En la cédula de votación más larga y ancha de la historia, se tendrá que marcar cinco símbolos y siete votos preferenciales, en total doce marcas. Se trata del proceso electoral más complejo y confuso, y tendrá un serio impacto sobre el resultado de la elección del 12 de abril. Pese a que algunos políticos -replicados por periodistas y abogados- han desinformado acusando a terceros de este resultado, la responsabilidad es absoluta de este Congreso de la República. Este sabanón es el resultado de cuatro medidas.
La primera es la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), que, además de seleccionar candidatos, exigían a los partidos superar un umbral o valla electoral del 1,5 % de los votos válidos. De haberse mantenido, de los 38 partidos hoy inscritos no tendríamos más de una docena. El efecto habría sido una cédula mucho más corta.
La segunda medida es la forma de elección del Senado. En lugar de establecer una sola modalidad, se aprobó un sistema dual: la mitad de los senadores -30- se elegirá por circunscripción única, y los otros 30 mediante circunscripciones regionales, uno por cada región y por los peruanos en el extranjero, además de cuatro por Lima. La consecuencia es que la cédula se amplía en dos columnas para el Senado, en lugar de una.
La tercera es el Parlamento Andino. Este órgano, integrado por cinco países y 25 miembros, tiene una incidencia nula en la política nacional, pues sus decisiones no son vinculantes. Solo Ecuador y el Perú eligen a sus representantes de manera directa; los demás lo hacen a través de sus congresos, como ocurría en nuestro país antes de 2006. Este Congreso pudo modificar esta situación, pero no lo hizo en casi cinco años de mandato. La consecuencia es una columna adicional en la cédula electoral.
La cuarta, y de alto impacto, es el voto preferencial. Este mecanismo desata una competencia entre candidatos de un mismo partido e impide una campaña coherente y disciplinada. Fue eliminado con la reforma, pero este Congreso lo reintrodujo. La consecuencia es que habrá dos votos preferenciales para la Cámara de Diputados, dos para la Cámara de Senadores por circunscripción única, uno para la Cámara de Senadores por circunscripciones regionales y dos para el Parlamento Andino: siete en total.
Es decir, si este Congreso hubiera legislado con conocimiento, diligencia y midiendo los efectos sobre la campaña y la votación, hoy tendríamos una cédula con solo tres columnas para marcar símbolos y con no más de una docena de partidos: la cédula más pequeña de este siglo. Es que la mentira tiene patas cortas, pero la cédula es larga (Perú21, lunes 2 de febrero del 2026).


