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Con la experiencia de casi una década y media de haber conocido el Congreso por dentro, más allá de los puntos de análisis que se señalan en estos días, sobre los intermediarios que pudieron calmar las aguas y obtener ese voto aprobatorio del Congreso para el gabinete de Salvador del Solar, es bueno resaltar que hay un tema central que pesa en la decisión política de los parlamentarios, el elemento crematístico.

En que otro puesto de trabajo, los congresistas van a ganar un promedio de 400 mil soles anuales, si sumamos 17 sueldos por año. La mayoría de ellos han ingresado con sueldos de 3000 o 4000 soles, sea del sector público o privado.  Lo que este Congreso de FP hará, es seguir con sus ataques y peleas abiertas con el gobierno de Vizcarra y estirar hasta donde de la aprobación de los proyectos de ley y llegar así hasta julio de 2020.  Fecha en la que Vizcarra ya no podrá cerrar el Congreso. Año además electoral que será de pelea pura y dura.

Habría que decir que parece que Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos y Jaime Yoshiyama sabían lo que hacían, cuando un instauraron un modelo administrativo en el CCD. Modelo que se mantiene en esencia hasta la fecha en el parlamento actual, y que nadie quiere cambiar porque se sienten muy cómodos, porque les da amplia discrecionalidad para el manejo de personal, tanto para su ingreso a la organización parlamentaria, como para su salida, sea en Comisiones o en sus oficinas parlamentarias. Además, todos observamos vemos que cuando hay alguna bonificación extraordinaria para los parlamentarios, hay plena unidad nacional.

Pero, este modelo también produce casos, que creo, no son aislados, como el de las denuncias contra el congresista Jorge Castro de Tacna, que entró por un medio de izquierda, y al cual además de la denuncia de cobros o cupos indebidos al personal que trabaja con él, se señala que por su oficina han pasado un promedio de 40 funcionarios y profesionales. En términos de gestión de recursos humanos, es claro si un jefe tiene tan alta rotación en el encargo que le toca dirigir, el problema es el jefe por lo que no sabe lo que quiere. O, quizá si sabe, y estamos ante una modalidad de cobro de cupos, que precisamente empezaron en los congresos de los 90 que dirigía el fujimorismo.

Esta escandalosa realidad implica hacer una reforma administrativa y económica en la organización del Congreso, cambio estratégico que deben hacerlo los propios congresistas. Es decir, ya sabemos la respuesta.

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