Hoy he tomado un vaso de agua gigante. Son casi las tres de la mañana y todo lo que escucho es el eco de la noche aunado a mis pensamientos con sigilo. Recuerdo esta noche como única: recuerdo la orquesta planeada allí afuera, la carta escrita a puño y letra, las flores en su oficina, la caja de chocolates, la cena de lujo, sus amigos al lado, y luego la noche mía y suya al lado del mar, celebrando el año número veintiocho en su vida. Un pequeño pastel contendría un mensaje corto y exacto: Feliz cumpleaños...Sonreí ante la avalancha de recuerdos y escribí un par de capítulos cortos en el pequeño libro que preparo, a la vez que el sueño consumía mi cariño con cosas diversas sucediéndose por doquier. El rubro de mi libro marchaba seguro: una historia sobre Jack, pequeño hombre que pasaba su tiempo abriendo ventanas por doquier. Construía puentes y cosía ropa. Cocinaba con fuego y con inventiva. Al final de esa historia Jack inventa un par de alas, y se pierde en lo alto del infinito cielo para nunca más regresar.

Lo cierto es que podía recordar su risa confundida, y ese silencio que inundaba la vida de sosiego, mientras el vivía parte de ella misma conmigo. Soñé tanto y tan en voz alta que las cosas volaron ligeras.

Este diciembre está por irse y pienso encontrar al hombre que escribe en dirección opuesta a la mía...

Ojalá tuviera tantas cosas más cerca, siempre con un vino de lado, con un sitio por recordar, una canción por escuchar y un recuerdo por sentir...

CD

Discos que compré desde noviembre, esperando aquel catorce de diciembre que terminó de irse ligero


ps. y los sueños, sueños son.