¿Cuántas veces han leído ustedes declaraciones atribuidas a un "vecino", "taxista", "transeúnte", "testigo", "policía", etc en torno a un suceso impactante. . Las citas son interminables y aparentemente inofensivas a la larga pueden provocar el mal hábito de de citar fuentes inexistentes (ni entrevistadas) para obtener el impacto en una nota desde el lugar de los hechos. Este mal hábito puede provocar luego una praxis que fomenta la invención de noticias. En EE.UU. suele detectarse cada cierto tiempo, pero en nuestro medio este tipo de hechos suelen pasar desapercibidos.
La siguiente historia, obtenida de Periodista Digital, revela un nuevo caso en el que una colaboboradora del Boston Globe ´fue despedida por "adelantar" una historia relacionada con la matanza de focas en Canadá, donde cada año suelen matar a los animales recién nacidos.
Según el International Fund for Animals Welfare, para ese año se ha previsto la muerte de 319,500 animales.
El siguiente video (es gratuito pero hay que registrarse)revela lo que Barbara Stewart pretendía "adelantar" a los estadounidenses.



Una periodista del Boston Globe despedida

Por vender la foca al periódico antes de cazarla...Se espera que más de 319 mil focas bebé sean aniquiladas este año
Por Arturo Díaz

Periodista Digital

Lunes, 18 de abril 2005

Cada vez es más habitual que los periodistas se conviertan en meros receptores de información mientras están cómodamente sentados ante sus mesas de la redacción.

A uno le llaman sus fuentes habituales, labradas a lo largo de años de relaciones, informantes a los que se cree porque ya se ha probado su confianza. Cuentan que ha pasado algo, dan detalles de cómo ocurrió el asunto en cuestión, y el periodista lo asume como verdad revelada.

La práctica, normal en un momento en el que los medios reducen personal, con un flujo de información creciente que llega desde los cuatro puntos cardinales del mundo globalizado, a veces juega malas pasadas.

El Boston Globe, principal diario de la capital de Massachusetts, en la rica costa este de los Estados Unidos, cuyo capital pertenece al The New York Times, se vio obligado a prescindir de una colaboradora la semana pasada por escribir un artículo sobre un hecho no ocurrido e inventar también los detalles, sin que nada de eso hubiera pasado en el momento de la impresión.

La historia comienza la semana pasada en Halifax, la gélida capital de Nueva Escocia, una pequeña región canadiense de la fachada atlántica del país. Allí trabaja Barbara Stewart, la que fue periodista del NYT durante diez años, que al mudarse allí en 2004, comienza a colaborar con el Boston Globe. Hasta su última y polémica crónica del jueves pasado, Stewart había enviado al diario otras tres sin haber causado problema alguno.

El ambiente es tenso estos días en Canadá y Estados Unidos entre los defensores de los animales que se oponen a la caza masiva de focas que emprenden periódicamente los pescadores de Terranova y la península del Labrador. La primera fase ya se desarrolló en aguas del Golfo de San Lorenzo, cerca de la isla del Príncipe Eduardo.

El comienzo de la segunda temporada de la cacería anual estaba previsto para el pasado jueves. Con ella se cierra la cuota de casi un millón de animales muertos, cifra contestada por algunos expertos en medio ambiente por ser insostenible. Esta vez, la matanza se desarrollará en aguas de Terranova. Varias organizaciones llaman al boicoteo de los productos canadienses en tanto se mantenga esta práctica.

Así las cosas, la periodista estadounidense Barbara Stewart envía su crónica el miércoles desde Halifax dando todo tipo de detalles del hecho. Otros medios que anunciaban el inminente comienzo de la caza tomaron una precaución básica que todo periodista debe adoptar cuando informa de un hecho que ocurrirá previsiblemente, en este caso, -algo que debería pasar en el traicionero mar oriental de Canadá-, "weather permitting", "si el tiempo lo permite".

Pero Stewart envió a su redacción un texto que daba por hecho la matanza, pero ¡ay!, los barcos habían quedado ese día amarrados porque los elementos no aconsejaron que se hicieran a la mar. No fue hasta el viernes pasado cuando comenzó finalmente la cacería.

El artículo decía que la matanza de focas más mortífera del último medio siglo había comenzado con cazadores disparando desde 300 barcos "a crías de foca común, con el mar y el hielo tiñéndose de rojo. La mayoría de las focas tenían menos de seis semanas".

El Departamento de Pesca de Canadá se puso en contacto con el Boston Globe para quejarse de la impostura, por lo que al día siguiente el diario tuvo que retractarse en un editorial: "El artículo incluía detalles de la caza del día como si hubiera tenido lugar y sin atribución de fuentes, como si la periodista hubiera sido testigo presencial de la escena... El fracaso de la autora para dar cuenta del estado de la caza y su invención de los detalles de la escena constituyen claras violaciones del código periodístico del Globe".

"La noticia no debería haber sido publicada en The Globe, y The Globe ha interrumpido su relación con la colaboradora", añadía el editorial.

Si bien es cierto que la culpable principal del desaguisado fue la inventora de la escena, la que echó literatura a su imaginación, el jefe de la sección correspondiente, los correctores del diario, o la dirección debieron haber preguntado a Stewart si había estado en la mar viendo la matanza o cuáles eran sus fuentes.

No es la primera vez que ocurre algo similar en el Boston Globe. Una de sus galardonadas periodistas, Patricia Smith, dimitió en 1998 tras ser acusada de inventarse citas. En su última columna de la sección de Local, Smith reconoció haber fabricado una mentira: "De vez en cuendo, para obtener el impacto deseado o destacar algo, atribuí citas a personas que no existían".

El caso de Stewart es el último de una serie de escándalos que afectan a la reputación de los medios estadounidenses desde hace varios años. En 2003, Howell Raines y Gerald Boyd, dos cargos ejecutivos del The New York Times tuvieron que abandonar el periódico después de que se descubriera que su reportero Jayson Blair había inventado y copiado parte de las historias que firmaba en el diario.

¿Alguno de ustedes recuerda un casi similar en nuestro medio?