Mis mayores siempre cuidaron de mí y de pequeño acompañaba con alguna frecuencia a mis hermanas y a sus amigas de la universidad en sus salidas. Íbamos a la playa, me llevaban a la universidad, una de sus fiestas fue en mi casa, etc. Con el tiempo el buen trato que recibí lo devolví de manera natural, casi como reflejo. Con esta costumbre, jugando, compartiendo y dando razones, desarrolle una manera sencilla de llevar grupos de niños, lo cual ayudo en el trabajo al que me invitaron y posteriormente contribuiría en algo a la formación de lo que sería Crea.
El trabajo de Crea no ha sido solo juegos y talleres, es una de las labores que más me ha involucrado. Es una referencia para mí, en donde esté, de que la realidad puede brillar cuando menos se espera al compartir juegos, respuestas o alguna pregunta que valga la pena.

Es muestra de una generosidad inteligente, obstinada y valiente que no depende de uno solo y que vale la pena experimentar. Siendo uno de los más racionales, a veces no entiendo tal generosidad, la pienso, la dejo de pensar, la bailo, la juego y de repente me invita a querer más, a ser mejor. Tal generosidad merece ser cuidada y cultivada para que cada persona pueda crear soluciones oportunas que den referencia a otros de lo que es posible.
Unos trabajan con ancianos, nosotros con niños y adolescentes; algunos se dirigen al centro, nosotros vamos a zonas marginales. Otros ayudan en la escuela, nosotros apoyamos la educación complementaria a está.
Aún así, Crea no es una opción más, es nuestra vivencia y parte de nosotros, ya no es solo un grupo sino una institución a la que cuidamos de cerca o de lejos, y que nos vincula al desarrollo de aquellos niños y adolescentes lejanos que antes no conocíamos pero que ahora podemos llamar amigos.
Por Leonardo Cabrera







