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Es un hecho ampliamente aceptado, que Argentina es uno de los pocos países en desarrollo que ha alcanzado un lugar destacado en el campo nuclear a nivel internacional. Transcurridos sesenta años desde que el país decidió incursionar en las aplicaciones pacíficas de la energía atómica, se puede comprobar que este desempeño no fue un resultado fortuito, sino la consecuencia de una política que se caracterizó, entre otros, por dos objetivos coincidentes con aquellos que condujeron a la Revolución de Mayo de 1810: la soberanía política, en este caso para las decisiones científico-tecnológicas y la autonomía para la realización de proyectos nucleares. Y esto no es casual, ya que sin ninguna duda, aquel histórico paso emancipador, incluía también a la ciencia y la tecnología nacionales. En el marco de estas jornadas de reflexión interdisciplinaria, que invitan a debatir sobre diferentes enfoques del desarrollo nacional, en estas líneas se comenta una visión retrospectiva de los principales aspectos que caracterizaron a las actividades nucleares argentinas. A partir de esta mirada hacia el pasado, es posible apreciar el resultado de los esfuerzos coherentes y sostenidos realizados por científicos y técnicos argentinos durante poco mas de medio siglo, bajo la conducción de la institución responsable de las actividades nucleares en el país: la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Si bien los acontecimientos atómicos tuvieron lugar mucho tiempo después de la instauración del Primer Gobierno Patrio, el repaso dentro de este marco recordatorio de los hechos y las circunstancias que rodearon al desarrollo nuclear argentino, constituye una acción política de valoración de objetivos originarios. Reflexionar sobre el pasado puede brindar enseñanzas que contribuyan a reafirmar la orientación futura de las acciones en este campo, mostrando que ni siquiera en Ciencia y Tecnología, la Argentina merece ser una colonia.
Adelantando en algo las conclusiones de este ejercicio de memoria, el resultado permite comprobar que aquellos objetivos tendientes a lograr una identidad propia para el país, presentes también hace doscientos años, fueron elementos esenciales en el éxito alcanzado por el país en el campo nuclear. Por otro lado, a diferencia del pasado, la realidad del mundo se muestra hoy muy distinta. Principalmente, el desarrollo de la ciencia y la tecnología moderna ha dado lugar a procesos de globalización e interdependencia, de los que han surgido cuestiones que aún se mantienen sin resolver y que seguramente merecen estos ejercicios de memoria para decidir el rol a desempeñar por el país en este campo en el futuro.

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