20/03/10: Punto de mira: Las mujeres en Haití
Publicado el : 20 de marzo 2010 - 10:39 de la mañana
| Por Redacción InformaRN (http://www.anp-photo.com/)
Las haitianas, al igual que muchas mujeres en el mundo, sufren con mayor severidad el impacto de un conflicto o post-conflicto, en el que se da una crisis de seguridad, política y humanitaria.
Amélie Gauthier*
En Haití, desde el golpe de Estado del General Cedras en 1991, las mujeres han sufrido abusos sexuales como una forma de represión política. Estos abusos han aumentado tras el devastador terremoto, confirman distintas investigaciones.
15 años de violencia hacia las mujeres: panorama previo al terremoto
Los abusos sexuales empezaron de forma sistemática y como arma política durante el régimen de Cedras, cuando se usaba para intimidar, reprimir y aterrorizar a la población. De 1991 a 1994, la situación de derechos humanos se calificó como más grave que en cualquier momento de la dictadura de los Duvalier. Los autores de las violaciones eran principalmente los militares, paramilitares, y miembros de la FRAPH (Front Révolutionaire pour l’avancement et la
Las víctimas de estos crímenes políticos eran partidarias de la democracia, o sus parientes; los abusos se producían en las calles, así como en las casas, por la tarde o noche, por grupos de hombres enmascarados en uniformes. Las víctimas recuerdan los insultos de los perpetradores, actores del Gobierno. Por su carácter flagrante y sistemático, estos crímenes han sido considerados por la Comisión de la Verdad y la Justicia como crímenes contra la humanidad.
En el 2004, con la expulsión forzada del presidente Aristide y la instauración de un Gobierno de transición, los abusos sexuales empezaron a aumentar de nuevo.
Debido al número muy elevado de armas así como de la trivialización del abuso, surgió una situación en la que no solamente militares o paramilitares podían cometer actos de violencia contra las mujeres, sino que también podía hacerlo cada persona que tenga un arma y que forme parte de grupos como “brigades de vigilence”, “baz armées”, “milices populaires” y “zenglendos”.
El alto número de armas afecta de forma desproporcionada a las mujeres, pues se utilizan para intimidarlas, para violarlas a punta de pistola, mientras que las víctimas no pueden gritar por ayuda y, sencillamente, se dejan abusar para poder sobrevivir. El colmo de la humillación corría a cargo de grupos musicales llamados “groupes de rara moderne”, que colaboraban con pandillas en zonas o barrios particulares cantando en las calles el nombre de las víctimas.
Según un estudio de la revista The Lancet, 35.000 mujeres y niñas han sufrido alguna forma de abuso; de esa cifra, 50 % era menor de edad, entre el 2004 y agosto de 2006.
En el documento se identifica a la Policía Nacional Haitiana (PNH), y los soldados brasileños y miembros de la MINUSTAH, como los autores más frecuentes de esas agresiones.
Según consta en un estudio sobre la violencia a las mujeres, publicado por la SOFA en 2002, una de cada tres mujeres ha sufrido alguna agresión sexual, cifra equivalente a más de un millón de haitianas.
Antes del terremoto, los abusos sexuales no eran solamente cometidos por hombres o jóvenes de la calle que adquirían cierto prestigio por llevar armas. El surgimiento de una situación de inseguridad generalizada hizo que las mujeres también se asociaran a los diferentes grupos, “baz”, “brigadas” y otros, siendo actrices y cómplices de la violencia hacia otras mujeres y niños.
Además, existen “baz feminines”, integrados por lesbianas que cometen, a veces acompañadas o no de otras bandillas armadas, violaciones contra mujeres. Estas lesbianas apoyan a los hombres en los grupos armados de múltiples formas, tanto cometiendo brutalidades y participando en las agresiones sexuales, como siendo informadoras y dependientes del grupo de hombres armados, además de ser ellas mismas “objetos sexuales.”
Rechazo social de las víctimas, y sus repercusiones
Antes del terremoto, existía una diferencia enorme entre los casos de abusos estimados y los denunciados. Las mujeres haitianas no denuncian estos crímenes por varias razones. Individualmente, ser violada esta muy mal visto, significa ser “mancillada” o “sucia” y contamina la casa que comparte con la familia y el barrio donde vive. Sufre un rechazo austero, acusaciones perversas e inculpación, además de los daños físicos y psicológicos.
En Haití, ser violada es algo muy duro; la violencia está aceptada en la sociedad como parte de la vida cotidiana. Sin embargo, una víctima tiene que cambiar radicalmente de vida, debe abandonar su vivienda y marcharse de la comunidad.
Por las razones antes mencionadas de ‘suciedad’ y riesgo de contaminación Las mujeres casadas son además abandonadas por sus maridos. Además, puesto que el papel del hombre es aún machista y primitivo ya que debe velar por la seguridad de la familia, esa agresión se traduce como su propio fracaso.
En segundo lugar, denunciar tal acto es muy arriesgado. Primero, las víctimas deben tratar con la Policía Nacional Haitiana, cuerpo institucional muchas veces insensible a este tipo de crimen, poco competente e insuficientemente preparado.
La prueba necesaria consiste en el certificado médico, único válido, que hasta enero del 2007 era emitido por el Hospital de la Universidad del Estado de Haití, documento que es, además, de difícil acceso para la población rural y supone un costo económico adicional.
Pese a que miles de mujeres emigraban por obligación para escapar al humillante rechazo social, llegaban a lugares de paso, donde se volvían más vulnerables a futuras agresiones.
El rechazo social y la sensación de culpa contribuyen a empobrecer y destruir los tejidos familiar y comunal. La mayoría de las mujeres se convierte en pequeñas comerciantes callejeras y reprochan al Estado no suministrarles ayuda económica o préstamos. Las consecuencias para la salud, el tejido social y sobretodo para la economía han sido devastadoras.
Mujeres y justicia
La crueldad y la violencia política hacia las mujeres en la época del régimen Cedras tuvieron repercusiones importantes en la sociedad haitiana.
La sociedad civil empezó a organizarse para ayudar a las víctimas de la violencia. Al principio, trabajar con mujeres agredidas o “sucias” supuso un fuerte rechazo de la sociedad por el riesgo de “contaminación”.
Varias organizaciones como la SOFA, CONAP, APORSIFA, Kay Famn, Info Famn, empezaron a trabajar juntas con el objetivo de ayudar a las mujeres víctimas, y les ofrecían servicios médicos y clínicos de urgencia, ayuda psicológica, charlas, apoyo a mujeres infectadas del VIH/SIDA, y otros.
Cuando, en 1994, Aristide volvió al país, se creó la Comisión de la Verdad y Justicia para exponer de manera extensiva e inclusiva los abusos de derechos humanos cometidos durante el régimen militar (del 30 de septiembre de 1991 al 30 de Septiembre de 1994).
La población participó masivamente y fue posible recuperar testimonios de 7.000 víctimas de abusos.LaComisión realizó una investigación especial sobre la violencia a las mujeres. Los resultados son muy claros: los abusos y la violencia contra las mujeres constituyen un tratamiento cruel, inhumano y degradante, una tortura, un crimen contra la humanidad bajo las convenciones, tratados y declaración que Haití ha firmado. Sin embargo, el impacto que tuvo el informe de la comisión fue mínimo. Ninguna acción de seguimiento se realizó al publicar los hechos, como reparación o asistencia a las víctimas.
A escala internacional y legal, Haití ha firmado y ratificado la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948;la Convención sobre la eliminación de toda forma de discriminación de las mujeres, en 1981; y ha ratificado la Convención Interamericana sobre la prevención, la sanción y la eliminación de la violencia contra la mujer (Convención do Belém do Pará), de 1996. Por último, ha firmado la Declaración de los Jefes de Estado y de Gobierno del Caribe, que reafirma su compromiso por la promoción de los derechos de mujeres en 1997.
A escala nacional, las leyes que rigen los actos de violencia contra las mujeres son relativamente recientes. En primer lugar, el Código penal de Haití carece de una definición de ‘agresión sexual’. Sin embargo, en su artículo 279 consta que cualquier persona que haya cometido una agresión será castigada como autor de una ofensa moral.
La ley ha cambiado en julio 2005, por decreto, al considerar que la agresión sexual se califica como un crimen serio que puede llevar una sentencia severa de entre diez años y cárcel de por vida.
Este cambio es un decreto, y aunque representa un avance inestimable para las mujeres en Haití, aún tiene que pasar por el Parlamento para adquirir fuerza de la ley.
Y pese a ser positivo, este cambio todavía no ha tenido impacto real para las víctimas. Cuando los agresores son detenidos, son liberados rápidamente, con lo que se pone en peligro la vida de la víctima que se atrevió a denunciarle. Más aún, en la ciudad de Gonaïves nadie ha sido detenido y condenado por abusos o agresión sexual.En otro estudio se denuncia que ninguna violación sexual ha sido procesada frente a la justicia, en todo el territorio nacional. Nunca.
*Amélie Gauthier es Consultora independiente especialista en Haití
Fuente: Radio Nederland
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