01/12/08: Eduardo Ísmodes y la Generación de Conocimiento

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Promotor del Comité Ejecutivo de E-QUIPU y Director del Centro de Innovación y Desarollo


Eduardo Ísmodes nos habla un poco sobre la generación de conocimiento en el Perú.

Hablemos de ¿por qué la necesidad de generar conocimiento en las universidades?

Creo que para todos es evidente que la universidad es importante para generar conocimiento. Pero a veces, siendo tan evidente, no se piensa ni se reflexiona sobre ese tema. Entonces, yo quisiera reflexionar sobre la importancia de que la universidad estimule la generación de conocimiento.
Cuando uno estudia como han progresado y mejorado las sociedades, no se puede menos que relacionarlo con el crecimiento económico. Los países, hacia los cuales migra la gente, son los países que tienen mayor desarrollo económico, y lo que genera ese desarrollo económico esta muy relacionado con el conocimiento. Es clarísimo como con la revolución industrial se comienza a producir más vienes y servicios de los que normalmente se producían porque - antes de la revolución industrial solo se usaba la fuerza de los animales y humana, pero hoy - es más barato utilizar máquinas, equipos. Y ¿de donde salen estos?, pues del conocimiento. Y luego, cuando ya se han hecho las máquinas más grandes que uno puede imaginar aparece algo muy importante que es la organización: los sistemas; los cuales hay que saber como manejarlos, dirigirlos, y aquí también el conocimiento es clave. Entonces las sociedades avanzadas han mostrado que si desarrolla conocimiento esto trae una mejor condición de vida.



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30/11/08: En la escala de Kohlberg: la mayoría es convencional

Muchos estudios sobre juicio moral (no cito ninguno ahora por no tener las referencias a mano, pero las completaré luego), incluyendo los del propio Kohlberg, indican que el nivel 4 de su escala de razonamiento moral es el nivel más alto que alcanza la gran mayoría de personas del mundo.

Yo misma, en la investigación de mi tesis doctoral, econtré que respecto al juicio moral los profesores con los que trabajé razonaron fundamentalmente al nivel convencional (estadios 3 y 4 en la tipología de Kohlberg) al resolver dilemas morales. Para los profesores del estadio 3, el buen comportamiento significó tener sentimientos interpersonales tales como lealtad al otro, amor, amistad, empatía y preocupación por el otro. Lo correcto es lo que está conforme con las expectativas sociales y el buen comportamiento es aquel que ayuda al otro al interior de un grupo. Sólo 17 profesores (de 59 participantes) alcanzaron el nivel de orden social y perspectiva legal (estadio 4 de Kohlberg), lo que significa que están preocupados con asuntos más amplios relativos a las normas sociales y el sistema legal. El comportamiento correcto para estos 17 profesores es aquel que mantiene el orden social y respeta las leyes y la autoridad.

Dicho esto, les dejo una pregunta que suelo hacerles a mis alumnos del diplomado en consejería en un control de lectura:

¿Qué opinión le merece el dato científico de que la mayoría de la población adulta mundial se encuentra en el nivel convencional? ¿Qué le sugiere este dato en función a su trabajo como psicólogo o consejero? Argumente su respuesta.

28/11/08: "The Youth" por Carolina Goyzueta

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This is a call of arms to live and love and sleep together
We could flood the streets with love or light or heat whatever
Lock the parents out, cut a rug, twist and shout
Wave your hands
Make it rain
For stars will rise again
The youth is starting to change
Are you starting to change?
Are you?
The youth – MGMT


En el barrio todos lo conocían. La señora Elsita, su vecina, siempre decía: “Ese hombre tiene un corazón de oro, tendrá sus cosas pero en el fondo es noble”. Tito Gianotti regresaba de sus juergas, duro, como si tuviese marrocas en las manos; sin embargo nunca dejó de ir a la panadería para comprar el desayuno a Elsita. Esta tenía 40 años viviendo sola en la misma casa y conocía muy bien a la mamá de Tito: la señora Aurora. Durante 20 años, la mamá de Tito fue la amante del reconocido arquitecto Francesco Gianotti. De ahí nació Tito. El arquitecto nunca reconoció a su hijo, no lo visitaba, sólo enviaba mensualmente con su chofer un sobre con dinero a la casa de la calle Clemente X.

El chino Stanley lo dejaba pasar al Nirvana, ahí la gente se abría paso ante Tito. Las luces destellaban entre las mezclas que DJ Bencho magistralmente sincronizaba. Grupos como Siouxsie and the Banshees, Tones on tail y Love and rockets ejecutaban el soundtrack de la época. Tito proveía de cocaína a todo Miraflores y nadie se atrevía a quemarlo. Se decía que había pisado la cárcel North County en Los Angeles por un pase de heroína que fue tirado a dedo. El nunca confirmó esto. Tal vez el halo de misterio que se formaba a su alrededor era parte de su estrategia para atraer personalidades extremas. A los 48 años Tito sabía muy bien esto.

Violeta trabajaba como modelo para diferentes agencias de publicidad. Trabajaba por puro placer, le gustaba admirarse en los grandes paneles publicitarios, no tenía necesidad de ganar dinero, su padre era un diplomático argentino y las juergas que se armaban en su casa de Alvarez Calderón lo incluían todo. Fue ahí que conoció a Tito. Luego nunca se despegarían. Tito no acostumbraba a llevar mujeres a su casa. La compartía con su madre. La relación madre-hijo era inquietante, la señora Aurora delegaba en él varias responsabilidades: la de hijo, la de padre y la de esposo. Tito nunca abandonaba a su madre y ésta nunca delataba a su hijo. En casa tenían una cocina de pasta básica y todo el barrio lo sabía, sin embargo nunca nadie se atrevió a decirlo.

La calle Clemente X, llena de pasto estático y portezuelas color azul, cubría el paisaje dominado por la cruel atmósfera de los sinsentidos. Las nubes plomas de Lima se ven hermosamente tristes en verano y fue en ese momento del año que Cayetana y su madre decidieron mudarse a Clemente X. Alquilaron una casa pequeña que en tiempos mejores había sido una gran residencia, pero que en la actualidad se encontraba dividida. Los dueños lograban de esta manera aumentar sus rentas. Cayetana iba caminando al Sophianum, colegio de monjas al cual iba desde inicial. La moralina de Quevedo en sus clases de literatura para segundo año la aburrían y más bien disfrutaba de la melodía pesimista que se desprendía de los poemas de Trakl. El desarraigo la traía enamorada de la época terrible que le tocó vivir. La kloaka ya dictaba manifiestos pero ella aún no los leía. Su piel nunca se dejaba tocar por el sol, una capa de bloqueador la cubría de pies a cabeza. Su madre iniciaba el ritual todas las noches antes de acostarla. Las cosas del amor bastan con pronunciarse en silencio pensaba. Pasaba el bloqueador primero por sus brazos y luego por sus piernas que aún mantenían diminutos vellos traslúcidos, como la pelusa que acompaña a los bebés en los primeros meses de vida. Su piel era perfecta, a pesar de no estar bronceada mantenía el color rosado en sus mejillas. No tenía muchas amigas. En las noches se quedaba durante horas viajando por la oscuridad del espacio mientras el jugo de alguna fruta, las fresas eran sus favoritas, se le escurría por los labios. Sus pensamientos divagaban entre la posible antigüedad de cada estrella y la profundidad del cielo.

Leiv Fleishman decidió no comprar mas pasta a Tito y éste se quedó sin su principal cliente. La colonia judía en el Perú mas tarde se lo agradecería. El terrorismo, muy lejos aún, había causado una gran depresión económica en la sociedad, esto obviamente afectaba a las altas esferas del poder así como a los negocios de Tito.
A Tito el cansancio se le mostraba por momentos tosco, hostil. En los festivales del licor, música, luces y colores Tito terminaba arrugado en una esquina, sus pensamientos lo vencían. Estaba cansado de esa inocencia falsa que todos le enseñaban. ¿Dónde estaría la maravillosa capacidad, que todos ya hemos perdido, de sorprendernos? Un día, conversando con sus amigos en el Davory, decidió secuestrar a Violeta y pedir una generosa suma de dinero a cambio de su libertad. Sería fácil, conocía a la familia. Solo debía llevarse una temporada a Violeta a su casa y mantenerla ahí hasta que el padre depositara el dinero. Le tomaría unas fotos y las enviaría por correo. La pasarían bien. Violeta estaba al borde de la excitación, por fin conocería la casa de Tito.

Tito se sorprendió al ver a su madre y a Violeta conversando cómodamente sobre los antiguos muebles de su casa. Había ido por unas botellas y ellas ya eran íntimas. De una mirada le dijo a Violeta que se deje de huevadas y que lo siga a su cuarto. Violeta obedeció y la señora Aurora hundió los ojos en los tapetes que adornaban burdamente la mesa de su sala. En la bodega del chino todos se preguntaban a dónde irían a parar las botellas de vodka y whisky barato que a diario Tito compraba. Durante semanas, que a Violeta le parecieron años, Tito encerró en su cuarto los días, los llantos y la angustia a base de fenobarbital, alprazolam y vodka. El whisky era para él.

La vez que recibió las fotos de su hija, Darío Alessandro pensó que se trataba de una desaparecida más. Una broma de mal gusto. Como aquella vez que Violeta fue a la fiesta de los Gruenberg en Casuarinas y terminó en la Warmoesstraat en Ámsterdam. Violeta se le había escapado de las manos desde antes que naciera. Cuando Apolonia llegó una mañana con la correspondencia, Darío Alessandro sabía que algo no andaba bien. Las manos de Apolonia escupieron un sobre amarillo. Una oreja con un arete de onix que él mismo había comprado en Tiffany tres años atrás, era el contenido.

Su madre le había regalado un walkman y Cayetana escuchaba More than this de Bryan Ferry a todo volumen. Cuando llegó a la puerta de su casa vio que en la vereda había una Ducati Forza y sobre ella un pelirrojo que la miraba de pies a cabeza. A diferencia de otras niñas de su edad Cayetana no se puso nerviosa, tranquilamente guardó los audífonos en su mochila a la vez que buscaba las llaves de su casa, su madre seguía en la oficina y ella era lo suficientemente independiente como para calentarse la comida y hacer la tarea sola. Su madre así la había acostumbrado. Para sorpresa de Cayetana las llaves no estaban por ningún lado y en ese preciso momento recordó haberlas dejado dentro de la cartuchera de colores que había prestado a Laura, una idiota que solo le interesaba pintar dibujos de walt disney. La sensación de verse alejada mentalmente de la gente de su generación la convertía en una nínfula antigua a la que solo le brillaban los ojos cuando discutía con personas mayores.
Se lamentó de estudiar en un colegio de monjas reprimidas.Tito salió y le entregó un sobre al pelirrojo Rachitoff. Oye huevón, ¿bien enfermo eres no? Ahora entiendo porque nunca sales de tu casa, ¡pajero! ¿Te gustan las chibolas no conchetumadre? Ante estos comentarios del pelirrojo, Tito frunció el ceño y desviando la mirada le dijo: Déjalo hoy, ahí está la dirección. Y entró a su casa. Estaba enviando un sobre al papá de Violeta y Rachitoff lo entregaría, la situación lo ponía nervioso. La ducati desapareció por la Javier Prado y Cayetana se atrevió a tocar la puerta de su vecino, tal vez podría quedarse en esa casa esperando a que llegue su mamá. La señora Aurora le abrió la puerta y la invitó a pasar.

En esa casa siempre escuchaba su voz y la de su madre, en los últimos días la de Violeta, pero ahora salió de su amodorramiento psicotrópico para investigar de quién era esta nueva voz que escuchaba a lo lejos. ¿Quién es ella? Es la hija de la nueva vecina, se olvidó las llaves y no tiene donde quedarse hasta que su mamá llegue. Puedes hacer tus tareas mientras esperas, se atrevió Tito. Eso iba a hacer, le dijo Cayetana mientras sacaba sus cuadernos de la maleta. La mesa del comedor tenía un mantel hecho de hilos blancos. La punta de la maleta se quedó atascada con el mantel. Déjame ayudarte, Tito fue hasta la mesa y al coger la mochila en sus manos percibió su olor. Era un sueño de bloqueadores revolcándose en oleajes de descansos eternos. Nunca había advertido esa sensación. Gracias, soy muy torpe con mis cosas, admitió Cayetana. A veces sucede, Tito miró de reojo sus cuadernos, todos estaban terriblemente forrados. La señora Aurora se fue a la cocina a servir limonada y Tito salió a la calle a despejarse un poco. Llegó el fin de la tarde y Cayetana escuchó los tacos de su mamá. A veces los podía escuchar viniendo desde lejos en la avenida Pershing.

La vivacidad de sus palabras y su cabello lacio brillante lo transtornaron. Nunca se escuchaba música en la casa de Tito sin embargo desde que Cayetana acostumbraba a ir por las tardes a jugar cartas no faltaban las cintas maxell, tdk y sony para grabar, en desorden, los especiales maratónicos de Billy Idol que pasaban por la radio. Se divertían haciéndolo. Por las noches, Tito pegaba los ojos en el techo de su cuarto y escuchaba una y otra vez hipnotizado, naufragando en un estremecimiento que por nuevo no dejaba de ser hermoso, eyes without a face. Los ojos de Cayetana brillaban mientras tajaba sus colores en la clase de arte del colegio.

Las acrobacias de circo no le eran tan ajenas, desde que se hizo asidua jugadora de ocho locos en la casa de Tito, Cayetana practicaba equilibrio por las azoteas que separaban su casa de la de él. Todas las casas vecinas mantenían azoteas en común y cualquiera podía pasarse. Cayetana sabía que los vecinos le podían contar a su madre que todos los días iba a visitar la casa más ruinosa de todas. Por eso mantenía en anonimato sus clandestinas excursiones. Al caer dentro del patio la señora Aurora siempre corría con sospechosa ansiedad para conducir a Cayetana a la sala. Una puerta de madera podrida encerraba a Violeta al fondo del patio trasero de la casa. El alprazolam se comía sus gritos. Cayetana miraba esa puerta con cierta curiosidad. Tito le decía que ahí solo había palos viejos.

Sobre la mesa de centro había un plato de loza con fresas. Estaban de oferta, mentira, era la fruta más cara y difícil de conseguir y Tito había visto a Cayetana ensimismada mirando las estrellas por las noches mientras devoraba esa fruta que sólo ella saboreaba al máximo. Me gusta sentir las diminutas pepas, como si fueran pequeñas bombas de sabor que explotan en mi boca. Cayetana parecía un pañuelo abandonado en los sillones, sus piernas estaban colgadas sobre los brazos del mueble más grande. Por cada fresa que se llevaba a la boca caía una gota de agua rosada al piso. Tito se imaginaba nadando en esas pequeñas lagunas que se formaban gracias a estas gotas rosas, que podrían ser la continuidad del jugo de sabor que explotaba en la boca de Cayetana. Ella solo miraba el techo, sus movimientos inquietos daban la pista de que se encontraba sumergida en el deleite de la fruta.

La sangre había pintado las sábanas que envolvían el cuerpo de Violeta, desde la noche anterior se quejaba de dolores en el bajo abdomen y Tito solo le daba más y más fenobarbital. Ahora ya no gritaba, solo trataba inútilmente de abrigarse con las sábanas empapadas de dolor. La señora Aurora había insistido en llevarla al hospital pero Tito no le hacía caso. En medio de alucinadas fresas, la mamá de Tito irrumpió en la sala, estaba pálida y no podía articular palabras. Tito se levantó y se dirigió con ella al patio. ¿Qué demonios te pasa? ¡Es que Violeta no para de quejarse hijo! ¡Cállate, vamos a verla, pero cállate, deja de tocarme, esto es una verdadera mierda, encima a su viejo no le interesa ni un carajo! ¡Puta madre! Sus ojos quedaron clavados en la laguna roja que se había formado en el piso. Violeta estaba doblada por la mitad, como una bisagra, emitía pequeños aullidos y la mamá de Tito lloraba descontroladamente. Te dije para llevarla a un doctor. Esta chica a estado embarazada y con tantas cosas que le das se está desangrando. ¡Cállate! Si no le daba la medicina se iba a desangrar por la oreja. ¡Que puta mierda es todo esto, me voy a volver loco! ¡He dicho que te calles!

No había ningún giro en la cuenta del banco que había abierto para que le depositen. ¿Lo estaría buscando la policía? ¡Por qué Violeta no se callaba de una maldita vez! ¡Esta vieja de mierda, que se calle, todo lo complica! Nunca fue capaz de exigirle nada al arquitecto. Hijo de puta. Venía, se la follaba y ella no decía nada. La taurus 9mm reposaba brillando entre calzoncillos y medias percudidas. Con dos balazos terminó el sufrimiento de ese amasijo de babas, sangre y lágrimas en la que se había convertido Violeta. La mamá de Tito comenzó a gritar pero inmediatamente sus alaridos fueron apagados. Dos disparos secos y seguidos la dejaron en el piso. Tito sintió que había perdido cien kilos. El humo dibujaba en el ambiente olas de tranquilidad, cuando estas desaparecieron la figura de Cayetana se vislumbraba en la puerta.

Las tablas antiguas y largas del piso del cuarto rechinaron cuando Tito dejó caer su arma. Cayetana lo miraba incrédula y los ojos de Tito brillaban. Hay un patrullero afuera…te están buscando. Tito se quedó inmóvil. Entonces vámonos de aquí. Tito miró hacia la puerta y Cayetana solo lo siguió. Se miraron de pies a cabeza y Cayetana le mostró el camino más familiar para llegar a su casa. La azotea. Salieron por la puerta principal, eran las 6.10 y el barrio estaba vestido de naranja, el verano ya se acababa. La policía terminó derribando la puerta. No encontraron más que los cuerpos mudos de Violeta y la señora Aurora. El mayor Walter Remicio estaba a cargo de la investigación por extorsión, secuestro y tráfico de drogas que se le imputaba a Eduardo Gianotti. Se le escapó de las manos otra vez y con la hija de un embajador argentino muerta. Esto sería un escándalo. El mayor Remicio decidió preguntar a los vecinos sobre el paradero de Tito. Al salir de la casa solo se topó con Elsita.


28/11/08: "Elektra" por Luis Carrión

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-Tengo una buena para ti –
-Habla
-Doce añitos, blanquita de pelo negro –
-¿No tienes de nueve o diez? –
-No cholo, pero parece menor, de verdad –
-¿Cuánto? –
-Acá arreglamos, mírala primero –
-Ok –
Y efectivamente, parecía menor. Entré a la habitación y la vi ahí tirada en la cama contra la pared, con las piernas recogidas y jugando con una hilacha de la sabana. Levantó esos ojitos enormes y su mirada mitad de gatito aburrido de departamento y mitad de gatito callejero huraño me excitó demasiado. La ambigüedad siempre es erótica. Nos dejaron a solas y la desvestí en silencio. Su cuerpo era una escultura románica de mármol blanco.. Una escultura a medio esculpir, con las formas de las caderas y la cintura aun no muy definidas, con el cuerpo alargado, con las piernas delgadas y estiradas. Sus pechos ya asomaban por ahí, se sentían ya redonditos. Le hice el amor. Los niños tienen derecho al amor, lo dice la ONU. Ahí me di cuenta de la diferencia entre una de nueve y una de doce. Las de doce gritan pero no lloran. La hice sentirse mujer.

-Y ¿Qué tal? –
- Buenísima. ¿De dónde la sacaste? –
-¡Ah! Si te digo tendría que matarte –
Me alejé del lugar caminando, procurando retener todas las imágenes de lo que acaba de ser una de las mejores experiencias de mi vida. Llenaría volúmenes si contara al detalle todo lo que le hice, y de hecho pienso hacerlo. Lo único sería deshacerme de mi mujer, esa gorda de mierda que huele a cigarro y mayonesa, que se tira pedos toda la noche, que ronca como animal y que no se depila. Si me hubiera dado una hija aunque sea, obesa inútil. Una hija y hubiera sido feliz, una hija de doce años. Paré en una esquina mientras pasaban los carros y fue en ese momento que sentí unas manos frías que me tomaban del brazo. Salté del susto, pensando que me iban a robar el reloj, pero al voltear vi que era esta pequeña con la que acaba de tener relaciones. Me fui corriendo. Crucé la avenida, un par de calles y cuando volteé la vi corriendo hacia mi. Doblé un par de cuadras más y me metí a una bodega, poniéndome de espaldas a la puerta con tal que no me viera. Ella entró detrás de mí y se paró a mi lado. Me vibró el esternón.
-¿Si señor? – dijo el bodeguero.
-¿Ah? Eh... una coca-cola helada por favor –
-Y para la niña – (Mierda)
-¿Qué quieres? –
-Un helado – le dijo al señor y volteó para sonreírme.
-Toma mi amor. Que linda. ¿Su hijita? – (Mierda)
Asentí con la cabeza muy lentamente.
-Gracias –
-Gracias papi –
Tomó el helado con la mano derecha y mi mano con la izquierda y sin que hubiésemos siquiera salido de la tienda empezó a lamer el helado. A lamerlo con una profesionalidad, una naturalidad indescriptible. Como no hice que me la chupara. Se notaba que lo disfrutaba... y se derretía. Fue demasiado. Me di media vuelta y me pedí uno igual. Que rico. Hacía por lo menos diez o veinte años que no comía un helado. Lo lamía yo con tal avidez que de un par de bocados terminó derramado por toda mi boca. Ella me miró feliz, y no me quedó otra que sonreírle de vuelta. Me cogió de nuevo de la mano y salimos caminando por la calle. Doblando la esquina la solté.
-Vete –
-¿Adónde? –
-No me interesa –
Me alejé caminando a paso rápido hasta que ella empezó a gritar “¡Papà! ¡Papá no me dejes papá!” Mierda. Regresé corriendo. Le tapé la boca con fuerza.
-Cállate la boca, mierda –
Asintió con la cabeza. Le saqué las manos de la boca y me sonrió otra vez. Gatito manipulador.
-Vamos –
Entramos a un parque donde habían decenas de niños jugando. Esperaba perderla ahí. Que se quedara jugando por ahí y yo me escurriera entre los arbustos. Esos arbustos que otras veces me habían servido de refugio, desde donde acosaba a mis presas. Me apretó la mano cuando pasábamos por los juegos.
-Colúmpiame –
-No –
-Grito –
Empecé a dudar si de veras tenía doce y no dieciséis. Se subió al columpio y me hizo empujarla. No se me ocurría como hacer para zafarme de ella.
-Me llamo Ariel ¿y tú? –
-No te importa –
-Sí me importa, tengo que saber como se llama mi papá –
-Dime solo papá. –
-¿No te gusta columpiarte? –
-¿Qué? Sí. –
-Y ¿por qué no te columpias? –
-Porque no –
-Y ¿por qué no?
-Porque no –
-Colúmpiate, o grito –
-Esta bien –
-Estira los pies y luego dóblalos. –
-Ya se –
-Agárrate fuerte –
-Ya se –
-No. Lo haces muy mal. No sabes –
-¿No? Mira. –
Me comencé a balancear más fuerte, pero a la segunda pasada rompí el columpio y todo el andamio se vino abajo.
-¿Estas bien? –
-Sí –
-Ven, tenemos que irnos –
- Corre –
La cogí del brazo, nos paramos y salimos corriendo por entre los arbustos hacia fuera del parque. Nos escondimos junto a un claro. Nos sentamos en el piso y Ariel empezó a reírse. La miré y me reí también. Me reí por un buen rato y me dejé caer en el pasto. Ella se echó sobre mi pecho y le acaricié el pelo.
-¿Cómo te llamas? –
-Adivina –
-Dame una pista –
-Empieza con G –
-¿José? –
-Con G –
-No sé –
-Gerardo –
-¿Te puedo decir papá? –
-Bueno –
Se paró y me miró, sonriéndome con la picardía de una bailarina exótica y me besó en los labios. Me besó y no se despegó de mi. Yo la abracé y nos besamos por varios minutos. Hacía años que no besaba a nadie en los labios, en la boca. Tantos años que no recuerdo cuando fue la ultima vez.
-Y ¿tengo mamá?
-Si... no.
-¿Sí? o ¿No?
-No.
-Pero tu dijiste que si.
-Es una bruja, no puede ser tu mamá –
-Y ¿por qué no conseguimos otra mamá? –
-Porque no se puede. –
-¿Por qué? –
-Porque ya estoy casado, tiene que morirse. No me va a firmar el divorcio –
-Mátala –
-¿Qué? –
-Que la mates, para que podamos conseguir una mamá –
-No puedo. Ganas no me faltan Ariel, pero me meten preso y te quedas sin papá –
-¿No tienes una pistola? –
-Sí –
-Y ¿si no se dan cuenta? –
-Bueno... –
-¿Si la mato yo?
-¿Ah? –
-¿La cárcel es fea?
-Tu no irías a la cárcel, sino al reformatorio –
-¿Qué es eso? –
-Como un colegio para niños locos –
-¡Un colegio! Yo quiero ir al colegio –
-No podemos matar a la bruja –
-Gallina –
-¿Qué?
-No te atreves –
-Ya te dije que no puedo –
-Mentira. Es porque no me quieres conseguir otra mamá. Tu quieres a la bruja –
-No la quiero, quiero que se muera –
-Entonces mátala, no seas gallina –
-¿Gallina? ¿Yo? Ya vas a ver –
-Carrera a la esquina –
-¡No vale, no contaste hasta tres! –
Corrimos a la esquina, me ganó y me sacó la lengua. Y me dolió. Hacía años que nadie me sacaba la lengua, había olvidado el verdadero insulto que era sacar la lengua. Tomé un taxi y fuimos a mi casa. Todo el camino permaneció callada, prendida de la ventana como un perrito curioso. Casi podría jurar que sacó la lengua. Finalmente llegamos a mi departamento y la hice esperar en el pasillo mientras yo revisaba la casa. Entré y la gorda asquerosa estaba dormida en el sofá. Saqué la pistola de mi cajón de mi mesa de noche y regresé al pasadizo exterior. Hice entrar a Ariel, que se paró en el marco de la puerta mirando a la cerda con una expresión de odio muy notoria. Yo apunté con la pistola y permanecí inmóvil durante varios segundos. Volteé a mirar a Ariel, y ella estaba sentada en el apoyabrazos del sofá, mirando una pintura en la pared de la sala.
-No entiendo –
-Silencio –
-Apúrate –
-No puedo –
Se paró del sofá, me quitó la pistola y le disparó a mi esposa en el estomago. Salió sangre y grasa, mas grasa que sangre. Sangre espesa. La gorda se despertó y trató de gritar, pero la sangre le atoraba la garganta. Me miró y miró a la niña con la pistola, mirándola como si fuera algo totalmente normal. Le arrebaté la pistola a Ariel y con el mango de esta aplasté repetidamente la cabeza de la mujer. La golpeé hasta sentir que se partían los huesos y se aplastaban los sesos. Paré y miré a Ariel. Ella sonreía con la misma naturalidad de siempre, con su sonrisa de dientes caídos. Y comenzó a reírse. Pero esta vez yo no me pude reír. “Mira” me dijo, sumergiendo el dedo índice en el cerebro de mi ahora ex-esposa. Se embarró el dedo con sangre y fue a la pared de atrás que estaba toda manchada, y dibujó un perrito.
-Así no se dibuja un perrito –
Fui, sumergí mi dedo en la materia gris, y dibujé un perrito al lado del de ella. Y así, sumergiendo el dedo, y abriendo mas huecos cuando se nos secaban, pintamos todas las paredes de la sala hasta el anochecer.
-Ya tengo sueño, vamos a dormir –
La llevé al cuarto y ella solita se comenzó a desvestir, hasta quedar totalmente desnuda. Se metió a la cama junto a mi y me besó en los labios de nuevo.
-¿Que vamos a hacer mañana? –
-Vamos a buscar una mamá –


28/11/08: "El día huele a manzana" por Marino Mateo

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No sé. Esas tardes estaban llenas de manzanas. No sé por qué. En el exterior se tornaba algo de rojo y acaso en su interior algo blanco con cierta exquisitez solamente percibida con los labios. A mí me gusta comer esas manzanas, por las tardes, cuando miro al parque que está frente a mi ventana. Sus juegos, la arena para bebés, las bancas alrededor de la fuente de agua, los enamorados en las bancas y sus besos, aquellos que solo se siente cuando uno es joven, luego son simples contactos de desesperación y de necesidad. Es así y no va a cambiar. Me gusta el parque lleno de manzanas cuando veo a esa niña jugar sola y feliz con su muñeca. Dando vueltas. Girando sonriente. Mirando al cielo con nubes como almohadas pequeñas inconscientemente rotas, mirando a las flores como amigas que se cuentan historias al unísono con el viento; y de nuevo mira al cielo, y de nuevo a las flores. Me gusta recordar ese girar pueril cada noche cuando duermo desnudo, solo, en silencio y en compañía de manzanas dentro de mi habitación.
El sábado estaba viendo, como todos los días, el girar pueril; sin embargo, ella no sonreía, más bien sollozaba entorno a las personas que fueron a su ayuda. Y seguía llorando. Una lágrima. Muchas. Estaba preocupado. Desde mi ventana no se podía escuchar sus palabras, supongo, tristes. Desde mi ventana tan sólo la veía llorar mientras giraba mirando al cielo sin nubes, mirando a las flores calladas. Me acerqué a la multitud. Confuso, quizá, como cuando uno siente que una manzana ha perdido su color (rojo) y se ha convertido en grisácea por la neblina de las pupilas y del pensamiento sensible. Me acerqué a la niña. Dos palabras de amor y un abrazo. Cesó de llorar. La multitud pensó que yo era su abuelo o el padre irresponsable. De cualquier modo, ella cesó de llorar. Le dije que me acompañe a mi casa mientras esperamos que sus padres aparezcan. Aceptó. No sé por qué. Me ofreció una manzana ese día como en muestra de agradecimiento. Esa tarde ya no era nubes ni flores que cuentan historias. Por la noche dormí con ropa, con cantos de niña. La noche ya no era silenciosa.
Al día siguiente, un timbre repetitivo me despertó. Tocaban con fuerza. Me puse mis lentes, sujeté mi bastón y me acerqué a la puerta. Eran dos oficiales y una señora con cara de manzana. Con esos labios a manzana reseca. Con un vestido rojo y de imágenes de manzanas blancas. Cuando el oficial me preguntó sobre la desaparición de una niña que llevaba una canasta de manzanas, me percaté que él comía una. Estoy seguro de que el otro oficial llevaba otra en su bolsillo. La señora no espero a que yo respondiera la pregunta. Se adentró con suma prisa. De la cocina a la sala, luego a la biblioteca. Tal vez pensó lo peor. Las señoras con cara de manzanas siempre son de esa manera. Aquélla subió a mi habitación y encontró a su niña durmiendo en mi cama. Y pensó lo peor. Cuando le guitó la sábana, le encontró con un disfraz a manzana. Y pensó lo peor. La sujetó y bajó como una fiera hasta la puerta. Me preguntó sobre el disfraz y el atrevimiento de vestirla de manzana. Y yo le dije que me había quedado dormido y no sabía sobre ese disfraz. Le preguntaron a la niña y dijo que lo había encontrado en la habitación de su mamá. Y dijo que la llevaba en su canasta como recuerdo de ella. La señora con cara de manzana se avergonzó por tener esa cara y por gustarle las manzanas. No sé por qué. Todos se fueron. La niña me besó en mi frente. Y sentí lo mismo que cuando era joven y me besaban en la frente señoras con cara de manzanas.


 


01/12/08: Taka Channel!!: Matsuri AELU 2008

Sí, al igual que Hiro también fui al Matsuri y aunque mis horas dentro del estadio fueron muy pocas debido a percances (siempre mi vida está llena de percances…) tenía varias apreciaciones que quería compartir con ustedes. Hay cosas buenas, hay cosas que han cambiado, en fin, fue un buen día haciendo un balance general. Pero a pesar de todo, yo tenía una gran pregunta para la AELU (creo que es un sentimiento común en los que hemos acostumbrado ir durante años a nuestro amado Matsuri): ¿Por qué el Mikoshi AELU era para hobbits?


Washoi washoi... me lo perdí


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01/12/08: Ava7 & BG: Interesting Patterns



Ava7 Patterns. Un sitio con buena cantidad de Patterns (Patrones) para diseño web (600, ordenados en 150 páginas): Estilos, diseños, colores. Se pueden revisar el ccs y el código xhtml antes de la descarga. Gratuitas. Visite Ava7 Patterns. Vía xyberneticos.



BG Patterns. Herramienta online para crear patrones de imágenes en segundos y gratis. Opciones de cambio de imagen (textura), rotación, ubicación, opacidad, tamaño y color de fondo. Se puede crear una galería propia. Visite BG Patterns. Vía thinkdesign.



01/12/08: Pedro Henríquez Ureña, el militante/ Néstor E. Rodríguez

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Ilustración de Kilia Llano


En un célebre prólogo, Jorge Luis Borges afirma que el nombre de Pedro Henríquez Ureña evoca “palabras como maestro de América y otras análogas”. En un proemio no menos conocido, Ernesto Sábato exalta las dotes de mentor de este intelectual caribeño fundamental fallecido en 1946. Su vida se vio marcada por continuos desplazamientos que lo llevaron a Cuba, Estados Unidos, España, Argentina y México, país que lo acogió por dos fecundos períodos en los que, en palabras de Sergio Pitol, Henríquez Ureña “realizó la plenitud de su destino”.

Según Arcadio Díaz Quiñones, Henríquez Ureña “nunca se expresó sobre el exilio como un acto heroico, pero llegó a ser la experiencia determinante en su vida”. Ciertamente, el periplo, que se inicia en Nueva York en 1901, galvanizó la productividad de Henríquez Ureña hasta el final de sus días. Con todo, el carácter errante de esa vida se tradujo en su pensamiento en la forma de un tenaz apego a la idea de la cultura como matriz integradora de los pueblos americanos.

El 13 de mayo de 1946, Pericles Franco Ornes publicó en Buenos Aires un artículo a propósito de la reacción en la prensa argentina ante la noticia del fallecimiento de Henríquez Ureña. Franco Ornes, intelectual dominicano exiliado en Chile, parece sorprendido de constatar que las notas sobre el maestro sólo mencionaban su faceta de académico y obviaban por completo la del “demócrata apasionado”: “Nadie parece tener conocimiento de que don Pedro Henríquez Ureña, al mismo tiempo que sabio literato y profundo ensayista, era también un demócrata apasionado que seguía con visión certera la marcha del movimiento social contemporáneo y, a su manera, militaba en él.” Esa apatía de la prensa a exaltar los esfuerzos de un Henríquez Ureña abiertamente político, se evidencia por igual en la voluminosa bibliografía crítica publicada en torno a su obra y persona hasta el presente. El archivo personal de Henríquez Ureña, cedido al Colegio de México por su hija Sonia Henríquez, contiene importantes documentos que arrojan luz sobre su perfil ideológico.

Un telegrama de Pedro Henríquez Ureña a Trujillo, en 1932, mientras se desempeñaba como superintendente general de enseñanza, ofrece una primera señal de desavenencia. Henríquez Ureña reclama a Trujillo su aparente “falta de confianza” en sus labores, al haber éste anunciado que encargaría a los franciscanos la dirección de la Escuela de Artes y Oficios: “Yo habría esperado que el primer departamento en enterarse de este deseo de usted fuera la Superintendencia General de Enseñanza. El no haberlo conocido oportunamente y enterarme de él de modo inesperado me pone en situación desairada y parece indicarme falta de confianza en mi gestión. Si esto fuera así, yo no tendría ningún inconveniente en presentar renuncia de mi cargo, porque no creo que debo ser un peso muerto en la obra administrativa que usted ha emprendido.” Una lectura superficial revela la imagen de un Henríquez Ureña poco crítico ante un gobierno que ya mostraba visos de dictadura; ahora bien, el texto también muestra la integridad de un funcionario que no vacila en hacerse a un lado ante la más mínima sospecha de ineptitud. La veracidad de esta segunda hipótesis puede comprobarse con la misiva que Henríquez Ureña le escribe al director de Repertorio Americano, Joaquín García Monge en 1933, a quien le reprocha el haber publicado un artículo en el cual se le criticaba por haber servido en el gobierno de Trujillo. Henríquez Ureña justifica este hecho señalando que “los puestos públicos son de la nación y no pertenecen a ninguna persona”, toda vez que aprovecha para esbozar un perfil del dictador que da poco espacio a consideraciones sobre su apatía ante las atrocidades del régimen: “Trujillo… con todos sus defectos, no es un tirano de melodrama: es más bien un político de petit pays chaud que en los últimos meses ha adquirido rasgos de príncipe de opereta, al dejarse dar títulos ridículos… Si de él se hubieran apoderado hombres de buena orientación, el país no le debería más que bienes.” Esta mención de los consejeros del régimen, más que sugerir cierto cuidado de no criticar directamente a Trujillo, apunta a la desilusión de ver cómo lo más granado de la intelectualidad dominicana iba cerrando filas con un gobierno a todas luces autoritario.




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