2.12 Dinámica de las poblaciones

Población: está formada por un grupo de individuos de la misma especie que se cruzan entre si y que conviven en determinado espacio y tiempo. Viven organizados y actúan como un todo para renovar sus individuos y conservar su identidad a lo largo del tiempo. Una población tiene propiedades diferentes a las de los organismos que la componen. El individuo es transitorio mientras que la población perdura año tras año.

Propiedades de las poblaciones:

Crecimiento: depende del equilibrio entre la tasa de natalidad y la tasa de mortalidad. La tasa de natalidad está determinada por el número de organismos en que se incrementa una población por unidad de tiempo.

Mortalidad: afecta al tamaño y la composición de la población. La tasa de mortalidad es el número de individuos de una población que muere por unidad de tiempo.

Densidad: es el número de individuos por unidad de área o de volumen. Puede variar estacionalmente, en las diferentes etapas del ciclo vital, por las fluctuaciones en los recursos más importantes. Disminuye por la mortalidad y la emigración.

Migración: es el desplazamiento de una población más allá del área que ocupa normalmente. La inmigración se refiere a la incorporación de nuevos individuos en el área que ocupa una población. La emigración es cuando los individuos se desplazan hacia un área fuera de la que ocupa su población.

Distribución de edades: una población que se expande con rapidez requiere de una gran cantidad de individuos jóvenes. En una población estable existe un balance en la distribución de las edades. Por su parte, una población en decadencia presenta un mayor número de individuos mayores.

Distribución espacial: puede ser al azar, agrupada o regular, pero afectan a la densidad poblacional. Se puede deber a la búsqueda de recursos para satisfacer sus necesidades, la posesión de áreas con mejores condiciones ambientales, por características instintivas de atracción social o por procesos de reproducción.

Interacciones en las poblaciones:

Dos grupos de poblaciones pueden afectarse mutuamente ya sea de manera benéfica o nociva. Las interacciones son la base de la selección natural. Existen tres tipos de interacción específica:

La competencia: esta interacción se da cuando distintos individuos de dos o más especies, utilizan el mismo recurso que puede ser la luz, el agua, el alimento, los sitios de anidación, etc. Existen dos tipos básicos de competencia.

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  • Por interferencia: se presenta cuando se produce una lucha abierta por un mismo recurso. En la Figura 2.18-a se observa que el gorrión y la paloma compiten por un mismo trozo de alimento.
  • Por explotación: ocurre en ausencia de una interacción directa. Por ejemplo, especies que consumen el mismo alimento en diferentes momentos del día. En la Figura 2.18-b se observa que las aves esperan que el oso consuma la cabeza, piel y vísceras del salmón para luego comer el resto de lo que deja el oso.

Cuanto mayor sea la semejanza de las especies en cuanto a sus requisitos y estilos de vida, la competencia es más intensa. Si dos especies compiten por el mismo recurso escaso, una u otra serán eliminadas. Las especies similares pueden coexistir porque sus funciones en la comunidad son diferentes.

La depredación: es la interacción en la que el depredador caza a la presa para alimentarse o desarrollar alguna etapa de su ciclo vital, como se muestra en la Figura 2.19. Por lo general los depredadores son carnívoros y las presas pueden ser fitófagas, es decir, se alimentan de vegetales, o pequeños depredadores. Se ha observado también que los machos de algunas especies matan a los cachorros para aparearse con la hembra madre.

La depredación influye sobre la evolución de las poblaciones de depredadores y de presas porque favorece la eficiencia creciente en la alimentación de los depredadores y por otro lado, mejora el mecanismo de evasión de la presa

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La depredación tiene gran influencia en la dinámica de las poblaciones y en el aumento de la diversidad de las especies, reduciendo la competencia. Existe un control recíproco de las poblaciones de depredadores y de presas que resulta esencial para el equilibrio de los ecosistemas. La depredación juega un rol muy importante en la selección natural y es uno de los principales motores de la evolución.

La convivencia: este tipo de interdependencias pueden resultar favorables, desfavorables o indiferentes para la supervivencia de las especies. Se clasifican en:

  • Simbiosis: es una asociación íntima de largo plazo entre individuos de especies diferentes, donde las dos especies se favorecen por igual. En casos más avanzados, los dos individuos llegan a fundirse en un organismo único, como es el caso de los líquenes, Figura 2.20-a, que son la asociación de un hongo y un alga. El hongo se beneficia al obtener productos orgánicos procedentes de la fotosíntesis del alga y ésta sobrevive al protegerse de la desecación gracias a las húmedas hifas del hongo.
  • Comensalismo: se trata de una interacción que resulta beneficiosa para una especie e indiferente para la otra. La especie que se beneficia se denomina el “comensal”. Un ejemplo es el caso de los peces rémora, que poseen una aleta mediante la cual se adhieren a la piel de los tiburones de modo que se transportan sin mayor esfuerzo y se alimentan con los restos de comida que deja caer. Otro ejemplo es el de la Figura 2.20-b, donde se aprecia que las aves se alimentan de los restos de comida que quedan en los dientes del cocodrilo.

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  • Mutualismos: es un tipo de interacción que resulta beneficiosa para ambas especies. En la Figura 2.20-c se observa que la abeja se alimenta de las flores y éstas requieren de las abejas para la polinización.
  • Inquilinismo: en este tipo de interacción una especie, denominada “inquilina”, habita en el interior de otro individuo sin perjudicarle. Por lo general los inquilinos son especies de dimensión pequeña, como por ejemplo las orquídeas o la bromelias que crecen sobre los troncos de los árboles a fin de obtener suficiente cantidad de luz para sobrevivir, como se muestra en la Figura 2.20-d.
  • Parasitismo: este tipo de interacción resulta beneficiosa para una especie, el “parásito” y perjudicial para la otra, denominada el “huésped”. En la Figura 2.20-e se muestra al zancudo que se alimenta de la sangre de los humanos, causándole perjuicios, como la transmisión de la malaria por ejemplo.