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mayo 09, 2007

Resolución 055-TM/2007: Roger Waters en La Explanada del Estadio Monumental - Lima, 12 de abril del 2007

Categoría: Pink Floyd — a20013200 @ 01:23  — Visto: 2244 veces  —Agregar a Favoritos PUCP
So ya, thought ya/ Might like to go to the show/ To feel that warm thrill of confusion/ That space cadet glow


I


Cruzaba la pista cuando un amigo me sujetó del brazo intempestivamente, mostrando su apuro para llegar al concierto de David Bowie. Abordamos un taxi al Vértice. La incredulidad desvaneció ante esa fila dispuesto a verlo; sin embargo, paralelo, una línea símil de niños menesterosos esperaban entrar a un circo maltrecho. Tétrico sueño que asumo mi inconsciente análogo a la realidad de espectáculos en nuestro país.

Dos semanas ya desde que percaté que transcurrían dos semanas del concierto de Roger Waters. Nulo en ideas para describir ello en este lapso, presiento que esta ensoñación se asoma para, siquiera en extensión acercarme al recital de El Genio Creativo de Pink Floyd (slogan de la publicidad dixit).

II


Un día de noviembre me incorporé con el ritual de las mañanas. Revisar el correo, entrar a Taringa, descargar algún disco y oírlo terminado el desayuno. Un link de la página argenta titulaba Roger Waters 2007 Tour Dates. Sabía de su tramo sudamericano así que di click para envidiar a los tomados en cuenta. 3-12 Lima, Perú – Espacio Las Américas; en ese momento la euforia magulló la rutina.

Sensato ante la noticia procedí a correr por la casa gritando ¡Carajo, Rooooger, va venir Roger Waaaaters! Regresé a la pantalla y al escepticismo que da el prontuario de ilusiones pisoteadas, mas accedí a prohibir desconfiar por más que, por ejemplo, no exista el citado Espacio Las Américas.

Llamé al amigo que me adentró a los Floyd. Entendible el tener que colgar al no soportar más los gritos. En la universidad esperé la salida de mi primo que asistió a la clase que falté. Al informarlo se aproximó a una banca para yacer en posición fetal, el gimoteo nonato se dio enterándose de la interpretación de TODO el Dark Side of the Moon. En instantes la noticia se propagó y tan solo quedaba esperar.

III


Llego el aciago día en que dieron el precio de las entradas. Exorbitantes. La retahíla de impuestos (47% de lo recaudado) impuesto por la mononeuronal plana del del INC provocó los Que la pasen bien de los amigos conscientes de no alcanzar la cifra. Instantes de rabia en todos, que mayor ocasión para celebrar nuestra melomanía que con la música de un grupo que adorábamos. Molestia total.

El concierto dejó el imaginario Espacio Las Américas dirigiéndose a la Explanada del Estadio Monumental. Siendo cercano los conciertos de Alejandro Sanz en el mismo lugar (9 y 10 de marzo) iban a compartir escenario (¿Será por ello que ahora el español desea hacer covers de Pink Floyd?) desatando la furia de varios (no me incluyo).

A un día que concluya la fecha de descuentos compramos las entradas (sólo 4). Enervados contra el stand de Teleticket conseguimos nuestras humildes pero honradas localidades en Platea. Festejamos con unas cervezas y escuchamos ROIO’s de la gira actual (Jerusalén y Sydney para ser preciso). Una nueva espera se aproximaba.


Waters en el Aeropuerto Jorge Chávez.


IV


El concierto sería un lunes. Roger llegaría el sábado. Puesto a investigar, en un foro habilitado por los organizadores se dio el dato. 4:30 de la tarde en el Aeropuerto Jorge Chávez obviamente.

Me acompañó mi enamorada. Paciente de su enfanatizada pareja para intentar la firma del vinilo The Wall o el vinilo Dark Side of the Moon del camarada Diego que está en Inglaterra y así agradecer tanto aprecio (como obsequiarme la edición inglesa del The Piper at The Gates of Dawn en vinilo). Calculo unas cien personas más esperándolo. Tras algunas falsas alarmas y cambios de ubicación ahí estaba él.

Creo distar de los fanáticos a ultranza e intransigentes; pero sí soy de reacciones catatónicas ante alguien que admiro. Delante de mí, a escasos metros estaba Roger Waters, no sabía que hacer sino gritar su nombre y balbucear algunas palabras en inglés en busca de un acercamiento y su autógrafo, mas era algo autómata; Carajo, un Pink Floyd, estoy delante de Roger Waters, él está en mi país y va tocar aquí, me decía. Roger agradeció el recibimiento y se retiró en un vehículo de lunas polarizadas; y no, no pude conseguir su firma siendo pocos los afortunados. Mi novia me consolaba en la combi. Asomaba en mí la media sonrisa de quien ve el vaso medio vacío.

V


La espera finalizaba para beneplácito de la familia, ya cansados de los discos, rejunte de artículos, entrevistas y mi monotemática conversación. Éramos cuatro los de la empresa,
a paso tranquilo nos acercábamos al Monumental. Pensaba que con entradas numeradas era vacuo asistir temprano, el concierto comenzaría en tres horas; accedí tras la insistencia de mi obsesivo amigo. Cuanto agradecerle su terquedad, habiendo llegado aunque aún no permitían el ingreso, nos topamos con la prueba de sonido y el primer momento boquiabierto del día.

Abrieron las puertas y el lugar era un santuario. Este concierto era distinto a cualquier otro, era el más inesperado. Sin percatarlo la Explanada acogía a quince mil personas. Degustaba la visión entre la perfecta resolución de las pantallas y las bellezas que siempre se asoman. El aroma ritual de la hierba se desprendía someramente, mas no, quería estar en control de mis sentidos para lo que íbamos presenciar. A pocos minutos de las nueve, las luces se apagaron y nosotros en la cola del baño, vociferando la micción rápida para tomar nuestros lugares.

El altar.


VI


La pantalla principal nos daba la barra de un bar, donde se acomodaba una botella de licor y un cenicero sobre el cual una mano reposaba intermitente su cigarro, mientras unas canciones antiguas parecían declamadas por una rockola.
El sonido de un helicóptero y una explosión, dio paso a In The Flesh; y Roger Waters piso el escenario, con pasos altivos y el puño arriba en señal de batallar por el triunfo. Me tomó tanto esta como Mother asumir lo que sucedía; y también mis amigos con quien no hacíamos más que gritar, llorar y abrazarnos. Se asomó Pompeya en Set the Control for the Heart of the Sun, mientras la lava asumía su rol devastador en la pantalla y luego, Shine on your Crazy Diamond, aunado a un homenaje a Syd con una sucesión de imágenes suyas.

La audiencia desvariaba con el suceder de canciones: Have a Cigar, Wish you Were Here. Algunas de su etapa solista que desconocía, para concluir esa primera parte con Sheep y el ingreso del cerdito Algie que voló con frases como Kafka Rules y Todos los Peruanos Somos Iguales; que provocó aplausos a rabiar, preferí obviar ese acto cínico de la concurrencia (decirlo en un concierto donde según tu posición económica determinaba que tan lejos o cerca del escenario, me resulta risible). Thank you, wanna take a short break; fifteen minutes, and I came back with The Dark Side of The Moon, fueron las palabras que nos enfervorizó.

Aprovechamos ese tiempo para emigrar a un lugar donde viéramos mejor el escenario: Las últimas canciones solo pudimos ver al público avolcado sobre las bardas, ya que a excepción de uno de nosotros, el resto nos desplazamos en nuestros modestos metro sesenta y ocho. Encontramos un lugar que parecía esperarnos: Al lado de la torre de parlantes. Divisaba también a varios cincuentones recostados sobre las camillas del Tópico, habiendo su disminuido sistema nervioso visto en debacle ante la emoción de su ídolo juvenil.

Si alguien que no sea peruano está leyendo, debe saber algo de nosotros; en cuanto a conciertos distamos en demasía a un argentino. Somos apáticos. Quizás algún saltito por allí, a lo mejor unos gritillos. Pero hasta ese momento ello fue dejado de lado, mostrando que la alegría no es solo brasilera o de otra nacionalidad; sin importar la ubicación la gente se entregó. Mientras, recordaba a las personas que me pidieron les haga escuchar alguna canción en particular del Dark Side por el móvil.

La luna que nos acompañó en el intermedio se aproximaba al igual que los latidos; la calma entrada de Breathe. Hasta On the Run con su sonido aletargante cambió para volver en una metralla de sonidos e imágenes, unas rieles que tienen como objetivo descarrilar la mente. El comienzo de Time con una batería eléctrica. La maravillosa voz de la morena corista en The Greag Gig in the Sky. El riff hipnótico de Money. Las imágenes de hombres yendo en paso cansino a su consumada rutina se apreciaba en la melancólica Us and Them. El final esplendoroso con la adrenalínica Eclipse donde el prisma dio su ascensión para toparse con la luz que refractó sus colores hacia nosotros, lo más cercano a una imposición de manos al percibir ese rayo sobre uno. Fue una travesía hacia la psiquis propia. La entrada ya estaba pagada con creces; pero quedaba más.

Tras la presentación de su banda y el franeleo respectivo por ser a wonderful audience, interpretó A The Happiest Days of Our Lives, introducción necesaria para el Another Brick on the Wall, Part 2; demás decir que al igual que todo el set list este fue interpretado con una solvencia de quien se sabe un dinosaurio aunado a una banda que logra mostrar que el virtuosismo no es señal de frialdad. En esta canción se les unió unos niños del Colegio Cambridge para hacer como que cantaban los coros.

Bring the Boys Back Home se dio con la fuerza que un tema como éste merece para el vivir actual, demás decir que Roger sabe como aparte de un sonido perfecto darte un espectáculo del mismo nivel; en este caso con un bombardeo virtual en el cual todos nos sentíamos atrapados, si nosotros algo lejos del escenario sentíamos el calor y el aroma a pólvora, aún más cerca debió ser un real combate. Concluyó esta epopeya tras dos horas y cuarenta minutos con Confortably Numb.

VII


Terminado el concierto, los cuatro caminábamos ya con las gargantas esmirriadas, a paso de procesión ante la vorágine. Podría contar innumerables postales de esa salida: Los discos, posters y dvd’s piratas; el compadre cojo que tocaba Another Brick in the Wall Pt. 2 con su tísica flauta para que le diesen alguna moneda; una chica que de alguna sobredosis estaba desmayada, siendo escoltada por dos tipos con lúbricas intenciones o la segunda explosión en nuestras cabezas al ver a Carmen Rivera y sus interminables piernas cerca nuestro, sin siquiera caminar mas bien flotar sobre los aires en esos perfectos metro setenta y ocho.

Pero no, al final ya no hay mas que contar, nada puede igualar uno de nuestros mejores días de nuestras vidas; ese concierto que creíamos imposible. Ni siquiera bebimos para celebrar, solo caminamos longevas cuadras hasta acoderarnos en un paradero, rememorábamos lo vivido, y sobre todo pensar en quienes vendrán después. Hasta ahora nadie se aproxima. Espero que el sueño narrado al principio no siga siendo nuestra realidad.

Voten por Machu Picchu, carajo.


Setlist del concierto:

01. Happiest Days of our lives
02. Another Brick In The Wall
03. Mother
04. Shine On You Crazy Diamond
05. Have A Cigar
06. Wish You Were Here
07. The Gunner's Dream
08. Southampton Dock
09. Fletcher
10. Memorial Home
11. Perfect Sense
12. Leaving Beirut
13. Set The Controls For The Heart Of The Sun
14. Sheep
15. Speak To Me
16. Breathe
17. On The Run
18. Time
19. The Great Gig In The Sky
20. Money
21. Us And Them
22. Any Colour You Like
23. Brain Damage
24. Eclipse
25. In The Flesh
26. Vera
27. Bring The Boys Back Home
28. Comfortably Numb.


ZAR BORIS GRUSHENKO
Honorable Magistrado del Tribunal Musical
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