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El ascenso post-crisis de América Latina

Susanne Gratius es investigadora de FRIDE
Nº 31 – ENERO 2010

La crisis financiera acentúa una nueva constelación de poder a favor del “sur”. Brasil es un jugador global, Chile y México son miembros de la OCDE y tres países latinoamericanos pertenecen al influyente G-20.

Por primera vez desde la post-guerra, la economía mundial entró en recesión. Y también por primera vez desde entonces, América Latina no fue ni el detonante de la crisis ni su principal víctima. Esto no significa que la región haya salido ilesa: en 2009, el PIB se contrajo en un -1,8 por ciento, las remesas en un 11 por ciento, el comercio cayó un 24 por ciento y las inversiones, un tercio. Aún así, la CEPAL pronostica que este año las economías latinoamericanas volverán a crecer por encima del 4 por ciento.

Tres grandes crisis financieras –la mexicana de 1994, la brasileña de 1999 y la argentina de 2001– parecen haber servido para vacunar a la región contra los colapsos financieros. Salvo en el caso de México, en América Latina no quebró un sólo banco y ningún gobierno se vio obligado a rescatar entidades financieras con dinero público de los contribuyentes. La burbuja inmobiliaria y las deudas hipotecarias apenas afectaron a la región. Ello ha sido el resultado de tres factores: las reformas socio-económicas, la entrada económica de China y el ascenso de Brasil. Estos cambios contribuyen a mejorar la posición internacional de América Latina, pero también presentan nuevos riesgos y ponen de relieve las persistentes debilidades estructurales. Desde Europa, constituyen una invitación a reflexionar sobre las relaciones.

RESACA Y RECUPERACIÓN EN LA “CUARTA ECONOMÍA MUNDIAL”

La crisis financiera ensombrece las perspectivas socio-económicas favorables de los últimos años. Al ser parte de la globalización, América Latinas sufre la resaca de la crisis: en toda la región, habrá menos inversión extranjera directa (IED), menos ayuda, menos remesas, menos emigración y, sobre todo, menos comercio –el motor de crecimiento de los últimos años. La pobreza volverá a subir entre el 1 y el 3 por ciento. Paralelamente, nuevas medidas proteccionistas en Estados Unidos y la UE (subsidios agrícolas, medidas nacionales como buy american, cuotas, normas y estándares) seguirán reduciendo las exportaciones latinoamericanas hacia ambos mercados y desviándolas hacia China.

Las tendencias proteccionistas también frenarán los procesos de liberalización comercial y la suscripción de acuerdos de libre comercio tanto intra como extrarregionales.

El efecto contagio ha sido mayor en el Caribe, Centroamérica, Colombia y México, cuyas economías se contrajeron por la alta dependencia del intercambio con Estados Unidos, así como del comercio internacional y de las remesas. En este grupo de países,
las consecuencias son similares a las de su principal socio comercial e inversor. El grado de resaca post-crisis varía según el nivel de apertura de las economías, la vinculación con Estados Unidos y la UE, el peso del comercio en el PIB y de las remesas. Asimismo, como señaló la reciente devaluación del bolívar, naciones tan dependientes del petróleo como Venezuela siguen siendo muy volubles ante la coyuntura global. La reducción del precio del “oro negro” a la mitad puso fin a los años de bonanza económica, y Venezuela entró en recesión.

Los países menos afectados son aquellos con relaciones económicas diversificadas y más orientadas hacia Asia (China), sobre todo Brasil, pero también Argentina, Chile y Perú. Aunque el precio de las materias primas se redujo, las ventas chilenas de cobre, las argentinas y brasileñas de maíz y soja y las de zinc peruano siguieron creciendo gracias a la demanda china que mitigó el efecto de la crisis.

La subida de los precios de algunos alimentos afectó negativamente a Centroamérica e influyó positivamente en países agro-exportadores como Argentina y Brasil. Mientras que Argentina sigue debatiéndose entre la recuperación y el decaimiento, Brasil crece más que las economías tradicionales y dispone de un sistema financiero estable. También Chile ha señalado la eficacia de un modelo de inserción internacional diversificado acompañado por instituciones fuertes y políticas sociales exitosas.

En general, la crisis comprobó que la vulnerabilidad de América Latina ante choques y fluctuaciones externas sigue existiendo, pero es menor que en la década anterior, cuando colapsó la economía argentina, Brasil devaluó su moneda o México sufrió la crisis del Tequila. Hoy, los países latinoamericanos disponen de reservas internacionales, la deuda externa bajó a la mitad, la mayoría de las monedas no se han devaluado, la tasa de ahorro aumentó y la inflación está controlada. Salvo en Argentina, Nicaragua y Venezuela, las políticas macroeconómicas son más eficaces y los sistemas financieros más sólidos. La mayor estabilidad económica estuvo acompañada por un paulatino progreso social que contribuyó a suavizar el impacto de la crisis. La pobreza bajó del 44 por ciento en 2002 al 33 por ciento en 2008, lo que equivale a 40 millones de latinoamericanos.

Desde la década perdida (1980), la mayoría de los países ha cambiado de imagen y de política: después de la transformación democrática emprendieron reformas económicas sustanciales y hoy están inmersos en un complejo proceso de cambio social. Ya desde los años 1990 estas tres transformaciones internas (la democrática, la económica y la social) se han traducido en un mejor posicionamiento internacional: la región en su conjunto representa un 7 por ciento del PIB global y sería la cuarta economía del mundo, después de China y antes que Alemania.

Las principales economías latinoamericanas
POSICIÓN EN AL RANKING GLOBAL PIB (NOMINAL, 2008)

1. Brasil 10ª 1,5 mil millones
2. México 11ª 1 mil millones
3. Argentina 30ª 330.000 millones
4. Venezuela 31ª 319.000 millones
5. Colombia 38ª 300.000 millones
6. Chile 46ª 169.000 millones

Según el Foro Económico Mundial, los sistemas financieros, las monedas y las finanzas públicas que antes eran las fuentes de inestabilidad han sido, en esta crisis, las principales fortalezas de la región.

Actualmente, América Latina tiene un sector bancario muy concentrado: 12 entidades (tres de ellas brasileñas y dos españolas) dominan su sistema financiero. Comparado con los años 1980, el sector es más abierto y menos dependiente del exterior: la participación de los bancos extranjeros bajó de un tercio a una cuarta parte. Brasil, seguido por México y Chile, concentra los negocios bancarios.

En cuanto al comercio exterior, América Latina está apostando por nuevos socios. Ante el estancamiento de la ronda de Doha y la imposibilidad de desatar el “nudo agrícola”, Sudamérica está desviando su comercio hacia Asia. La Unión redujo su peso en el comercio de la región del 25 por ciento en los años noventa al 14,5 por ciento y representa hoy lo mismo que Asia. Si China aportó en el año 2000 poco más del 1 por ciento del comercio extrarregional, su participación en 2008 superó el 8 por ciento.

También Estados Unidos ha perdido peso: si en 2000 concentró casi el 60 por ciento de las ventas latinoamericanas, esta cifra bajó a menos del 40 por ciento. China ya es el tercer socio comercial externo de la región, después de Estados Unidos y la UE, y en Argentina, Brasil, Chile y Perú empieza a ocupar el lugar de sus dos socios tradicionales. El comercio sudamericano también está aumentando con otros países emergentes como India, Irán y Rusia. A raíz de la crisis y la fuerte contracción de IED procedente de Estados Unidos y la UE, cabe esperar una tendencia similar en el ámbito de las inversiones.


BRASIL Y MÉXICO. DOS MODELOS DE INSERCIÓN INTERNACIONAL

El principal ganador latinoamericano de la crisis es Brasil que asciende en la jerarquía regional e internacional.

Ante la lenta recuperación en Estados Unidos, Brasil se ha convertido en el principal motor económico de las Américas. Aunque no alcanzará las tasas de crecimiento de China (8 por ciento), con un 5 por ciento estará a la misma altura que India, socio con el cual Brasil ha estrechado lazos en el marco del BRIC y del foro IBSA. Brasil ocupa el séptimo lugar en cuanto a la acumulación de reservas internacionales y aportó 200.000
millones al FMI. México, cuya economía se contrajo en un -6,7 por ciento en 2009, es el gran perdedor de la crisis.

Desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Canadá y Estados Unidos ha dejado de ser una potencia (sub) regional. Un año después del TLCAN, México sufrió la crisis del Tequila de la cual salió gracias al apoyo de Washington, pero a costa de aumentar su dependencia con su vecino del norte, que representa un 90 por ciento de su comercio y domina su sistema bancario. La banca extranjera representa un 87 por ciento en México y un promedio del 25 por ciento en América Latina. Conforme a ello, la economía mexicana fue arrastrada por la crisis estadounidense.

Mientras que Centroamérica, el Caribe, Colombia, México y Venezuela están anclados a la economía de Estados Unidos, América del Sur ha fortalecido sus relaciones comerciales con China y (excepto Colombia y Venezuela) muestra una mayor diversificación económica y mejores perspectivas de crecimiento en 2010. Esta misma fragmentación se manifiesta a nivel político por el surgimiento de UNASUR como actor sudamericano protagonizado por Brasil y una “América del Norte” con fuertes interdependencias demográficas y económicas con Estados Unidos.

Brasil y México representan dos fórmulas diferentes de inserción global. El Brasil de Lula ha diseñado un modelo sur-sur de inserción internacional (balancing) a través del liderazgo regional y la creación de alianzas con otros socios emergentes. México ha elegido la vía norte-sur (bandwagoning) mediante su alianza estratégica y asimétrica con Estados Unidos, que le ha permitido formar parte del club de las tradicionales potencias:

• México es un país OCDE que no forma parte de ningún esquema de integración latinoamericano y pertenece a Norteamérica. Lo que pareció una apuesta segura, anclarse a la economía más potente del hemisferio, condujo a un efecto contagio. La economía mexicana es más abierta que la de sus vecinos y depende en más del 40 por ciento del comercio que desarrolla casi exclusivamente con su vecino del norte, su principal inversor. México compite con China por el mercado estadounidense y tuvo que ceder la segunda posición al país asiático. Y aunque México es un socio estratégico de la UE y ha firmado un acuerdo de libre comercio plus con la Unión, éste no ha servido para disminuir su dependencia de Estados Unidos.

• Brasil representa un modelo más independiente. La diversificación de relaciones económicas y el desarrollo del mercado interno a través de políticas públicas sirvió como vacuna contra la crisis. Similar al de Estados Unidos, el comercio apenas representa el 20 por ciento de la economía brasileña y, a diferencia de la economía abierta de México, Brasil aplica aranceles de hasta un 30 por ciento en sectores como el automovilístico o la informática. Su principal mercado de exportación es China y no Estados Unidos. Brasil ha distribuido su comercio en cuatro pilares de peso parecido:

China, Estados Unidos, la UE y América del Sur y está forjando alianzas sur-sur con
China, India, Irán y Rusia. En cierto modo, Brasil representa un modelo económico
entre capitalismo y Estado con un nivel impositivo mayor al promedio europeo. Por un
lado, se ha abierto al mundo y, por el otro, protege sectores estratégicos y mantiene enclaves estatales.

Esta crisis reveló que ni el proteccionismo exacerbado ni tampoco una apertura económica ilimitada son recetas válidas. Economías emergentes como Brasil, India y China, que sigue creciendo, indican que podría surgir una “tercera vía” entre liberalismo y proteccionismo económico.

PENSAR AMÉRICA LATINA COMO SOCIO INTERNACIONAL

Los efectos de la crisis descalifican a todos aquellos que pronosticaron la desaparición de América Latina del mapa internacional. Aunque el ascenso de la región es un proceso poco espectacular y de escaso interés mediático, América Latina empieza a ocupar una mejor posición en el sistema internacional. La región es cada vez menos un receptor de ayuda y más una zona de renta media y donante del sur, con mayor peso económico y menor dependencia del exterior para desarrollar posiciones propias con o contra las tradicionales potencias. La América Latina actual es más diversa y más fuerte que en los años ochenta: Brasil se ha convertido en una potencia regional y global, China tiene más presencia en la región, la UE menos, y se acentúa la división entre una Norteamérica anclada con Estados Unidos y una Sudamérica más vinculada al futuro de Brasil.

La revaloración del G-20 en el cual participan Argentina, Brasil y México refleja una nueva constelación de poder mundial, donde América Latina no es un protagonista, pero al menos está presente.

Las tres economías más grandes de la región participan en la construcción de la nueva arquitectura financiera internacional. Asimismo, el papel de Brasil –uno de los seis negociadores claves en la Ronda de Doha de la OMC– y otros países como Argentina (miembro del grupo Cairns) será decisivo para el desenlace de las negociaciones globales sobre la liberalización comercial.

Debido al ascenso de Brasil, el acceso al mercado chino y las reformas socio-económicas, parte de América Latina ha dejado de ser la periferia global.

El declive de sus relaciones con la UE y una mayor distancia de Estados Unidos en el sur de la región contribuyeron a este proceso. Esto implica nuevos riesgos. En primer lugar, con la excepción de Brasil (más industrializado), se consolida la posición de la región como vendedora de materias primas: el petróleo representa el 90 por ciento de las exportaciones venezolanas y el 67 por ciento de las ecuatorianas, los metales más del 60 por ciento a las exportaciones chilenas y peruanas y los productos agrícolas el 35 por ciento en Argentina.

Las cifras demuestran que en los últimos cincuenta años, la región apenas ha diversificado su estructura productiva y de exportación. Además, Cuba, Venezuela y otros países importan más del 80 por ciento de los alimentos. Gran parte de la región depende de las fluctuaciones de los precios globales de materias primas sobre las cuales, con la excepción del cartel de la OPEC, apenas puede influir. A diferencia de Asia, pocos países de la región exportan productos con valor añadido o cuentan con altos niveles tecnológicos. Esto es, entre otras, la consecuencia de los déficits educativos y formativos que siguen siendo un lastre para todos los países incluyendo Brasil y México.

En segundo lugar, se corre el riesgo de sustituir viejas por nuevas dependencias. China se ha convertido en el motor del crecimiento. Si cae la economía china, se hundirán también muchas latinoamericanas, incluyendo Brasil. Es la primera vez que América Latina se acerca a una potencia no democrática que exporta un modelo económico y político diferente, al combinar autoritarismo y capitalismo del Estado. El ascenso global de Brasil y el creciente peso de China abren un nuevo capítulo de política exterior que aumenta la distancia con Estados Unidos y la UE. Al formar parte de los BRIC y haberse acercado a China e Irán, Brasil demuestra que no tiene preferencias políticas. Aunque es una de las democracias más consolidadas de la región no distingue entre amistades democráticas o autoritarias ni tampoco comparte la visión de estadounidense y de la UE de promover la democracia. Por tanto, más allá de sus efectos económicos, la crisis acentúa las brechas políticas entre nuevas y viejas potencias.

Sin embargo, estos cambios también sirven para reflexionar sobre las relaciones y superar viejos modelos. Una vez más se confirmó que desde Europa no podemos seguir pensando en América Latina como unidad ni tampoco en categorías de integración y acuerdos comerciales sino, según su grado de dependencia de Estados Unidos y Brasil.

Desde esta óptica, en vez de privilegiar a México como socio de la UE y potencia que no es, podría ser más útil desarrollar una estrategia para América del Norte, incluyendo el conjunto de países en el radar de Estados Unidos. Otro eje de la política europea podría ser el sur del continente, que tradicionalmente ha estado más cercano a Europa, con Brasil como potencia emergente y China como nuevo actor económico.

La crisis reveló una maduración de las relaciones que ya no responden al paradigma norte-sur. Gran parte de América Latina ha dejado de ser una zona de crisis y un rule-taker. Aunque muchos países siguen siendo receptores de ayuda, la posición económica de otros ya no justifica gestionar proyectos de cooperación financiados por una UE muy afectada por la crisis. Este nuevo capítulo en las relaciones requiere un guión diferente, incluyendo una reflexión sobre las posiciones en foros globales como el G-20, la OMC y la ONU; un debate más sincero sobre nuestras muy diversas visiones sobre la democracia y la triangulación de la cooperación entre receptores, viejos y nuevos donantes. Construir una relación a la misma altura será el desafío que nos plantea esta crisis.

Susanne Gratius es investigadora de FRIDE

C L AV E S

• Por primera vez, América Latina no fue ni el detonante de la crisis financiera ni su principal víctima.
• La UE redujo su peso en el comercio de la región y representa actualmente lo mismo que Asia.
• Brasil y México son expresión de dos fórmulas diferentes de inserción global: balancing y bandwagoning.
• Debido al ascenso de Brasil, el acceso al mercado chino y las reformas socio-económicas, parte de América Latina ha dejado de ser la periferia global.
• Si cae la economía china, se hundirán también muchas latinoamericanas incluyendo Brasil.
• La crisis reveló una maduración de las relaciones europeolatinoamericanas que ya no
responden al paradigma norte-sur.

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LA CRISIS ALIMENTARIA: RESPUESTA EUROPEA A UN PROBLEMA GLOBAL

Por: José Ángel Sotillo
Profesor de Relaciones Internacionales
Universidad Complutense de Madrid

Trabajo auspiciado por la Fundación Carolina

Ya en 1951 Josué de Castro, que llegaría a director general de la FAO, nos advertía en su obra Geopolítica del hambre, de las distintas formas que reviste la escasez de alimentos (hambre, hambrunas, desnutrición crónica), y que el hambre no sólo tenía geografía, sino también política. Es una buena forma de enfrentar el por qué de las crisis alimentarias y qué se hace para resolverlas, especialmente por parte de la Unión Europea.

Consideramos que las crisis alimentarias son situaciones periódicas graves aunque coyunturales —de hecho, si vemos ahora los medios de comunicación parece que el problema ha desparecido—, mientras que la inseguridad alimentaria es algo estructural para una parte del planeta, que no puede ejercer, por tanto, el derecho a la alimentación. Hablamos de derecho (no sólo ayuda) a la alimentación, de que es insuficiente el ya tópico “no le des un pez, enséñale a pescar”, pues los peces ya se los han llevado, y de que la ayuda incluso puede ir en contra de la dignidad humana. El siguiente escalón sería hablar de soberanía alimentaria.

El mapa mundial de la alimentación queda reflejado en Obesos y famélicos (Los Libros del Lince), la obra de Raj Patel: hoy se producen más alimentos que nunca, pero 800 millones de seres humanos mueren de hambre. Por otro lado, 1.000 millones de personas, una de cada seis, sufren sobrepeso.

Mientras en Europa, y en otras partes del mundo rico, vivimos atemorizados por las consecuencias de la crisis económica, a la que se suma la crisis energética, muchos de nuestros otros vecinos del planeta tienen que enfrentarse a la llamada crisis alimentaria. Quizá esa gente no sepa que son las hipotecas subprime —la verdad es que muchos de nosotros tampoco— pero conocen de sobra qué ha supuesto el alza de los precios de los alimentos y la escasez de productos, ante lo que poco puede hacer el mundo pobre, sin dejar de ser paradójico que muchos países pobres sean productores de materias primas.

La sensación es, una vez más, de frustración. A la fallida Cumbre de Roma (5 de junio de 2008) sobre “Seguridad alimentaria mundial: los desafíos del cambio climático y la bioenergía” (para ver la situación en perspectiva: OECD-FAO Agricultural Outlook 2008-2017), hay que añadir el nuevo intento nulo en las negociaciones para salir del atolladero en la Ronda de Doha —¡desde 2001!— de la Organización Mundial de Comercio (OMC), y el incumplimiento del Programa de Desarrollo, tal como anunciaba su director, Pascal Lamy, el 29 de julio de 2008.

La crisis alimentaria pone en evidencia los límites de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y la propia cooperación para el desarrollo. Desde la Unión Europea se afirma que no alcanzar los ODM sería un desastre para los países en vías de desarrollo, un fracaso para Europa y una amenaza potencial para la estabilidad mundial.

¿Por qué la crisis alimentaria? Como sucede en otros casos, las causas son múltiples. Desde la mayor demanda por parte de algunos países —en los que la población aumenta y, a la vez, tiene mayor poder adquisitivo—, la subida de precios (como el gasóleo, los costes del transporte, o los fertilizantes, cuyo precio se ha incrementado en un 350% desde 1999), o las restricciones a la exportación para garantizar el consumo interno y mayores ganancias en las ventas, hasta la especulación en los alimentos considerados simplemente como mercancías con las que aumentar dividendos (recordemos que el precio de referencia del trigo se fija en la Bolsa de Chicago). Las “leyes” del mercado nada tienen en cuenta el derecho a las necesidades básicas, incluida la alimentación.

Para colmo, la crisis energética pone en ascenso la utilización de materias primas para biocombustibles (un informe del Banco Mundial responsabiliza a los biocombustibles de un 75% de la subida de precios de los alimentos).
Ha quedado clara la insuficiencia de medios para hacer frente a lo que la responsable del Programa Mundial de Alimentos (PMA), Josette Sheeran, define como un “tsunami silencioso” —también se habló de tormenta perfecta y Jean Ziegler la califica como “silencioso asesinato en masa”—, que lleva al hambre a unos 100 millones de personas, lo que conduce a poner en peligro la paz y la seguridad. Alimentos como el arroz, el trigo o el maíz han duplicado su precio en los últimos meses, mientras que los recursos con los que cuentan instituciones como el PMA son absolutamente insuficientes.

¿Cómo repercute la crisis en el planeta? No es de extrañar que haya habido explosiones de violencia a lo largo y ancho del mundo pobre, como en Haití, México, Marruecos, Senegal o Costa de Marfil. ¿Cómo afecta la crisis a una de las principales corporaciones globales de la alimentación? Comprobando los datos anunciados el 7 de agosto del líder mundial en alimentación, Nestlé, estos arrojaban un beneficio de 3.200 millones de euros entre enero y junio, un 6,1% más que el trimestre anterior. De nuevo las crisis suponen perjuicios para los pobres y beneficios para los ricos, especialmente para las grandes empresas de alimentación. El 80% del comercio de cereales está en manos de cinco multinacionales de la alimentación.

¿Qué hace la UE frente a las crisis alimentarias? La UE asume el principio de responsabilidad en su acción exterior. El hambre y la desnutrición están incluidas como una de las circunstancias que afectan a la seguridad en el documento sobre la Estrategia Europea de Seguridad (“Una Europa segura en un mundo mejor”), adoptado el 20 de junio de 2003. Sin embargo, los avances en el principio de solidaridad, y de la puesta en escena de la cooperación europea, seven cuestionados por los frenos puestos por los intereses comerciales y agrarios europeos.

La UE tiene a su disposición una serie de políticas e instrumentos para actuar frente a dichas crisis, pero no puede / no quiere / no le dejan ser un protagonista activo para resolver el problema del hambre en el mundo, que no es sólo una cuestión de carencia de alimentos, sino que afecta fundamentalmente a toda la cadena alimentaria, desde la producción hasta la comercialización. Al tiempo que tiene intereses contrastados entre ser valedora de la solidaridad y atender al inmenso negocio de la alimentación.

Vemos así un recorrido que va desde el “pecado original” (la ayuda alimentaria como solución al problema de los excedentes agrícolas en la protegida agricultura europea) hasta los mecanismos que ponen en marcha una política de seguridad alimentaria.

No debemos olvidar la importancia que tiene la alimentación para cualquier ser humano y como en la avanzada Europa todavía seguimos encontrando situaciones que ponen en peligro la salud, aunque se han activado toda una serie de medidas para garantizarla en favor de una alta seguridad alimentaria, que ha pasado de ser reactiva a ser también preventiva (Gabriela Alexandra Oanta, La política de seguridad alimentaria en la UE).

En el marco de sus competencias —que en el caso de la cooperación para el desarrollo están compartidas entre la Comunidad Europea y los Estados miembros—, las instituciones de la UE han venido reelaborando la política de seguridad alimentaria. En el Consenso Europeo (Bruselas, 24 de noviembre de 2005), el objetivo primordial es la erradicación de la pobreza y el hambre en el contexto del desarrollo sostenible, vinculado a la realización de los ODM. En el punto 29 se dice que: “La UE fomentará una mayor desvinculación de la ayuda más allá de las recomendaciones de la OCDE, en particular para la ayuda alimentaria”. Al tratar de la coherencia de las políticas a favor del desarrollo (Punto 36) se afirma que: “La UE respalda firmemente una conclusión rápida, ambiciosa y favorable a los pobres de la aplicación del Programa de Doha para el Desarrollo y los acuerdos de asociación económica entre la UE y los países ACP… En el marco de la Política Agraria Común (PAC) reformada, la UE reducirá sustancialmente el grado de distorsión comercial relacionada con sus medidas de apoyo al sector agrario, y facilitará el desarrollo agrícola de los países en desarrollo…”.

Al definir los ámbitos de la intervención comunitaria se seleccionan aquellos considerados de mayor ventaja comparativa, incluyendo el desarrollo rural, la ordenación del territorio, la agricultura y la seguridad alimentaria. En el punto 84 se dice que: “La Comunidad seguirá desempeñando un papel propulsor de la seguridad alimentaria tanto a nivel internacional como regional y nacional, apoyando planteamientos estratégicos en los países que padecen una vulnerabilidad crónica. Se hará hincapié en la prevención, las redes de seguridad, la mejora del acceso a los recursos, la calidad alimentaria y el desarrollo de las capacidades. Se prestará especial atención a las situaciones de transición y a la eficacia de la ayuda de emergencia”. Y en el 85: “En el ámbito agrario, la Comunidad hará hincapié en el acceso a los recursos (tierra, agua, finanzas), a la intensificación sostenible de la producción (cuando proceda, y en especial en los PMA), a la competitividad en los mercados regionales e internacionales y a la gestión de los riesgos (países dependientes de los productos básicos). Para que el desarrollo tecnológico sea favorable a los países en desarrollo, la CE reforzará su apoyo a la investigación agrícola a nivel global”.

El Reglamento (CE) 1905/2006, de 18 de diciembre de 2006, establece un Instrumento de Financiación de la Cooperación al Desarrollo (DOUE, L 378, 27 de diciembre de 2006, aplicado del 1 de enero de 2007 al 31 de diciembre de 2013); es el nuevo marco que regula la planificación y el suministro de las actividades de ayuda comunitaria con el fin de aumentar su eficacia. En su considerando 17 se afirma que: “La política comunitaria en materia de seguridad alimentaria ha evolucionado hacia el apoyo a una estrategia de seguridad
alimentaria de gran alcance en los niveles nacional, regional y mundial, que limita el recurso a la ayuda alimentaria a las situaciones humanitarias y a las crisis alimentarias y evita los efectos perturbadores para la producción y los mercados locales, y debe tener en cuenta la situación particular de los países que son estructuralmente frágiles y sumamente dependientes del apoyo a la seguridad alimentaria, con objeto de evitar una reducción drástica de la asistencia comunitaria a dichos países”.

El artículo 15 está dedicado a seguridad alimentaria: “1. El objetivo del programa temático sobre la seguridad alimentaria consistirá en aumentar la seguridad alimentaria a favor de la población más pobre y más vulnerable y contribuir a lograr el ODM relativo a la pobreza y el hambre, mediante un conjunto de medidas que garanticen la coherencia, la complementariedad y la continuidad generales de las intervenciones comunitarias, incluso en el ámbito de la transición de la ayuda al desarrollo”. En el punto 2 se establecen los ámbitos de actividad.

En cuanto a acciones concretas, para hacer frente a la crisis alimentaria el comisario europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, Louis Michel, anunciaba en Bruselas, el 22 de abril de 2008, que la UE destinaría una ayuda de 117,25 millones de euros para paliar el impacto de los precios de los alimentos y su escasez en las poblaciones “más vulnerables del mundo”. Pero advertía que estas acciones a corto plazo no eran suficientes frente al brutal aumento de los precios, para lo que demandaba una respuesta mundial.

El 20 de mayo, la Comisión presentaba un proyecto de medidas destinadas a “mitigar los efectos del alza mundial de precios en el sector alimentario”. Se analizan los factores estructurales y cíclicos y se propone una respuesta política en tres puntos, incluidas medidas a corto plazo en el contexto de la revisión de la PAC; iniciativas para aumentar el suministro agrícola y garantizar la seguridad alimentaria, incluida la promoción de nuevas generaciones de biocombustibles sostenibles; e iniciativas para contribuir al esfuerzo mundial para abordar los efectos de la subida de precios en las poblaciones pobres.

Más imaginativa es la propuesta del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, lanzada el 7 de julio de 2008 en Toyako (Japón) con motivo de la Cumbre del G-8 que, por cierto, no se puso de acuerdo en como hacer frente al cambio climático, al precio del petróleo y de los alimentos. Barroso propone utilizar el dinero ahorrado por la PAC para crear un fondo que ayude a los agricultores africanos a solventar la crisis. El fondo sería bienal (2008 y 2009), contaría con 1.000 millones de euros y se sumaría a los que la UE tiene para ayuda al desarrollo. Bruselas calcula que del prepuesto anual de la PAC, 55.800 millones de euros en 2008, se pueden ahorrar 750 millones este años y 250 millones en 2009 (el Banco Mundial cifra en 10.000 millones de dólares, 6.392 millones de euros, la cantidad necesaria para contener a medio plazo la actual crisis alimentaria). Se daría prioridad a los países más necesitados y se destinaría a medidas dirigidas a la oferta, que mejoren el acceso a los insumos agrícolas (fertilizantes y semillas), para aumentar la capacidad productiva de la agricultura. En un documento posterior, de 18 de julio, la Comisión “confía en que el Consejo y el Parlamento puedan llegar a un acuerdo antes de noviembre, a fin de no desaprovechar los fondos de 2008 no utilizados”.

Sin negar lo positivo de la medida, si finalmente es adoptada, y la buena intención de la Comisión, se hacen ver de nuevo las contradicciones de las políticas agrarias y el hambre en el mundo, ya que la proporción que desde la ayuda al desarrollo se dedica a agricultura ha bajado a la mitad desde 1980, dedicándose en la actualidad entre 3.000 y 4.000 millones de dólares anuales, mientras que las subvenciones a los agricultores de los países ricos alcanzan los 240.000 millones de dólares anuales. Así lo denuncia del informe de Intermón Oxfam La hora de la verdad.

La UE proclama, con razón cuantitativa, ser el primer donante mundial de ayuda al desarrollo ya que, según las cuentas, cada ciudadano destinaría 100 euros anuales a ese concepto y la ayuda comprometida conjuntamente por los Estados miembros y la Comisión Europea alcanzaría los 46.000 millones de euros. El Consejo Europeo (Bruselas, 19 y 20 de junio de 2008), reiteraba “con firmeza” su compromiso de lograr un objetivo colectivo de AOD del 0,56% de la RNB en 2010 y del 0,7% en 2015. Ese compromiso debería llevar a la duplicación anual de la AOD europea en 2010, que llegaría a una cantidad superior a los 66.000 millones de euros. Sin embargo, el algodón no engaña y en 2007 los fondos aportados por la UE descendieron por vez primera a 46.087 millones de euros (0,38% del PIB), frente a los 47.676 millones del año anterior (0,41%).

Examinando a los Estados miembros, la actitud de cada Gobierno revela su compromiso: mientras unos avanzan (Bélgica, Dinamarca, Luxemburgo, Holanda y Suecia pretenden lograr el objetivo del 0,7% en 2010; Irlanda y España en 2012 y el Reino Unido en 2013), la Francia de Sarkozy lo retrasa hasta 2015. Los Gobiernos de Francia y de Italia, entre otros, tampoco han establecido calendarios anuales para alcanzar los objetivos.

Una cosa es paliar una situación y otra enfrentarse realmente a un problema, atendiendo a sus causas y no sólo ayudando a remediarlo con lo que nos sobra. Cuando, además, el proteccionismo es una de las causas de ese problema. La UE dispone de buen diagnóstico, buen diseño, buena técnica, buenas intenciones, pero no va al fondo de la cuestión: la dependencia estructural alimentaria de los países pobres. Va a tener razón Stiglitz cuando dice que es mejor ser vaca en Europa que un pobre en un país desarrollado.

Añadamos el inevitable juego de intereses: mientras algunos gobiernos (como el de Nicolás Sarkozy, que ejerce la presidencia europea durante el segundo semestre de 2008) apoyan decididamente medidas proteccionistas en el sector agrícola, la Unión Europea apuesta por una mayor flexibilidad y apertura. Quizá raye en la esquizofrenia que quien defiende el proteccionismo sea al mismo tiempo el abanderado de los ideales europeos. Cuando se reúnen los ministros de Comercio (Bruselas, 18 de julio de 2008), Francia defiende que no habrá compromiso —cara a la reunión de la OMC en Ginebra el día 21— si los países emergentes no permiten un mayor acceso a sus mercados a los productos y servicios europeos. Además, el presidente francés critica al comisario de Comercio de la UE, Peter Mandelson, por considerar que su posición reduce el 20% la producción agrícola europea; para Sarkozy el acuerdo llevaría al “sacrificio de la producción agrícola europea en el altar del liberalismo mundial”. Recordemos que Francia es el principal beneficiario de la PAC, con un 22%, seguido por España, con un 15%.

Mientras, la Comisión sigue con su tarea y anuncia, el 14 de mayo, que prolongará más allá de julio la suspensión de los aranceles que gravan las importaciones de cereales a la UE, para tratar de paliar el incremento de los precios de los alimentos. Bruselas prorrogará la suspensión vigente de la campaña agrícola que finaliza el 31 de junio, y que fue adoptada a finales del año pasado tras el repunte de los precios de varios cereales. La UE, que tradicionalmente ha sido exportadora de cereal, se convirtió en el pasado otoño en importadora neta y sufrió los efectos del alza en los mercados internacionales, lo que también influye en la carencia de materia prima para piensos y en la producción ganadera. Los aranceles a los cereales que aplica la UE son muy bajos y se fijan según los precios de referencia mundial, excepto en la cebada y en el trigo de calidad baja o media. De la suspensión de aranceles se excluyó al mijo y a la avena.

¿Hay alimentos para todo el mundo? La respuesta es sí; una vez más el problema no es lo que hay, sino cómo está distribuido. Los avances científicos y técnicos en agricultura, con todos sus riegos —sigue abierto el debate sobre los transgénicos—, permiten aumentar las cosechas; hemos visto que mientras los países ricos generan excedentes y protegen el sector, los pobres, cuya mayor parte de la población siegue dedicándose a la agricultura y la ganadería, ven disminuir su recursos. La técnica, por tanto, es una opción, pero no es la solución al problema de la escasez de alimentos para una parte de la población mundial.

Según datos de la Red de Información sobre Población de Naciones Unidas, el mundo cuenta en la actualidad con 6.700 millones de habitantes, de los cuales 5.500 millones —el 82%— viven, si se puede decir así, en las regiones más pobres. En 2050 habrá 9.300 millones, aumentando la población en las zonas más pobres al 86%. Para colmo, la población crece más rápido en regiones en las que es altamente difícil cultivar alimentos. Esta situación, que es otra forma de violencia, parece no tener interés para algunas de las grandes potencias; si esa situación no se atiende con perspectiva de futuro y de forma estructural, y aquí la Unión Europea tiene una gran responsabilidad, asistiremos a las consecuencias del estallido de las bombas de la pobreza.

¿Será posible una Europa más fuerte en un mundo mejor? La UE ¿será un gestor eficiente de la globalización o socio para el desarrollo? Últimamente parece que no vamos por el buen camino. Hoy la Unión Europea está debilitada —¿qué hacemos tras el no irlandés al Tratado de Lisboa?— y no sabe o no puede responder a los problemas como hacía en décadas anteriores. Berlusconi o Sarkozy no son los líderes europeos que estas situaciones demandan, no sólo ya por su ideología y su forma de hacer política, sino porque priman lo nacional por encima del bien común europeo. Además, en tiempos de crisis y con los nubarrones de la recesión económica cada uno tira por su lado. Y así nos va.

Puebla de Sanabria, septiembre de 2008.

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Retrato de un país en crisis*

Phil Bennett*

ENTREVISTA DIGITAL (17-06-2010)
Periodista y ex director adjunto de ‘The Washington Post’.

En: Diario Español “El País”

Tras recorrer España en las últimas semanas, el periodista estadounidense Phil Bennett ofrece su retrato de la crisis. El relato incluye entrevistas a Salgado, Rajoy y Rato, pero también a empresarios, trabajadores y parados. Esta es la visión de España del ex director adjunto del ‘The Washington Post’

La crisis económica de España no tiene una zona cero. El visitante tiene la impresión de que todos en el país parecen narrar una parte distinta de un drama nacional, una poderosa mezcla de dificultades y obsesiones universales. Pero si hubiera que empezar la historia en un lugar en el que los orígenes y las consecuencias del desastre estén más claros, una buena opción es el pueblo de Villacañas.

Pregunté a Salgado sobre obstáculos al crecimiento. Empezó a hablar del desconocimiento internacional.

Rajoy apartó su cigarro y me explicó su plan económico. En el fondo, consiste en apartar a Zapatero del poder.

En 2007, la firma Visel tenía 830 empleados en Villacañas. Hoy cuenta con 320 y funciona cuatro días por semana.

Rato: “No sólo hay falta de confianza en España, sino en el sistema del euro y en su capacidad de resolver sus problemas”

Hay obsesión por restaurar la confianza de los extranjeros. Pero la falta de confianza de los españoles impresiona más.

En España no existe un Arizona. No hay indignación nacional sobre los extranjeros con derecho a estar
Los jóvenes pertenecen a una generación perdida o a una generación estrella: preparados y abiertos al mundo.

Hasta hace unos años, el rasgo más característico de Villacañas eran sus silos. Generaciones de agricultores pobres vivían en unos búnkeres subterráneos, en muchos casos excavados con herramientas de mano en el suelo calcáreo de La Mancha. Los silos eran baratos y ofrecían calor en invierno y fresco en verano. En los años cincuenta del siglo pasado seguía habiendo centenares en uso, pero hoy existen pocos visibles. El motivo es que, de la noche a la mañana, Villacañas se enriqueció de manera asombrosa. La gente se compró pisos en Madrid, casas en la playa, y construyó nuevas viviendas sobre las cuevas de sus antepasados.

La opulencia llegó a través de una industria cuya audacia y simplicidad estaba a la altura de los silos: Villacañas fabrica puertas. No unas cuantas, sino 11 millones de puertas en 2006, más del 60% del mercado nacional en pleno apogeo de la construcción. Las ventas aportaban a este pueblo de 10.000 habitantes ingresos de más de 600 millones de euros al año. El sector proporcionaba 5.000 puestos de trabajo bien remunerados, daba empleo a familias enteras en turnos que cubrían los siete días de la semana e hizo que chicos de 16 años abandonaran el colegio, deseosos de poder comprarse un Audi nuevo para cruzar a toda velocidad el primer y único semáforo de Villacañas.

Como es natural, la crisis amenaza con dejar todo esto en chatarra. En una mañana reciente de domingo, Raimundo García caminaba por la nave silenciosa de la fábrica de Puertas Visel, de la que es director general. Hijo de un carnicero local, estudió Económicas en la Universidad de Chicago y luego regresó para convertir Visel en una empresa de enormes beneficios. En 2007, la empresa fabricó casi un millón de puertas y tenía 830 empleados. Hoy, la fábrica cuenta con 320 trabajadores y sólo funciona cuatro días a la semana. Como casi la mitad de las 10 empresas de puertas que sobreviven en la región, está en suspensión de pagos y corre peligro de desaparecer. “Mi gran pena es que no nos reorganizáramos antes de la crisis”, dice García. “Ahora podríamos tirar todo esto a la basura”.

Villacañas quizá tenga que soportar ya siempre la etiqueta de Ícaro -voló demasiado alto, sus alas se fundieron y cayó-, si no fuera porque lo que sucede aquí hoy parece tan significativo como su edad de oro. Como en otros lugares de España, los habitantes de Villacañas se hacen preguntas fundamentales sobre su comunidad y su país, a menudo con angustia, ira y frustración: ¿qué nos ha pasado?, ¿quién tiene la culpa?, ¿qué va a ocurrir ahora?, ¿cómo va a ser nuestro futuro y cuánto podemos controlar?

Llegué a España a finales de mayo, procedente de Estados Unidos, con preguntas similares. En Estados Unidos, la crisis económica ha suscitado un debate sobre el papel del Estado, sobre la justicia y la responsabilidad, sobre los valores sociales y la identidad. ¿En qué está cambiando España por culpa de la crisis económica más compleja desde su transición a la democracia? ¿Por qué un 20% de desempleo no ha desencadenado un conflicto social? ¿Cómo están preparando los líderes del país la salida?

Sea justo o no, los mercados mundiales y los medios de comunicación tienden a dividir el mundo en dos categorías: los países que tienen problemas y los que son problemas. Y hoy consideran que España es un problema.

Una consecuencia de ello es que los titulares nacionales desatan temblores por todo el sistema, como ocurre casi a diario desde principios de mayo. Otra, quizá más útil, es que empuja a ver cada parte concreta de la crisis como un elemento relacionado con los demás.

En un análisis publicado al día siguiente de mi llegada, uno de esos titulares que sacuden el sistema: el Fondo Monetario Internacional lo hacía con este breve párrafo: “La economía de España necesita reformas exhaustivas y de largo alcance. Los retos son graves: un mercado de trabajo disfuncional, el estallido de la burbuja inmobiliaria, un gran déficit fiscal, un sector privado y una deuda externa que pesan mucho, un crecimiento de la productividad anémico, una competitividad débil y un sector bancario con bolsas de debilidad”. El país necesita una “estrategia integral”, decía, y “hay que hacerlo cuanto antes”.

No he hablado con una sola persona, dentro o fuera del Gobierno, que esté fundamentalmente en desacuerdo con este análisis. Es un caso poco frecuente de consenso. En casi todo lo demás, España ofrece la imagen de unos responsables políticos profundamente divididos. Existe la obsesión de restaurar la confianza de los extranjeros en el país. Pero impresiona todavía más la falta de confianza de los propios españoles en sus dirigentes y sus instituciones.

Es lo que sucede en Villacañas. El joven alcalde del pueblo, Santiago García Aranda, me recibió en su despacho, que da a la modesta plaza de España, con ocho sucursales de bancos herencia de la época de apogeo y filas de parados cada mañana ante la oficina de empleo. García Aranda, del PSOE, observa el debate político actual con abierto desprecio.

“La intensidad de la crisis que estamos viviendo no es de hoy. La estamos viviendo de forma brutal desde 2008. Este pueblo habla de la crisis desde 2008. El país, no”, dice. “Todos, incluyendo la prensa, están obsesionados con las elecciones y no con el futuro del país. No es sólo Zapatero quien no está comunicando bien. Las universidades, los medios de comunicación, también nos han fallado”.

Los costes humanos de la crisis ya son graves, dice. Durante el boom, Villacañas tenía una de las mayores tasas de abandono escolar del país. “Hay en Villacañas personas de 40 años que habían trabajado desde los 16”, explica García Aranda. “Y ahora ya no trabajan y carecen por completo de las cualificaciones profesionales y humanas y de los instrumentos de adaptación para salir adelante”.
El alcalde, cuya madre tenía un puesto de periódicos en el pueblo, y que trabajó a tiempo parcial en el sector de las puertas cuando era estudiante, dice que también se daba el fenómeno opuesto: por primera vez, muchos padres de Villacañas habían podido enviar a sus hijos a estudiar, como él, a obtener títulos universitarios. Y me contó esta historia:

“Hace dos semanas tuve a un padre exactamente donde tú estás sentado. Su esposa y él están en paro. Sus dos hijos están estudiando en la universidad: la hija, ciencias veterinarias, y el hijo, aeronáutica. Y el padre tenía que decidir a cuál de sus dos hijos le debe permitir continuar sus estudios. Y se decidió por su hija porque le faltaba solo su último año. Así que sacó a su hijo”. Al alcalde se le empañaban los ojos. “Ojalá pudiera poner a los que toman las decisiones en el pellejo de ese padre”, dijo.

Durante el periodo de prosperidad -parte de una transformación general que el embajador de España en Estados Unidos llamó hace poco “los mejores años de nuestra historia colectiva de los últimos cinco siglos”-, lo extraordinario se convirtió en corriente. Como consecuencia, hoy es normal oír a la gente sorprenderse e indignarse por la crisis económica actual, algo que ha sucedido muchas veces en muchos países, y, en cambio, calificar el asombroso ciclo de cambios anterior como completamente normal.
Economistas de todo el espectro político dicen que los dos periodos están unidos.

La historia se resume así: más de 10 años de préstamos baratos de Europa ayudaron a alimentar un fantástico aumento del gasto y las inversiones. España construyó un ferrocarril y unas carreteras de primera categoría y llevó a cabo proyectos turísticos. Construyó más viviendas nuevas que Alemania, Francia e Italia juntas… y vio cómo se duplicaban los precios de las casas. El gasto de consumo se incrementó dos veces más que la media europea durante esa década, y los salarios subieron un 30%. Cinco millones de inmigrantes nuevos se incorporaron al mercado laboral. En una especie de maquinaria en movimiento perpetuo, se necesitaba a los inmigrantes para que construyeran casas para sí mismos.

“Cuando la economía va bien, España crea más empleo que ningún otro país”, dice Joaquín Arango, director del programa de Migraciones Internacionales y Ciudadanía en el Instituto Universitario Ortega y Gasset. “Cuando la economía va mal, España destruye más empleo que ningún otro”.

A finales de 2009, la deuda exterior total de España era de 1,735 billones de euros, equivalente al 170% del PIB. La banca privada, que evitó los peores excesos de la crisis financiera de 2008, posee en la actualidad aproximadamente la mitad de las viviendas vacías españolas. El Gobierno, mientras tanto, aumentó el gasto público un 7,7% anual a partir de 2005. Esto, unido al descenso de los ingresos, convirtió el superávit presupuestario de 2007 en un déficit del 11%. Más de cuatro millones de trabajadores perdieron su empleo; la tasa de paro española, del 20%, es más del doble de la tasa media en Europa. Las prestaciones de desempleo, las más generosas de Europa, cuestan al Estado otros 32.000 millones de euros al año.

Cuando estalló la crisis crediticia griega en abril, las preocupantes cifras de España se volvieron tan imposibles de ocultar como los bosques petrificados de grúas que vigilan las entradas a tantas ciudades.
Los economistas en España suelen destacar los factores internos para describir la anatomía de la crisis y justificar los cambios estructurales que dicen que son necesarios. “La hora de la verdad llegará cuando nos demos cuenta de que las principales causas de la crisis son internas”, dice César Molinas, director de la consultora Multa Paucis, que ha ocupado varios cargos económicos en el Gobierno español.
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