Ensayo sobre la creencia religiosa escéptica (1/4)

Una tarea de la filosofía de la religión es descubrir cómo ha sido concebida la creencia religiosa en una determinada tradición. No pretendo tener una respuesta acabada a esta cuestión, sino deseo plantear aquí una teoría, ciertamente discutible, acerca de los dos grandes modos de entender la creencia en la tradición cristiana. Esta teoría se podría formular de la siguiente manera: Hay dos maneras de comprender y vivir la creencia cristiana de las que da abundante testimonio la tradición. Una es la creencia dogmática y la otra es la creencia escéptica.
Parto por asumir que toda creencia religiosa está compuesta, por una parte, por el conjunto de sus dogmas, es decir, de los contenidos discursivos de la fe o, dicho de otro modo, las doctrinas en las que se cree. Por otro lado, toda creencia está compuesta también por un conjunto de principios de la acción, es decir, normas prácticas que determinan cómo ha de vivirse la fe. En condiciones óptimas, ambos componentes coexisten armónicamente en la mente de los creyentes; pero dadas ciertas circunstancias críticas, los creyentes se distinguen sustantivamente unos de otros según aquello que su mente prioriza: los contendidos dogmáticos o los principios de la acción.
Como bien se sabe, sólo se da prioridad a algo respecto de otra cosa cuando no hay lugar para ambas a la vez, es decir, cuando sobreviene una crisis que impide la presencia simultánea y armónica de los elementos. Quien ante una crisis cultural o psicológica que afecte seriamente las condiciones de su religiosidad prioriza los contenidos doctrinales de su fe es un creyente que llamaremos dogmático; quien, en cambio, ante esas mismas circunstancias críticas prioriza los principios de la acción es un creyente que llamaremos escéptico.
Antes de pasar a desarrollar esta diferencia quiero subrayar que es esquemática y no se plantea con una finalidad directamente tipológica sino epistemológica. Esto significa que esta investigación no se hace en principio para contar con una herramienta que nos permita distinguir a unos creyentes de otros. Lo que importa es comprender cómo responde la mente humana cuando sus creencias son sometidas a las tensiones de una crisis. En períodos carentes de estas tensiones, la diferencia planteada no se notaría porque, ex hypothesi, no habría necesidad de priorizar entre contenidos y principios de la acción.
Hago dos últimas aclaraciones previas: La diferencia de la que estoy hablando, en la vida concreta de una persona, se expresaría como una actitud mental y espiritual, y la figura bíblica que me inspira en la exploración del creyente escéptico es, como he señalado en otras entregas de este blog, Qohélet.









Comentarios
Sugiero no usar la dicotomía entre creencia explicativa (doctrinaria) y perfomativa (práctica). No porque en condiciones óptimas ambas creencias coexisten, sino más bien porque son inseparables en sentido estricto: cuando varía una creencia necesariamente varía también el conjunto total de creencias.
Propongo distinguir a las creencias con la capacidad continua de menor o mayor replanteamiento de las propias creencias. Así tendríamos una diferenciación de grados entre creencias literales y creencias hermenéuticas. Una creencia sería literal o hermenéutica según su propia capacidad para replantearse a sí misma.
chido comentario epero sigan asi
bueno pus ya me voy bye
cuidense
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