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Mujer, que no busca nada y termina encontrándose con todo.

Sueños que ya no lo son

Vida, esa que corre con fuerza, por todas partes, como el río de Javier Heraud. Esa que tenía en el 2005 en otro país, la que no llegué a no tener después de tantas operaciones y engaños, la que tuve por seis años (y pareciera años que no existieron, porque de ese tiempo ni recuerdos soy) y finalmente, la que tengo ahora.

Se avecinan tiempos mejores, con suerte. Esa suerte que siempre he dicho no existe. Ese destino que no se puede evitar y ya está escrito.

El fin de semana pasado fue el más largo de toda mi vida. Es bueno saber que JAMÁS volverá a repetirse.

 

If I dream

Volver atrás

En alguna de esas noches, el cielo se extendió más lejos que de costumbre. Pensaba en los colores que ahora inundaban la habitación: no más blancos. Ahora solo el cielo tenía parantes y todo alrededor está lleno de verde, marrón y naranja chillón. Sonrío, tampoco es lo que quiero pero es lo que tengo por ahora, y a mal tiempo, bueno… a tiempos nuevos, asimilación.

Esa noche en que miré al cielo, las nubes corrían una tras otra, literalmente. No niego que me llenó de nostalgia todo ese frío y esa brisa que parecía engañar anunciando un invierno ya ausente. La nostalgia de todo me golpeó tan descomunalmente que preferí ignorar esa “saudade” de la que tanto hablan las canciones que escucho y preferí ver la luz de luna incrustándose entre las nubes y la noche.

Mis sueños se han convertido en pesadillas continuas. Sueño con lugares lejanos y grises, con soledad, con agua y con aire, con ausencia y con rostros que nunca me han traído buena suerte. Siento que poco a poco ese momento aciago (y que mató mucho en mí) huye poco a poco, demasiado lento para mi gusto. Solamente sigo, mientras me acostumbro a escuchar otras voces, a ver lugares ajenos, a pasar tiempo viendo cosas que ni me gustan, sin lo que antes tenía…Mientras vuelvo a construir todo nuevamente, acostumbrándome a aquello que me dijeron: uno sigue. La verdad la llevo a cuestas, quizás por eso es que la vida me deja seguir, me deja respirar algo, me deja vivir (cliché). Pero un solo guiño atrás y todo vuelve a hacer igual, en ese puente, sola.

Que estará haciendo ahora en esta tarde, ya noche, ya ausente. Definitivamente, año de ausencias.

Ps. Y entre tanta nube, la luna se empeña en brillar. Fuerte. Y hacia esa luz sigo avanzando…

Saudade…

Continuación

Varias veces durante estos meses (sigue pareciendo julio aún) me he cuestionado la ausencia de tantas cosas que antes tenía cerca. Entonces, se me hace un nudo gigante y eterno en el pecho, la frustración asoma y solo miro mis manos, sin entender mucho a pesar de buscar explicación. La palabra muda, como siempre. Una palabra y voz mudas, mientras siga el tiempo.

Extraño las tardes en que llegaba del trabajo y me sentaba a descansar, frente al televisor (no siempre lo prendía). Había una sensación tan calma en todo y todo ello parecía eterno –  pensé que siempre sería así. Aún lo extraño, extraño las voces, los pasatiempos, las conversaciones… todo se quedó en el tiempo.

Ahora – quién pudiera imaginar- no tengo nada de lo que tuve. Nada. Nunca pensé estar en situación parecida, y aunque mi fe es grande, ser humana hace que desee borrar todo en un segundo y quedarme sin recuerdos. La magia de ello es que de hacerlo, nos quedaríamos incluso más vacíos que siempre.

¿Dónde está todo?

Ahora solamente miro el teléfono y las fotos a veces se cuelan y sonrío borrosa en el olvido. No encuentro paz pero de algún modo todo sigue su curso.

Son muchas las tardes, las noches, los días en que he querido correr y escuchar la misma voz: Mi espejo. He querido volver a decir mi nombre, escuchar la voz hecha aliento, jugar Clue o quizas comer algo a hurtadillas. He querido contar lo que estoy pasando, el dolor por el que atravieso ahora que nada tengo. He querido ver mi rostro en el espejo, pronunciar mi nombre y escuchar la respuesta en eco diferente.

Así es como termina la vida – quizás. Me quitaron todo y nunca pude hacer eco de mi voz. Me mutilaron.

Fe – solo eso tengo. Como ese grano de mostaza del que muchos ya han hablado antes…

Ps. Y sin embargo, desde la penumbra, una breve y delgada luz se esfuerza en iluminar mi ausente emoción.

 

Mudanza

Es cierto, quedé muda. He perdido absolutamente todo lo que antes tenía, he dejado todo, me quitaron la palabra y me han echado del mundo también. En menos de una semana mi voluntad cambió, ignoro el proceso sin embargo. Todo cambió, mudó, murió. Se dice que la muerte es un nuevo renacer: yo no estoy segura de ello. Ahora, sin casa, sin mundo y sin recuerdos (o con todos en realidad) me miré al espejo que no veía hace seis años. Realmente estoy sola- me dije en un inicio. Ahora también lo estoy, sola. Mucha esperanza, melancolía, dolor, olvido, impotencia, rabia, desazón, furia, desconcierto, duda, recelo, aceptación, cuestionamiento, llanto, desesperación.

Rezo todos los días, al menos mi alma (aunque no mi ser) debe alimentarse día a día. Sigo mis pasos en el trabajo, a veces sonrío.

Me es totalmente difícil ver qué sucederá- me llena el temor y lo desconocido.

Solo tengo esperanza. Y fe, que como alguien me dijo, jamás huye de mí.

SOS

 

emoción (que no lo es)

La semana había transcurrido y qué semana. No solamente terminé de trabajar – lo que en otra vida y otro tiempo era lo único que debía hacer- sino que ahora debía además repartir mi tiempo entre el tráfico, la llovizna que va naciendo en Lima, los estudios, los amigos (pocos)… y con suerte, la vida personal.

Siempre que tomo alguna decisión, impensada, motivada solamente por una emoción (que me empuja a una humana reacción de la que después solamente puedo señalar PORQUÉ), las consecuencias son funestas. Aunque ya hace mucho (mucho x 1000) no me había dado esa licencia, lo cierto es que reaccionar y actuar sin pensar es un one-way-ticket momento, situación que creo ya no debería de volver a vivir. Ya no tengo muchas excusas: no tengo 20 años (por ende “no adolezco”), no estoy sintiéndome mal por algo específico (enfermedad, desamor, etc), el mundo no se acaba mañana… no tengo excusas, es la verdad.

Esa terrible condena de “hacer lo que quiero” me acoge en una situación agridulce (he tenido que hacer una pausa para repasar en mi mente como escribir esa palabra, cuyo origen solamente lo tenía en inglés al momento de escribir estas líneas). Agridulce, contradictoria, incauta, que sé yo. De lunes a viernes, cada uno de esos días, todo se intensificó. Algunas decisiones si las pensé mucho antes, por ello es que no sentí mayor consecuencia (qué cierto ello de pensar antes de actuar). Pero aquellas otras, movidas por un frenesí incauto de apasionamiento juvenil huido, esas otras, son las que quisiera borrar. A menos que…

En fin, teniendo tanto por decir y ver huído el mundo (y el tiempo, la mayor pérdida para mí), me alejo. Estoy contemplando la idea de un viaje, espero corto, espero pronto. Espero, memorable.

Como siempre, una canción (un poco a raíz de tantos eventos).

I can see clearly now ♫

Bahia bahia bahia bahia…

Toda yo ahora solamente pienso (pensamos) en Bahía. Estar ahí, como si fuera Arequipa (2011). Como si fuera Worcester (2004). Aún en el trabajo, las frases se esconden, la interacción sucede y la palabra se deja ser dicha. En unos momentos seguiré mi propia rutina, escuchando lo que líneas abajo detallaré. Y la siguiente frase que es probable me acompañe en este día frío, que da mucho por decir del futuro pasado (más entretenida me tiene el presente).

 

Rocio, tudo tem seu tempo….  Aliás, todos nós merecemos ser feliz.

Esto escucho mientras escribo estas líneas…

Es probable que piense en ello por toda la tarde.

Ps. Qué bonito es el português..

Off

He pasado días en casa, algo mal. En realidad no sentí gran malestar hasta que el doctor llegó y dijo que estaba enferma. Entonces, mi cerebró aceptó el efecto dominó del malestar y el vaticinio, y finalmente me declaré en inacción laboral, al menos por dos días.

Durante estos días ni la misma idea de trabajo me ha abandonado. Soñé por un par de veces estar en la playa, y acaso leyendo un libro.

Lo cierto es que mi teléfono (automatizado ahora y convertido en repositorio de mucha información) y yo hemos estado interactuando de manera remota.

Muy a mi pesar.

 

Vacaciones

 

La lluvia ya ha caído tres veces (en lo que va de la tarde). Hace algo de frío (10º), no hay mucha comida alrededor (lo que implica que hay que salir a conseguirla).

Todo por querer salir de los 34º de Lima y respirar aire más libre, más puro, y dejar atrás la rutina.

Tengo hambre…

 

Felicidad

He estado sentada en este escritorio, frente al computador, quizás por más de 2 horas. He revisado cosas del trabajo, he sentido la brisa tardía asomar débil. No hay mucho ruido alrededor, todo me gusta.

Estuve releyendo algunas entradas pasadas de mi blog, nombres que no recuerdo por más que hice el esfuerzo para intentar poner rostro alguno. Lugares que desconozco hoy, completamente. Cierto o no, saber que ella (la felicidad) está a unos metros, descansando, me hace bien. Ahora, con todos los años que tengo puedo decir SOY FELIZ y me gusta como suena esa aseveración en silencio, mientras mi mente la escucha en forma de breve eco. Es verano, ya es 2017, el mundo está colapsando allá afuera pero su sola existencia hace mi vida feliz.

Sigo imprimiendo papeles del trabajo, anotando todo lo que falta y lo que se ha hecho. Ya no hay iniciales poblando mis escritos, y admito que profesionalmente la tecnología me ha ido facilitando la vida. Mis escritos de hace 7 años fueron hechos algunos a mano, otros en la comodidad de MSWord. Ahora en cambio, esta suerte de ciudadanía digital ha empozado esta página y otras de las cosas que hago. Una breve búsqueda de mi nombre podría aparecer en línea citando algunas de las cosas que vengo haciendo.

Esta misma entrada podría aparecer por allí, también…

Y seguiría FELIZ.

ps. Es cierto, antes de este tiempo, solamente iba en búsqueda. Ahora quiero hacerlo eterno.

Hablando de eternidad…

Heraud

El Río.

Desde la primera vez que leí ese poema, se me vino todo a la mente: azul, fuerza, verde, esperanza, desazón, descanso. Ayer abri (recién, muy a mi pesar) el libro que había comprado meses atrás. El olor a un libro nuevo siempre será eterno.

Leí el prólogo, la infaltable carta de su padre relatando su muerte y exigiendo reconocer lo acontecido por donde sea que se informase sobre su muerte, y el inicio de todo: El Río.

Javier es el río: exactamente cada una de las estancias de ese río descrito. Cada cosa que encuentra a su paso. Cada tribulación en su recorrido. Cada respiro al descansar de lado.

Pueden pasear por aquí para leer el Rio y de paso, otros poemas más.

Tristemente, la violencia terminó por agotar sus palabras..