Hay quienes piensan que en su balance de seis meses, el presidente Alan García habló para la tribuna, que fue tan populista como sólo él lo sabe ser, que hizo demagogia como sólo él la sabe hacer, y que sigue asumiendo la postura del candidato que quiere conquistar con sus palabras, un voto. Le han pedido que se ubique. La consigna, dicen, fue contentar a la población, inyectar optimismo, llenar de energía positiva al país y fue, en suma, un Belmont de grandes dimensiones.

De otro lado, otros analistas se han esforzado en decir todo lo contrario. Que fue el buen chico que dijo todo lo que esperaban escuchar los inversionistas, que su necesidad de mostrar que ha cambiado lo llevó estar más a la derecha que Lourdes Flores y a ser más papista que el Papa si se trata de proteger la fórmula ganadora para los conservadores retrógrados: todo es lícito para la inversión extrajera. Ambas ideas no son del todo equivocadas, teniendo en cuenta que el APRA es la escopeta de dos cañones por excelencia, y que el presiden García, no puede soportar las chiflas de la tribuna ni un jalón de orejas de la derecha.

Sobre sus omisiones, era obvio que a García no le interesaría hablar sobre los temas con los que ha estado jugando hasta ahora. La pena de muerte es una especie de cortina de humo, sigo creyendo que es un engaña muchachos, una finta para distraer mientras pasan los meses sin cambios de fondo y a la espera que ese crecimiento que se augura estará por encima del 7% se empiece a sentir, aunque sea un poco, en los bolsillos más populares.

El fallo de la CIDH es otro tema que sólo sirve para llenar pantallas y portadas mientras dure el asunto y el pobre Ojo que llora fue penosamente manoseado ante el desconcierto de su creadora y de una sociedad civil con muchas ideas pero pocos recursos cuando se quiere batallar en el terreno de lo mediático, viendo lo insuficiente que son los “eventos académicos”, donde además de hablar casi siempre los mismos, escuchan casi siempre los mismos.

Durante estos seis meses el segundo gobierno aprista se la ha llevado fácil. Sin una oposición que por lo menos ponga un tema en la agenda de lo considerado como interés nacional, con una derecha complacida y con una prensa en su mayoría alineada, por no decir regalada.

De otro lado los gobiernos regionales todavía no despiertan. Muchos pronosticaron que luego de las elecciones regionales despertaría el enojo provinciano que rompería la calma hasta hoy vivida. Nada de eso sucede y el nuevo mapa político del país, que con tanto esmero realizaron organizaciones vinculadas al tema de descentralización, hasta hoy sólo son excelentes trabajos de gabinete.

Han pasado seis meses y para García demostrar estabilidad ha sido su tarea principal y la seguirá siendo para no “espantar” la inversión. Para ello será el mejor alumno de la clase y no vacilará si alguna región se pone movida, si una ONG, a su criterio, se pasa de lista, o si algún resucitado de la oposición quiera tener un poco de atención de los medios. Alan es un ilusionista, quién sabe sigue haciendo magia y se mantiene tan convincente cuando dice que todo está ok, cuando no lo está.