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Los supuestos restos de Simón Rodríguez en la iglesia de Amotape (foto: Juan Luis Orrego)

Todos sabemos que los últimos años de vida del libertador Bolívar no fueron tan felices. Decepcionado por los resultados de la lucha por la independencia, abrumado por la crítica y persecución a su entorno más cercano y soportando una dolorosa enfermedad culminó sus días en 1830 en el pueblo caribeño de Santa Marta, hoy Colombia. Su mentor y gran maestro, Simón Rodríguez, fue uno de los afectados por aquella persecución implacable. Desde finales de la década de 1820, Rodríguez tuvo que dar tumbos entre Ecuador, Perú y Chile. En 1828, por ejemplo, lo encontramos en Arequipa, donde publica Sociedades Americanas. En 1831, contrae segundas nupcias con Manuela Gómez, en Lima. Luego, en nuestra capital, acepta la dirección de una escuela y publica su libro Luces y Virtudes Sociales, en el que afirma su concepto de la escuela primaria puntualizando la diferencia entre instruir y educar; también edita en Lima el Informe sobre Concepción después del Terremoto de febrero de 1835. Luego de breves estancias en Chile y Ecuador, viene al puerto de Paita, donde se entrevista con Manuela Sáenz, la antigua compañera de Bolívar y también autoexiliada. Hacia 1850, Rodríguez va a Guayaquil, donde se perderá buena parte de su obra a causa de un incendio que devastó a buena parte de la ciudad. En 1853, emprende su regreso a nuestro país, acompañado por su hijo José y su amigo Camilo Gómez, quien lo asistirá en el momento de su muerte, ocurrida en el pueblo piurano de Amotape el 17 de julio de 1853.

El cuerpo del maestro del Libertador fue enterrado en la iglesia del pueblo de Amotape. Luego, el 26 de noviembre de 1924, por órdenes de Leguía, en el marco del Centenario de la batalla de Ayacucho, el cuerpo fue trasladado al Panteón de los Próceres, recientemente construido en Lima. Finalmente, en 1854, durante las dictaduras militares de Odría en Perú y Pérez Jiménez en Venezuela, los restos de Rodríguez regresaron a su natal Caracas para reposar, finalmente, en el Panteón Nacional.

Bueno, lo cierto es que los pobladores de Amotape afirman que el cuerpo que se llevaron a Lima y luego a Caracas no corresponde a Simón Rodríguez. El verdadero aún yace en la iglesia del pueblo y fue “descubierto” en una remodelación de la estructura del templo que se realizó en la primera mitad de la década de 1990. Tuve la oportunidad de estar en Amotape, conocí la casa donde vivió y murió Rodríguez y el alcalde me mostró el “verdadero” cadáver de aquel ilustre prócer de la independencia americana.

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Casa donde vivió y murió el maestro de Bolívar en Amotape (foto: Juan Luis Orrego)