05/02/10: Estas cosas me indignan!

En esta última semana he sido testigo de varios de estos hechos: abogados que manejan sin brevete y se ufanan de ello (me entero de una, por ejemplo, que lleva 8 años haciéndolo y como si tal cosa...), o que pagan para que en el brevete los den por aptos para manejar "sin restricciones", aun cuando no son capaces de ver más allá de sus narices sin anteojos. Y ya no digo que pagan a los jueces o se coimean entre sí, porque esto es cosa de cada día y ya lo sabemos. Me refiero a estas cosas más pequeñas y cotidianas, las que tienen que ver con el diario vivir y las reglas más elementales del respeto social y el día a día entre personas.
Escuché también de primera mano la historia de un médico que bebe hasta emborracharse y luego a la mañana siguiente se toma una pastilla de no se que cosa, y se va a operar a sus pacientes como si nada. ¿Cuántos más habrán así, de los que uno ni se entera?
Con justa razón, muchas facultades están seriamente preocupadas por lo que ha dado en llamarse la "formación integral" de sus estudiantes, lo que no es otra cosa que educar, además de lo estrictamente académico, el sentido común, la identidad moral y el compromiso con un modo de vida justo y digno. Como sociedad, creo que a este nivel estamos fallando mucho. Acerca de las facultades de derecho he hablado en alguna ocasión, porque el problema del desarrollo moral de los abogados es ya ampliamente reconocido (ver por ejemplo, este post antiguo sobre el tema). Pero las dificultades no se dan solo con los abogados sino que están generalizadas a todos los profesionales, en los que muchas veces impera también una cultura que privilegia el propio beneficio por encima del bien común, y que justifica la violación de la ley y de los derechos más elementales de los otros cuando ello le genera al infractor alguna recompensa personal, ya sea social (reconocimiento por parte de otros), utilitaria (ahorrar tiempo por ejemplo, o hacer lo que a uno le viene en gana) o económica.
Aunque suene a consuelo de tontos, esto parece ser un lugar común en muchas partes del planeta. Por ejemplo, para mencionar solo un país, Colombia, un estudio de cultura ciudadana dirigido por el ex alcalde de Bogotá, Antanas Mockus (2002) halló que el 35% de los estudiantes bogotanos evaluados se podía clasificar como anómicos, lo que significa que eran proclives a justificar el desobedecer la ley cuando esto les produce algún beneficio personal, principalmente económico.
El problema es complejo y no le veo una solución pronta. Quizás ayudaría si en la universidad todos estuvieramos más atentos a las pequeñas trasgresiones, aquellas del día a día que muchas veces pasan desapercibidas: los alumnos que fuman en el campus sin respetar la norma que prohibe hacerlo es un ejemplo palpable de esto, pero también aquellos que -participando en una campaña política - colocan propaganda en fechas en que está prohibido hacerlo y se salen con la suya (se de un caso reciente, por eso lo menciono), o aquellos que presionan a los profesores a saltarse los reglamentos para aprobar un curso cuando no les corresponde y, lamentablemente, también se salen con la suya algunas veces.
Referencia
MOCKUS, A. (2002). Convivencia: Reglas y acuerdos. En: Seminario
internacional de educación ciudadana, MEN, Educación Integral, Año II
Etiquetas : Desarrollo moral, Educación superior

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Alberto escribió: