Análisis: El falso dilema

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No se trata de desincentivar a las industrias extractivas, sino de que trabajen en concordancia con una visión de futuro del país
Por David Rivera del Águila

Es una opinión que se escucha cada vez con menor frecuencia, pero sigue siendo una idea arraigada en muchos sectores. Esa errada contraposición que se plantea entre desarrollo económico y cuidado del medio ambiente, que crea en algunos el falso dilema de tener que elegir entre uno u otro, debiera quedar desterrada definitivamente con ejemplos como el sucedido la semana pasada en La Oroya.

Mientras el viernes varios ministros viajaban a dicho centro poblado para lanzar el programa Sierra Exportadora y firmar los primeros proyectos que beneficiarán a la zona, en paralelo dábamos a conocer que un grupo de agricultores afectados por la contaminación del río Mantaro no podrá sumarse ni beneficiarse de ellos.

A estas alturas ya debería estar claro que el cuidado y la sostenibilidad del medio ambiente no se oponen al desarrollo económico que, por el contrario, lo benefician, y más aun en un país como el Perú, donde tal vez su principal oportunidad en la siguiente década sea el aprovechamiento responsable de su biodiversidad.

El dilema está en qué decidimos priorizar: si seguimos mirando el pasado y el corto plazo para tomar decisiones hoy o si lo hacemos con una visión de futuro.

Pero en realidad no existe dilema, pues no se trata de desincentivar a las industrias extractivas, sino simplemente de hacerlas cumplir con normas básicas de convivencia y en concordancia con lo que consideremos importante para el país, hoy y en el futuro.

El problema sigue siendo la falta de un Estado con una visión de desarrollo de largo plazo y que haga respetar las leyes.

Parece que la minería y las industrias extractivas en general no solo nos han hecho dependientes de sus divisas, sino también de un concepto de desarrollo que deberíamos desterrar de una vez por todas.

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