El vicio de besar

Besar es como comer maní, eso lo supe un lujurioso sabado por la noche cuando el sabor amargo del limon con tequila fue diluido por un par de labios que, pienso yo, no debi besar debido al contrato tácito de amistad. Estoy seguro que se preguntan por qué digo que besar es como comer mani, sucede que hay un capitulo en especial de La Granja de Orson que el gallo Roy come un solo maní, que genera en él una adicción. Igual sucede con los besos: cuando das uno no te detienes hasta la adicción.
Y para bien o para mal eso lo aprendí el sabado cuando el alcohol provocó el libre albedrío y besé, con sorpresa al inicio y con curiosidad al final, a una amiga. El beso ocurrió de manera improvista, cuando hablaba de que no la besaría y ella arremetió contra mis labios para callarme la boca. Y así comenzó la adicción para que a lo largo de la noche se den una serie de besos provocados por el reto de los amigos. "Te creo a que no besas al negro", decia uno. "Si tu lo besas, yo beso a tu prima", decia otro.
El resultado de esa noche fueron los celos de un amigo, las lágrimas conmovedoras de la pareja de mi amigo, la traición de otro amigo hacia una chica que juró fidelidad, el castigo de una amiga por un beso lésbico y en un idiota que escribe en un blog que besar es como comer maní, encimismándose en el pasado para satisfacer el "¿y por qué no uno más?".
Etiquetas : Cronica

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