Cisne - Henry Rodríguez
Muchos profesores me han comentado su preocupación respecto a la ocurrencia de robos dentro de las aulas. Como sucede con cualquier problema que afecta la vida en común, el robo en la escuela es un tema complejo y definitivamente no tiene una única solución, ni existen recetas fáciles o de corto plazo que lo resuelvan. Cada caso es particular y distinto y esas diferencias siempre deben tomarse en cuenta.

Personalmente no soy partidaria de la separación del estudiante de la escuela. Creo que un estudiante no debiera ser expulsado nunca -o casi nunca, para ser más exactos- de la escuela a la que pertenece. Un estudiante que roba es en parte un producto de la escuela. Expulsar a un estudiante, desde mi punto de vista, es como que un hospital pusiera en la calle a su enfermo mas grave precisamente porque está grave, renunciando así a su responsabilidad para con ella o él. Este punto creo que debe discutirse mucho más a fondo, y no será en esta entrada sino en alguna otra en que abordaré expecíficamente este tema.

Sin embargo, considero que hay varias cosas que pueden hacerse cuando se presentan casos de robo en la escuela. A continuación expongo algunas ideas:


1) Un problema de robo merma la confianza de los miembros de un grupo y es basicamente injusto. Creo que el problema debe ser atacado por alli, como problema colectivo. Cuando el robo se concibe como un problema individual (hay alguien que roba, un "ladrón") se pierde ese factor comunitario y de cultura de la escuela que es tan importante.

2) Por lo tanto, mi sugerencia apunta a trabajar colectivamente el tema. Muchos colegios no están acostumbrados a esto pero creo que es la unica manera de llegar realmente al fondo del asunto.

3) Es necesario hacer a los estudiantes conscientes de que el robo es un problema, pues aunque parezca mentira, muchas veces no existe conciencia plena entre ellos de que lo sea. Resulta útil por ello conversar en aula sobre el tema: ¿Cómo lo perciben? ¿Cuáles son sus causas? ¿Reconocen sus consecuencias para ellos mismos y para la vida en el aula y en la escuela? Es necesario tener sesiones simplemente para debatir el tema y trabajar la idea de que es un asunto COLECTIVO que concierne a todos y no un problema individual (que es como usualmente los estudiantes lo ven), pues afecta la confianza que se tienen los miembros de la comunidad, dificulta el buen desenvolvimiento de las clases, etc. Esto suele tomar tiempo pues pasar de una visión individual de este tipo de asuntos a una comunitaria es un proceso lento.

4) Es importante trabajar el tema desde 3 frentes: uno, haciendo entender a los estudiantes que ocultar una falta -el robo en este caso- no es adecuado (que no es sinónimo de amistad, por ejemplo), haciéndolos conscientes de lo que siente la víctima al haber sido objeto de un robo, y sobre todo, haciéndolos partícipes colectivamente del tipo de sanción. Esto deberia ser un proceso dinámico en el que la comunidad educativa opina y argumenta sobre lo que se merece la persona que ha cometido la falta, y toma colectivamente la decisión de sancionar o de dar a la persona una segunda oportunidad.

Lamentablemente muchos colegios no pueden aplicar este tipo de estrategia porque tienen reglamentos predeterminados y rígidos que nunca se revisan y en los que se estipula de antemano que robar es "falta grave", y se señala la sanción a aplicar. Esto me parece nocivo, ya que cada caso tiene particularidades que deben tenerse en cuenta al momento de decidir. ¿Cómo puede saberse de antemano que algo es "falta grave" sin tomar en cuenta -por ejemplo- las intenciones de la persona, el contexto de la falta, o los posibles atenuantes? Con ese tipo de reglamentos se ata de pies y manos a los profesores, quienes muchas veces se sienten obligados a seguirlos aunque no crean en ellos, y no se permite la participacion de los estudiantes en la real toma de decisiones sobre las reglas que rigen su vida escolar.

En resumen, es necesario romper la idea de una disciplina dividida en una cultura adulta (adultos que crean las reglas y las aplican o imponen) versus una cultura estudiantil (estudiantes que no participan en la generación de las normas y que reciben sanciones pasivamente), de modo que los estudiantes se sientan parte de la cultura de la escuela y asuman una participacion directa en la vida (normas, reglamentos, sanciones) de la misma.

Para ello, la disciplina debe ser entendida como expresión de una moral compartida (por todos) y no como control social o simple manejo de conducta. Debe dejar de ser punitiva para pasar a tener connotaciones morales. Si la disciplina se vuelve una tarea colectiva, los estudiantes asumirán el control disciplinario como propio, se acabará la presión de pares para hacer precisamente lo contrario a las normas, ya que las normas no serán "de los profesores" sino de todos. Jean Piaget decía con toda razón que la disciplina debe abandonar la idea de que el primer objetivo del castigo debe ser la disuasión (para lo que se necesitan castigos cada vez más horrendos), y reconocer que su objetivo principal debería ser la expresión de la desaprobación del grupo. Esto depende, por supuesto, de la fuerza de la comunidad y el aprecio que cada uno de sus miembros le tenga.

Sobre el tema de la comunidad, el vínculo afectivo que sería deseable que los estudiantes desarrollen hacia su escuela, y el tipo de disciplina que la comunidad crea, hablaré más adelante.