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Imagen de la playa a inicios del siglo XX

Los orígenes de La Herradura se remontan a los inicios del siglo XX cuando se perfilaba como una playa exclusiva de los sectores acomodados de Lima, ya que para muchos en esta playa "había sol hasta en invierno". Lo cierto es que alguna vez en esta playa la gente paseaba con traje como si estuviese en el Jirón de la Unión o en el Paseo Colón. A inicios del siglo XX, la llegada del tranvía y la construcción del túnel de La Herradura, hizo que esta playa fuera accesible. Incluso, en 1907, la empresa propietaria del Tranvía Eléctrico planificó construir casas de playa de dos pisos en la falda del cerro situado frente a a la playa; la vista y ubicación eran insuperables. Pero en 1912, la compañía quebró, las casas nunca se construyeron y a La Herradura solo se podía llegar en automóvil, un vehículo que solo tenía un puñado de limeños. Pero esto no impidió que la playa se convirtiera en un lugar deseado por los limeños de entonces, y cada verano crecía la fama de este lugar: "Era la primera playa de moda de la gente acomodada de Lima", cuenta el arquitecto Juan Günther.

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Túnel de La Herradura

En los años treinta, en el lugar donde hoy está la clausurada salsoteca “La Máquina del sabor” se construyó el club “Palm Beach”, donde había un restaurante con vista al mar y la única piscina con agua salada de Lima. A mediados de los años 50, se construyó el afamado edificio “Las Gaviotas”. De los años 60 también se remonta la iniciativa de un grupo de tablistas, liderados por Carlos Dogni Larco, que construyó el club Samoa, otro centro de reunión de veraneantes. Pero antes del “Samoa”, ya eran conocidos locales como “El Nacional” y “El Suizo”, este último inaugurado en 1937 por Rodolfo Castillo y la pareja de suizos Albert Frischknecht y Catalina Gfeller, que se hizo conocido por sus choritos en salsa de tomate, el cócktail de fresa, las butifarras y el ceviche. En sus paredes cuelgan, como trofeos o medallas de prestigio, fotos de algunos famosos como Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce y Doris Gibson. Contra todo pronóstico, “El Suizo” ha resistido el paso del tiempo y hoy es administrado por las dos hijas de Rodolfo Castillo, Lucy y Carmen. La gente nostálgica recuerda que si en el “Palm Beach” había fiestas con orquesta, “El Suizo” se distinguía por su piano de cola. Cabe destacar que, amediados del siglo XX, había un muelle donde la gente iba a pescar.

Hoy, por desgracia, el legendario “Palm Beach” ya no existe, los restos del club “Samoa” se transforman en una salsoteca de mala muerte y los cimientos del edificio “Las Gaviotas” son socavados por las olas del mar y un olor a orines y eses se enseñorea en ese rincón tan venido a menos. “El Suizo”, como vimos, es el último reducto que se resiste a desaparecer. Con toda seguridad, es lo único que vale la pena visitar en La Herradura. Como si esto fuera poco, Pablo Gutiérrez, alcalde de Chorrillos durante los 80, le hizo un daño tremendo a La Herradura cuando dinamitó una zona de rocas para hacer el camino hacia La Chira. Miles de fragmentos de las rocas dinamitadas fueron arrastrados por el mar hacia la playa y La Herradura perdió sus 100 metros de playa, su encanto y los veraneantes se fueron. La única manera de evitar que la playa se llene de más piedras es haciendo un espigón, así volverá a tener arena y se podría recuperar.

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El club "Samoa"
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Una imagen de los años cincuenta
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En los años sesenta
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La playa y el edificio "Las Gaviotas" en los años sesenta