Terminé el día de hoy con ideas más cuajadas sobre mi propio devenir. También con dilemas, pero con más sensibilidades innatas. Hacia la mañana, ya muy temprano, había organizado mis propias cosas: eso me hizo sentir contenta, regresar a la universidad después de tanto tiempo, después de que mi huraño destino se hubiera dedicado a sustraerme sordamente y con sigilo de lo que para mí es la vida misma. Un taxi me trajo abruptamente pero rápido, y mientras cruzaba las calles pensaba en lo que haría durante el día, en los acontecimientos que incluían a mi hermana de por medio y la herida de mi pierna, que no termina de colorearse. Después de la reunión con el chico raro (D.) y establecer una dispar relación con él que ayudará a incrementar mi patrimonio y las pocas tardes de lucidez que tengo, reí a borbotones al ver el buen humor de mi profesor de linguística exhortándonos a no caer en lo sucinto de los vocablos mientras llenaba su boca de carajos y otras palabras tabú, todas aquellas denotando sexo o sexualidad.

Terminamos la clase antes, comí en una mesa con dos doctores a quienes inspeccioné con la mirada y sonreí al irme. Caminé de extremo a extremo, quería reconocer la universidad en sus mismos contornos, en sus jardines, en su biblioteca. Hacia la tarde tenía trabajo por hacer, también recordé a B. y me sabía suficiente ese sinsabor del recuerdo. Por la tarde mi hermana fue a recogerme del trabajo y cancelé un par de compromisos para salir con ella y tener a la noche como nuestra. Me dieron como 5 abrazos, un par de ellos muy cálidos y la noche cayó. Salimos pronto, cruzamos calles. Llegamos al cine, compramos las entradas, compramos la comida y gaseosa, entramos.

Me divertí mucho viendo la película, algo en mi corazón me dijo que la noche sería diferente, pensé en lo que tenía que hacer hoy ...

Despedí a la persona que encontráse en ése lugar clandestinamente, y sólo después de dos horas casi, pude estrechar su mano levemente, tenía una fuerte calentura y su nariz oteaba todas las gripes del mundo: así de resfriado sequé su frente, busqué en mi bolso un par de pastillas y se las puse en la mano, mirándolo fuerte y esperando a que tomáse las pastillas, quizás sin suerte.

Despedí a ésa persona hallada en la suerte misma, quien descubriera mi alegría en un eco de risa infinito...

Era B. y al irse, fugazmente sus labios rozaron los míos.

ps. Domingo.