Recientemente estamos escuchando las diversas opiniones sobre la candidatura para las elecciones presidenciales 2010 de alguién quien fuera catalogado como una de las personas más influyentes en nuestro medio (2008). Comentarios van y comentarios vienen. Recuerdo cuando en mis estudios de Pre grado, nuestro profesor de Sociologia vaticinó que un personaje de la farándula podría llegar a uno de los poderes del Estado en el tiempo...así fue. En el Perú y en cualquier otro lugar del mundo puede suceder esas cosas, total, la "democracia" y "el estado de Derecho" que existe aca lo permite, cualquier ciudadno puede ser líder político así tenga preparación con ideas descabelladas o incorrectas, que no tenga preparación y tenga ideas correctas, que tenga un buen trasero con un número marcado, que sea un líder televisivo o que sea comentarista de deportes, periodista antisistema o anti fujimontesinista (que estuvo de moda desde hace 10 años), o tal vez, un sujeto que apuesta por la efectividad de los derechos humanos y las casas del Alba, en fin, cualquiera puede postular a un espacio si es que está legitimamente respaldado por los requisitos y amparado por los procedimientos de elección: simplemente que tenga representatividad frente a miles de electores durante una campaña y juerga electoral, porque al fín y al cabo, el mismo sistema permite la degradación del mismo facilitando la atomización de más y más movimientos o partidos políticos, para ganar una curul, para obtener una tajada de presupuesto o símplemente para mantener la popularidad, o para quienes cantan a los cuatro vientos que son personajes probos que luchan contra la corrupción sin demostrar jamás que en la escala de criterios para la toma de decisiones, miles de estas decisiones serían catalogadas como corruptas si es que no hubiesen cumplido su misión y efectividad frente a un rango y limitación presupuestal, nada más, en caso contrario, no se diría nada.

Siendo así, Jaime Baily representa la opción de quienes optan por una posición de protesta rebelde y desenfrenada al sistema sin estar correctamente informado y sin procurar desarrollar una seriedad de Estado para lograr una madurez como ciudadano y como nación: la chacota es usada como un perfecto amortiguador para sopesar la corrupción y ciertos actuados de muchos funcionarios públicos y politicos frente a un mayor y cada vez más agresivo desequilibrio social, desorden cultural y pérdida de valores de la cual es partícipe el mismo protagonista en cuestión. Lo único efectivo que se logra con todo ello es reducir votos para otros candidatos clásicos y antipáticos, o para eternizar de manera injusta y rencorosa la distracción del público frente a las buenas obras de gobiernos anteriores.