Escribir es una manera de crear. Sea lo que sea que se escriba siempre es algo nuevo. Me gusta salir de la realidad y cuando escribo siento que lo logro; es tentador cada vez que veo una hoja en blanco o cuando me compro un cuaderno nuevo. Siento la necesidad de llenarlos de palabras interesantes y con sentido.
Escribo por muchos motivos: para emocionar a la chica que me guste, para agradecer el amor de mi madre, para desfogar los sentimientos, no sólo de felicidad, sino también de disconformidad, para crear situaciones, etc.
Cada vez que escribo historias nuevas Amagues de cuentos) me suelo poner en el lugar del protagonista. Creo que la empatía es muy importante para lograr una buena historia. La primera vez que escribí fue en una máquina de escribir (valga la redundancia), era la historia de un niño pobre y huérfano que vivía en Roma. Tenía menos líneas (“el cuento”) que esta respuesta al por qué escribo, pero le guardo un gran cariño porque fue con ese mini cuento que a mis siete años supe que la escritura, de lo que sea, siempre va a estar presente en mi vida. La Literatura como tal me empezó a apasionar desde que tenía quince años, pero sé que no se trata tan solo de conocer de autores, sus obras o de géneros literarios, sino también escribir, bien o mal, pero escribir al fin. Es por eso que escribo, porque, a mi manera por lo menos, quiero hacer Literatura.

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