Off

He pasado días en casa, algo mal. En realidad no sentí gran malestar hasta que el doctor llegó y dijo que estaba enferma. Entonces, mi cerebró aceptó el efecto dominó del malestar y el vaticinio, y finalmente me declaré en inacción laboral, al menos por dos días.

Durante estos días ni la misma idea de trabajo me ha abandonado. Soñé por un par de veces estar en la playa, y acaso leyendo un libro.

Lo cierto es que mi teléfono (automatizado ahora y convertido en repositorio de mucha información) y yo hemos estado interactuando de manera remota.

Muy a mi pesar.

 

Esta entrada fue publicada en diario el por . Share

Vacaciones

 

La lluvia ya ha caído tres veces (en lo que va de la tarde). Hace algo de frío (10º), no hay mucha comida alrededor (lo que implica que hay que salir a conseguirla).

Todo por querer salir de los 34º de Lima y respirar aire más libre, más puro, y dejar atrás la rutina.

Tengo hambre…

 

Felicidad

He estado sentada en este escritorio, frente al computador, quizás por más de 2 horas. He revisado cosas del trabajo, he sentido la brisa tardía asomar débil. No hay mucho ruido alrededor, todo me gusta.

Estuve releyendo algunas entradas pasadas de mi blog, nombres que no recuerdo por más que hice el esfuerzo para intentar poner rostro alguno. Lugares que desconozco hoy, completamente. Cierto o no, saber que ella (la felicidad) está a unos metros, descansando, me hace bien. Ahora, con todos los años que tengo puedo decir SOY FELIZ y me gusta como suena esa aseveración en silencio, mientras mi mente la escucha en forma de breve eco. Es verano, ya es 2017, el mundo está colapsando allá afuera pero su sola existencia hace mi vida feliz.

Sigo imprimiendo papeles del trabajo, anotando todo lo que falta y lo que se ha hecho. Ya no hay iniciales poblando mis escritos, y admito que profesionalmente la tecnología me ha ido facilitando la vida. Mis escritos de hace 7 años fueron hechos algunos a mano, otros en la comodidad de MSWord. Ahora en cambio, esta suerte de ciudadanía digital ha empozado esta página y otras de las cosas que hago. Una breve búsqueda de mi nombre podría aparecer en línea citando algunas de las cosas que vengo haciendo.

Esta misma entrada podría aparecer por allí, también…

Y seguiría FELIZ.

ps. Es cierto, antes de este tiempo, solamente iba en búsqueda. Ahora quiero hacerlo eterno.

Hablando de eternidad…

Esta entrada fue publicada en diario el por . Share

Heraud

El Río.

Desde la primera vez que leí ese poema, se me vino todo a la mente: azul, fuerza, verde, esperanza, desazón, descanso. Ayer abri (recién, muy a mi pesar) el libro que había comprado meses atrás. El olor a un libro nuevo siempre será eterno.

Leí el prólogo, la infaltable carta de su padre relatando su muerte y exigiendo reconocer lo acontecido por donde sea que se informase sobre su muerte, y el inicio de todo: El Río.

Javier es el río: exactamente cada una de las estancias de ese río descrito. Cada cosa que encuentra a su paso. Cada tribulación en su recorrido. Cada respiro al descansar de lado.

Pueden pasear por aquí para leer el Rio y de paso, otros poemas más.

Tristemente, la violencia terminó por agotar sus palabras..

 

 

 

Esta entrada fue publicada en diario el por . Share

Sueños (x2)

Cuando era más joven, recorría librerías con menos o nada de dinero. Entonces husmeaba libros de tapa dura, los recorría por editorial y me deleitaba releyendo autores. Los tiempos cambiaron diez o doce años después de ese entonces: si los quiere, los compro. Se los regalo. Me gusta hacerlo. Hay algo de complicidad en su búsqueda y en la mía. Ya no invierto tiempo buscando en los estantes. Pienso en algo que me gustaría leer y me asomo. A veces ese alguien me trae los libros, me los enseña. Rápidamente me convenzo de su juicio y así nuestra cuenta en libros crece y crece aún más desde el 2011. En qué podría terminar todo ello…

Hoy regresaba a ver a mis papás y en el camino, toda la música que hace años no escuchaba me vino a la memoria. Entonces me llené de melodías, de cuando tenía sueños por editar y memorias que escribir. Estaba en la escuela, no tenía idea de lo que haría: solo quería ser yo misma, leer, viajar algo, enamorarme, escribir, escribir, leer, leer. Dormir. Leer, tomar café caminando descalza por el piso de madera… quería vivir cerca a un lago, aprender a nadar, todo eso y más. Quería amar, no sé si ello se llegó a convertir en realidad. No lo sé.

Hoy todo se está rescribiendo. Es probable que (nuevamente o por primera vez) tenga que tomar decisiones. He pensado en algún par de cosas que quiero hacer. Quizás tres. El amor con alguien ya no está en mi agenda.

Desde cuando me habré vuelto tan ensimismada… tan unívoca… tan individual.

Bueno, la última canción que escuché. Me encanta. Me encanta Billy Joel… me gusta soñar que el piano y yo nos haremos algún dia compañía.

 

I go walking in my sleep..

ps. Si a alguien más le gustase esta canción, la cantaría a dúo (sabe Dios que saldría de ello).

Son.

Silencio. Hay un silencio eterno que pensaba quedaría en ese infinito de olvido. Somos tan pequeños en este universo. Hay algo de entrañable en todo y no se donde está.

Que diría Alejandra si estuviera aquí… (me pregunto).

 

Me.

De lado.

Hace mucho que no vengo aquí, al mismo lugar donde me quedé. Donde dejé lo que ya no necesitaba – fue hace mucho quizás, aunque muchas cosas parecieran las mismas.

No tengo todas las respuestas: solamente sé que quise regresar y por unos minutos abrí todo ese abanico de recuerdos que caían como haces de luz en mi mirada y en  palabras. Era un dominó que no cesaba de caer, un vuelo eterno de aves mirando al infinito, una canción repetida una y otra vez…

Qué se yo..

 

Cambio

Tenía treinta años y estaban aún estrenados. Todas las veces en que escribía tenía cada vez menos espacio, menos recuerdos, menos sitios por recorrer. Como en dominó, las historias se fueron ahuyentando, olvidé nombres y lugares. Sin embargo, seguía comprando libros. Las tapas y cubiertas se distinguían: yo era ahora la primera dueña.

No estoy segura – esto a razón de algunas pocas conversaciones ajenas y por doquier- si las personas cambian. La psicología (el ser) es tan arisca que jamás me ha dado guía alguna y cierta sobre ello: después de todo hablamos del ser humano. Quien mejor que nosotros para probar que no somos los mismos del (micro)segundo anterior.

Yo no soy la misma. Lo sé, suena a cliché.

Repito: No soy la misma.

Mis canciones preferidas de antes ya no lo son hoy: si las escucho, siento nostalgia. Pero no quiero volver a escucharlas. Mi rima ya no se queja, solo es contemplativa y bastante dócil. Ya no hay estigmas de amor crucificando mi “alma” ni mi “eternidad”: ya no hay verdugo a quien culpar, ya no hay monosílabos ni historias de amor incompletas. No más relatos donde la espera y la sorpresa acostumbraban llenar mis manos de calor y mi sonrisa de rubor: ya no hay escritores de lado, no hay ansias por lo desconocido de esos eventos. Soy una extraña que visita esas impresiones sin recordar demasiado lo sucedido.

¿Cómo empezó todo? No fue la soledad. No fue la nostalgia. No fue el amor.

Simplemente sucedió.

Decidí dejar a todos y todo, y comencé a crear mi propia fuente de inspiración. Ahora me divierte escuchar música a mi propio paso, leer libros que nadie había mencionado, escribir prosa que nadie había inspirado. Comencé a mirar de lado, y me detuve cuantas veces quise. Me entretenía horas de horas conversando, riendo a más no poder… escuchando.

Cada noche, dia, mañana, tarde, ocaso… siento cosas diferentes. Puedo mirar una sola fotografía por horas. Quisiera contar todo lo que acontece en mi jornada laboral  también (incluyendo lo dicharachero de tener cierta reputación profesional y sentirse feliz ante el propio esfuerzo)…

Por hoy, he tomado un té de arnica. Aunque reniegue, necesito que salga el sol (que nos acompañe ciertamente). Días tan fríos como estos me hacen sentir más nostalgia que otras veces. A esta hora la temperatura es de 12º – mi tobillo empieza a oxidarse más con los inviernos y la humedad. Tengo algo de sueño.

 

A dormir, como decía mi abuela.

Rociar

He tenido un par de ideas sobre qué escribir por aquí… sin embargo se han ido, empujadas por el sonido de la música que escucho. ¿Es posible hacer de mi nombre un verbo? – me pregunto. La música de fondo me hace desear seguir estando ausente en este momento, rodeada de libros que no leo, de idiomas que no son míos, de sueños que parecieran ajenos…

Siempre quise recorrer miles de sitios comprando libros. Comprar libros y hacer techos de libros, cortinas de libros, paredes de libros y como colofón, dormir sobre ellos. Alguna vez viví rodeada de libros (y los leía a cada uno, que es el equivalente a la vida plena), y la casa donde vivía (sola, sola… tan solamente-sola) era de madera y caliente… y entonces me enamoraba una y otra vez de todo lo que me rodeaba. (Ojo: la idea romántica de enamorarse de todo también incluye renegar veces diversas, gimoteando penas de las que ya ni el recuerdo tengo hoy).

¡Qué cosas no hacía! – hasta se me dibuja un ombligo de risa recordando todo. Muchas de las cosas que deseaba fueron cambiando de nombre, de color y de rostro. Dejé de sollozar por sentires ajenos y de algún modo siempre quise más. El olor y textura de la madera siempre han estado presentes en mi mente, como si a través de ellos se resguardara una historia (¿otra vida acaso?) de la que no soy consciente.

Ahora estoy rodeada de libros, y quisiera correr a ellos, perderme en ellos, soñar despierta otra vez con ellos. Quizás quisiera ahorrar pedazos de tiempo para vivirlos solamente-sola y con ellos (mis libros). Si en algún momento de mi vida viví con rostros que no conocía, hoy vivo desconociendo todo alrededor. Ahora duermo menos, escarbo más en algunas obligaciones adquiridas, hablo usando palabras aprendidas (¿acaso hay alguna que yo haya inventado realmente?). Mi cuerpo tiene surcos y cicatrices que han ido apareciendo según la vida me ha ido llevando… lloro de emoción a veces, sobre todo cuando la alegría me entra como puerta de zaguán azotada en la ira…

He dejado estas cortas líneas porque acabo de darme cuenta que me he convertido en esa idea medio torcida que se me ocurre estoy  haciendo de mi vida: rociar. He terminado el café con leche que estaba a mi derecha…

Y este libro que siempre quise leer hace mucho, y cuya portada pareciera retratarme.

Captura de pantalla 2016-08-24 a las 10.31.21 p.m.

Y cuando caminaba por NY, compré un CD. Y de este álbum, la cortina musical.

 

 

Save me

El 31 ya se fue. Como todos los días, escurro algunos minutos para darme tiempo de dormir.

Escuchaba algo de música, recordando tiempos de antes. Cuando estaba en la secundaria y todo parecía lejos…cuando menospreciaba todo alrededor. Y todo me menospreciaba a mí también. Aquellos días de colegio la neblina ya entraba en abril por lo que estos meses de otoño son aciagos para  mí  pues el calor aún pulula por doquier.

Aquel tiempo me divertía leyendo. Lo gozaba, oh… ¡cuánto! – no tenía con quien compartir esas horas en que descubría algo nuevo. Algunas veces le contaba cosas a mi hermano mayor… pero como todos los hermanos mayores, siempre estaba en su mundo. Ya por entonces comenzaba a construir el mío propio: no sabía cómo pero llegaría el dinero ( y con ello la independencia), el trabajo, el oficio, los viajes, los amigos mejores y  los amores (aunque lo último la verdad en ninguna prioridad) …

Quería ser escritora. Había leído mucho de escritores y sus historias. Sus cartas…. soñaba con viajar como ellos lo hacían, sin un sol en el bolsillo. Quería leer siempre, ganarme la vida leyendo y escribiendo, huyendo de la gente pues no me importaba el “spotlight”. Quería escribir a mucha gente también, quería ver mis historias viajar por el mundo y perderse en el horizonte bohemio de la inspiración. Quería conocer a otros escritores, pasar las horas conversando y discutiendo hasta el amanecer ( y así sucedió cuando encontré a otra alma solitaria como yo en USA por el 2004 y ahora en el 2016 a alguien doblemente alma para mí), quería aprender a tomar vino y pasear por librerías y seguir comprando libros. Y quería que sucediera pronto, sin saber muy bien cómo andarían las cosas y cómo lograría hacer realidad aquellos momentos, sueños, deseos, prioridades, ideales, qué se yo..

Por hoy,  dejaré así esta historia, con final europeo.

Una canción, para amenizar el presente…

Forever is our today..

Esta entrada fue publicada en diario el por . Share