Me di cuenta que esa señora no era pobre como pareciera, era rica, abundantemente rica, tanto así que con una simple mirada respondió lo que sus labios no podían pronunciar. Me fui feliz de haber hecho algo bueno luego de tanto tiempo.
En el micro leí lo que estaba escrito en el papelito, era una historia que acá transcribo:
"Un niño que estaba por nacer, le dijo a Dios.
Me vas a enviar mañana a la tierra; pero ¿Cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy?
Entre muchos Ángeles escogí uno para ti, que te esta esperando:
El te cuidará.
Pero dime: aquí en el cielo, no hago más que cantar y sonreír, eso basta para ser feliz.
Tu Ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.
Y ¿Cómo entender cuando la gente me hable si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
Tu Ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar, y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.
Y, ¿Qué hará cuando quiera hablar contigo?
Tu Ángel te juntará las manitos y te enseñará a orar.
He oído que la tierra hay hombres malos ¿Quien me defenderá?
Tu Ángel te defenderá aún a costa de su vida.
Pero estaré siempre triste porque no te veré más señor.
Tu Ángel te hablará de Mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia; aunque, Yo siempre estaré a tu lado.
En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo pero ya se oían voces terrestres, y el niño, presuroso, repetía suavemente:
Dios mío, si ya me voy, dime su nombre, ¿Cómo se llama mi Ángel?
Su nombre no importa, tu le llamarás 'Mamá'."
Este pequeño papelito hizo salir un lágrima de mis ojos, una que sequé al instante -ya que no es normal llorar en el micro no?-. No fue una lágrima amarga, sino, por el contrario, fue una gota dulce y cálida que sólo puede venir del más noble sentimiento de dicha que me invadió en ese momento.
Esos pequeños detalles de la vida son los cuales nos hacen reflexionar y sentirnos dichosos, agradecidos con Dios por lo que somos y tenemos.
Orgulloso de tener mi "Ángel en la tierra" llegué a mi casa y lo primero que hice fue abrazar a mi mamá, a mi papá -cuando llegó- y a mis hermanos (mis compañeros de guerra y paz, lo primero sobre todo).
Dios hizo el lazo maternal tan fuerte y complejo que, varias veces, cuando se me ha ocurrido preguntar tontamente a mi vieja por qué me quiere tanto; la respuesta siempre ha sido la misma: "Porque eres mi hijo". Gracias má, te pasaste.
Publicado por: a20060911 Visto: 2029 veces - Agregar a Favoritos PUCP

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