Las elecciones pueden haber sido convocadas hace más de un año, pero para los peruanos solo cuentan las últimas semanas. En el Perú, la política ha degradado tanto la confianza pública que una elección ya no despierta expectativa, sino prevención. No sin razón. Aquí, el presidente elegido suele empezar a ser desaprobado antes de cumplir un año. En este siglo, casi todos los partidos que han llegado al gobierno terminaron hundidos. Y hace más de cien años que ninguna organización gana la presidencia dos veces con candidatos distintos.
Ese desgaste no nace solo de la mala política. También expresa un país socialmente desigual, con avances reales, pero insuficientes para cerrar brechas profundas. Hemos tenido estabilidad económica desde hace décadas, pero la política desperdició esa oportunidad: no logró traducir crecimiento en un mínimo de bien común. Por eso, el elector llega a cada campaña con motivos de sobra para desconfiar, frustrarse o tomar distancia, mientras desfilan candidatos ofreciendo desde bonos hasta pena de muerte. Y ahora, con el voto preferencial reincorporado por este Congreso, la campaña ya no es de partidos, sino de personas.
En ese contexto, no sorprende que, a tres semanas de la elección, la intención de voto siga baja y dispersa. Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori se mantienen adelante porque cuentan con un electorado fiel y muchos recursos, pero tienen límites evidentes. Ambos disputan, en buena medida, el mismo espacio de derecha. Llevan tiempo en escena y no logran despegar con claridad, lo que los coloca en zona de riesgo.
La última encuesta de Datum muestra la caída de la ilusión de Grozo. No resistió una intensa exposición en los medios. Acuña atrajo con éxito a los influencers, pero se agotó en los bailes. Puede caer, como lo está haciendo Mario Vizcarra. Carlos Álvarez está en ese margen de equilibrista, pero ya no es una novedad: entre la comicidad y la seriedad, la gente parece preferirlo en el primer registro. En esta última semana, Jorge Nieto y, en menor medida, Alfonso López Chau han crecido claramente, expandiendo su atractivo entre los jóvenes y en el sur. La pendiente del último tramo favorece más a Nieto.
En lo que queda de campaña habrá un natural realineamiento. De un lado, López Aliaga y Fujimori; del otro, López Chau y Nieto. Los primeros podrían absorber parte del voto de Acuña y Grozo. Los segundos, captar electores hoy dispersos entre Lescano, Sánchez, Forsyth o Vizcarra. La ventaja de los primeros no está solo en el voto presidencial, sino en el conocimiento del partido y el símbolo para tener importante bancada parlamentaria. La ventaja de los segundos es el aire nuevo que traen para algunos electores indecisos. Por eso, estos últimos no deben ser vistos como desinformados o indiferentes. No expresan apatía, sino cautela. Pueden, una vez más, cambiarlo todo. Y se llama Perú (Perú21, lunes 23 de marzo del 2026).


