Un rostro de preocupación

- ¡Cambia eso! Jaja. – la radio es un asco cada vez más.
- Pondré mi propia música, si no te molesta. – mi música es la mejor, sin duda.
- Sí, por favor.

Un domingo realmente lento y tranquilo. Habíamos llegado a casa luego de salir al bar de siempre y ahora, Mimi y yo, totalmente insomnes nos desparramamos en el sofá. Eran como las seis de la mañana casi y la necesidad de un desayuno simple pero generoso se hacía urgente. Un “voy a preparar algo” la alejó de mí, dándome mucho frío. La vigilaba escondido en el sofá, como un niño a punto de hacer una travesura.

Desayuno?

Luego de responderle que me gustaría comer los trozos de pollo con "salsa rara" que sobraron de la cena anterior, aproveché su concentración y su incapacidad para lidiar con la nueva cocina que habían comprado en su casa para correr hacia su habitación y echarle una mirada a su “diario”, buscando una pista acerca de qué le gustaría para su cumpleaños, que era la semana que venía. El “diario” de Mimi no es su diario verdadero (ese nunca lo leería, creo), era una especie de panel mensual en donde colocaba las cosas que quería hacer (y debía hacer). A veces, anotaba cosas extra o hacía pequeños dibujos. Luego de revisar todo Setiembre, solo encontré un dibujo de ambos en miniatura, de Yuki cuando se cayó de las escaleras (sin ningún daño aparente) y una carita feliz a inicios del mes (la fecha esperada). Había estado nada más que medio minuto cuando algo me llamó la atención. Su sketch-book estaba abierto y había algunos trazos que yo no podía descifrar. Al parecer era el boceto de un nuevo dibujo. Estaba impecable. La oí llamarme desde el primer piso así que bajé, con la excusa de haber ido al baño.

- Así que… ¿qué hacías en mi cuarto? - ¿acaso fui descubierto? ¡No!
- ¿Eh? Bueno…
- Jaja. En realidad, tu cara te delata, solo había lanzado una pregunta al azar.
- Nada nada.
- ¿No estarás espiando mis cosas, verdad? ¡Acosador! Jaja.
- No, claro que no. Oye. Mimi, ¿Qué quieres para tu cumpleaños?
- Ah… ¿era eso?

Como si hubiera dicho algo que no debía, un silencio bastante tenso inundó la sala y se metió entre los dos en el sofá. Sentí como si ella quisiera decir “nada en especial” o, al menos, era la expresión que acompaña esa frase. Pero solo se quedó mirando el plato con el desayuno para ambos. Estábamos muy cerca y ella se recostaba sobre mi costado así que no podía ver sus ojos. Le pregunté si todo estaba bien y parecía que la había despertado de repente. ¿Pasa algo? Espero que no, realmente.

- Solo miré tu panel pero, ¿te molestó que entrara a tu habitación?
- ¡No, claro que no! Es solo que tú sabes que cumplir años no me anima nada.
- Sí, lo sé, pero no era para que te quedaras en blanco.
- Hay algo que me incomoda y no sé cómo debo actuar. ¿Me escucharías un momento?
- Claro que sí, te escucharé todo lo que tú necesites. – le dije con mi sonrisa usual.

Mimi (y aquí suspiré aliviado) me dijo que si bien los últimos dos años había celebrar su cumpleaños entre los cuatro de siempre, este año no tenía muchas ganas de hacerlo pues el haber estado fuera había hecho que los extrañe mucho y bueno, haciendo memoria, había querido pasar tiempo entre todos bastante seguido. De alguna manera entendí su preocupación, cómo decirles a tus mejores mejores amigos que quieres estar sola en ese momento algo crucial en donde todos quieren celebrarte, de una u otra manera. Me ha pasado, definitivamente, pero eso era antes de…

- … contigo.
- ¿Eh? – no le había estado escuchando por estar en mis pensamientos.
- Que, en realidad, solo quiero pasarla contigo este año.

Me miraba sin sus anteojos con una mirada realmente triste y preocupada por lo que los demás iban a pensar. Estaba pensando en proponérselo, pero separarlos de ella (en su cumpleaños)… pensé que sería algo cruel. Parece que no será tan difícil después de todo. Me pregunto si estos días estuvo esperando a que se lo dijera. Tal vez sí, tal vez no, quién sabe. Pues, de todas maneras se lo diré para mi propio cumpleaños sin dudar. Me imagino que una chica se preocupa más por sus amigos que un chico (como yo). Pensándolo bien, pude imaginar con gran definición gráfica las caras de los dos y haciendo gestos de "dos pulgares arriba" diciéndonos "No se preocupen, ¡pásenla bien!". Negué con la cabeza resignado.

"Déjame volver, déjame volver..."


No nos dijimos nada. No sabía tampoco qué tenía planeado. De repente el sueño nos noqueó y nos quedamos dormidos. El domingo se pasaba lento en el sofá. Ya por la tarde me desperté y Mimi no estaba conmigo. Solo mi camisa arrugada (y con algo de baba en mi pecho). Bostecé y la busqué, encontrándola en su habitación durmiendo sobre su sketch-book. Sabe que babea cuando duerme así que lo hizo a un lado. Miré el dibujo y ya podía distinguir un faro frente al mar. Ah… ese lugar… ¿Quieres que vayamos de nuevo ahí Mimi? La cargué y la llevé a su cama y entre sueños se peleaba conmigo para volver a dibujar. Ah, Mimi, sinceramente, eres una tontita. Y esa es la razón por la cual me encantas tanto.

Apenas se volvió a dormir, salí de la cama e intenté buscar en ese panel-calendario alguna pista escondida de cuál era el verdadero plan. Un tierno "¡Basta!" me hizo regresar rápidamente a dormir… Intenté mirar de lejos y me cayó un golpe.

Etiquetas :

item rate
Total de Votos: 2 - Rating: 3.00

Vota por este artículo:

Ingrese su correo electrónico para suscribirse a los comentarios de este artículo:

Ingrese los caracteres de la imagen y presione el botón "Suscribirse":

Comentarios

No hay comentarios aún

Añadir Comentarios

:

: (obligatorio)



(obligatorio)

Su comentario deberá ser aprobado antes de ser publicado. Gracias!