CÍRCULOS CORRUPTOS: LA HISTORIA SIN FIN DE LA CORRUPCIÓN EN EL PERÚ

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El día de ayer, en el evento organizado por GovRisk, titulado “Combatiendo el fraude en la contratación pública de obras”, el profesor José Ugaz Sánchez -Moreno, hizo alusión al libro de Alfonso W. Quiroz, titulado “Corrupt Circles: A History of Unbound Graft in Perú”, publicado en Estados Unidos el año 2008, en versión inglés. 

Este libro, según el prolijo resumen efectuado por Roberto Lerner, más que una radiografía, puede decirse que el texto constituye una suerte de resonancia magnética funcional de 250 años de corrupción sistémica, en un país que interiorizó hasta la médula las prácticas patrimonialistas que caracterizaron al imperio español.

“Comia ilimitada” es una traducción libre, ya que ¿sorpresa, sorpresa?, los ciudadanos, Quiroz   diría súbditos, de este país de maravillas no podemos leer el libro en nuestra lengua materna. Un tema tan incómodo para tantos, que  recorre toda la vida de la nación y se encuentra en las raíces de los árboles genealógicos más emblemáticos, suena mejor en inglés.

Quiroz revisa el significado histórico de la corrupción y sui impacto en la configuración del Perú, especialmente en términos de desarrollo potencial frustrado.    

A lo largo de ciclos consecutivos, vemos cómo algunos intentos de consolidar el imperio de la ley, la regulación de oportunidades para todos, el control de los poderosos por función o por dinero, se estrellaron contra una alianza de poderes fácticos, intereses particulares y la ausencia de un servicio público profesional.

Quiroz documenta cómo en el siglo XVIII Antonio de Ulloa denunció injusticias, negociados y abusos, pero sus esfuerzos y algunas tímidas iniciativas venidas de ultramar sucumbieron a los apetitos de funcionarios reales y elites criollas, que, en las postrimerías de la colonia, colaboraron para retrasar lo más posible una independencia que vino de fuera.

El periodo republicano, con sus libertadores extranjeros y una elite aterrorizada por la indiada andina, se inició con una guerra de caudillos que no hicieron sino profundizar la corrupción y, nos expone Quiroz en el capítulo II, debilitar las posibilidades de una institucionalidad sólida que incluyera un control del poder.

Los empréstitos contratados a espaldas del país y la dilapidación de la riqueza guanera se unieron a enfrentamientos en los que los adversarios se acusaban mutuamente de corrupción.

En el capítulo III, que Quiroz llama apropiadamente “el sendero torcido hacia al desastre”, podemos seguir los vericuetos de las intrigas de las familias que se adueñaron del Perú, las sustanciosas coimas que producía la compra de material bélico ante el conflicto con España y la masiva construcción de obras públicas. Este es un capítulo dramático en medio de una rigurosa documentación: el asesinato de un político reformista y civilista como Pardo, golpes y contragolpes y, finalmente, la desastrosa guerra del pacifico, dejaron completamente al desnudo una sociedad  cuyos conductores no tenían ninguna noción del bien común, ni el más elemental sentido de trascendencia nacional e institucional.

En el capítulo IV Quiroz nos lleva de la mano hacia otra frustración nacional.

Podría pensarse que una improvisación corrupta que condujo a la pérdida de territorio y a una catástrofe económica, junto con la denuncia de estilo profético de Manuel González Prada, podrían haber conducido a un proceso de regeneración.

Pero no. Choques de caudillos, renegociaciones –el contrato Grace– de deudas gigantescas y alianzas con grandes intereses foráneos, terminaron con la autocracia de Leguía, quien condujo una seudo democracia y un impulso modernizador administrado por sus amigotes que trataron al estado como botín.

La historia se acerca a nuestros días, y en el siguiente capítulo accedemos a los círculos de corrupción que sobreviven a los intentos de cambio que traen José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre. Fundadores de partidos, ideólogos vigorosos y personas probas, trajeron esperanzas a una población que comenzaba a urbanizarse y protagonizaría migraciones masivas hacia la ciudad de Lima. Entre los nuevos aires, por un lado, y los esfuerzos oligárquicos por detenerlos o domesticarlos –trabajo siempre encomendado a miembros de las Fuerzas Armadas–, y salvo el corto interregno de Bustamante y Rivero, la corrupción se instala en regímenes militares y, al final, en contubernios que traicionan los afanes de reforma, en medio de una nueva fuente de riqueza y coima: los ingresos que trae la reactivación económica por el esfuerzo bélico de la Segunda Guerra Mundial y la postguerra.

Con el capítulo VI ingresamos a un contrapunto de democracia y dictadura institucional de las Fuerzas Armadas. La ilusión de un nacionalismo reformista  de clase media que significó Fernando Belaunde, terminó arrinconada por una oposición de derecha y un discurso antiimperialista que, justamente, tomó como bandera la anticorrupción: el escándalo de la página 11, los debates sobre La Brea y Pariñas y la International Petroleum Company proporcionaron un argumento final al ingreso del reformismo militar. Al igual que la oligarquía, la izquierda peruana encontró coroneles y generales que gobernaran por ellos. Sin embargo, en medio de reformas que pusieron al Estado en control de una parte importante de la economía, la corrupción no cesó y se alimentó de compras masivas de armamentos a la Unión Soviética, entre otros.

La oposición entre derechistas e izquierdistas en el círculo íntimo de Juan Velasco Alvarado –La Misión y los Altecos– fue un asunto de ideología, pero también de reparto. Terminaron por imponerse los primeros y se fueron desmontando los “cambios revolucionarios irreversibles”, acabando en la asamblea constituyente y el regreso a la presidencia de Fernando Belaúnde. Entre éste y su sucesor, Alan García, fueron diez años de democracia indudable, salpicados por innumerables escándalos de corrupción que fueron generando un desencanto general con la política y la búsqueda de figuras mesiánicas que viniera de fuera.  

Cuando se hizo evidente que Alan García estaba presidiendo un régimen inviable en lo económico y corrupto, ante la fallida nacionalización de la banca que propuso el presidente y el ingreso en la arena política del ahora Premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, los peruanos se prepararon para un cambio que adecentara la política. Pero no fue el escritor, sino un desconocido profesor de la Universidad Nacional Agraria, Alberto Fujimori, quien se hizo con el poder. Y con él, regresaron operadores políticos oscuros que venían del gobierno militar y que fueron cooptando el Poder Judicial y otras instituciones. Al amparo de muchas de las reformas económicas propugnadas por Vargas Llosa y que sonaron a “música celestial” para los oídos del FMI y del empresariado nacional fue tejiendo una alianza entre éste, las burocracias internacionales, las fuerzas armadas y el aparato de inteligencia conducido por Vladimiro Montesinos.

Es en ese contexto en el que se desarrolló una cleptocracia autoritaria y modernizadora, nueva versión del leguismo de fin de siglo, con medios de comunicación domesticados y una población que reforzó el clientelismo resignado que se expresa en “roba pero hace obras”. Sabemos cómo implosionó el régimen de Fujimori y, aunque el retorno a la democracia se hizo bajo la bandera de la lucha contra la corrupción, Toledo no la llevó demasiado lejos y el periodo que termina en estos meses su sucesor, Alan García, ha estado marcado por sendos escándalos de corrupción donde los intereses privados viven de manera promiscua con los agentes del Estado, aunque unos medios de comunicación sin cortapisas arrojan su luz sobre ellos y los mantienen a raya parcialmente.

El riguroso trabajo de Alfredo Quiroz combina datos certeros, información concreta, análisis económico, mapeo de redes familiares, señalamiento de alianzas subterráneas, perversiones burocráticas y una prosa que no le quita capacidad de mantener la atención. Me pregunto: ¿acaso no cambió nada el Perú en 250 años? Cuando se revisa el último cuadro del libro, al ver el porcentaje que ha costado la corrupción, entre 3% y 4% del PBI, entre 30% y 40% del gasto público, uno no puede sino sentir desánimo. Más corruptos los gobiernos cívico-militares, pero no tanto más que los democráticos, la corrupción emerge de este libro como un enorme robo al futuro, un obstáculo mayor para desarrollo, una burla a la esperanza. Quiroz lo ha cuantificado y diseccionado a lo largo del tiempo. 

Alguien dijo que no se le hace servicio a un carro alquilado. El problema en el Perú es que sus habitantes, sobre todo si llegan a ejercer poder –lo mismo ocurre con parques, terrenos y otros espacios donde hay una dinámica entre público y privado– es que tratan al país como un carro alquilado. Lo usan, lo aprovechan, lo explotan, no lo cuidan, se roban las piezas antes de que venga otro conductor y se lo quite, lo ponga operacional con algo de maquillaje y a comenzar de nuevo. ¿Habrá –escribo esta reseña a un mes de las elecciones generales de 2011– una ruptura de los círculos de corrupción?

Roberto Lerner (PUCP)  

 

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EL BANCO MUNDIAL VIENE REVISANDO SUS POLÍTICAS OPERACIONALES Y PROCEDIMIENTOS DE COMPRAS PÚBLICAS

El año pasado el Banco Mundial lanzó un proceso que dura dos años de revisión de sus políticas operacionales y procedimientos de compras públicas. Este proceso tendrá consecuencias significativas para los países en desarrollo.

El proceso de revisión lanzado por el Banco Mundial (BM) de sus políticas y procedimientos de compras públicas impactará sin duda a los países en desarrollo (incluido PERÚ) ya que se refiere a las directrices que EL Banco estipula para el uso de sus fondos en los países prestatarios al momento de comprar bienes y contratar servicios.

Se trata de la revisión más grande de la política de compras del BM desde la década del ochenta y prevé un proceso consultivo con múltiples actores interesados en todo el mundo, incluyendo gobiernos, asociaciones empresariales y sociedad civil.

VER RESUMEN DEL PROCESO DE REVISIÓN DE LAS POLÍTICAS DEL BANCO MUNDIAL

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La fase de consultas se cerró el 31 de octubre de 2012. Entre marzo y abril del 2013, el Banco Mundial procurará recoger opiniones sobre el modo más adecuado de traducir el marco normativo y los principios rectores en modificaciones específicas. La consulta se realizará por Internet a través del sitio correspondiente, así como mediante algunas reuniones presenciales. En esta fase de consultas, se utilizarán como base los comentarios recibidos durante la primera etapa.

Para ver el resumen de toda la información recibida durante las consultas, los resúmenes de retroalimentación disponibles por región, los comentarios enviados en línea y declaraciones escritas enviadas por correo electrónico, visite este ENLACE DEL BANCO MUNDIAL.

REFORMA NECESARIA

La revisión es sumamente oportuna, ya que la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señala que el actual sistema que rige las compras públicas limita seriamente el uso efectivo de las donaciones y los préstamos para el desarrollo.
Por su lado, el director del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD), Brian Atwood, afirmó frente al IV Foro de Alto Nivel sobre la Efectividad de la Ayuda, que tuvo lugar en Busan a fines de 2011, que “las compras públicas son el principal tema a tratar desde el lado de los donantes (para hacer más efectiva la ayuda)”.

Más de diez años después de los acuerdos iniciales para desvincular la ayuda de las condiciones de los donantes, el CAD de la OCDE descubrió que el problema está lejos de estar solucionado.

EVIDENCIA A LA VISTA

La investigación “Desatar la ayuda. ¿Funciona?”, comisionada por la OCDE en 2010 para evaluar la implementación de la Declaración de París, descubrió que dos tercios de los contratos adjudicados por donantes bilaterales aún van a empresas de los propios países de la OCDE, y la razón para ello son las prácticas de compras públicas de los países donantes, en especial, licitaciones opacas, licitaciones en grandes lotes y criterios de elegibilidad restrictivos que dificultan la competencia de las micro, pequeñas y medianas empresas (Mpymes) de los países en desarrollo.

El uso de sistemas de compras de los donantes conduce efectivamente a una cadena de suministros compleja que tiene consecuencias en la implementación de políticas sectoriales esenciales en los países en desarrollo, tales como la salud, la educación y la alimentación.

De otro lado, la investigación de Eurodad confirmó que, en particular, estos dos últimos aspectos figuran en las compras financiadas por el Banco Mundial. El uso de sistemas de compras de los donantes conduce efectivamente a una cadena de suministros compleja que tiene consecuencias en la implementación de políticas sectoriales esenciales en los países en desarrollo, tales como la salud, la educación y la alimentación.

IMPORTANCIA DE COMPRAS PÚBLICAS

Las compras públicas son una de las piedras fundamentales del financiamiento al desarrollo. Representan más de 17 por ciento del PIB mundial y en algunos países en desarrollo pueden llegar a significar más de 70 por ciento del gasto público.

Eurodad estima que anualmente se gastan US$ 69 mil millones en la compra de bienes y servicios, tanto a través de países donantes como de países receptores, lo que representa más del 50 por ciento del total de la ayuda. Las prácticas de compras orientadas al desarrollo equitativo y sostenible son clave para garantizar que los recursos destinados al desarrollo tengan el mayor y mejor impacto.

A partir de una buena orientación, la compra pública inteligente puede lograr un “doble dividendo”, donde además del resultado final de los propios proyectos de desarrollo, por ejemplo una nueva carretera o una escuela, se beneficie también al sector privado local en los países en desarrollo a través de la compra de bienes y servicios producidos en el ámbito local, lo que genera nuevas oportunidades de empleo e ingresos.

La Organización Internacional Tributaria (OIT) estima que solo la inversión en infraestructura actualmente financiada por la Unión Europea y el Banco Mundial podría crear un millón adicional de puestos de trabajo en África Subsahariana si los contratistas estuvieran obligados a implementar compras públicas inteligentes.

INFLUENCIA DEL BANCO MUNDIAL

Actualmente las directrices del Banco Mundial consideran la licitación pública internacional como la mejor práctica y la vuelven obligatoria para los contratos que superen determinados umbrales.

Por lo general, las empresas locales en los países en desarrollo no pueden competir en las pujas internacionales debido a que no tienen acceso a los mismos recursos que las grandes multinacionales. Esta visión esencialmente las excluye de los programas de desarrollo de gran escala, lo que va contra el logro de resultados de desarrollo positivos.

La investigación de Eurodad, “¿Cómo gastarlo? Contrataciones inteligentes para una ayuda más eficaz”, descubrió que la mitad del monto de los contratos en proyectos financiados por el Banco Mundial en los casos de estudio nacionales en Ghana, Namibia, Uganda, Bangladesh, Bolivia y Nicaragua fueron a empresas extranjeras y la proporción crece de acuerdo al tamaño del contrato.

De hecho, las mayores beneficiarias de las oportunidades de negocios que ofrece el financiamiento del Banco Mundial son actualmente empresas de las economías industrializadas y emergentes. En 2008, 67 por ciento de los montos de los contratos financiados por el Banco Mundial fueron a empresas de solo diez países: Alemania, Argentina, China, Francia, India, Indonesia, Italia, Reino Unido, Rusia y Turquía.

IMPACTO DE DIRECTRICES

Además, las directrices de compra del Banco Mundial son consideradas como el modelo a seguir para el diseño de los programas de reforma de los sistemas de compras nacionales. Por tanto, las directrices del Banco tienen impactos que van mucho más allá de sus propios proyectos. Éstas influyen también sobre el sistema institucional de los países prestatarios, así como también en los tratados de comercio e inversiones con otros países. El Banco Mundial y otros bancos multilaterales de desarrollo ejercen su influencia a través de:

-Condicionamientos políticos a sus ayudas y préstamos,

-Asistencia técnica sesgada y gestionada por el donante, y

-Elaboración de herramientas de diagnóstico de los sistemas de compra a partir de sus propios criterios de evaluación.

Las directrices de compra del Banco Mundial deben reflejar el mandato de desarrollo del Banco, incluyendo el desarrollo del sector privado, así como la creación de un espacio político para que los países en desarrollo utilicen las compras públicas como una herramienta política.
El Banco Mundial debe optimizar sus pautas de compras públicas, para que éstas:

1.Se conviertan en una herramienta política que promueva el desarrollo de la industria local y su empoderamiento para reducir las asimetrías entre las empresas locales y las extranjeras, a fin de crear reglas de juego verdaderamente justas, en particular para las Mpymes, y contribuya a la erradicación de la pobreza, el desarrollo sustentable y la mitigación del cambio climático.

2.Se transformen en una herramienta de desarrollo, considere los criterios sociales y medioambientales y cree incentivos para que los actores privados se conduzcan de manera responsable desde el punto de vista social, ya sea través del otorgamiento de preferencias o de la exclusión de empresas. La evasión de impuestos y las violaciones a los derechos humanos deben ser criterios adicionales de exclusión.

3.Respeten la integridad, la transparencia y la rendición de cuentas, enfatizando que la rendición de cuentas a los ciudadanos en los países receptores es más importante que a las empresas multinacionales.

4.Aumenten la efectividad y el impacto en el desarrollo de la ayuda y aseguren que la mayor parte de los recursos permanezca en los países receptores.

5.Usen los sistemas nacionales como la opción por defecto, tal como se acordó en la Declaración de París en 2005, en la Agenda de Acción de Accra en 2008 y en el 4to Foro de Alto Nivel de Busan en 2011.

Este proceso representa una importante oportunidad para las organizaciones sociales de Norte y Sur de expresar su visión en relación a las compras públicas y explicar las razones que hacen absolutamente necesario un modelo alternativo a la visión actual del Banco, a fin de promover un desarrollo sustentable y equitativo.

Ver página web de: ECONOMÍA CRÍTICA

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China y el Grupo del Banco Mundial presentan un nuevo centro de conocimiento que aportará soluciones para la reducción de la pobreza

Noviembre 27, 2012

“La iniciativa conjunta aprovechará en principio la experiencia de China en gestión de transporte urbano de bajo nivel de emisiones de carbono”.

BEIJING, 27 de noviembre de 2012. El Grupo del Banco Mundial y China han presentado hoy un nuevo centro de conocimiento que mejorará resultados en materia de desarrollo, con el propósito de difundir, tanto en la propia China como en otros países, los conocimientos prácticos derivados de las experiencias exitosas del país asiático en la reducción de la pobreza. Inicialmente, el centro de conocimiento ayudará a buscar soluciones respetuosas con el medio ambiente para la expansión del transporte urbano en las ciudades chinas.

China ha sacado a 600 millones de personas de la pobreza en los últimos 30 años, y en diversos países en desarrollo es creciente el deseo de aprender de su extraordinario progreso”, afirmó Jim Yong Kim, presidente del Grupo del Banco Mundial. “El nuevo centro de conocimiento desempeñará la importante función de poner a disposición del mundo las enseñanzas de China y ampliará nuestra misión común de acabar con la pobreza extrema y crear una prosperidad compartida”.

“El centro se convertirá en un eje novedoso y de carácter abierto para el aprendizaje mutuo entre países en desarrollo”, manifestó Xie Xuren, ministro chino de Finanzas.
Conforme al Memorando de Entendimiento entre el Banco Mundial y China sobre el Centro de Conocimiento para el Desarrollo (suscrito en Beijing por el señor Kim y el ministro de finanzas chino, señor Xie Xuren), el primer proyecto piloto, denominado TRANS-FORM, se centrará en el transporte urbano. La selección del tema del proyecto obedece a la urgente necesidad de encontrar soluciones innovadoras que generen un desarrollo ecológico, incluyente y de bajo nivel de emisiones de carbono.

La gestión de la urbanización es una prioridad para China, puesto que aproximadamente el 75% de su producto interno bruto se genera en las 120 ciudades más grandes del país, y además se espera que 350 millones de personas del medio rural se trasladen en los próximos 20 años a las ciudades. El Banco está ayudando a China a introducir mejoras en el transporte en unas 30 ciudades, centrándose en alternativas de bajo nivel de emisiones de carbono, tales como el transporte público, los desplazamientos a pie y en bicicleta.

El nuevo centro de conocimiento acelerará el proceso de análisis de los aciertos y las lecciones aprendidas en la implementación de soluciones a los desafíos que plantea el medio urbano. Ya se están trasladando a otros países algunas innovaciones. Por ejemplo, se está adoptando en Brasil la Iniciativa de Transporte Verde, cuyo objetivo consiste en mejorar la eficiencia del combustible en los camiones chinos. CAI-Asia, uno de los asociados del Banco Mundial en el sector del transporte ecológico en China, ha emprendido un programa panasiático sobre esta materia con el apoyo de donantes y el sector privado.

El centro de conocimiento ayudará también a las ciudades chinas a aprender unas de otras. En varias ciudades de la provincia de Liaoning se aplicó en un proyecto de transporte urbano un enfoque integrado de gestión en corredor para mejorar la velocidad de desplazamiento, fiabilidad, seguridad y protección de las personas de forma integral, basándose en resultados satisfactorios en Londres y Nueva York. El transporte público se está convirtiendo así en una opción más atractiva para otras ciudades como Taiyuan, Wuhan, Changzhi, Xiangyang y Xining.

Si bien muchos países comprenden las directrices políticas generales, pueden no estar logrando los resultados que desean debido a que tanto la prestación de servicios como las infraestructuras quedan rezagadas, a menudo en comunidades en las que las necesidades son mayores. Al ser consciente de este desafío en materia de desarrollo, en el marco del centro de conocimiento se busca sentar las bases de una “ciencia de las prestaciones” que recopilará y distribuirá los conocimientos prácticos que pueden emplear los países para su correcta implementación.

El señor Kim asistió también al acto de presentación de un mecanismo de distribución de riesgos entre la Corporación Financiera Internacional (IFC), entidad del Grupo del Banco Mundial especializada en el desarrollo del sector privado, y el Banco de Jiangsu. El objetivo del proyecto es desbloquear el financiamiento destinado a proyectos de eficiencia energética y energía renovable en la provincia costera de Jiangsu, en China. El mecanismo de garantía se inscribe en el Programa de Financiamiento para la Promoción de la Eficiencia Energética en asociación con Empresas de Servicios Públicos de IFC, que fomenta entre los bancos el financiamiento de proyectos inocuos para el clima.

“IFC desempeña una función crucial en China en la promoción del crecimiento económico incluyente y sostenible”, declaró en la presentación del mecanismo Jin-Yong Cai, vicepresidente ejecutivo y director general de IFC. “Animamos a los bancos a financiar proyectos respetuosos con el clima compartiendo parte de su riesgo financiero, y ponemos en contacto a las instituciones financieras con la experiencia del mercado para ayudarlas a entender mejor los sectores de la eficiencia energética y de la energía renovable”.

El asistente chino del ministro de Finanzas y gobernador suplente del Banco Mundial, Zheng Xiaosong, elogió el programa y aseguró que se trata de una importante plataforma para la promoción de asociaciones público-privadas orientadas al desarrollo con bajo nivel de emisiones de carbono.

Durante su visita, el presidente del Grupo del Banco Mundial, señor Kim, también se reunirá con dirigentes y ministros estatales del Gobierno chino. Asimismo, el señor Kim visitará la provincia de Sichuan, donde mantendrá un encuentro con personas que se han beneficiado del apoyo prestado por IFC a un banco local, visitará también un hospital materno-infantil y otros establecimientos construidos tras el devastador terremoto de 2008, y conversará con los beneficiarios de un proyecto de abastecimiento de agua y saneamiento en zonas rurales.

Tomado del link:

http://www.bancomundial.org/es/news/2012/11/27/china-world-bank-group-launch-new-knowledge-hub-to-provide-solutions-reducing-poverty

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SI TENEMOS LAS IDEAS DE CÓMO SE DEBE HACER, ¿POR QUÉ NO EMPIEZA EL CAMBIO?

Algunas frases que nos deben llevar a la reflexión. Nosotros, profesionales en asuntos legales, debemos sacar también nuestras propias conclusiones.

Tomado de: “PLAN ESTRATÉGICO DE CONTRATACIONES PÚBLICAS DEL ESTADO PERUANO”

De los procesos a los resultados:

“Todos estos cambios (el cumplimiento de los objetivos finales del presupuesto ahora involucra la identificación y selección de soluciones óptimas cómo, por ejemplo, escoger entre arrendamiento o compra, establecer asociaciones entre el sector público y el privado, lograr acuerdos sobre niveles de servicio, el apalancamiento de procesos para el conjunto de un sector, la evaluación y el monitoreo de desempeño, etc.) relacionados con las contrataciones públicas, son cada vez más complejas, y demandan por tanto personal altamente especializado capaz de encontrar las mejores soluciones”.

De la experiencia internacional

La comunidad internacional ha examinado y optado por numerosas iniciativas para fortalecer el desempeño de las contrataciones. Entre ellas se han incluido:

-La especialización y profesionalización de las oficinas de contrataciones, con expertos en comprar más que en asuntos legales.
-La estandarización de procesos y documentos.
-El desarrollo de nuevos mecanismos de compra como los Convenios Marco en sus diferentes variantes.
-La incorporación de las tecnologías informáticas.
-La orientación de los sistemas de adquisiciones al logro del mejor resultado posible por la inversión realizada (Value for Money en la literatura internacional).
-La producción y uso de información producida en línea por el sistema para conocer y aprovechar mejor el mercado y apalancar al gobierno dentro de él.
-El uso del poder de compra del gobierno para mejorar las condiciones de suministro y los precios obtenidos.
-La simplificación de los procesos para hacerlos más ágiles y transparentes
-Una sólida rendición de cuentas a los ciudadanos.
-Modalidades de control inteligente orientado a prevenir los riegos de corrupción y también a estimular la eficiencia
-Integración de la planificación de los gobiernos nacional y regionales con los procesos de desarrollo presupuestal para mejorar la gestión del presupuesto y garantizar la oportunidad de los pagos
-Adopción de medidas promotoras del desarrollo humano y la sostenibilidad ambiental en las adquisiciones públicas”.

“Asimismo, frente a la necesidad de incrementar la productividad y capacidad de respuesta de los gobiernos en todo el mundo frente a estos desafíos, ha surgido la tendencia en la gestión pública de alejarse de la regulación y el detalle de los procesos, privilegiando los resultados en el desempeño y la gobernabilidad”.

Dicha tendencia (privilegiar los resultados en el desempeño) está cambiando el modo como las contrataciones públicas son manejadas en las mejores administraciones públicas del mundo. Y, por ello, ahora los funcionarios de contrataciones deben estar mucho más calificados y apoyados por un sólido soporte de sistemas de gestión y tecnología. Esta tendencia hacia un mejor desempeño y resultados exige que la toma de decisiones se asiente en una gestión basada sobre todo en la información más que en procesos detallistas y controles”.

Así, es clara la razón por la cual las administraciones líderes en el mundo han dejado de lado la visión de las contrataciones como actividades reguladoras y excesivamente controlistas y han pasado a la visión de las contrataciones como soporte eficiente y práctico del buen gobierno. Bajo esta orientación, las contrataciones públicas son el sostén y la garantía para la creación de políticas, procesos y herramientas de gestión, así como para la aplicación de mayor experiencia y nuevas tecnologías que impulsan el buen desempeño gubernamental y el impacto efectivo en la sociedad”.

“En los países de muy buena gobernabilidad, las adquisiciones públicas se definen primero, y sobre todo, como un asunto de gerencia especializada, regido por políticas usualmente diseñadas sobre un conjunto de principios que son la base de todo el sistema. Esos principios (en orden alfabético) son:

Competencia: procesos abiertos a todos los posibles participantes.
Eficacia: gestión por resultados.
Eficiencia: el mejor resultado en plazos razonables para el mayor beneficio de
los ciudadanos.
Igualdad: decisiones que no perjudican ni favorecen a nadie.
Integridad: eliminación de posibles conflictos de interés de los participantes
del sistema.
Mejor valor por la inversión: obtener la mejor alternativa posible con los
recursos disponibles (Value for Money).
Rendición de cuentas: el gobierno informa, la comunidad vigila.
Transparencia: todo a la vista de todos en todo momento y en tiempo real,
sin perjuicio de los derechos de reserva de los proveedores”.

Un importante aporte en el ámbito internacional han sido las reformas institucionales que han promovido y dado lugar a la creación de órganos rectores centrales, con funciones que requieren de altísimo nivel técnico para el fortalecimiento de los sistemas de contrataciones públicas, la integración de los procesos y el mejor uso de las tecnologías de punta en la gestión pública”.

“El establecimiento de dichos órganos rectores con las funciones descritas ha permitido superar las debilidades que se presentan cuando las únicas funciones centralizadas de contrataciones se reducen a establecer y supervisar el marco legal o asignar recursos presupuestales. En estos casos, es común que cada organismo desarrolle sus propios procedimientos, a menudo con diversas interpretaciones de la legislación, con documentación específica, con términos y condiciones de contratos propios y con sus particulares modos de reportar e informar. Esta diversidad reduce la calidad de la planificación estratégica y presupuestal, limita la capacidad del sector privado para entender los procesos gubernamentales, extingue la capacidad de negociación integrada del sector público y mengua la transparencia y la eficiencia de todo el proceso de contrataciones”.

“(…), el exceso y la diversidad de trámites favorecen la corrupción. Ante la ineficiencia y el incremento del malestar ciudadano con el sistema de contrataciones, suele presentarse la tendencia realizar nuevas reformas legales y definir nuevos requisitos presupuestales para aumentar los controles, creando así un círculo vicioso”.

Una lección muy importante de la experiencia internacional es que la experiencia en contrataciones debe ir mucho más allá del conocimiento de la legislación sobre contratación pública. La lección es que la administración eficiente y eficaz de la función de contratar requiere conocimiento y dominio de muchos temas, como gestión de riesgo, optimización de soluciones, criterios para obtener el mejor valor por la inversión, mercados, incentivos, planificación y evaluación. Estas necesidades no pueden ser suplidas sólo con regulaciones y requieren experiencia y buena gerencia”.

El OSCE, a través de la supervisión y la capacitación, tratará de evitar que cada Entidad que realiza contrataciones desarrolle sus propios procedimientos, con diversas interpretaciones de la legislación, documentación específica, términos y condiciones de contrato particulares y formas de informar heterogéneas. Esta diversidad limita la capacidad negociadora en bloque del Gobierno, reduce la calidad de la planificación estratégica y presupuestal, mina la capacidad del sector privado para entender los procesos gubernamentales, convierte a las adquisiciones en un tema de expertos en asuntos legales y tiene impactos negativos sobre la transparencia y la eficiencia, por la tendencia a que los procesos de contratación sean complejos y cargados de trámites”.

El Perú ha tenido un organismo central de adquisiciones, el CONSUCODE, que ha estado especialmente concentrando en la supervisión de la normativa, pero en los últimos años ha comenzado a enfocarse también en algunos aspectos operacionales y de gestión. Reforzar este proceso de cambio es la razón por la cual el Gobierno recientemente ha creado el OSCE que abordará las funciones necesarias para cumplir con este Plan Estratégico”.

“A nivel internacional, los entes rectores se han dedicado más a la formulación y adopción de políticas generales básicas que a la aprobación de regulaciones o reglamentos. La experiencia muestra que las políticas generales cuentan con el mismo nivel de cumplimiento que las regulaciones, con la ventaja de que son más flexibles y logran que los funcionarios sean responsables de adherirse a principios y no a pasos de procedimiento“.

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EL FIN DE LA NUEVA GERENCIA PÚBLICA

Por: Omar Guerrero Orozco
Universidad Nacional Autónoma de México

Publicado en la Revista Chilena de Administración Pública / N° 13 Junio 2009

Resumen

El artículo analiza las bases teóricas de la Nueva Gerencia Pública, y las limitaciones que han enfrentado las reformas administrativas basadas en esta corriente de pensamiento. Se plantea que la Nueva Gerencia Pública encuen¬tra su sustento teórico en el neoliberalismo, y que en él obtiene un cuerpo de doctrina para sustentar su desarrollo. El agotamiento del neoliberalismo, pero sobre todo sus limitaciones teóricas, han marcado el fin la Nueva Gerencia Pública. En esa línea, el autor afirma que se requiere una nueva agenda, en la que el Estado se encuentre en el centro, y en la que se piense la administración pública desde la ciudadanía, y no desde la clientela.

1. Introducción

Hace poco más de tres décadas llegó a mis manos un libro singular, relativo a la Nueva Gestión Pública (Nouvelle Gestion Publique) (Massenet, 1975). Su particularidad obedece a su título, pero sobre todo a su contenido y proposi¬ciones, así como al tiempo en que fue publicado, es decir, la época cuando el Estado de Bienestar gozaba de plena salud. Además, el subtítulo propone un “Estado sin burocracia”, para poner en su lugar un régimen mercantil donde domina la competencia y el cliente dicta los lineamientos del proceso econó¬mico. Este libro singular, que me facilitó mi amigo Arturo Lozano de Icaza –infortunadamente fallecido en plena juventud–, me proveyó de un material insólito, difícil de comprender en ese entonces y ciertamente insatisfactorio para círculos académicos habituados al estudio de la burocracia, la jerarquía y la autoridad, que es propiamente el locus de los administradores públicos. Hurgando en sus raíces, más adelante dimos con un texto igualmente peculiar que le sirvió de raíz y proveyó de energía para prosperar y darse a conocer, cuya publicación le antecedió diez años (Gelinier, 1966). Las propuestas de la Nue¬va Gestión Pública, en ese entonces, eran desajustadas, exóticas e irrealizables.

Cuán lejos estuvimos entonces de anticipar lo que ocurriría a finales de la década de 1980, cuando “Nueva Gestión Pública” emergió rebautizada como “Nueva Gerencia Pública”. Las ideas, no cabe duda, tienen capacidad de germinación, desarrollo, supervivencia y adaptación, que con frecuen¬cia no alcanzamos a comprender plenamente en un momento que se juzga como actual y entonces vivido. Fue la “necesidad” maquiaveliana, que da forma a las condiciones sociales, la que creó la posibilidad a través de la cual el neoliberalismo, una doctrina en maduración, desarrollara un proyec¬to dotado con instrumentos de acción efectivos. El ayuno neoliberal de un programa dotado con efectividad, evidente desde la década de 1940, fue superado a partir de las décadas de 1960 y 1970 cuando germinó la “Nueva Gestión Pública” y demostró que la doctrina de los nuevos liberales podría ser implementable. El ensayo, a modo de tanteo de posibilidades, fue exito¬so, pues década y media después la “Nueva Gerencia Pública” (New Public Management) vino a la vida.

Por consiguiente, el origen, desarrollo y declinación de la Nueva Gerencia Pública es inexplicable sin la consideración de sus vínculos parentales con el neoliberalismo. Esto obedece a las siguientes consideraciones: en primer lugar, el neoliberalismo emergió a finales de la década de 1930 como una rei¬vindicación del liberalismo, pero sustentado en nuevas fuentes y como una réplica al avance planetario del socialismo, y particularmente por motivo del progreso del intervencionismo en las economías occidentales; sin embargo, emergió a la vida carente de un instrumental que viabilizara su programa de acción. En segundo lugar, como lo adelantamos, la Nueva Gerencia Pública surge a la vida a mediados de la década de 1960, bajo el sustento de un inci¬piente número de ideas basadas en la economía de mercado, la competencia y la orientación al cliente, pero con la forma de un recetario práctico apenas sustentado doctrinalmente. De modo que el neoliberalismo adquiere con¬sistencia programática a través del desarrollo de la Nueva Gerencia Pública; y esta obtiene un cuerpo de doctrina por medio del neoliberalismo para sustentar su desarrollo.

Sin embargo, las propuestas de la Nueva Gerencia Pública, desajustadas, exóticas e irrealizables, se convirtieron a la postre en su “Talón de Aquiles”. El paso del tiempo vino a demostrar que la Nueva Gerencia Pública no sólo llevaba en su seno la semilla de su destrucción, sino un potencial de realiza¬ción más estrecho de lo que muchos pensaron. Una vez agotado el caudal ideológico neoliberal, confrontado con una realidad económica planetaria inocultable desde finales de 2008, que ahora apunta a la regulación y el inter¬vencionismo, la Nueva Gerencia Pública se marchita con el paso de los días.

2. De París a Mont-Pèlerin: el alba del neoliberalismo

En este trabajo narramos la etapa actual, y quizá final, de un largo proceso de acontecimientos que dio inicio en octubre 26-30 de 1938, cuando en París se reunió un conspicuo grupo de pensadores. El motivo del conclave fue la publicación del libro de Walter Lippman: The Good Society, recién traducido al francés (Lippmann, 1937). Dicho coloquio congregó a Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, conspicuos militantes de la escuela austriaca, junto con otros eminentes pensadores, entre los que destacan Wilhelm Röpke, Jacques Reuff, Louis Baudin y Alexander Rüstow. El Coloquio Lippmann, como se conoce la reunión, fue realizado en un ambiente favorable a las finalidades de revitalizar al liberalismo, pues había sido precedido por una ola de reivin¬dicaciones sobre esa ideología observable en varios países europeos y en los Estados Unidos (Cros, 1951).

A través de la reunión se trataría de establecer las bases de una visión mo¬derna del liberalismo sin que, sin embargo, en un principio existiera acuerdo acerca de su denominación. Al final de cuentas, según lo narra uno de sus participantes, se optó por añadir la voz “neo” al liberalismo existente, para llamarlo desde entonces: neoliberalismo. Louis Baudin relata puntualmente la agenda que se concertó. En efecto, el acta de nacimiento del neoliberalis¬mo consiste en una agenda que comprende cuatro puntos esenciales:

1. El nuevo liberalismo admite que sólo el mecanismo de los precios, funcionando en mercados libres, permite obtener una utilización óptima de los medios de producción y conducir a la satisfacción máxima de los deseos humanos.

2. Al Estado incumbe la responsabilidad de determinar el régimen jurídico que sirva de marco al libre desarrollo económico así concebido.

3. Otros fines sociales pueden ser substituídos por los objetivos eco¬nómicos enunciados más arriba.

4. Una parte de la renta nacional puede ser, con ese objeto, substraída al consumo, pero con la condición que la transferencia se haga a ‘plena luz’ y sea ‘conscientemente consentida’.

A esos cuatro puntos conciernen, pues, respectivamente, la clave del sistema, su marco, sus objetos, sus medios de aplicación” (Baudin, 1953: 150).

En efecto, el Coloquio Lippmann finalizó con la redacción de una agenda que sirviera de cauce al movimiento neoliberal, el cual, como puede observarse hasta nuestros días, se ha seguido al pie de la letra. En primer lugar, el neoli¬beralismo tiene como postulado básico que sólo por medio del mecanismo de los precios, desenvolviéndose en mercados libres, se puede organizar la elaboración apta para el mejor uso de los medios de producción, así como para satisfacer al máximo los deseos de los hombres como existen verdade¬ramente; y no como un poder central planificador pretende instaurarlos en su mente. En segundo lugar, la posición de equilibrio establecida en los mercados constituye un sistema de reglas que pueden ser determinadas de modo decisivo por las normas relativas a la propiedad, contratos, asociaciones y personas morales colectivas, así como las patentes de invención, quiebras, moneda, bancos y el régimen de impuestos.

Como las leyes son una creación del Estado, éste tiene la responsabilidad de determinar el régimen jurídico que sirva de marco para el libre desarrollo de las actividades económicas (Baudin, 1956: 40). En tercer lugar, el fin buscado por el régimen jurídico ra¬dica en asegurar la utilidad máxima en la producción, incluso con las restric-ciones que puedan determinar los fines sociales, aunque el sistema neoliberal exige la elección consciente de esos fines y rechaza su imposición por una autoridad. En fin, la organización de la producción conforme a los principios neoliberales incluye el destino de una parte del ingreso nacional separada del consumo individual, destinada a fines de índole colectiva. En fin, el Estado neoliberal puede, y debe, destinar su importe a la financiación colectiva de la defensa nacional, de la enseñanza, de la investigación científica, y de ciertos servicios sociales.

3. Mont-Pèlerin: refundación del neoliberalismo

El segundo conclave neoliberal se llevó a cabo en Mont-Pèlerin, Suiza, el cual, luego de 10 días, culminó con la fundación de la Sociedad Acton-To¬cqueville, que después se convino llamar la Sociedad Mont-Pèlerin (Hartwell, 1995: 43-44). Además de Hayek acudieron, entre otros, los siguientes perso¬najes: Walter Eucken, Milton Friedman, Bertrand de Jouvenel, Frank Knight, Ludwig von Mises, Karl Popper, Lionel Robbins y Wilhelm Röpke.

En 1947 la Sociedad Mont-Pèlerin albergó a 258 miembros fundadores, de los cuales 101 eran estadounidenses, 28 alemanes y 29 ingleses, entre otros (Steiner, sin año: 3). La reunión estuvo motivada por la preocupación de los participantes sobre el destino del liberalismo como pensamiento y ac¬ción, por la decadencia de los principios de la moral y el derecho, así como la declinación en las creencias sobre las bondades de la economía de mercado y la propiedad privada (Hayek, 1992).

Habida cuenta de que uno de los propósitos de la reunión fue depurar las teorías clásicas liberales de las adherencias brotadas a lo largo del tiempo, así como afrontar los problemas nacidos de un liberalismo simplista, Hayek ex¬plicó que esto era viable a través de la elaboración de los principios generales de un orden liberal; labor posible sólo entre un grupo cuyos miembros estén de acuerdo en lo fundamental y entre los que no se cuestionen a cada paso ciertos conceptos básicos.

Fue necesario, por lo tanto, concitar un acuerdo básico de los principios del neoliberalismo (Steiner, sin año: 3). Asimismo, la reunión se declaró contra “el viejo liberal” que anclado a la doctrina “tra¬dicional”, precisamente porque la tradición no es de utilidad para los pro¬pósitos de los allí reunidos por muy admirables que sean sus ideas (Hayek, 1992: 260-261). Hayek prefirió neoliberales, no liberales de viejo cuño, y de preferencia los que hubieran enfrentado los argumentos “desde el otro lado”, luchado contra ellos a base de esfuerzo.

Hay que enfatizar que la revisión del liberalismo no sólo sería por cuanto que es antiguo, sino también por las “adherencias” que padece y por sus desvíos. Hayek advirtió a los congregados en Mont-Pèlerin sobre la impor¬tancia de comprender con toda claridad que las doctrinas liberales populares –sobre todo en Europa continental y Estados Unidos de América– contenían muchos elementos que llevaban a sus militantes directamente a las filas del socialismo, el nacionalismo y el racionalismo.

En fin, la reunión estuvo inspirada por la preocupación de los participan¬tes sobre el destino del liberalismo como pensamiento y acción, tal como fue observado por los asistentes en la decadencia de los principios de la moral y el derecho, así como la declinación en las creencias sobre las bondades de la economía de mercado y la propiedad privada. Los participantes acordaron apartarse de toda ortodoxia, así como de los partidos y los programas propa-gandísticos, porque el propósito de su reunión fue estudiar permanentemen¬te los problemas de las economías de mercado. Entre los objetivos derivados de ese propósito, los convocados se plantearon estudiar la redefinición de las funciones del Estado y distinguir nítidamente al orden liberal y al orden “to¬talitario”, establecer requisitos mínimos para el funcionamiento del mercado y explorar los alcances de los credos opuestos a la libertad.

La cruzada neoliberal pugnó durante muchos años por lograr que su agenda alcanzara sus finalidades, luego de peregrinar en una atmósfera hostil, si no cuando menos, de indiferencia. Su éxito comenzó con la declinación del Estado de Bienestar, junto con el ascenso de los regímenes conservadores en Chile, Gran Bretaña y los Estados Unidos.

4. Mont-Pèlerin al mundo: la reforma neoliberal del Estado

Luego de muchos años de tenaz promoción y desarrollo, el neoliberalismo finalmente inició su marcha para asumir la primacía planetaria hacia mediados de la década de 1970, a través de los programas de privatización en gran escala que se iniciaron en Chile. Pero fue en el Reino Unido, cuando el régimen conservador de Margaret Thatcher se entronizó, la época que marca claramente cuando el credo neoliberal, con su doctrina y su programa elaborados en París y reelaborados en Mont Pèlerin, se comenzaría a aplicar. En efecto, a la defensiva hasta finales del decenio mencionado, el neolibera¬lismo pasó a la ofensiva cuando una serie de cambios en el mundo fueron favoreciendo su acogida en una diversidad de países. Fue entonces que emer¬gió un concepto que, derivado directamente del tema del intervencionismo anunció una reforma del Estado como cambio en la estrategia económica planetaria. Centrado tanto en el ideario de su decimonónico ancestro, como en su propio caudal de conceptos, el neoliberalismo enfocó la reforma en la problematización del “tamaño” del Estado.

A lo largo de la década de 1980, el tema del “tamaño” del Estado se convirtió en un tópico central de estudio y debate en los asuntos públicos. Su abordaje, que hacía coincidentes situaciones que estaban ocurriendo en muchos países, fue concebido como un suceso universal. La reforma del Estado fue desarrollada con un ánimo de expiación que buscó las causas de la crisis estatal en su pasado inmediato. Los males que le aquejaban fue¬ron identificados con la corrupción burocrática, la organización estatal corporativa, el formalismo del trabajo gubernamental y su “enorme tamaño”. La pugna más virulenta se encaminó contra el “sector paraestatal” (Velasco, 1973: 17-20), entonces integrado principalmente por un gran conjunto de empresas públicas dedicadas a la producción de bienes y provisión de servicios. La identidad de los males del Estado con su “magnitud” sentó bases en el pensamiento profesado por catedráticos de economía con orientación en las escuelas austriaca y de Chicago, así como en los círculos empresariales privados y los ámbitos financieros de los gobiernos. De su encuentro surgió una conceptuación cosificada del Estado que orientó su examen con base en parámetros contables y numéricos, toda vez que el “peso” del Estado se calculó con base en estados financieros.

Una de las conclusiones resultantes fue la respuesta, obviamente afir¬mativa, acerca de que era evidente el gran “tamaño” del Estado. Destaca al respecto la presión del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, cuya condición para el suministro de recursos financieros solicitado por los gobiernos fue la reducción de la “magnitud” estatal. La reforma del Estado, sintetizada como un achicamiento de su “volumen”, fue realizada en un am¬biente de anatemización de su papel ante la crisis del capitalismo, así como la desconfianza habida sobre su función de rector de la economía. La antigua tesis generalmente aceptada sobre la función sustitutiva del Estado con rela¬ción al empresario, como reproductor del capital, fue abandonada en favor de la idea del mercado como regulador de las condiciones de la reproduc¬ción. Se afirmó entonces que había una sobre-dilatación de los “sectores pa-raestatales” como efecto de la participación gubernamental en la producción de bienes y el suministro de servicios.

El resultado visible, bajo la óptica neoliberal, fue resumido del siguiente modo: por principio, el Estado había demostrado que padece una incapaci¬dad congénita para resolver los problemas de la reproducción del capital, de modo que su papel en la vida económica no debió trascender su función estimulante de la acumulación primitiva (Babai, 1988: 254-285). Su sobre-actuación sólo produjo un conjunto de organismos de la administración pública cuyo carácter fue la intrusión en la vida privada. Por consiguiente, el Estado debía restringirse a procurar las condiciones básicas para el des¬envolvimiento de la vocación y el destino de los productores particulares.

Asimismo, la expansión indebida del Estado en la salud, seguridad social, protección del trabajo, y en general, en el bienestar social, hizo más visible su efecto negativo por generar la sobre-saturación de exigencias provenientes de las clases y grupos beneficiados, provocando una sensible distorsión en la operación del mercado. Dentro del ámbito del Estado en sí, la extensión de sus deberes produjo la perversión de las finanzas públicas, como es obser¬vable en la transferencia de subsidios a las instituciones que prestaban los servicios asistenciales, de seguridad social y de protección laboral. El déficit presupuestal nacido de la transferencia de recursos a instituciones deficita¬rias y la sobrecarga de demandas a un abultado organismo administrativo, resultó en saldos decrecientes de capacidad de gestión.

Debemos añadir que, ante una situación estructural semejante, desde los círculos neoliberales emergió la propuesta de impulsar cambios radicales que hicieran retornar al Estado a su “tamaño mínimo”, que se suprimieran las demandas desde su origen y que se retrajera la actividad gubernamental a su papel básico de regulación. Siendo los males del Estado inherentes a su naturaleza como tal, se demandó su degradación y la deflación de las relaciones políticas para que los individuos se relacionaran directamente a través del mercado. Fue de este modo que el neoliberalismo impuso la idea de que las relaciones de comunidad inherentes a la vida política se disiparan, en provecho de un enfoque diverso basado en las relaciones mercantiles. De este modo, la “mano invisible del mercado” reajustaría naturalmente las defi¬ciencias sociales provocadas por la intervención artificial del Estado.

En fin, la “des-estatización” de las relaciones naturales reclamó la reorga¬nización de las tareas productivas y comerciales, para que volvieran a sus au¬ténticos propietarios: los individuos, que como usufructuarios del primer y único de los derechos personales: la propiedad, harían más productiva y feliz a la sociedad. Ese sentimiento de posesión automáticamente haría eficientes a las empresas descuidadas por los burócratas, de modo que si este principio se aplicaba a los asuntos del Estado, muy pronto los servicios públicos in¬crementarían sus capacidades; pero si estos servicios fueran concesionados a empresarios privados, los saldos positivos se elevarían al cien por ciento. En suma: siendo el Estado inherentemente mal administrador, no sólo de la so¬ciedad, sino de una economía que arrebató a los particulares, qué mejor que su gobierno –“un mal necesario”– se redujera a una mínima expresión.

Durante la década de 1980, el neoliberalismo desarrolló nuevas cate¬gorías: privatización, despublificación, redimensionamiento, liberalización, desreglamentación, desregulación, desincorporación, desestatización, desin¬tervención, desnacionalización, entre las más usuales. La más relevante es la primera de las mencionadas, quizá usada por primera vez por Ludwig Erhard, en 1961 (1964: 344). La década de 1980 fue proclamada por los entusiastas de las medidas neoliberales como la “era de la privatización”, toda vez que por doquier se emprendió una drástica reducción de la actividad del Estado (Savas, 1987: 17).

Fue, merced a la atmósfera mundial de privatiza¬ción, que se aceleró el proceso de retracción de la administración pública, y se dio vida a las comisiones y los ministerios de privatización. No existió país alguno que no estuviera privatizando, o país que no aspirara a hacerlo. Na¬turalmente, pulularon expertos y despachos de consultoría en privatización. Incluso, en el Reino Unido se establecieron bancos dedicados a ese propósito, en tanto el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial encabezaron universalmente la cruzada privatizadora. A la diligente labor doctrinaria de los pensadores austriacos y monetaristas de Chicago, se unió otra tendencia académica neoliberal: la opción pública (public choice), que facilitó su caudal individualista para reforzar los marcos ideológicos de la privatización, junto con un rejuvenecido romanticismo antiburocrático.

En fin, con la presión inmediata a favor de la privatización proveniente del Fondo Monetario In¬ternacional y del Banco Mundial, así como de otras agencias que pugnaban porque los países deudores se comprometieran a reducir los gastos guber-namentales como precio a pagar, a cambio de recibir asistencia financiera o préstamos adicionales solicitados, el neoliberalismo asumió el trono de la economía planetaria (Walters, 1987: 56).5.

De París a Londres: el nacimiento dela Nueva Gerencia Pública

El neoliberalismo asumió la primacía planetaria, si bien su presencia se había dejado sentir desde mediados de la década precedente a través de las mencionadas privatizaciones en gran escala que se sucedieron por todo el orbe. El carácter distintivo de la etapa actual, de la que le precedió, es que el neoliberalismo ha realizado lo que su ancestro liberal decimonónico no logró: su implantación efectiva y generalizada por todo el planeta, aunque en grado y medida de país a país. Lo señala, del mismo modo, que efectivamen¬te ha implantado un modo de administrar con alcances globales, también en grado y medida, y según la nación del caso. Esa administración es la Nueva Gerencia Pública.

Sin embargo, no está de más recordar que la concepción de la Nueva Ges¬tión Pública precedió al advenimiento conservador en Londres. Esa gestión brotó del tronco adoptando el credo y el ideario formulados en 1937, a tra¬vés del cultivo de sus conceptos. Su origen se remonta a la década de 1960, como es patente en su cultivador emblemático Octave Gelinier (1966), su fundador, un profesante de la gerencia de empresas privadas en cuya obra se observa con toda nitidez el tránsito desde el enfoque basado en la produc¬ción, hacia la perspectiva centrada en el comercio.

En efecto, Gelinier asume plenamente las categorías desarrolladas por el neoliberalismo. Dejó de cultivar las entrañas de la empresa, comienza a Estado, buscar nuevos caminos en el exterior: el mercado. Pasó, pues, del ámbito de la producción, a la órbita del comercio. Fue el pionero en el uso de categorías neoliberales como competencia, rentabilidad y cálculo de precios (Gelinier, 1966). Asimismo, planteó la tesis acerca de que el impulso colectivo ha de¬jado de estar centrado en la sociedad política, que es el mundo del voto y del control de los ciudadanos, para pasar a la sociedad civil como cosmos del contrato y del ejercicio de la libertad creativa de las personas. Gelinier fue quien, antes que nadie, propuso la orientación de la administración pública hacia el mercado y la noción del “ciudadano-usuario”, además de sustentar que la gestión pública se define a partir de las relaciones con los usuarios, y sobre la base de la lógica de eficiencia y relaciones “costo-eficacia”. A partir de esta noción se propuso renovar la teoría del servicio público. En fin, Geli¬nier observó que la competencia y rentabilidad son inexistentes en la admi¬nistración pública, donde impera la noción burocrática del servicio público. Y donde tampoco se aprecia el uso del cálculo y la orientación al cliente.

Gelinier no profesó en el desierto, destaca junto a su persona Michel Massenet (1975), quien posiblemente fue el primer autor en señalar lo nue¬vo de la gestión pública. Debemos añadir a Romain Laufer y Alain Burlaud (1980), autores del tratado gerencial más completo desde la perspectiva del neoliberalismo, antes del advenimiento de los modelos británicos y an¬gloamericanos.

Siguiendo sus trazos, Michel Massenet redactó un escrito pionero que consolidó la ruta de la nueva gestión pública hacia el presente. Él la bautizó como Nueva Gestión Pública (Nouvelle Gestion Publique). También se ocu¬pó del estudio de la introducción de los modelos de gestión privada dentro de la administración pública, y puso el acento en la descentralización y en la gerencia con base en una idea de misión, hoy aún tan socorrida. Hay que hacer notar que la adopción del concepto de soberanía del consumidor, bajo la rúbrica de orientación al cliente, es un mérito francés. Avanzando en la noción de orientación hacia el cliente, Massenet explora las relaciones entre la gestión y el público, y trazando las líneas originales del concepto de nueva gestión pública, apunta que la renovación de la administración pública sólo se efectuará por la adopción de las técnicas del management privado.

La buena vecindad entre administración y mercado, patente en la orientación al cliente, fue perfeccionada por Romain Laufer y Alain Burlaud (1980). En su obra es visible la superación de los antiguos esquemas basados en la colaboración de los usuarios –cuyo ejemplo emblemático fue la auto¬ridad del Valle del Tennessee– y su reemplazo por la orientación al cliente. Ambos autores hacen un esfuerzo de imaginación y ajuste para reforzar los conceptos neoliberales en la gerencia pública. Su idea es la siguiente: lo que interesa saber con respecto a una relación, es si existe la opción o no de en¬trar en ella. Esta relación brinda cuatro categorías: súbdito, usuario, cliente y “poder discrecional arbitrario”. Debemos resaltar la tercera situación, que entraña la categoría de cliente. Aquí nos encontramos con la situación en la que la administración puede optar por ofrecer o no ofrecer ciertos servi¬cios al administrado. Este último, convertido en cliente, tiene la opción de consumirlos o no. En este caso, la competencia es intensa, de modo que el administrado es un cliente condicionado por sus deseos de consumo. La ten¬dencia perceptible en las relaciones administración-administrado señaladas por Laufer y Burlaud desde principio de la década de 1980, muestra que la administración pública estaba tendiendo a concebir al súbdito en calidad de usuario, pero al usuario lo estaba definiendo como cliente. Al final de cuen¬tas, los autores concluyen que en tanto la administración dotada de público descubre que tiene clientes, la empresa privada relacionada con clientes des¬cubre que tiene público.

En las obras de Gelinier y Massenet es visible un proceso de maduración de las categorías económicas neoliberales que se estaban comenzando a apli¬car a la gerencia, proceso de maduración aún visible en el escrito de Laufer y Burlaud, donde todavía no tienen un acomodo pleno. Esto ocurrirá diez años después, con el advenimiento de la Nueva Gerencia Pública. Sin embargo, cuando la Nueva Gerencia Pública aparece en tierras británicas a principio de la década de 1990, la continental Francia había hecho tradición acerca del estudio del gobierno empresarial, es decir, sobre las propuestas que se han empeñado hacer del Estado el locus de los emprendedores y los gerentes, como lo es la empresa.

6. Londres: refundación dela Nueva Gerencia Pública

La Nueva Gerencia Pública es como un vino reposado, el cual, con el paso del tiempo, tiende a madurar, pero también a fermentarse en exceso. No se trata propiamente de un campo de acción y pensamiento reciente, pues como lo observamos, su cultivo se remonta a casi 50 años atrás. Sus méritos deben buscarse, no en su novedad, sino en otros aspectos.

En primer lugar, la Nueva Gerencia Pública constituye una visión privada sobre lo público que ha brotado de una tradición diversa a la establecida por Frederick Taylor, Henri Fayol, Oliver Sheldon y Chester Barnard, mundialmente conocida como Movimiento del Management Científico. Ni está familiarizado del todo con el pensamiento de Peter Drucker, un tratadista muy reconocido de la administración de los negocios privados. Tampoco se relaciona con los trabajos de Donald Sayles, Henry Mintzberg ni John Kotter, acreditados estudiosos contemporáneos del manejo privado. Sus bases inte¬lectuales están ancladas en el pensamiento neoliberal, principalmente del emanado de la escuela austriaca y la opción pública (public choice).

En segundo lugar, aunque lleva por nombre la voz “gerencia” (manage¬ment), no es la gerencia su fundamento, sino la más general noción de empresa mercantil, que es el modelo que propone como sustituto del esquema “burocrático” del Estado. Aquí tienen su origen las propuestas a favor de establecer mercados intra-gubernamentales y orientar al gobierno hacia el consumidor, no hacia el ciudadano; así como la introducción del “espíritu empresarial” en el gobierno, y el desarrollo de la competencia en la provisión de bienes y servicios públicos. En efecto, el neomanejo público no ha desarrollado una teoría del management en el sentido de los autores precitados, porque su sello emblemático es constituir una interfase entre el Estado y la sociedad a través del mercado, no auscultar las entrañas organizativas del go¬bierno. Se trata de un modelo de dentro hacia fuera, no de fuera hacia dentro.

Aunque la Nueva Gerencia Pública ostenta como apellido el vocablo “público”, nada lo vincula a tal noción, pues sus propósitos y resultados se encaminan a la privatización del Estado. Su fruto más palpable constituye una paradoja: el renacimiento de la dicotomía política-administración, sublimada en la antinomia entre policy y management.

En fin: emanada de los procesos de exoprivatización de la década de los años de 1980, la Nueva Gerencia Pública personifica la endoprivatización de la gestión pública a través del establecimiento de mercados interiores y me¬canismos de competitividad entre las oficinas gubernamentales, que aclaman la ganancia, el lucro y el individualismo egoísta, que ninguna relación tienen con el espíritu solidario de lo público. La Nueva Gerencia Pública es un in¬fante de la segunda generación neoliberal, cuya cuna son los procesos comer¬ciales y los mercados financieros. Su presencia en la administración pública no obedece a planteamientos analógicos o adaptaciones tecnológicas, sino a llanos trasplantes de fenómenos mercantiles de intercambio conocidos en la economía neoclásica como catalaxia. Su nacimiento se refiere a la economía planetaria contemporánea en su conjunto, pero enfatiza específicamente al tránsito del liderazgo del proceso económico desde la producción hacia el comercio.

La experiencia emblemática del nuevo manejo público es la empresa privada moderna, más orientada hacia el comerciante, que al productor, pues aquél es quien conoce mejor al cliente. Por lo tanto, el mercader es quien debe diseñar los productos, desarrollarlos y buscar fabricantes que hagan los artículos según sus diseños, especificaciones y costos.

Del mismo modo como la empresa lucrativa atiende preferentemente al mercado para ser lucrativa, la administración pública sólo será eficiente proveyendo bienes y servicios cuando sea rentable. Es decir: para ser renta¬ble debe orientarse al cliente; para orientarse el cliente debe evadirse de su nicho burocrático y situarse en el mercado. Debe, en suma, adoptar la Nueva Gerencia Pública como su mentor y así incorporarse a los progresos de la economía neoclásica globalizada.

7. De Londres al mundo: fundamentos intelectuales deuna gerencia pública planetaria

La Nueva Gerencia Pública propone la introducción de una renovada esencia empresarial dentro del gobierno, en reemplazo de lo que supone como agotada naturaleza burocrática. Aquella es el resultado de un proceso constituido por dos etapas de privatización de los espacios públicos. La primera fase entraña la exoprivatización del Estado y consiste en el procedimien¬to por el cual la administración pública trasfiere la producción de bienes y servicios a la administración privada, moviendo al Estado hacia fuera del mercado. La segunda etapa consiste en la endoprivatización del Estado, es decir, la sustitución de la administración pública de los asuntos nacionales, por la idea, la metodología y la técnica de la gerencia privada, moviendo al mercado hacia dentro del Estado.

En la exoprivatización la gerencia pública funge como el sujeto de la transacción de cosas hacia el mercado; en la endo¬privatización esa gerencia se convierte el objeto de la transacción mercantil. En la primera etapa la gerencia pública es el mercader, en la segunda fase es la mercancía. En tanto la exoprivatización afecta al qué de la administración pública, la endoprivatización lo hace con el cómo.

El mero enunciado de las ideas precedentes debería concitar un fácil acuerdo, acerca de que los materiales que constituyen la sustancia de la Nueva Gerencia Pública son neoliberales. Empero, esta presunción resulta inaceptable y antipática para algunos, así como temeraria para otros. Quizá estas incomodidades obedecen al sentir general de que el neoliberalismo ha sido entre los iberoamericanos un caudal de pauperización, una fuente de descomposición social y un ácido para la convivencia política. Es cierto que nuestros pueblos no eran del todo felices antes de su arribo tiempo atrás, pero ciertamente son menos felices ahora.

Quizás la identificación primigenia del fenómeno gerencial actual que ha nutrido las reformas administrativas en el cosmos británico, se deba a la pluma de Christopher Hood. Este fenómeno gerencial estaba original¬mente integrado por dos corrientes de ideas. La primera la constituyen la opción pública, la teoría de los costos de transacción y la teoría del principal-agente. Sus contribuciones a la reforma administrativa son las nociones de costeabilidad, opción del usuario y transparencia. La segunda corriente fluye desde el viejo gerencialismo de negocios sobreviviente en el sector público, un remanente ya borroso del movimiento de la “gerencia científica”, cuyos aportes son el manejo profesional y el poder discrecional para lograr resulta¬dos, también conocida como libertad de manejo. En tanto la opción pública provee la idea de primacía del gobierno representativo sobre la burocracia, el gerencialismo brinda el sentido del imperio de la gestión sobre los procesos burocráticos. La teoría del principal-agente se adentra en la organización ad¬ministrativa para describir la relación entre un ministro y un subordinado.

La Nueva Gerencia Pública constituye un fenómeno de alta complejidad. Ello obedece, en primer lugar, a que en su seno han concurrido una variedad de ingredientes, los cuales, aunque de la misma naturaleza, o emparentados, tienen personalidad propia y autonomía relativa. En primer lugar destaca la economía neoclásica, donde repuntan como aspectos diversos la escuela austriaca y la opción pública. La presencia de la primera es observable prin¬cipalmente a través de la obra de Ludwig von Mises y Friedrich Hayek. En la segunda son muy visibles James Buchanan, Gordon Tullock, Vincent Ostrom y William Niskaken. También está borrosamente presente algo del pensa¬miento administrativo de Peter Drucker, y una cantidad apreciable de conceptos sobrevivientes de la administración pública que han sido rebautizados.

Dentro de esa masa de ideas, conceptos, propósitos, valores e intereses, se pueden apreciar ocho conceptos relativamente estables y definitorios de la Nueva Gerencia Pública.

En primer lugar se pueden percibir los conceptos fundacionales, el caldo primordial en el que se engendró esa gerencia, a saber: orientación al cliente, privatización, mercado y competencia. Después es observable el aparato de sistematización de la reforma neogerencial del sector público, que estructu¬ra una nueva base organizativa y operacional. Los conceptos son: enfoque empresarial-gerencial, gerencia por objetivos y resultados, y agenciación. Fi¬nalmente emerge el móvil que animó a la Nueva Gerencia Pública, y que no es otro que aminorar los costos.

En contraste con los programas de privatización que le precedieron, más pragmáticos, la Nueva Gerencia Pública ha tenido un desarrollo doctrinario mayor, como es observable arriba. De hecho, es sofisticada y elegante, ade¬más de muy atractiva para muchos, por representar un mundo a la moda. Mucho de su extensión y penetración obedece más a esto último, que a un desarrollo conceptual riguroso.

8. Epílogo

No es difícil observar en los planteamientos neogerenciales, las evidentes dificultades para su implementación en el seno de la administración pública. En realidad, su “Talón de Aquiles” ha radicado en el alcance de su aplicabili¬dad planetaria y estandarizada, que es su propuesta central, pues cuando de llevar a cabo sus proyectos se trata, allí comienzan sus dificultades.

De hecho, la Nueva Gerencia Pública ha constituido una utopía, en el sentido que al término da Herbert Marcuse: utopía es todo cambio en un sistema de vida que se pretende realizar dentro y conviviendo con el sistema establecido, contando sólo con la aprobación de conciencias iguales a las de sus creadores (Sánchez-Casas y Guerra, 1973: 7). En efecto, la Nueva Gerencia Pública se propuso realizar cambios dentro del sistema a través de los cuales no trató de reemplazar sus elementos esenciales, sino desplazarlos. Así, la burocracia existente ha pervivido para dar vida al modelo posburocrático, perpetuando una burocracia que coexiste sin discriminaciones con el gobier¬no empresarial. Las antiguas estructuras políticas, administrativas y jurídicas tampoco desaparecieron, sino que se reformaron para dar acomodo a un orden neogerencial que tiene suficiente con que sólo sus militantes estén convencidos de sus virtudes.

Tal es la gloria y tragedia de la Nueva Gerencia Pública.

A finales de 1999, con motivo de la presentación de uno de nuestros libros relativos al tema (Guerrero, 1999), concluimos que en aquél entonces el Estado moderno estaba transitando de su era gerencial, hacia su época cívica, porque los valores políticos, asociativos y públicos, estaban triunfando sobre el interés egoísta, el espíritu de ganancia y la valoración exacerbada de lo privado. Al mismo tiempo ocurría un proceso de desgaste y abandono del modelo neogerencial, una vez que su aplicación en los países ajenos a las culturas administrativas británica y angloamericana había sido infructuosa; y que en las naciones propiamente británicas y angloamericanas ese modelo se estaba agotando como método de implementación. En resumen, que el Estado cívico se encontraba sano y robusto en Europa, donde las rémoras neogerenciales estaban siendo desechadas.

En fin, que quizás la más grande paradoja fuera que ese modelo neo¬gerencial, cuya apuesta histórica era desplazar a la administración pública, enviándola al museo de las antigüedades, junto con la con la rueca y el hacha de bronce, cada día se acercaba más al espíritu de esa administración. En efecto, las beligerantes posturas sostenidas en los años de 1980, cuando la neogerencia enfatizaba la eficiencia, la efectividad y la economía, luego se orientaron a destacar la calidad. Pero su más grande cambio consistió en que, siendo originalmente un enfoque de dentro hacia afuera, que enfatizaba la interfase entre Estado, sociedad y mercado, después se reorientó de fuera hacia adentro, dejando de soslayar el reconocimiento de que los problemas centrales en la administración pública clásica consisten en el estudio de las organizaciones del servicio público. Esta misma tendencia desplazó la neo¬gerencia hacia los problemas de la gobernanza, un tema central en ciencia política y administración pública de antaño.

En fin, que siendo una huérfana potencial de objeto de estudio, impoten¬te como buena práctica y esterilizada de utilidad intelectual, la neogerencia pública era una disciplina en busca de materia de estudio que probable¬mente ya no encontraría, y que posiblemente fuera a ensanchar la lista de paradigmas que han pasado a la historia.

Todo parece apuntar al fin de la Nueva Gerencia Pública.

Es difícil saber cuál será su destino de un modo preciso y terminante, si bien todo parece marchar hacia su desaparición. Nosotros pensamos que podría tardar ese momento por motivo de la masa de intereses que la sostie¬nen, entre ellos los gobiernos neoliberales y los círculos académicos que la profesan como doctrina. El día llegará, pero no sabemos cuando. Tampoco se debe descartar su eventual retorno, pasado el tiempo.

Por lo pronto, el escenario deja ver un neoliberalismo que considerado como período, ha llegado a su límite. La Nueva Gerencia Pública, por su parte, considerada como inherente al neoliberalismo, también ha llegado a su límite. Consiguientemente, más que pensar en un fracaso, debemos me¬ditar en el agotamiento de un período: el neoliberalismo, fase superior del imperialismo.

Ya se pueden comenzar a considerar nuevas opciones epistemológicas, quizá como las siguientes: en primer lugar, el reverdecer (por renacimiento, aggiornamiento) de las categorías politológicas opacadas por los conceptos económicos, que ahora parece que ocuparán la retaguardia. Ese reverdecer comprende conceptos como publicización, que reemplazaría a privatización, ciudadano en lugar de cliente, funcionario en lugar de gerente y político en lugar de empresario.

Asimismo debemos meditar sobre la formulación de una nueva agenda. Su base debe ser el Estado, considerado como el garante, en última instancia, de la vida de la sociedad y la economía. Un Estado que gobierne, un gobierno que administre y más gobierno que gobernanza. Se requiere formular nuevas categorías, así como renovar otras como ordnung (en alemán, “orden regu¬lado”) y polity (regímenes factuales que emanan de usos, prácticas, costum¬bres). Algo de máxima importancia es la reorganización del orden político mundial, como base de la reorganización del orden económico mundial. La cultura administrativa planetaria, junto con las culturas administrativas na¬cionales, podrán dar cabida a nuevos estudios comparados, y acercamientos teóricos que faciliten el intercambio de información sobre experiencias de los países sin atamiento a férulas de alcance global. No será difícil que el desastre administrativo producido por la Nueva Gerencia Pública sea un tema de investigación, así como de los coloquios y los congresos, por cuanto se juzgue que produjo una crisis, pues son éstas los grandes precipitantes de la innovación de las ideas administrativas.
Es muy importante, en fin, una administración pública a partir de la ciu¬dadanía, no la clientela.

Hasta donde abarca nuestra experiencia en la vida académica, nunca la administración pública había sido sometida de un modo tan rudo a la crítica, el denuesto y el vituperio. Su propio nombre, por no ir más allá, fue proscrito a favor de una multitud de denominaciones alternas que terminaron por con¬fundirse dentro de una “Torre de Babel”. De esos ataques la ciencia de la ad-ministración pública ha salido no sólo airosa, sino fortalecida, y su futuro será lisonjero, pues un Estado activo y responsable requerirá de su caudal teórico para hacer retomar el curso de la historia donde Hegel la dejó, pues, si bien ha llegado a su final, la etapa de culminación de ese final aún está por llegar.

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‘Las buenas cuentas macroeconómicas resultan insuficientes, porque no dan sostenibilidad al crecimiento a mediano plazo y no garantizan el desarrollo’.

Frase extraída del artículo titulado: Perú: ¿por qué podría ganar Ollanta Humala?
De: Roberto Pizarro

Economista de la Universidad de Chile, con estudios de posgrado en la Universidad de Sussex (Reino Unido). Investigador Grupo Nueva Economia, fue decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, ministro de Planificación y rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (Chile).

Culminó la primera vuelta de las elecciones presidenciales en el Perú, con un resultado sorprendente para el establishment. Perdieron los candidatos del modelo económico en curso. ¿Curioso, no? Lo es, ya que la economía peruana viene creciendo vigorosamente en los últimos años: 7% promedio en la última década y en 2010 casi llegó al 9%, triplicándose el PIB entre 2000 y 2010. El pueblo peruano rechazó las desigualdades y dejó en evidencia que el desarrollo está lejos del puro crecimiento económico.

Los dos presidentes de este notable periodo expansivo han sido categóricamente derrotados. Alejandro Toledo en cuarto lugar y Alan García ni siquiera se atrevió a promover un candidato de su partido y, al final, apoyó a Pedro Pablo Kuczynski, el más declarado neoliberal, también derrotado. La renuncia del APRA a su propia historia, a sus convicciones socialdemócratas, se convirtió en un suicidio político. Al igual que los socialistas chilenos, han recibido el repudio de los sectores populares.

Alan García continuó con entusiasmo la política de crecimiento y dejó de lado la distribución. No revisó los errores de su vecino chileno. Simplemente copió. Al final de cuentas en ambos “milagros” los beneficios del crecimiento se han acumulado en una minoría. En cambio, la mayoría observa con desencanto que los frutos del trabajo rinden escasamente, mientras la educación y salud se muestran inservibles para los pobres y costosas para los sectores medios.

Igual que Chile en los años 90, el Perú es el país que más crece en América Latina. La macroeconomía anda bien. Revela un reducido déficit fiscal, elevadas reservas internacionales, inflación baja y aumento de las inversiones. Pero, el crecimiento se basa en la exportación de materias primas, con escasa diversificación, salarios congelados, empleo precarizado y 60% de los trabajadores en la informalidad.

El último informe de Oxfam (Informe anual sobre pobreza, desigualdad y desarrollo 2008-2009) destaca que el crecimiento económico no ha beneficiado a las poblaciones excluidas del país, mientras las desigualdades sociales persisten. Si los gobiernos quisieran eliminar la pobreza sólo con el crecimiento económico (por la vía del derrame) se necesitarían más de 80 años de aumento del PIB, por encima de los 5 puntos, para alcanzar tal propósito.

Al mismo tiempo, se informa que las empresas que operaron en los últimos años en el país lograron utilidades superiores a las de las 500 empresas más rentables del planeta, mientras los sueldos cayeron en tres puntos porcentuales en esta época de bonanza.

A mayor abundamiento, Michael Porter, gurú de los negocios, en una conferencia ante el empresariado peruano, manifestó una opinión muy crítica respecto del modelo económico peruano. Destacó que su patrón productivo, concentrado en recursos naturales, no era capaz de generar suficiente empleo y que las desigualdades y la baja productividad eran en extremo preocupantes (diario La República, 27-12-2010). Agregó que la reducida inversión en ciencia y tecnología (0,2% del PIB) y los bajos niveles de educación colocaban en cuestión la competitividad y frenaban el desarrollo.

En definitiva, las buenas cuentas macroeconómicas resultan insuficientes, porque no dan sostenibilidad al crecimiento a mediano plazo y no garantizan el desarrollo. Adicionalmente, el crecimiento sin distribución genera tensiones sociales e inestabilidad política.

Los resultados de las elecciones revelan el profundo malestar de la sociedad peruana. En particular, la insatisfacción de los desamparados con un modelo económico que se muestra generoso con los que tienen más y avaro con los humildes. Se ha atrevido a reconocerlo el propio Toledo al término de la primera vuelta:

“Esta elección es un llamado de atención del país, principalmente a sus fuerzas políticas y económicas. El modelo de crecimiento económico no llega a la mayoría de peruanos y nuestros compatriotas han expresado ese descontento en las urnas”. Y ese descontento se ha personalizado en Humala y Keiko Fujimori.

Ollanta Humala repite en Perú, casi con calco, lo que viene sucediendo en la región en la última década. La emergencia de un nuevo liderazgo que ha reemplazado a la clase política tradicional. Ese liderazgo se ha propuesto la construcción de un proyecto alternativo al neoliberalismo y apunta a reducir las desigualdades, fortaleciendo el Estado aunque sin modificar la economía de mercado. Con la excepción de Chile, Colombia y el Perú, la región ha avanzado en esa dirección, con éxitos y fracasos, debilidades y fortalezas. Esa es la realidad ineludible. Ahora le corresponde al Perú.

Es cierto que existen dudas sobre Humala. Sin embargo, no son tan distintas a las que provocó Lula, Mujica, Correa o Evo, en un primer momento. Pero el mismo candidato ha hecho esfuerzos para mostrarse cercano al líder brasileño antes que a Chávez. Ha moderado incluso su discurso nacionalista y antichileno. Por lo demás, se verá obligado a negociaciones políticas con variados sectores antes de la segunda vuelta, y posteriormente si alcanza la presidencia, ya que el Parlamento no lo favorece.

Por su parte, Keiko Fujimori difícilmente podrá hacer olvidar al gobierno de su padre. Ello representa un peso difícil de sobrellevar. Derechos humanos avasallados, corrupción rampante. Lo ha dicho categóricamente Vargas Llosa en Chile: “sería deshonroso que los peruanos reivindicaran una de las dictaduras más atroces que hemos tenido, cuyos responsables están además en las cárceles cumpliendo condenas de 25 años, empezando por el propio (Alberto) Fujimori” (El Mostrador, 12-04-11).

Todo indica que el camino se encuentra abierto para el éxito de Humala en la segunda vuelta. Tendrá que hacer un esfuerzo para lograr consensos con el mundo político y económico, pero sin renunciar a las demandas populares que representa y que lo han colocado en el centro de la vida política peruana. El triunfo de Humala es altamente probable“.

Fuente: http://www.americaeconomia.com

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