06/02/12, 02:48 Nueva vida.

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Estos días me he dedicado a leer historias cortas. He dejado de lado algunos libros gruesos, me acomodo a la rutina de cosas nuevas. Tengo algo de poder mediato, lo que hace que disfrute las cosas que ello suscita con una mueca de sonrisa, de lado, sigilosa. Me he acostumbrado a ser querida ya por varios meses, cosa curiosa, no es mi sombra la que abraza esa idea sino la energía. Mi cuerpo se estira y sigue su curso, mis ideas siguen su curso y logran elongar algún deseo a futuro, a punto de hacerse realidad.

Tomo agua, escribo al papel, le doy un beso y hablamos por horas. Ver a través de sus palabras es ver su mirada. Es encontrar un chocolate en la almohada y una rosa al través. Como dijo, la primera fue blanca por amistad. La segunda fue rosa por el amor.

Estoy a pocas horas de comenzar el día. Mi cuerpo se extiende ocioso en la nocturnidad. Extraño su pensamiento detrás del mío. Extraño su sed al mediodía y su mirada con su luna querida, que apareció anoche llena y gigante, seguro para acompañar su espera.

Voy a dormir unas horas. El día empezará, pero ojalá antes empiece yo.

rosa

La Rosa, rosa.

02/01/12, 04:41 31

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No sé que viene primero, si el saludo o la extrañeza. No sé como se debe comer una vez que se está a la mesa, no sé si se sueña despierto o se despierta soñando. No sé si hay que peinarse cada día cada vez que alguien nos ve, no sé si el ser amado siquiera voltea a vernos por vez primera o por vez primera nos sonrojamos al verlo. No sé si se tose bajo la garganta, o de costado, o a escondidas. No sé si huimos de la vida o la vida huye pronta con nosotros. No sé si 31, número de la suerte, es en efecto 2 o 31 persé. No sé a que hora se llama después del primer beso o si se cocina de noche. No sé si hay luces siempre en el cielo, no sé si el amor se hace todos los días todas las veces todas. No sé si se puede ver televisión en un mundo ahumado de chismes, no sé si se puede reir con bromas trilladas escuchadas de gente desconocida. No sé si se puede llorar en silencio, no sé si es mejor no hacerlo. No sé muchas cosas y peor aún en ese entonces, pero lo que sé es que ahora tenemos la misma edad, tenemos el mismo nombre, tenemos la misma fe puesta en las cosas que hace un año ni por asomo existían. Tenemos un destino que úne carrera a miles de más destinos ignotos. Sé que mis ojos son de madera y tu mirada el universo. La luna te alumbra y su destello te significa paz. Sé que paseamos juntas antes de esta vida, sé que mi voz te nombra. Pero sobretodo, sé que esa niña y yo, juntas, queremos verte venir en ese sendero que se augura extenso. No tengo explicaciones, ciertamente. Pero sé que sabes lo que siento, y por hoy, a ambas nos basta.


Esperaremos entonces a las nueve y algo más de la mañana, ella y yo. Contigo.

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La espera, de soslayo.

22/12/11, 15:53 Hoja de Diario

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Hoja de Diario, día 6.

16/12/11, 01:13 Uno.

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Hedía. Toda la calle había amanecido llena de neblina. Nadie salía, se escuchó un par de puertas azotar. No llovía. El suelo hedía. Cada esquina era un remolino, y del aire salía un sabor a muerto, a soledad, a angustia. La pierna me dolía más que de costumbre. Despidiéndome con un beso, eché a Judas a la mente. Seguí mis pasos. Eran poco más de las cinco. Mi hígado reventaba. Hedía.

Lloré pasadas las cinco. Caminé un par de cuadras. cuando se hizo de noche, la voz me faltaba. Tosí mucho, el frío engarrotaba mi garganta. Regresé a casa sin manos. El frío era fuerte. Seguí tosiendo, dejé de sentir mis pies a más de medio camino. Leí algo de Ribeyro, pero lo dejé a tientas. El olor se levantaba como fuego por las calles. Hedía por doquier.

Abrí la puerta. La llave giró rápida. Iba a la cocina por un vaso de agua cuando decidí dormir pronto, pues sería un día largo.

Llegué a cama y nunca había deseado morir, pero esta noche lo deseé. Así que me temo, me temo a mí misma. Pero deseé estar muerta, lo deseé con el dolor más impune y la lágrima más triste. Con la impotencia, rabia, soledad, con la negación más abyecta.

F. sonreiría y me diría lo viejo que está; B. escupiría su indiferencia algunas cuadras y se enfundaría en conversaciones extensas sobre su trabajo; J. me enseñaría todos sus artefactos (los de más brillo). No sé, miles de letras más, todas seguían el mismo rumbo.

Hiede. No reconozco dónde es que estoy. La noche hiede estéril.

12/12/11, 22:38 (Sin) Invitación.

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Si cuento, intento contar o pienso recordar acaso las veces en que alguien tuvo a bien invitarme a algún evento, perdería horas en tamaño ejercicio. He estado de lado y al lado de mucha gente de la que no recuerdo mucho, a la que recuerdo con frecuencia, y a la que (ojalá, memoria a corto plazo, me hagas el milagro pronto) apenas y recuerdo. Suena bonita la rima, pero no el entramado. Suena bonito pensar y desear que se olvida, y que no se recuerda. Me pregunto, ahora en que el soporte de mi cuerpo se posa sobre mi pierna izquierda, me pregunto que recordaré mañana y si acaso eso signifique algo per sé, que sé yo.

Durante mis viajes al trabajo, leí su diario. Sus últimas páginas me arrancaban desesperación: ¿PORQUÉ NADIE LO VIO? ¿PORQUÉ NADIE HIZO ALGO? - tantos sentimientos consumados en cada línea, tantos verbos minimizados erizaban mi piel. Comenzó contándome que leía (y ahí ganó mis afectos). Como tantas (y pocas) buenas amigas que tuve, se fue. Cuando pasé algunas líneas, me tiñó la vergüenza al haber usado sus páginas para asociar heraldos emocionales muertos. Tosí para disimular mi propia lectura, miré hacia fuera y los mismos vendedores de chicles rodeaban mi paso, los mismos cerros de ida y venida, el mismo dolor sordo por sobre mi espalda, y más aún, mi pelo creciendo. Soñé entonces estar en Buenos Aires, contemplando su falda bajo las rodillas. Sus zapatos marrones, anchos, de hebillas. A veces tenía soledad de lado, y a veces, sólo de costado.

El amor me sigue ahora que tengo 31 sendas inacabadas. El amor de lado, de costado, por encima, sobrevolando. Las lágrimas a veces me gimotean en el camino. Yo sólo siento su mano y es, sin explicación, un futuro intenso. Me siento como ahora sobre la misma pierna torpe que se va quedando sin sangre. La misma pierna que recuerda esa operación, esa sala, esos trajes verdes y las libélulas sobrevolándome los pechos. Cerré la vista aquel invierno, aprendí a caminar nuevamente. Me crucé con animales que pastaban helechos. Quise que comieran vegetales, trigo y mies. Sin embargo pastaban helechos y musgos y ensalivaban su hambre en el hedor de sus pisadas al dejar su paso en huellas. Algunas de ellas las seguí, todas se borraron. Se borraron en el camino, y me sentí perdida. No tuve encrucijadas (no Julio Ramón, yo no tenía encrucijadas, sucede simplemente que no tenía ciudad a dónde llegar).

Encontré su mano extendida hacia mí mientras el sol me quemaba el mentón, mientras mis ojos se desplumaban de inexorable pena y aceptación a un destino que nunca escogí. Extendió su mano, tanto como pudo. Me dijo que sonriera. Y que saldríamos de allí, juntas, esa mano y la mía, de ese estéril sol que sólo secaba y no traía vida.

He recorrido sendas, he leído diarios. He leído el tuyo con sigilo. En mis caderas intento arreglar el motor que huyó cuando las libélulas me sobrevolaban. Viajé por mundo y ciudad, viaje por campo y por sierra. Viajé quizás más que los sueños. Quizás.

Y encontré descansando su mano en la mía, mientras yo leía sentada llena de trigo y mies. Su mano tenía voz, mirada, cuerpo y sonrisa.

Su mano tenía mi nombre.


Ale  jandra

Libros que hablaban sin voz.

10/11/11, 18:53 Cojudez

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Treintaiún años. Ahora tenía mi misma edad, ahora podía hablarle de iguales, ahora tenía una mano más y cinco dedos más fuertes que el día anterior. Aquella semana anduve feliz, contenta. La siguiente semana sin embargo, fue diferente. Supe qué sería mi vida sin la suya conmigo. Así que sin querer arriesgarme a tener esa vida lejos de la mía, abandoné cualquier intento de término.

El teléfono sonó aquella noche. El día del encuentro nunca llegó, pues siempre la misma excusa que crecía como polvo en las esquinas: dos años y siempre el mismo silencio, la misma ausencia.

Feliz cumpleaños, de parte de la cojuda que siempre creyó en ti..


Aquella esquela, me hizo sentir, pensar, llenarme de orgullo. Había tomado la mejor decisión, la mejor noche entre sollozos y risas, entre el besó que le robé entre sombras, con su mano junto a la mía, quien sabe por cuanto, quien sabe para siempre..

Hoy sin embargo: incertidumbre.

Ps. No sería lo mismo sin tu amor Rocío.

26/10/11, 17:09 Baúl

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Aquella tarde, tenía muy poca comida conmigo. Llegué su casa, comimos ligero. Queríamos jugar monopolio, pero la tarde se hizo larga. Fuimos a su habitación y con JM de lado, nos echamos a la cama. De pronto, mi mirada se dirigió hacia el baúl que estaba cubierto de ropa. Sacamos todo, y el gran baúl de madera se abrió, para nuestra sorpresa, rebalsante de recuerdos: habían papeles, cartas, fotos (algunas de terrible mal gusto), juguetes antiguos y recuerdos de circos. Habían tantas cosas pero JM se detuvo en las fotografías y allí estaba ella: pequeña, sonriente, seria, enojada, sentada, de perfil, con el pelo sujetado, comiendo algo, con las piernas cruzadas, con JM a su lado, en Arequipa, rodeada de gente desconocida, en uniforme, frente al negocio de su padre, en casa. Fueron tantos detalles que aquellos momentos cruzaron como arcoiris aquella tarde en que el sol se metió tarde y ella moría en la tos que le producían las cosquillas que le hacía JM. Encontramos juegos de magia, cartas, diapositivas armadas en conos diminutos desde donde se podía asomar fugaz a esa tarde de circo, encontré fotos de mal gusto también las cuales no me antoja recordar ni mencionar ahora.

Cuando me iba, JM me abrazó fuerte. Prometí regresar cual siempre, la siguiente semana. Las luces de la noche engullían los kilómetros que recorríamos. Al bajar del carro, le di un beso. Sus ojos miraban encendidos a los míos.

Camino a casa tomé una determinación:

- No quiero ser una hoja en el recuerdo doblada en ese baúl, bajo esas fotos y los juegos de magia. No quiero ser un recuerdo. Quiero un presente que llegue a ser pasado. No un pasado que ya no exista a su lado.


La siguiente semana yo regresé. Pero las cosas serían entonces diferentes.

28/09/11, 08:50 Mayo en Septiembre...

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Aquella mañana, aunque nerviosa, mi papá nos dijo que debíamos darnos prisa. Recuerdo que me puse el buzo que más me gustaba y acomodé una cinta en mi pelo. Había dejado de ver a mi mamá un día entero: era lo suficiente para extrañarla.

No sé cuánto tiempo pasó, no sé cómo entramos. El cuarto era pequeño, mi madre tenía los ojos hinchados pero una luz inmensa la acompañaba alrededor. Tenía miedo de verla. Cuando mi papá dio la vuelta al picaporte, entre el miedo, la imaginación y la soledad de ése sólo minuto, el alma se me cerró. No sé cuánto tiempo faltaba para tenerla de vuelta en casa. Pero ya no sería lo mismo.

En efecto, algún tiempo después, la vocecita que escuché aquella media mañana en la clínica, se hizo eco. Mi mamá recuperó la sonrisa blanda de siempre, mi papá volvió a toser fuerte por las tardes. Yo sólamente me quedé con éstas impresiones hoy en que el sol prendió tan de repente por todas las esquinas, y recordé lo pequeñita que era en ése entonces Fiorella... y lo grande, fuerte y hermosa que se ha puesto con la vida, "como una espada en el aire.."




Para ella..


ps. Traído a la portada por el reciente suceso de éxito en la vida de mi hermana.
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Un globo amarillo gigante, impreso con letras negras y toscas, amenaza caer del cielo de mi habitación. Al fondo, los libros de Frida encierran mil y un fotografías. Dos botellas de aroma diverso, libros apilados, encerrados, interminables. La foto de mis padres hacia el fondo, por arriba, abrazados. Más de treinta años.

Pasé parte de la noche zigzagueando entre algunos nombres. De pronto, entre la zozobra del primer momento, entre aquel sueño mío donde abrazaba fuerte a mi hermana, entre la vigilia y el silencio, la alegría, que hace mucho no asomaba tan cruel y gigante, desbordo nocturna.

La mañana de lunes, todo tosía a mundano. La alegría extrema se tornó violenta aquella noche y en la mañana, todo sonaba a rastro, a sombra, a inmutabilidad.

Siento el amor en mi propia vuelta de tuerca, pero la falta también de tanta usanza férrea e impúdica de la que fuera mi vida. El nombre de Eva visto en mis ojos: Rocío, Rocío.

En los suyos, propios, yo sólo veo soles y turmalinas.

Es jueves, la mañana aún no arde. El invierno se larga despellejado, se va con el frío en sus costillas, con sus nubes, con sus cejas grises. Mi cuerpo ya se sueña en el azul de lado, nadando en la perturbación beneplácita que le provoca el silencio.

Tantos adjetivos, tanto pelo sobre mis hombros, tantos recuerdos, tantos sueños.

Tantos nombres, lugares y hechos. Pero un sólo día.

- Veintitrés.




bad

El bien y el mal.


Ps. Y sin yo serlo me llama preciosa, qué se yo...


19/08/11, 06:36 Agosto

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La lluvia finita e insípida roció las calles del usual vaho de medio año. Mi aliento sentía cada espacio húmedo filtrándose en los recovecos del esternón y las vertebras. Mis pies subieron torpes la escalera, eran las seis de la mañana , no había dormido desde la noche anterior y mi nariz era un témpano. Vi a través de la ventana, no era la mañana que tenía en mente. Pero en efecto, el todo era una parte de esa cosa que define felicidad en el corazón de la gente.

Ya es agosto, ya he respirado de Arequipa por un largo tiempo, ya mi mano no se guarda solitaria al bolsillo del pantalón ni la tristeza se hunde como los pies en la arena. Lima está llena de invierno, llena de moho y de humo al hablar. Mis caderas entumecidas a veces trastabillan lentas, mi garganta busca el agua en perfecta ebullición para ser engullida. Tengo tanto por contar y se me cierra el verbo aún sin conjugar en el intento de darle vida y rodarlo y hacerlo andar por ahí.

Justamente de eso se trata (la) vida. De cerrar los ojos y perpetuar en ese ciego segundo todo lo que queremos ver. Y sentir.