01/03/10: La mujer del espejo
En efecto, Cr. había conocido a la mujer de este espejo. A veces,como esta noche, pienso que él fue testigo de lo que hace casi 7 años yo no era. Comenzaba a encaminar mis ideas, escribir en papeles diversos, mi ropa era la necesaria, tenía muchos miedos y estaba llena de deseos por verse concretar. A él le comenzaba a decir sobre mis pequeños planes, los que tomarían más fuerza ya más adelante. En sus ideas comencé también a traslucir desdenes y pasatiempos y no ha sido hasta algunos años después en que volví a reencontrar vagamente ésa familiaridad en otros mundos y en otros nombres, en otro tiempo y otro lugar como rezarían los más cursis.
B. escuchó de él más de una vez, y como diestro que es, entendió el vínculo y la añoranza que a Cr. me unía. B. supo de él (lo recuerdo yo bien) cuando cruzábamos una calle en Magdalena. No sabía si debía hacerlo pero ya dos veces me había preguntado de dónde había nacido mi interés por el portugués. Yo decidí que a la tercera vez que lo preguntáse se lo diría. En efecto, ésa tarde veníamos de San Antonio y al cruzar la calle, volvió a preguntarme lo mismo, no sin antes decirme que mi habilidad para los idiomas parecía innata en mí.
- Por un amigo, cuya madre hablaba en portugués, muy linda y muy amable ella, cuando iba a su casa...
Y el relato se extendió un par de cuadras más, él tomó mi mano pero luego yo pretendí recoger mi cabello. Solté la suya y no volví a buscar su mano hasta subir al carro. La última vez que vi a B., también mencioné a este amigo con quien me une un lazo difuso de amistad, recuerdo, desazón, sin razón. Siendo como es mi corazón, B. no aceleró ninguna palabra pero fue asertivo y fugaz.
- ¿Osea que hablaste del viaje con tu ex enamorado ?
Sonreí. Aseveré lo cierto: nunca fue algo mío debajo de ésa palabra. Cr. fue esa compañía inusual y esperada (a veces) mientras sus dedos tocaban los acordes de sus melodías brasileras, mientras sus manos se movían a la par de sus ideas y mientras su universidad y luego el amor poblaron su tiempo, que lejos me sentía de él. A veces las lágrimas me venían ante tanta incomprensión, pero ya en el exilio temporal (2005) comprendí que debía dejarlo ir. Mis cartas huyeron, mi rima y mi prosa ya no serían suyas, mis textos todos, mi ser..
Aquella noche en que B. me preguntó por Cr. , sentí un ligero rubor. El taxi pasaba casi a escondidas todas las calles, y me precipité a descubrir el viaje que pensaba hacer con B. , quien sólo sorprendió su rostro unos minutos ante tamaña anécdota. La invitación era a mi vida y mi tiempo, no en dinero. Pero la semana huyó y mi mente cambió su deseo. Cr. escuchó mi sentencia breve, lo escuché reir y me dijo que le parecía buena idea el que yo le dijera para realizar un viaje. Juntos. Él y yo.
Aquella noche en que B. me preguntó por Cr. no supe que decir. Sólo recordé el día en que escuché la Vals Creole en mis oídos. Cr. había querido compartirme ésa canción.
Tengo su portugués metido en el alma.
Así están las cosas, en estas lejanías mías.
ps. Y si....? (por segunda vez).
B. escuchó de él más de una vez, y como diestro que es, entendió el vínculo y la añoranza que a Cr. me unía. B. supo de él (lo recuerdo yo bien) cuando cruzábamos una calle en Magdalena. No sabía si debía hacerlo pero ya dos veces me había preguntado de dónde había nacido mi interés por el portugués. Yo decidí que a la tercera vez que lo preguntáse se lo diría. En efecto, ésa tarde veníamos de San Antonio y al cruzar la calle, volvió a preguntarme lo mismo, no sin antes decirme que mi habilidad para los idiomas parecía innata en mí.
- Por un amigo, cuya madre hablaba en portugués, muy linda y muy amable ella, cuando iba a su casa...
Y el relato se extendió un par de cuadras más, él tomó mi mano pero luego yo pretendí recoger mi cabello. Solté la suya y no volví a buscar su mano hasta subir al carro. La última vez que vi a B., también mencioné a este amigo con quien me une un lazo difuso de amistad, recuerdo, desazón, sin razón. Siendo como es mi corazón, B. no aceleró ninguna palabra pero fue asertivo y fugaz.
- ¿Osea que hablaste del viaje con tu ex enamorado ?
Sonreí. Aseveré lo cierto: nunca fue algo mío debajo de ésa palabra. Cr. fue esa compañía inusual y esperada (a veces) mientras sus dedos tocaban los acordes de sus melodías brasileras, mientras sus manos se movían a la par de sus ideas y mientras su universidad y luego el amor poblaron su tiempo, que lejos me sentía de él. A veces las lágrimas me venían ante tanta incomprensión, pero ya en el exilio temporal (2005) comprendí que debía dejarlo ir. Mis cartas huyeron, mi rima y mi prosa ya no serían suyas, mis textos todos, mi ser..
Aquella noche en que B. me preguntó por Cr. , sentí un ligero rubor. El taxi pasaba casi a escondidas todas las calles, y me precipité a descubrir el viaje que pensaba hacer con B. , quien sólo sorprendió su rostro unos minutos ante tamaña anécdota. La invitación era a mi vida y mi tiempo, no en dinero. Pero la semana huyó y mi mente cambió su deseo. Cr. escuchó mi sentencia breve, lo escuché reir y me dijo que le parecía buena idea el que yo le dijera para realizar un viaje. Juntos. Él y yo.
Aquella noche en que B. me preguntó por Cr. no supe que decir. Sólo recordé el día en que escuché la Vals Creole en mis oídos. Cr. había querido compartirme ésa canción.
Tengo su portugués metido en el alma.
Así están las cosas, en estas lejanías mías.
ps. Y si....? (por segunda vez).
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