Lima concentra alrededor de un tercio del electorado del país. No hablamos de todo el departamento de Lima, sino únicamente de la provincia capital. Su peso numérico es decisivo: más de 7.8 millones de electores. Para tener una referencia, toda la región Arequipa, con cerca de 1.2 millones, ocupa el segundo lugar en número de electores a nivel nacional. Es decir, aproximadamente la séptima parte de Lima.
Durante décadas, esta enorme concentración permitió asumir que Lima era una buena muestra del país. Quien ganaba en Lima, ganaba, generalmente, a nivel nacional. Esto dejó de cumplirse en 2021. En la primera vuelta, Pedro Castillo quedó en Lima detrás de Hernando de Soto, Rafael López Aliaga, Keiko Fujimori, Verónika Mendoza, George Forsyth y Daniel Urresti. Más aún, quien ganó en Lima —el candidato de Avanza País— no pasó a la segunda vuelta. Se produjo así un cambio relevante: ganar Lima ya no garantiza ganar el país. Se ha abierto una brecha clara entre la capital y el resto del territorio.
Visto desde otro ángulo, para Pedro Castillo la votación limeña representó apenas el 13% de su total nacional, mientras que para Keiko Fujimori fue el 35%. En contraste, la votación obtenida en Lima por Hernando de Soto y Rafael López Aliaga constituyó cerca de la mitad de su votación nacional, revelando una peligrosa hiperconcentración territorial que terminó limitándolos. Según la última encuesta de Ipsos, López Aliaga alcanza el 17% de intención de voto en Lima, pero solo el 6% fuera de la capital, reforzando lo observado en 2021.
La distancia entre Lima y el resto del país, por tanto, se ha acentuado. Esta situación afecta especialmente al candidato de Renovación Popular. Conviene recordar un dato histórico: ningún alcalde de Lima elegido ha logrado llegar a la presidencia. La lista es larga y transversal ideológicamente: Luis Bedoya Reyes, Alfonso Barrantes Lingán, Ricardo Belmont, Alberto Andrade, Susana Villarán y Luis Castañeda Lossio. La asociación intensa con Lima, fuera de la capital, ha sido hasta ahora un lastre.
Sin embargo, lo que debilita a nivel presidencial puede resultar ventajoso en el plano parlamentario. Lima no solo concentra el mayor número de escaños en la Cámara de Diputados, con 32, sino que, además, elige cuatro senadores por circunscripción regional, mientras que al resto le corresponde solo uno. A ello se suma la elección senatorial por circunscripción nacional, con 30 escaños, donde el peso electoral limeño vuelve a inclinar la balanza. En ese escenario, partidos con alta preferencia en Lima, como Renovación Popular, pueden convertir votos concentrados en poder real.
En suma, Lima ya no define la presidencia, pero sigue siendo decisiva para el control del Congreso. Y esa paradoja, sin duda, marcará la elección que viene (Perú21, lunes 19 de enero del 2026).


