19 dic '09-22:15
¿Cómo detectar el estrés en un docente?

Esta pregunta es dilemática por antonomasia. Lo aseguro yo, que trabajo en una organización “severamente afectada” por docentes convalecientes de estrés, depresión y frustraciones laborales (y quizá existenciales). Sin embargo, indagando en un texto localicé un listado de características atribuibles al estrés docente y ofrece una prescripción algo cuestionable.

Nota personal: Me tomé la libertad de omitir redundancias o mejorar ligeramente la redacción original.

Docente sano, por José Zavala

… La única manera de de afrontar un proceso de estrés es que quien lo sufre sea conciente de ello y, por tanto, la observación de quienes estamos cotidianamente a su lado puede darnos datos inequívocos y ayudar a que nuestro compañer@ tome conciencia de su estado. Por ello debemos dar un aviso de alerta si en su comportamiento vemos actuaciones como las que siguen o similares a ellas:

• Se ha deteriorado su relación con el alumnado o con los compañeros y estalla con ira extemporánea o bruscamente ante cualquier circunstancia.
• Aparece tens@ y con un mal humor que no parece justificado por motivos concretos previos. Así, su estado de ánimo se caracteriza por una irritabilidad palpable y por una volubilidad injustificada.
• Manifiesta un cansancio desacostumbrado que no parece motivado por una inusual carga de trabajo.
• Suele aislarse más de lo habitual y le cuesta entablar una conversación. Cuando lo hace, inequívocamente deriva a las dificultades de trabajo y de la incomodidad que siente.
• Parece frenad@ por su capacidad de interveción en los debates y de presentación en las innovaciones metodológicas.
• Se muestra reaci@ a intentar cosas nuevas…
• Su rendimiento en la labor docente baja en intensidad, calidad y cantidad.
• Acomete sus tareas con evidente desgano.
• Su actitud es taciturna o excesivamente solemne. Parece incapaz de actuar espontáneamente.
• Con frecuencia hace comentarios de desánimo y frustración.


Fuente: Menéndez y Moreno (2006: 15)

Docente estresado, por José Zavala


Y bien, si resulta a veces reconfortante ver ciertas experiencias plasmadas en un texto que pueden servir de alivio o esperanza para individuos afectados, se debe tener mucha precaución en tomarlas como verdades absolutas. El estrés, es un fenómeno sumamente subjetivo que se manifiesta de diversas formas en las personas, y a pesar de la lista de comportamientos que estos autores ofrecen, esta no llegaría a ser un catálogo “definitivo”.

En artículos previos de este blog se han hablado de más manifestaciones del estrés, pero a manera de conductas propiamente se me viene en mente aportar las siguientes:

• • Conductas escapistas, tales como estar constantemente llamando o contestando el celular; o aprovechar cualquier espacio para encerrarse en un lugar, como una oficina o en un auto… escuchar música.
• Lenguaje corporal tenso, gestos duros y posturas rígidas.
• Comportamientos defensivos todo el tiempo. Ausencia de saludos o de detalles como halagos, felicitaciones o muestras de afecto a otros.
• Calidad de enseñanza seriamente demeritada. Clases estresantes para los alumnos por su severidad y monotonía.
• Constantes enfrentamientos con alumnos y autoridades. Aumento en reportes por indisciplina del alumnado o llamadas de atención de parte de la Dirección.
• Lenguaje amenazante de parte del docente. Aparición de expresiones soeces no comunes en la persona.
• Quejas permanentes ante cualquier directiva anunciada.
• Elevada reprobación del alumnado por parte del docente.
• Ausentismo evidente. Retardos en la hora de entrada, salidas apresuradas.
• Incremento en la cantidad y constancia de la ingesta de alimentos del docente.
• Aumento en las quejas y críticas del alumnado hacia el docente.
• Deterioro de su arreglo personal; ropa desalineada, peinado descuidado, barba sin rasurar en los varones, etc.
• Aislamiento, ostracismo; negación del contacto hacia los demás en general.
• En posibles reuniones sociales la búsqueda del consumo de alcohol y tabaco.
• Aparición de enfermedades ligadas al estrés: gripes, gastritis y cefaleas entre otras.

Sin embargo, una situación es casi predecible: un docente estresado NO buscará ayuda y por instinto defensivo rechazará cualquier comentario hacia su comportamiento. No es fácil, por mucho acercamiento se tenga (o se haya tenido) poder hacer entender a un colega afectado que necesita… cuando menos, revisarse.

El dilema entonces es grande. Por mucha cercanía que se tenga (insisto, o se haya tenido) bajo el estrés la calidad de relaciones se deteriora increíblemente y esa “grande amistad” llega a pender un hilo.

Prescripción: Si uno como docente comienza a percibir conductas de riesgo, se pudiera mostrar un interés grande hacia la vida familiar de la persona; promover acercamiento constante y avisar a otras personas significativas para el afeact@. Y después de ese acercamiento sociohumano, poder comenzar a describir esas conductas aclarando que son manifestaciones de estrés y que deben tomarse con alerta.

Tarea compleja y difícil. Como la docencia misma lo es.

REFERENCIA:

MENÉNDEZ Montañés, Concha y MORENO Oliver, Francisco Xavier (2006). Ergonomía para docentes: Análisis del ambiente de trabajos y prevención de riesgos. Editorial Grao, Barcelona, 186 pp.

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