tampoco ha afectado los índices económicos. Sin embargo, lo continuo no quiere decir que no haga daño. Lo ha hecho enormemente a la democracia peruana. Desde hace una década, en la que han desfilado tantos presidentes -la mayoría improvisados-, los partidos mayoritarios de estos años han hecho añicos las instituciones, han vaciado de poder al Ejecutivo, han concentrado y abusado del poder en beneficio no solo partidario, sino de mafias cada vez más organizadas. Todo esto ha producido un descrédito y hartazgo de la ciudadanía hacia la política y sus instituciones, que tardará mucho en revertirse. Por eso, Balcázar es lo más representativo de este Congreso (Perú21, lunes 23 de febrero del 2026).


