15/12/09: El dilema de las inasistencias

En la universidad el reglamento dice que si un estudiante ha acumulado más del 30 % de inasistencias a un curso, queda imposibilitado de rendir el examen final o de entregar el último trabajo del curso, en caso este reemplace al examen, y recibe cero de nota en dicho examen o trabajo. Esto me genera varios cuestionamientos, que explico a continuación:
1) Esa es la norma. Y está vigente. Eso significa que los profesores deberiamos regirnos por ella, aunque no nos guste. La norma es pública y es (o debería ser) de conocimiento de los alumnos. Ellos conocen las reglas de juego (yo las repito además el primer día de clases) y si no las saben, es su responsabilidad no haberse informado. Desde esa óptica, la regla debería aplicarse, y punto. Los profesores que no la aplican son los que estarían fallando, no los que se ciñen a ella.
2) Desde otro punto de vista, hay que reconocer que se trata de una norma completamente punitiva y basada en una perspectiva heterónoma de la relación con la autoridad. De hecho, en varios países del mundo está prohibido pasar lista en las clases de la universidad, por considerarse un atentado contra la libertad del alumno. Desde esta perspectiva, lo cierto es que, dada su condición de adultos y bajo su propia responsabilidad, los estudiantes deberían ser libres de entrar o faltar a las clases que les diera la gana, y la evaluación debería ser lo suficientemente sensible y bien diseñada para desaprobar, por no haber logrado los objetivos del curso, a aquellos que no asistieron. Y punto.
3) Hay un tercer punto de vista a considerar, que tiene que ver con la relación maestro-alumno y el objetivo común que el proceso educativo pretende alcanzar. Supuestamente, o en términos ideales, el proceso de enseñanza y aprendizaje es un proceso común, en el que estamos interesados ambas partes. Si el profesor hace su mejor esfuerzo en preparar las clases y los materiales de enseñanza, el alumno debería hacer también su mayor esfuerzo y poner de su parte para ir a clases, hacer las lecturas y participar activamente de las sesiones de aprendizaje. Desde este punto de vista, faltar a clases es un atentado contra ese compromiso mutuo y tácito que se tiene (o se debería tener), con el proceso educativo.
4) Un cuarto aspecto tiene que ver con el proceso de enseñanza en sí mismo. Definitivamente creo que hay aprendizajes complejos que no se logran de la noche a la mañana, sino que requieren de tiempo y de la participación de los estudiantes en un conjunto de actividades. Estas demandan esfuerzo y tiempo: hay que leer, hacer resumenes críticos de lecturas, responder preguntas, exponer en clase, completar diversas tareas... eso es parte del proceso de aprendizaje, y tiene un peso y una razón de ser. Aunque algunos parezcan no darse cuenta, a eso se comprometen implicitamente los alumnos al asumir ser estudiantes universitarios. Desde esta óptica, aquel que ha elegido voluntariamente no participar de las actividades que el curso propone no podría ser aprobado, porque aprobar el curso no requeriría solamente repetir contenidos en un examen final sino sobre todo ir cumpliendo determinadas tareas a lo largo del semestre, e ir avanzando poco a poco en la construcción del conocimiento.
Me inclino por esta última opción, aunque soy plenamente consciente del punto dos, y por eso considero que hay un dilema moral implícito en esta situación. Entre los alumnos que tienen excesivas faltas y perderían la nota final debido a ellas hay muchos que quizá merecen perderla, alumnos negligentes, poco interesados en las clases, que hablan entre sí cuando yo explico, que leen otros cursos durante las clases (y a veces, periódicos o revistas) o que duermen la mayor parte del tiempo (aunque no lo crean, eso pasa...), pero también hay otros muy capaces y motivados, que dominan razonablemente bien los contenidos del curso y cuyas ausencias a clase fueron un descuido, o tienen seguramente alguna comprensible explicación.
La norma sin embargo debería aplicarse a todos los casos, sin excepción.
¿Qué hacer en una situación cómo esta? Quien tenga una idea, que la comparta...
Etiquetas : Educación superior

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Javier Bellina de los Heros escribió:
Como educador, siempre me he preguntado lo que ocurre en el nivel universitario con las asistencias de los alumnos. Hay muchos casos individuales, y por lo general me he sujetado a tal perspectiva en mi práctica, procurando no asumir la asistencia como único factor en consideración.
Una evaluación adecuada, como usted señala, resulta ser lo más efectiva para separar la paja del grano. Es decir, para determinar qué alumnos no asistentes poseen las habilidades y conocimientos que el curso imparte, y cuáles no. Ello resuelve de modo muy práctico muchos problemas de este tipo. Por supuesto, depende del curso, del profesor y de las características sociales, cognitivas y morales de los estudiantes.
Por otra parte, hay niveles de "heteronomidad" (perdón por el término) diferentes en cada institución. Todavía existen instituciones de educación superior que valoran la asistencia pues con ella, a más de otras características reglamentarias, se obtiene un mayor "control per se" sobre los alumnos. Tal "control" no es asumido en todas las instituciones de la misma manera, afortunadamente.
Por una parte está la escasamente formada responsabilidad de algunos alumnos; por otro la necesidad institucional de ejercitar el poder, que a su vez depende de muchos factores ajenos directamente a lo académico.
Como quiera que el profesor en divertso grado la opción de considerar la asistencia como determinante, ello me parece es parte de una toma de decisiones moral antes que pedagógica. Si se piensa que la institución no está en la razón en cuanto a dicha norma, es verdad que hay que cumplirla, pero también hay posibilidades dentro de la misma que pueden emplearse para "condicionarla" o "relativizarla" de acuerdo a las situaciones individuales. De este modo se convierte en una decisión ética y moral por parte del docente.
Como el principal deber moral del educador es educar, no se debería desaprobar a un alumno que no asistiera a clases, por ejemplo, por tener obligaciones laborales perentorias y necesarias para el sostenimiento familiar. Naturalmente, el requerimiento académico y la exigencia de la evaluación debieran quedar intactos para ese alumno como para todos. Además un alumno en tal situación entiendo debería ser apoyado - y quizá evaluado - de una manera más específica a su situación.
A la vez, fomentar entre los colegas y autoridades universitarias una discusión acerca de la pertinencia de la norma y sus reales implicancias para los estudiantes podría ser importante.
Otro factor más es la posibilidad real de llevar a cabo estas acciones. Todos sabemos que hay un medio ambiente social más o menos favorable en la dicotomía institucional entre libertad y control. Por desgracia nuestra sociedad tendería a volver a formas de autoritarismo y exclusión. La pregunta, por ende, en perspectiva social, es hasta dónde "se excluye" del desarrollo académico a alumnos que deberían aprobar un curso, por inasistencias debidas a problemas económicos, familiares o sociales de los que no tienen responsabilidad.
Espero haber contribuido en algo con estos puntos de vista.