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La noción de regímenes hídricos contribuye a definir los retos que representa compartir el agua. Los regímenes hídricos incluyen un conjunto de normas, instituciones y prácticas específicas e implican relaciones de poder, posiciones e intereses. Esos regímenes son ejemplos de una cultura hídrica específica basada en tradiciones culturales y sociopolíticas, actitudes y prácticas establecidas. Por ejemplo, podría pensarse en las cuencas fluviales como regímenes hídricos en los cuales, con los años, han surgido sistemas de cooperación voluntaria (como en el caso de la cuenca del río Columbia, compartida entre Estados Unidos y Canadá) o en los que, debido a incentivos externos como las inversiones extranjeras, o incluso a amenazas derivadas de la actuación de alguna potencia (como en la cuenca del Nilo y el Mekong), la cooperación se ha visto favorecida. Es interesante observar que no existe esa cultura en el ámbito de los recursos subterráneos, excepto en las regiones donde las costumbres y las tradiciones culturales han aunado fuerzas para la colaboración (por ejemplo, los qanats o kharez) y donde la gestión territorial y la sostenibilidad de las aguas subterráneas van de la mano.

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