18/03/10: THYMO
El “thymo” fue conocido en Grecia como la lucha del hombre por el reconocimiento, esta lucha sin cesar de obtener un lugar en el aparato del poder y que a la fecha es reinterpretada por algunos politiqueros de medio pelo que buscan ser reconocidos a cuenta del desempeño de otros. Algo que me ha faltado agregar y que es considerada la médula del thymo, es que el reconocimiento de los griegos se debía al honor, palabra por demás menospreciada en lo que va de nuestros tiempos y que más de una persona no conoce su significado o lo asocia con los caballeros medievales.
Esparta, la primera y única ciudad que aplicó como forma de gobierno la “thymocracia”, nos demostró como era capaz de enfrentar a los más duros adversarios por cuestión de honor. Verdaderos luchadores y defensores de sus ideas y sentimientos.
Hoy en día en que la mano de obra es por demás barata debido a la excesiva oferta en nuestro mercado profesional, propicia que ciertos individuos busquen aprovecharse de los que recién empiezan y de aquellos que no cuentan con un trabajo estable, para que mediante el pago de risorias sumas de dinero, le proporcionen el tan anhelado reconocimiento. Vivimos lamentablemente en un mundo en el que las ideas se están petrificando en el tiempo, las bibliotecas de las universidades cada vez están más vacías, los libros cada vez se ven más nuevos y relucientes en los estantes.
A veces, no basta con ser profesional, es necesario continuar creando, imaginando, evolucionando. He podido percibir hace no mucho que en el ámbito profesional, una enorme y mugrienta capa de conformismo nos invade. Profesionales que por tener un título consideran ser los nuevos oráculos y otros que se consideran doctos en temas de los cuales nunca han leído sino que sus asistentes y chupes los han leído por ellos y simplemente estos les han impreso su nombre para obtener el thymos de nuestra sociedad actual. Repugnante.
Jerjes reirá desde su lecho por la abominable mutación de lo que algún día los espartanos denominaron THYMO.
Esparta, la primera y única ciudad que aplicó como forma de gobierno la “thymocracia”, nos demostró como era capaz de enfrentar a los más duros adversarios por cuestión de honor. Verdaderos luchadores y defensores de sus ideas y sentimientos.
Hoy en día en que la mano de obra es por demás barata debido a la excesiva oferta en nuestro mercado profesional, propicia que ciertos individuos busquen aprovecharse de los que recién empiezan y de aquellos que no cuentan con un trabajo estable, para que mediante el pago de risorias sumas de dinero, le proporcionen el tan anhelado reconocimiento. Vivimos lamentablemente en un mundo en el que las ideas se están petrificando en el tiempo, las bibliotecas de las universidades cada vez están más vacías, los libros cada vez se ven más nuevos y relucientes en los estantes.
A veces, no basta con ser profesional, es necesario continuar creando, imaginando, evolucionando. He podido percibir hace no mucho que en el ámbito profesional, una enorme y mugrienta capa de conformismo nos invade. Profesionales que por tener un título consideran ser los nuevos oráculos y otros que se consideran doctos en temas de los cuales nunca han leído sino que sus asistentes y chupes los han leído por ellos y simplemente estos les han impreso su nombre para obtener el thymos de nuestra sociedad actual. Repugnante.
Jerjes reirá desde su lecho por la abominable mutación de lo que algún día los espartanos denominaron THYMO.
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