21/03: AMADEUS, AMADEUS

Portada de los dvd II y III de la trilogía de Joachim Schlömer
He visto la pieza ABENDEMPFINDUNG, representada en la edición del año 2006 del famoso Salzburg Festival. Esta presentación se dio en el marco de las celebraciones por los doscientos cincuenta años del nacimiento del genial Wolfgang Amadeus Mozart.
El espectáculo, no es en estricto una ópera, sino más bien una combinación de ésta con teatro y danza. ABENDEMPFINDUNG está basada en las cartas del genio austriaco y es poco más que un alocado, cerebral y conmovedor homenaje a éste en hermosa tonalidad azul.
Una maleta vuela por los aires dando una onírica sensación de partida, pero en ella no hay ropas sino dinero. Una mujer vestida de marrón canta: “Es de noche, el sol se ha ocultado y la luna resplandece argéntea”. Recoge el dinero esparcido en el escenario y canta: “Así huyen de la vida las horas más bellas, como en un baile fluyen fugaces”.
El espectáculo, no es en estricto una ópera, sino más bien una combinación de ésta con teatro y danza. ABENDEMPFINDUNG está basada en las cartas del genio austriaco y es poco más que un alocado, cerebral y conmovedor homenaje a éste en hermosa tonalidad azul.
Una maleta vuela por los aires dando una onírica sensación de partida, pero en ella no hay ropas sino dinero. Una mujer vestida de marrón canta: “Es de noche, el sol se ha ocultado y la luna resplandece argéntea”. Recoge el dinero esparcido en el escenario y canta: “Así huyen de la vida las horas más bellas, como en un baile fluyen fugaces”.
Otra mujer, que representa a aquella que canta, o es un espejo paralelo de ésta, se atreve a decir lo que Amadeus escribió: “No puedo tocar para una silla vacía”. Y es que el genio, a pesar de tener mucha aceptación mientras estuvo entre nosotros no era comprendido del todo, no era escuchado con respeto, no era tratado con dignidad: “Mi amigo dice siempre que cuando toco algo, o se interpreta alguna de mis obras, es como si el público fueran sólo mesa y butacas”.
Tres personajes cantan, recitan y danzan las epístolas cargadas de decepción y tristeza. Los tres llevan una maleta de despedida. Los tres vestidos del mismo color, con el cabello del mismo color, expresan con sus voces y sus cuerpos el mismo color lóbrego que envuelve la pieza.
Cada uno de ellos puede ser una letra, intercambiable, mutable, desesperanzada y esperanzada a la vez: “Mi deseo y mi esperanza serían conseguir respeto, fama y dinero”. Amadeus no estaba alejado de la búsqueda de una posición en el entorno en que se desenvolvió; el Salzburg de la segunda mitad del siglo XVIII. Es consciente de su genialidad y quiere que ésta le brinde no sólo frutos musicales sino también sociales, pero sus aspiraciones le son esquivas: “(…) una especie de vacío. Mesas y butacas son mi público”.
Amadeus sabe quien es: “(…) tampoco sé hacer poesía, no soy poeta. No sé aplicar artificialmente dichos o refranes para que aporten sombras y luces; no soy pintor. Ni siquiera sé, sea por señas, sea por pantomimas, expresar mis sentimientos o pensamientos; no soy bailarín. Mas sí sé hacerlo con sonidos; soy músico.”
Sin embargo, sabe también que en la jerarquía de su sociedad un músico está para divertir al poderoso. Amadeus no acepta esa función básica. Amadeus es una bestia dócil e ilustre: “Puedo soportarlo todo con paciencia, siempre y cuando mi honor y mi buena reputación no sufran”.
El bailarín se contorsiona en el escenario. La cabeza pesa más que el cuerpo, pesan más las ideas y la música. El danzante mozartiano prefiere la desnudez física del genio, dispuesto a ser herido, que el arropamiento espiritual del fracasado, esquivo al más mínimo daño. El baile quizá exprese el peso de las ideas que se arrastran hacia la libertad.
Amadeus, Amadeus; eres libre Amadeus, desde el pianoforte hasta el clarinete, desde la flauta hasta el harpa. Eres libre a través de los tiempos y los espacios. Ya no son sólo butacas y sillas vacías, ya somos miles los que podemos observar el mundo desde tus sinfonías y conciertos. Después de todo, Amadeus, “la verdadera dicha está sólo en nuestra imaginación”.
Tres personajes cantan, recitan y danzan las epístolas cargadas de decepción y tristeza. Los tres llevan una maleta de despedida. Los tres vestidos del mismo color, con el cabello del mismo color, expresan con sus voces y sus cuerpos el mismo color lóbrego que envuelve la pieza.
Cada uno de ellos puede ser una letra, intercambiable, mutable, desesperanzada y esperanzada a la vez: “Mi deseo y mi esperanza serían conseguir respeto, fama y dinero”. Amadeus no estaba alejado de la búsqueda de una posición en el entorno en que se desenvolvió; el Salzburg de la segunda mitad del siglo XVIII. Es consciente de su genialidad y quiere que ésta le brinde no sólo frutos musicales sino también sociales, pero sus aspiraciones le son esquivas: “(…) una especie de vacío. Mesas y butacas son mi público”.
Amadeus sabe quien es: “(…) tampoco sé hacer poesía, no soy poeta. No sé aplicar artificialmente dichos o refranes para que aporten sombras y luces; no soy pintor. Ni siquiera sé, sea por señas, sea por pantomimas, expresar mis sentimientos o pensamientos; no soy bailarín. Mas sí sé hacerlo con sonidos; soy músico.”
Sin embargo, sabe también que en la jerarquía de su sociedad un músico está para divertir al poderoso. Amadeus no acepta esa función básica. Amadeus es una bestia dócil e ilustre: “Puedo soportarlo todo con paciencia, siempre y cuando mi honor y mi buena reputación no sufran”.
El bailarín se contorsiona en el escenario. La cabeza pesa más que el cuerpo, pesan más las ideas y la música. El danzante mozartiano prefiere la desnudez física del genio, dispuesto a ser herido, que el arropamiento espiritual del fracasado, esquivo al más mínimo daño. El baile quizá exprese el peso de las ideas que se arrastran hacia la libertad.
Amadeus, Amadeus; eres libre Amadeus, desde el pianoforte hasta el clarinete, desde la flauta hasta el harpa. Eres libre a través de los tiempos y los espacios. Ya no son sólo butacas y sillas vacías, ya somos miles los que podemos observar el mundo desde tus sinfonías y conciertos. Después de todo, Amadeus, “la verdadera dicha está sólo en nuestra imaginación”.
ABENDEMPFINDUNG
Salzburg Festival 2006
Libreto: Joachim Schlömer y Bettina Aver
Dirección: Joachim Schlömer
El dvd está disponible en internet y es el segundo de una trilogía del mismo director.
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