Skip to main content.

martes, octubre 28, 2008

Hace tiempo que no escribo en este blog, pareciera que lo he abandonado. Pienso que he estado tratando de experimentar algo lo suficientemente bueno como para ser posteado, para ser compartido, y en este proceso he encontrado que ya tenía lo que buscaba, que lo bueno no se reconoce hasta que se mira dentro de uno mismo. ¿Cómo buscar la motivación de vivir, la inspiración para continuar, fuera de nosotros? ¿Tiene lógica acaso?

En esta larga espera para volver a escribir algo que valga la pena, siento que cada experiencia que he vivido y que sigo viviendo van enrriqueciendo mi existir, me hacen más consciente de mí mismo, de mis capacidades, de mis puntos débiles, de mis miserias, de mis virtudes; en resumen, de mi humanidad. No me refiero sólo a experiencias extraordinarias que cambien de pronto el rumbo de mi vida, sino que he comprobado que en lo cotidiano está la diferencia, entre el hoy y el ayer, entre hace un momento y ahora. No sé por qué siempre hago referencia a un spot publicitario -no hago propaganda para nada, por si acaso- pero concuerdo con la frase que acompaña a una conocida cerveza nacional: "La magia está en los detalles".

Uno de los momentos que más recuerdo a lo largo de este año son en los cuales estuve acompañado de las personas que más quiero y aprecio. Algunas de ellas las conosco desde que tengo memoria: a mis padres, a mis hermanos, a mis abuelos, incluso a mis primitos -que a veces son más responsables que yo-; a algunos otros los conosco desde este año pero los siento tan cerca a mí que no parece, ellos son: Aramis, Carolina y Eduardo (en español).

Dicen que cada año trae lo suyo y que ninguno es igual al anterior, pero definitivamente este año ha sido todo un proceso de cambios en mi vida, en distintos aspectos. Primero, cuando cursé un curso de teología en verano y lo aprobé con excelente calificación (18, por favor!) al mismo tiempo que trabajaba a tiempo completo, me sentí capaz de todo. Luego, cuando terminó el primer ciclo regular 2008-1 y, al igual que en verano, obtuve buenas calificaciones, me sentí agradecido. Fue en este ciclo que conocí a Aramis, por casualidad, cuando intentaba ganar unos puntos extras con una exposición para el curso de Biología. ¿Quién iba a pensar que se volvería uno de mis mejores amigos? Y ahora, en pleno 2008-2, me siento contento y a la vez preocupado: logré reconocer mis limitaciones -ya no podía seguir trabajando como full time y llevar bien mis cursos en la PUCP- al solicitar mi cambio de condición a part time en Atento, la empresa en que trabajo. Era una bomba de tiempo: no comía, no dormía, no vivía. Ahora al fin, luego de varios meses, he vuelto a vivir: ya puedo entrar a Messenger!!

Pero no estoy del todo safisfecho con mi gestión, puedo dar más de mí en mis cursos, puedo leer más, redactar mejor mi monografía, llegar temprano a clases, etc. ¿Qué está pasando conmigo ahora que tengo el tiempo suficiente? ¿Por qué no estoy dando lo mejor de mí? ¿Qué me falta ahora para seguir?

lunes, mayo 26, 2008

Aún estoy sorprendido por el cambio nada desdeñable que puede dar un simple corte de cabello a tu vida, sobre todo si este ha esperado meses para consumarse -como en mí caso-.

El domingo me corté el cabello. No lo hacía desde hace buen tiempo, tampoco pensaba hacerlo ese día; pero, ahí estaba yo, allí estaba la peluquería, y... sinceramente no tenía nada que hacer. Cuando salí del lugar, no me reconocía, mis padres menos. Mi imagen había cambiado totalmente, pero a eso no voy. Lo que quiero compartir es que es lo que implicó este cambio de look y lo que su reflexión sacó a la luz para mi mente.

Cuando me vi al espejo, pensé: "¡Que guapo soy!" (y modesto sobretodo, jajaja). Peroreconocí en mí una parte importante que había descuidado mucho: mi autoimagen, y por tanto, mi autoestima.

Todos estos meses, desde que dejé la universidad, sentí como si hubiera perdido algo, ya no era el mismo, mis sueños, mis metas, todos mis planes y proyectos se fueron al tacho. Sin embargo no sentía aquella tarde, o no creía hacerlo, todo el dolor que este suceso implicó en mi vida -la cual programé desde sexto grado de primaria- cuando escuché a mi padre decirme que no podía matricularme este ciclo, y luego verlo llorar.

No lloré, pensé que era maduro, que lo habría superado, pero no fue así: me encerré en mí mismo, tomé una actitud de quien vive sólo para sobrevivir, no importa cómo ni en que condiciones. Perdí mis sueños aquella noche, cuando dijé que no eran para mí, no era mi realidad. Tuve miedo a escribir de nuevo, ya no era capaz.

miércoles, marzo 19, 2008

Siguiendo con la saga de ensayos entregados al curso de teología Fe Cristiana y Mundo Contemporáneo, impartido por la Profesora Amparo Huaman -que sobón nop?-, les publico este interesante tema (fue chévere esciribirlo, espero que leerlo también):

La dignidad humana es un término que ha sido tan utilizado como manipulado a lo largo de la historia. Se ha hablado de dignidad al declarar una guerra, al justificar una masacre y al condenar con pena de muerte entre otras cosas. Pero también ha sido centro de movimientos que restablecen su verdadero significado como: La abolición del apartheid como medio político de discriminación racial en Sudáfrica, liderada por Luther King; La masiva contestación pacifista en la India frente al dominio bélico inglés, dirigido por Gandhi; y tantas otras corrientes que merecen ser citadas.

Tan basta mención a este término nos lleva a preguntarnos: ¿Qué es lo que en realidad significa dignidad humana? Y según su respuesta, ¿vale la pena defenderla en nuestra realidad actual? Volvemos así a la interrogante del título: ¿vamos por buen camino?

martes, febrero 05, 2008

Luego de un largo pero valioso año, vuelvo a clases en la PUCP. Este verano estoy llevando el curso "Fe Cristiana y Mundo Contemporáneo" con la profesora Amparo Huaman, a quien admiro por sus prácticos y tan cercanos ejemplos en clase, sobre todo porque resultan graciosos, aunque esta no siempre sea su intención.

Hace tiempo no publico artículos, lo cual no implica que he dejado de escribir. Es realmente inevitable para mí dejar de escibir en mi mente, cada suceso merece una reflexión, ya sea productiva o inútil, graciosa o seria, confusa o nítida, pero una reflexión al fin y al cabo que nos hace más conscientes de lo que somos y hacemos.

En esta oportunidad -mismo floro de vendedor de caramelos en el micro-, ya que tengo demasiada pereza para escribir un artículo completo y adaptado a un público específico como ustedes -vagos adictos al hi5 y cuanto se presente en pantalla, me incluyo-, cito el ensayo que presente hoy para mi curso de teología. Espero que si no les parece muy serio y aburrido, lean con detenimiento la parte final, la cual trabajé en plena lucidez la madrugada anterior a la entrega del ensayo -menos mal que los profesores no leen esto, ¿o si?-. Ahí les va:

«Desde que el hombre tiene memoria, siempre ha estado acompañado por constantes incógnitas sobre su propia existencia y del mundo que lo rodea: ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Para que vivimos? Éstas se pueden resumir en una sola pregunta: ¿Qué sentido tiene nuestra existencia, nuestra vida?

miércoles, junio 06, 2007

Estimado Hno. Eduardo:

¿Cómo está usted? Espero que se encuentre bien de salud, sobre todo ahora que el invierno en la ciudad nos ha envuelto a todos con su crudeza. No sólo por esta razón, cada vez me preocupa más el futuro de la tierra, y por lo tanto, el del hombre mismo, ya que ambos caminos están indefectiblemente unidos.

Son pocas las personas que hacen esfuerzos -nada insignificantes- para frenar estos bruscos cambios climáticos, que tienen origen desde ya hace siglos, desde que el hombre dejó de admirar y respetar la naturaleza, su medio de vida y el regalo de Dios para él, y empezó a manipular sin control ni conciencia su hogar: la Tierra.

No quiero describirlo como una total tragedia –aunque en parte verdad- en la cual el hombre es el verdugo del planeta, pero siempre es bueno tener presente que éste no es un tema más, sino nuestro futuro, con el que estamos jugando.

Hecha la aclaración, procedo a cambiar de tema. Espero no haberlo aburrido, lo cual comprendería, mas considero que nuestras correspondencias no tienen por qué limitarse a la fe. Soy testimonio vivo –y usted también- que nuestra formación Marista va más allá de lo religioso, pilar de su enseñanza, y llega a ser completa e integral, de manera que en verdad nos prepara para la vida.

Disculpe usted por la demora en la respuesta a su carta, muy sincera y reconfortante para mí debo decir. Hace tiempo que no revisaba mi correo, no porque me falte el tiempo, sino que no sé organizarlo bien. Supongo que ya es hora.
maristas


Me admiró mucho su comentario sobre la coherencia de mi prosa –jajaja-, cuando yo la considero con fruto de mis tribulaciones, en el sentido más suave de la palabra. Les mandé sus saludos a mi mamá y mi abuela, ambas quedaron muy alegres a pesar de mi retraso en entregárselos.

miércoles, mayo 02, 2007

De nuevo a escribir. ¿Por qué siempre tengo que terminar escribiendo? Y si no llego a plasmarlo aquí, lo redacto en mi mente -tremendo plop!-. No es que quiera dar a entender que soy un escritor innato (aunque puede que sea mi mensaje subliminal -_-'), sino que hasta de la ventana del micro saco conclusiones. Tantas horas a la semana en el bus nos hacen pensar en algo, ¿o no? -fácil soy sólo yo, mejor no contesten-. He aquí una de mis tribulaciones:

Empecemos con la ventana pues, ya que la mencioné. Cuando vamos sentado en el micro, ¿tenemos la ventana cerrada o abierta?:

Si está cerrada, ¿por qué lo está? ¿Acaso nos sentimos más protegido con una luna de cristal entre nosotros y el mundo? ¿Nos parece muy peligroso éste como para estar sin nada en el medio? Posiblemente sea por el frío, entonces preguntémonos: ¿Siempre va a ser cálido allá afuera?

Y si, por el contrario, está abierta, ¿vale la pena correr el riesgo de perder algo importante para ti? ¿Poder ver un paisaje más claro, sin manchas y rayones, lo vale? ¿El frío y el viento son soportables, mientras nos hagan sentir más cerca de la realidad, sólo nosotros y el mundo que te espera cuando bajemos del ómnibus?

¿Todo un dilema no? Siempre y cuando tomemos la iniciativa de plateárnoslo. Pruébalo, es parte de vivir.

viernes, abril 20, 2007

Luego de un largo periodo sin escribir, lo que no quiere decir que no haya nada por ser plasmado en un papel -o en un blog, mejor dicho-, no puedo contener las ganas de publicar sobre esas situaciones que nos marcan con cada día que pasa, y que nos hacen pensar más de lo usual.

Este post habla sobre muchas situaciones distintas, pero con algo en común, llaman a la reflexión: salir de improviso con tus mejores amigos para celebrar a lo grande, con sólo unos vasos de chicha morada, el fin del verano y el nuevo inicio del ciclo en la "u"; sin embrago, pocas semanas más tarde, ver a tu padre -al cual nunca has visto llorar- hacerlo ante la impotencia de no lograr reunir el dinero suficiente para matricularte en el semestre, a pesar del esfuerzo; luego, darte cuenta que el mayor tesoro del mundo, tu familia, siempre ha estado allí, junto a ti, abrazándote para protegerte del sufrimiento, que inevitablemente algún día tenía que llegar; después, tras años tratando de conseguir un trabajo desde el colegio, sales de tu casa con los besos de tu mamá y de tu abuela en la frente -y las bendiciones respectivas- a presentarte incrédulo a un puesto laboral, y regresas de la entrevista a abrazarlas porque sus rezos fueron escuchados por El de Arriba; y finalmente, dirigiéndote con el pecho bien en alto a tu primer día de trabajo, del primer trabajo de tu vida -qué ocioso he sido hasta ahora no?- piensas distinto que anteriormente, luego de pasar por tantas cosas, finalmente eres consciente que tu futuro ya no depende de tus padres, ni de tus abuelos, ni de nadie más que tú, de tu decisiones, de tus errores y aciertos, y sobre todo, de lo que saques de cada uno de ellos.


Estos hechos parecen una historia, una historia que no sólo tiene momentos felices y de éxito, también hay momentos difíciles, dolorosos, críticos... que gracias a Dios, nos hacen aprender: a valernos por nosotros mismos, a valorar lo que tenemos, a disfrutar cada detalle, a ser fuertes cuando la situación lo amerite, a pedir ayuda cuando sea necesaria, a no herir más con nuestras palabras, a estar siempre agradecidos, y a conservar la fe cuando todo parezca perdido.

Porque como una vez leí en un panel publicitario: "Es en la oscuridad donde brillan las estrellas". Seamos esa luz en el camino, tanto nuestro como ajeno. Creo que las palabras sobran, cuando se es un joven que busca volver a su universidad con la frente en alto, consciente que fue él mismo quien con esfuerzo ha dado un paso más adelante hacia una de sus mayores metas: ser periodista.

lunes, enero 22, 2007

Hace poco recibí un pequeño papel, de esos que alguien te da por la calle. Éste me lo dio, al salir de la universidad, una señora sordomuda que -quizá por tal razón- no respondía cuando le pregunté qué era tal papelito. Luego de un "esfuerzo mental sobrehumano" (frase del siempre gracioso profesor Ambía) entendí el mensaje y le di algunas monedas, lo más que pude -menos mi pasaje, claro-.

Me di cuenta que esa señora no era pobre como pareciera, era rica, abundantemente rica, tanto así que con una simple mirada respondió lo que sus labios no podían pronunciar. Me fui feliz de haber hecho algo bueno luego de tanto tiempo.

En el micro leí lo que estaba escrito en el papelito, era una historia que acá transcribo:

"Un niño que estaba por nacer, le dijo a Dios.
Me vas a enviar mañana a la tierra; pero ¿Cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy?
Entre muchos Ángeles escogí uno para ti, que te esta esperando:
El te cuidará.

Pero dime: aquí en el cielo, no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.
Tu Ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.

Y ¿Cómo entender cuando la gente me hable si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
Tu Ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar, y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.

Y, ¿Qué hará cuando quiera hablar contigo?
Tu Ángel te juntará las manitos y te enseñará a orar.

He oído que la tierra hay hombres malos ¿Quien me defenderá?
Tu Ángel te defenderá aún a costa de su vida.

Pero estaré siempre triste porque no te veré más señor.
Tu Ángel te hablará de Mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia; aunque, Yo siempre estaré a tu lado.

En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño, presuroso, repetía suavemente:

Dios mío, si ya me voy, dime su nombre, ¿Cómo se llama mi Ángel?
Su nombre no importa, tu le llamarás 'Mamá'."

Este pequeño papelito hizo salir un lágrima de mis ojos, una que sequé al instante -ya que no es normal llorar en el micro no?-. No fue una lágrima amarga, sino, por el contrario, fue una gota dulce y cálida que sólo puede venir del más noble sentimiento de dicha que me invadió en ese momento.

Esos pequeños detalles de la vida son los cuales nos hacen reflexionar y sentirnos dichosos, agradecidos con Dios por lo que somos y tenemos.

Orgulloso de tener mi "Ángel en la tierra" llegué a mi casa y lo primero que hice fue abrazar a mi mamá, a mi papá -cuando llegó- y a mis hermanos (mis compañeros de guerra y paz, lo primero sobre todo).

Dios hizo el lazo maternal tan fuerte y complejo que, varias veces, cuando se me ha ocurrido preguntar tontamente a mi vieja por qué me quiere tanto; la respuesta siempre ha sido la misma: "Porque eres mi hijo". Gracias má, te pasaste.

lunes, enero 08, 2007

"Es obvio que..." (la frase preferida de mi profesor de Realidad Social, Lanegra) toda publicación periódica -este blog está incluido en este grupo por sea ca'- debe dedicar cierto espacio a una fecha más que importante como la navidad, tanto así que el suceso que rememoramos en este día partió la historia de la humanidad en dos: antes de Cristo, y después del mismo. Siguiendo este razonamiento -que muestra floro más que nada-, este post trata acerca de esta festividad y como no, la infaltable despedida del año que se fue.

Este año, o mejor dicho el año pasado -que raro decirlo no?-, pensé que la navidad iba a ser diferente, y no exactamente para mejor, sino todo lo contrario. Leí hace poco lo siguiente: "El ser humano es emocional, antes que racional."; no podría estar más de acuerdo con la mencionada frase.

¿A qué apelan las grandes tiendas en sus campañas publicitarias? No creo que al simple hecho de comprar porque sí: apelan al amor, al cariño, a la unión familiar. Una relación de consecuencia muy dudosa que, sin embargo, logra que estas empresas ganen millones a costa de todos los que queremos tener un hogar cálido y cercano, mas no sabemos cómo lograrlo.

¿Un televisor vuelve a una familia más expresiva y sincera? ¿Un iPod o MP3 nos ayuda a acercarnos más con el hermano con quien sólo hablamos para pelear y lastimarnos? ¿Un home theater nos hace vivir en realidad sin salir de casa? ¿No será que estos aparatos envés de unirnos nos alejan de los que más queremos?

lunes, diciembre 11, 2006

La otra vez le comentaba a mi amigo Richard O’ Diana -por quién estoy más que feliz ahora que vuelve con mi también amiga Farah- que no podría escribir todo lo que se me pasa por la mente a cada instante. No es que al resto de personas no les pase, pero considero que no soy muy maduro al momento de pensar en cosas cuerdas (sino, ¿quién escribiría esto?).

La tensión de no tener ocho brazos mismo pulpo -qué gran ventaja, no?- me llevó a seguir un orden de prioridad en la elección de lo que será perpetrado por escrito. El tema que me acose la mente reiteradas veces con la intensión de salir a la luz, en este blog claro, será privilegiado.

Aún así no son pocos estos ‘escogidos’ y hay que marginar a varios, más ahora en plenos finales. Lo curioso es que, la experiencia que voy a tocar aquí: se me acaba de ocurrir. Pero por su relevancia en esta época de full stress, merece este espacio.