emoción (que no lo es)

La semana había transcurrido y qué semana. No solamente terminé de trabajar – lo que en otra vida y otro tiempo era lo único que debía hacer- sino que ahora debía además repartir mi tiempo entre el tráfico, la llovizna que va naciendo en Lima, los estudios, los amigos (pocos)… y con suerte, la vida personal.

Siempre que tomo alguna decisión, impensada, motivada solamente por una emoción (que me empuja a una humana reacción de la que después solamente puedo señalar PORQUÉ), las consecuencias son funestas. Aunque ya hace mucho (mucho x 1000) no me había dado esa licencia, lo cierto es que reaccionar y actuar sin pensar es un one-way-ticket momento, situación que creo ya no debería de volver a vivir. Ya no tengo muchas excusas: no tengo 20 años (por ende “no adolezco”), no estoy sintiéndome mal por algo específico (enfermedad, desamor, etc), el mundo no se acaba mañana… no tengo excusas, es la verdad.

Esa terrible condena de “hacer lo que quiero” me acoge en una situación agridulce (he tenido que hacer una pausa para repasar en mi mente como escribir esa palabra, cuyo origen solamente lo tenía en inglés al momento de escribir estas líneas). Agridulce, contradictoria, incauta, que sé yo. De lunes a viernes, cada uno de esos días, todo se intensificó. Algunas decisiones si las pensé mucho antes, por ello es que no sentí mayor consecuencia (qué cierto ello de pensar antes de actuar). Pero aquellas otras, movidas por un frenesí incauto de apasionamiento juvenil huido, esas otras, son las que quisiera borrar. A menos que…

En fin, teniendo tanto por decir y ver huído el mundo (y el tiempo, la mayor pérdida para mí), me alejo. Estoy contemplando la idea de un viaje, espero corto, espero pronto. Espero, memorable.

Como siempre, una canción (un poco a raíz de tantos eventos).

I can see clearly now ♫

Bahia bahia bahia bahia…

Toda yo ahora solamente pienso (pensamos) en Bahía. Estar ahí, como si fuera Arequipa (2011). Como si fuera Worcester (2004). Aún en el trabajo, las frases se esconden, la interacción sucede y la palabra se deja ser dicha. En unos momentos seguiré mi propia rutina, escuchando lo que líneas abajo detallaré. Y la siguiente frase que es probable me acompañe en este día frío, que da mucho por decir del futuro pasado (más entretenida me tiene el presente).

 

Rocio, tudo tem seu tempo….  Aliás, todos nós merecemos ser feliz.

Esto escucho mientras escribo estas líneas…

Es probable que piense en ello por toda la tarde.

Ps. Qué bonito es el português..

Off

He pasado días en casa, algo mal. En realidad no sentí gran malestar hasta que el doctor llegó y dijo que estaba enferma. Entonces, mi cerebró aceptó el efecto dominó del malestar y el vaticinio, y finalmente me declaré en inacción laboral, al menos por dos días.

Durante estos días ni la misma idea de trabajo me ha abandonado. Soñé por un par de veces estar en la playa, y acaso leyendo un libro.

Lo cierto es que mi teléfono (automatizado ahora y convertido en repositorio de mucha información) y yo hemos estado interactuando de manera remota.

Muy a mi pesar.

 

Vacaciones

 

La lluvia ya ha caído tres veces (en lo que va de la tarde). Hace algo de frío (10º), no hay mucha comida alrededor (lo que implica que hay que salir a conseguirla).

Todo por querer salir de los 34º de Lima y respirar aire más libre, más puro, y dejar atrás la rutina.

Tengo hambre…

 

Felicidad

He estado sentada en este escritorio, frente al computador, quizás por más de 2 horas. He revisado cosas del trabajo, he sentido la brisa tardía asomar débil. No hay mucho ruido alrededor, todo me gusta.

Estuve releyendo algunas entradas pasadas de mi blog, nombres que no recuerdo por más que hice el esfuerzo para intentar poner rostro alguno. Lugares que desconozco hoy, completamente. Cierto o no, saber que ella (la felicidad) está a unos metros, descansando, me hace bien. Ahora, con todos los años que tengo puedo decir SOY FELIZ y me gusta como suena esa aseveración en silencio, mientras mi mente la escucha en forma de breve eco. Es verano, ya es 2017, el mundo está colapsando allá afuera pero su sola existencia hace mi vida feliz.

Sigo imprimiendo papeles del trabajo, anotando todo lo que falta y lo que se ha hecho. Ya no hay iniciales poblando mis escritos, y admito que profesionalmente la tecnología me ha ido facilitando la vida. Mis escritos de hace 7 años fueron hechos algunos a mano, otros en la comodidad de MSWord. Ahora en cambio, esta suerte de ciudadanía digital ha empozado esta página y otras de las cosas que hago. Una breve búsqueda de mi nombre podría aparecer en línea citando algunas de las cosas que vengo haciendo.

Esta misma entrada podría aparecer por allí, también…

Y seguiría FELIZ.

ps. Es cierto, antes de este tiempo, solamente iba en búsqueda. Ahora quiero hacerlo eterno.

Hablando de eternidad…

Heraud

El Río.

Desde la primera vez que leí ese poema, se me vino todo a la mente: azul, fuerza, verde, esperanza, desazón, descanso. Ayer abri (recién, muy a mi pesar) el libro que había comprado meses atrás. El olor a un libro nuevo siempre será eterno.

Leí el prólogo, la infaltable carta de su padre relatando su muerte y exigiendo reconocer lo acontecido por donde sea que se informase sobre su muerte, y el inicio de todo: El Río.

Javier es el río: exactamente cada una de las estancias de ese río descrito. Cada cosa que encuentra a su paso. Cada tribulación en su recorrido. Cada respiro al descansar de lado.

Pueden pasear por aquí para leer el Rio y de paso, otros poemas más.

Tristemente, la violencia terminó por agotar sus palabras..

 

 

 

Sueños (x2)

Cuando era más joven, recorría librerías con menos o nada de dinero. Entonces husmeaba libros de tapa dura, los recorría por editorial y me deleitaba releyendo autores. Los tiempos cambiaron diez o doce años después de ese entonces: si los quiere, los compro. Se los regalo. Me gusta hacerlo. Hay algo de complicidad en su búsqueda y en la mía. Ya no invierto tiempo buscando en los estantes. Pienso en algo que me gustaría leer y me asomo. A veces ese alguien me trae los libros, me los enseña. Rápidamente me convenzo de su juicio y así nuestra cuenta en libros crece y crece aún más desde el 2011. En qué podría terminar todo ello…

Hoy regresaba a ver a mis papás y en el camino, toda la música que hace años no escuchaba me vino a la memoria. Entonces me llené de melodías, de cuando tenía sueños por editar y memorias que escribir. Estaba en la escuela, no tenía idea de lo que haría: solo quería ser yo misma, leer, viajar algo, enamorarme, escribir, escribir, leer, leer. Dormir. Leer, tomar café caminando descalza por el piso de madera… quería vivir cerca a un lago, aprender a nadar, todo eso y más. Quería amar, no sé si ello se llegó a convertir en realidad. No lo sé.

Hoy todo se está rescribiendo. Es probable que (nuevamente o por primera vez) tenga que tomar decisiones. He pensado en algún par de cosas que quiero hacer. Quizás tres. El amor con alguien ya no está en mi agenda.

Desde cuando me habré vuelto tan ensimismada… tan unívoca… tan individual.

Bueno, la última canción que escuché. Me encanta. Me encanta Billy Joel… me gusta soñar que el piano y yo nos haremos algún dia compañía.

 

I go walking in my sleep..

ps. Si a alguien más le gustase esta canción, la cantaría a dúo (sabe Dios que saldría de ello).

Son.

Silencio. Hay un silencio eterno que pensaba quedaría en ese infinito de olvido. Somos tan pequeños en este universo. Hay algo de entrañable en todo y no se donde está.

Que diría Alejandra si estuviera aquí… (me pregunto).

 

Me.

De lado.

Hace mucho que no vengo aquí, al mismo lugar donde me quedé. Donde dejé lo que ya no necesitaba – fue hace mucho quizás, aunque muchas cosas parecieran las mismas.

No tengo todas las respuestas: solamente sé que quise regresar y por unos minutos abrí todo ese abanico de recuerdos que caían como haces de luz en mi mirada y en  palabras. Era un dominó que no cesaba de caer, un vuelo eterno de aves mirando al infinito, una canción repetida una y otra vez…

Qué se yo..

 

Cambio

Tenía treinta años y estaban aún estrenados. Todas las veces en que escribía tenía cada vez menos espacio, menos recuerdos, menos sitios por recorrer. Como en dominó, las historias se fueron ahuyentando, olvidé nombres y lugares. Sin embargo, seguía comprando libros. Las tapas y cubiertas se distinguían: yo era ahora la primera dueña.

No estoy segura – esto a razón de algunas pocas conversaciones ajenas y por doquier- si las personas cambian. La psicología (el ser) es tan arisca que jamás me ha dado guía alguna y cierta sobre ello: después de todo hablamos del ser humano. Quien mejor que nosotros para probar que no somos los mismos del (micro)segundo anterior.

Yo no soy la misma. Lo sé, suena a cliché.

Repito: No soy la misma.

Mis canciones preferidas de antes ya no lo son hoy: si las escucho, siento nostalgia. Pero no quiero volver a escucharlas. Mi rima ya no se queja, solo es contemplativa y bastante dócil. Ya no hay estigmas de amor crucificando mi “alma” ni mi “eternidad”: ya no hay verdugo a quien culpar, ya no hay monosílabos ni historias de amor incompletas. No más relatos donde la espera y la sorpresa acostumbraban llenar mis manos de calor y mi sonrisa de rubor: ya no hay escritores de lado, no hay ansias por lo desconocido de esos eventos. Soy una extraña que visita esas impresiones sin recordar demasiado lo sucedido.

¿Cómo empezó todo? No fue la soledad. No fue la nostalgia. No fue el amor.

Simplemente sucedió.

Decidí dejar a todos y todo, y comencé a crear mi propia fuente de inspiración. Ahora me divierte escuchar música a mi propio paso, leer libros que nadie había mencionado, escribir prosa que nadie había inspirado. Comencé a mirar de lado, y me detuve cuantas veces quise. Me entretenía horas de horas conversando, riendo a más no poder… escuchando.

Cada noche, dia, mañana, tarde, ocaso… siento cosas diferentes. Puedo mirar una sola fotografía por horas. Quisiera contar todo lo que acontece en mi jornada laboral  también (incluyendo lo dicharachero de tener cierta reputación profesional y sentirse feliz ante el propio esfuerzo)…

Por hoy, he tomado un té de arnica. Aunque reniegue, necesito que salga el sol (que nos acompañe ciertamente). Días tan fríos como estos me hacen sentir más nostalgia que otras veces. A esta hora la temperatura es de 12º – mi tobillo empieza a oxidarse más con los inviernos y la humedad. Tengo algo de sueño.

 

A dormir, como decía mi abuela.