18/04/13, 01:45 Los Marginados

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La derecha. El lado correcto, la medida justa, el balance eficaz. Pertenecer a la derecha, reputación.

Me senté casi todos los días durante aquel último año a la izquierda de ese frío espacio en junio. Me accidenté y me rompí el pie izquierdo, perdí una muela del lado izquierdo, no puedo escribir con la mano izquierda, y cuando sonrío, lo hago girando hacia la izquierda, jamás a la derecha.

Siempre hay un grupo de marginados en toda historia. Mi izquierda es mi reflejo.

Mi otro yo.

19/03/13, 00:17 Sueños que sólo son.

Categoría: diario
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Los sueños, sueños son. Nos cubren de todo ese velo gris los sueños que no tienen forma de volverse realidad. Entonces ese gris se hace uniforme y extenso, y más allá de ese horizonte, los sueños sueños son pero parecieran cobrar vida.

Mucho de lo que es un sueño es en realidad, existencia. La prueba de que algo no existe. El sueño de algo que no será.

En fin, distraigo con brevedad mis ideas, a la par de la música que suena en la sala, la ironía de tener un lugar donde dormir y no poder hacerlo - aún no puedo- y la firme convicción de que cuando llegue el tiempo de hacerlo, mi alarma volverá a sonar fuerte y entraré al agua en forma de cascada, en una suerte de sueño medieval donde la vida se acaba al atardecer y escondida por entre los abrojos de lo que llamaré sólo hoy,  rutina.

Ps. Digo mucho para decir nada en realidad..

22/12/12, 15:27 Rabia

Categoría: diario
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Defino.

Cuando he pasado tardes enteras frente al televisor y sorprendo el tiempo (o el tiempo me sorprende a mí). Por las mañanas, cuando descubría que eran las 7, que era martes o jueves y peor encima, que mi pelo era una maraña imposible de ordenar. Todos los días del verano, postrada en una cama, sin poder alcanzarme una fruta o un libro por propia voluntad. Todo febrero, cuando mi piel era un arcoiris tortuoso y se hinchaba, con cada cicatriz, con cada rastro cosido. Marzo, cuando empujaba mi paso, cuando todo hedía y hería. Abril cuando caminé, y así con los meses, menos dolor. Ver mi paso lento, mi propio cuerpo diferente. Uno nunca tiene nada, y como comprenderán eso ya es algo.

Cuando me obligaron a exceder mis fuerzas y jodieron mi soporte, cuando mentían, cuando sonreía creyendo y todo era contrario.

Y ahora las ambulancias que suplican paso a un puñado de imbéciles que no leyeron su manual de manejo a (des)tiempo, cuando roban, cuando no se enternecen en la sonrisa de un niño que pide ser escuchado. En la mentira, en la conveniencia. En el "big fuzz" que se genera por cualquier tontera. Por cualquier palabra.

Concluyo.

Cuando palabras dirigidas a destiempo, fuera de lugar, de contexto y de tiempo aparecen. Palabras que deben seguir su rumbo hacia la hoguera del cinismo. Caí, casi muero. Pero héme aquí, así que algo más habrá por aprender.



I ask if I'll grow old..

16/09/12, 20:17 Ocaso

Categoría: diario
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Todos los años venía el mismo tiempo, los mismos meses, y los rostros diferentes. La primera vez que se asomó al mundo, lo vio todo literalmente, tras un vidrio (diría cristal, en tono falsamente poético) pulido. Las calles corrían rápido. Era abril, quizás mayo. Su cuerpo estaba manchado de naranjas y blancos perfectos, su nariz redonda y negra. Sus ojos eran marrones, muy diferentes a los míos. Las orejas, tullidas. La abrigué con cuidado y la metí al bolsillo de la mochila. Desde allí, en más de una hora de recorrido, se empecinó en ver a través del vidrio la vida que corría tal como las calles y los sucesos. Fue hace casi quince años, pero como hoy tengo frío húmedo de Lima en otoño en el recuerdo, intacto y vívido.

Cuando llegamos a nuestro destino, estaba calientita. Se movía rápido, la abracé a mí. Caminamos calles, mientras gente confundida en su propio mundo miraba de reojo, si acaso preguntaba. Cuando llegamos a la casa el mismo silencio reinaba, la misma angustia, la misma pena. Cogí un cesto de uvas, compré un lazo rojo, le puse un cascabel y se la di a mi abuela, que ya no era ella misma en cuerpo pero sí en espíritu. Apenas pudo verla, sonrió y siguió el rumbo de su cuerpo. Pegó un ojo, y descansó.

De pronto ella sería dueña de su nombre, tomado de canciones que a mí me gustaban allá en mis dieciocho. Me puso triste ver que no crecía en alegría plena. Mi abuela se fue a los meses, no sin antes decirme que cuidara de ella (en otras palabras y gestos que no detallaré aquí).

Los años pasaron todos. El día que llegué de Pisco, después de un largo mes de ausencia, se lanzó a mis brazos. Corría como un cohete, saltaba como conejo, trotaba como caballo... que sé yo. Toda la energía del mundo estaba en ella.

Aquella tarde en que caí hincada de dolor, lamió mi rostro con fuerza y desesperación. Engulló mis lágrimas, y buscó ayuda. Tiempo después las heridas asomaron. Nunca supimos todo lo que ese pequeño cuerpecito pasaría. La luz iba y venía.

El dolor asoma, la pena abigarra. La alegría de todo este tiempo es gigante, sin embargo. Yo escojo quedarme con ello, y regar de energía todo ese camino que recorrimos junto a ella, porque es parte de la vida.

Mientras escribo estas líneas, ella aún allí, dormida.

nosotras

Nosotras.



ps. Fue un largo tiempo, eh?

25/05/12, 00:19 Arcadas *

Categoría: diario
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“¿Por qué LA PALABRA DEL MUDO? Porque en la mayoría de mis cuentos se expresan aquellos que en la vida están privados de la palabra, los marginados, los olvidados, los condenados a una existencia sin sintonía y sin voz. Yo les he restituido este hálito negado y les he permitido modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias.”
Julio Ramón Ribeyro



Todo diciembre y parte de noviembre leí a Ribeyro. Los hombres, en todas sus historias, terminaban en silencio, en miseria, en frustración, con rezagos de injusticia y ansias de libertad . Medio mes antes, y durante diciembre, leí el diario de Alejandra Pizarnik . Su costumbre de leer tanto me hizo sentir tan breve que al terminar de leer su diario (y por ende, llegar al fin de su vida) me sentí hundida en la incomprensión de la inmensidad de esta mi propia condición humana. Aproveché el fin de año para llenarlo de trabajo, de calificaciones y de estudios por hacer y distraer mi conturbación. El sol empezaba a salir tozudo. Paseé por algunos restaurantes. Comí cosas diversas, frías y calientes, dulces y menos dulces. Fui a Starbucks más de lo que imaginaba.

Aquella noche en el pasillo, todo olía a miedo. Así sentía yo. El dolor henchía. Presioné mi mano a la suya, recé miles de veces, pedí misericordia. Apenas febrero había llegado y yo tenía planes aún. Tenía que ir a la playa, olerla de medio día, despedirla a las seis. ¿no podían esperar un poquito más? Maldije el calentamiento global y la lluvia. Ya no tenía balance. Ahora sólo debía esperar.

Cuando llegamos, las calles arrastraban agua - ¿Hace cuánto no llueve así en Lima?, pregunté. Vine todo el camino enojada, preocupada, tosiendo leve pero fuerte. La lluvia crecía. Sentí impotencia al no poder hacerla huir. Quizás quise huir y tampoco pude. Decidí quedarme en casa con mi propia sombra (que es destello al amanecer) y así las cosas, ante el miedo y el peligro, lloré. Eché toda el agua que pude. Nada era suficiente. La lluvia hedía, esa lluvia que mezclada con barro hace la soledad muy humana y muy real. Hedía por todas partes. La luz desapareció. Ahora éramos sólo ella y los hombres. Y todos estábamos desamparados
En la mañana había estado trabajando. Salí de compras, un nuevo bolso, ropa. Había decidido que iría a la playa en las semanas siguientes, que comería mejores cosas, que sonreiría más. Breves gotas empañaron el vidrio del auto al subir y tuve el presentimiento que algo sucedería, pero como siempre, lo olvidé.

Bajamos rápido las escaleras. Todo era lúgubre; la calle sin luz, mi miedo, la lluvia arreciando con fuerza. Lo terrible sucedía en el vacío de vagos sentimientos poblándose escalón a escalón: reventé mi pierna contra el asfalto, caí tres escalones abajo. Esa noche todo era dolor, un dolor ahora mórbido. Aquel sombrío momento nunca terminó. Pedí perdón por todo. Dejé mi cuerpo caer. La lluvia caía copiosa, inhumana, enérgica, real. Mis lágrimas se ahogaban siniestras. Desde ese lado nacían y morían.

Es marzo. Leo a Poe, como si no hubiera suficiente terror de por medio.

Sea cualesquiera por donde se lea o recuerde me provoca el mismo sentimiento de leer a Pizarnik. Una arcada profunda me devuelve el recuerdo de aquella noche, sin luz. Solitaria.

fridas

Palíndromas


* Cuento no publicado ya sabemos dónde.

08/05/12, 00:42 Alas

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He caminado ya algo más, después de aquel día. En un promedio de cuatro años, me han operado dos veces. Dos de cuatro. Cuatro, de dos. A veces no doy más y la incertidumbre posee mi tranquilidad. Regresar a febrero es corto en tiempo pero es largo en recuerdo. El olvido pareciera ser lo más cercano al descanso pero no es suficiente, se abre un vacío imposible de llenar.

Hemos compartido todo, mucho más allá de un nombre. Veníamos con el aire, viendo la noche toser tráfico y combustión.

Entonces no me contuve.

Los días han pasado, su mirada en esos ojos verdes que cierran al dormir de lado me dan vuelo cada día. Voy a dormir nuevamente y sé que pronto será miércoles. Nos sentaremos a la mesa, nos contaremos como va el mundo y seguro me dirá..


lunita
- ¿Has visto ya la luna?

30/03/12, 22:14 32, 33

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Nuevamente el reloj voltea su curso y esta vez me atrapa en un mundo sin palabras. No sé que sucede, no se cómo sucederá luego. Estoy sentada al inicio de un páramo extenso, no hay sombras, no hay luz.

Tanta conturbación y no saber hacia dónde seguir.

21/03/12, 18:46 Pie

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Raspaba. Se movía débil. Fruncía con el poco movimiento. A media semana, empujó su sueño. El pasado entonces era pesadilla, pero habían huellas. La huella de aquella noche, la de las sombras, la de la lluvia. La noche en que no anduve sóla, pero que el destino abandonó a mi suerte. La mañana de esa noche donde las miradas eran compasivas y las llamadas se extendían. Entonces el eco de todo lo que había planeado, era un dominó eterno, cayéndose, sin fin de por medio, extenso, aciago.

Ha pasado el tiempo. Hace dos días se quebró el sueño. Empujó su deseo, y sin saberlo o imaginarlo, siguió su paso. Entonces, todos los libros leídos, todas las veces en que la impotencia me hizo huir de mí también huyó sigilosa, tal y como había venido.

Y estoy aquí, frente al espejo, viendo aquel surco gris sobre mi mirada. Recuerdo.

Una sonrisa ciega pareciera asomar diciendo..

pie

Te gané...

22/02/12, 23:21 Miércoles

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Aquel lunes la lluvia cedía fuerte. El olor a barro sucio, mezclado y soleado hedía. El miedo me entraba de costado: asumí que era un presagio vano, sin intención. Caminé algunas cuadras, la luz en las calles había huído. Llegué a casa trastabillando. No pasaron ni dos horas: una sombra negra anidó en el único vértice por donde podía bajar las escaleras. Todo se nubló. La siguiente hora la pasé entre lágrimas, hablaba rápido. Pedí perdón muchas veces, tosía, mi pierna crecía. Los colores cambiaban, veía las luces de madrugada: una gran tristeza hundía mi pecho. El camino era largo. Apenas llegué, mi pierna no andaba. Desde ese entonces, sólo vivo echada.

Fue así como las palabras venían prontas, deseos gigantes de verme repuesta, las sonrisas y la preocupación dibujados en las burbujas de miradas alrededor mío. Las primeros días fueron inhumanos: la sangre cedió al segundo día. Mis días después rompían en dolor, la sangre bajaba y llenaba mis arterias al intentar mantenerme de medio pie. Muchas palabras me acogieron. Por segunda vez, la mirada del entonces amigo, huyó. Hoy tres lagrimones gigantes se comieron mi ira - ¿Con qué derecho, con cuál - cómo lo pudo hacer?


No puedo caminar, ¿sabes? - no puedo correr, no puedo conversar contigo porque ya no estás, no puedo hacer mucho porque todo queda lejos de mis manos. Pero más aún, yo estoy lejos de ti. ¿Opción antes que prioridad? No gracias. Ya vivimos el 2009 y no quiero comprarme otro auto.


Y tú conmigo... aún.

hands

16/02/12, 23:23 Día 8

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El día de hoy vino a verme una amiga a la que no veía en mucho tiempo, quizás ocho años, algunos más, algunos menos. Sonreía, entre sus ojos grandes me decía como había estado, que le había sucedido. Me dijo que le gustaba el transporte en España. ¿Yo? Sonreí.

Mi pie aún hiede dolor. Por las noches no encuentro descanso. El calor inunda todo y a todos. A veces sueño que camino, corro, que visito edificios on piso de madera o que estoy en algún jardín inmenso y verde, y que toda esa extensión es pequeña sin embargo.

Que poca y que buena la gente que me recuerda en este despojo. El amigo que antes comía conmigo ignora que sigo con vida, mis libros se llenan de polvo allá arriba. Termino mis proyectos mediatos, algún par de títulos rodearán mi destino en algunas semanas.

Y mientras, estos trece puntos mal hechos, me recuerdan a todos los treces, de los que nadie ha dicho algo agradable.

Iré a hablar con Rafael. En la inmensidad, sé que me escucha y me siente.