He tenido la suerte de ser parte de varios proyectos sociales, y durante o al terminar uno siempre se cuestiona el real aporte que se brinda, si existe o no un beneficio real dentro del proyecto o programa. Hoy en día existen una serie de herramientas de control, evaluación y hasta ISOs sobre responsabilidad social, que indudablemente nos dan alcances sobre el trabajo realizado, sin embargo cuando uno trabaja directamente con personas y sobretodo en temas de desarrollo personal y humano, es difícil que los números te den una respuesta satisfactoria.
¿Cómo saber si sacamos a niños o adolescentes de las drogas? ¿Ayudamos a que respeten más a sus padres, a que formen una identidad nacional, a que se hicieran respetar? ¿Contribuimos a que escogieran bien su profesión, a que sean más solidarios con su comunidad, a crear proyectos, tener sueños, escoger amores, quererse más, etc.? ¿Cómo saberlo?... pues no lo sé
Junto a unos amigos, tenemos actualmente a cargo el programa de adolescentes de CREA. Son 20 jóvenes invitados, quienes han participado de los talleres y programas realizados en Juan Pablo II (SJL) desde hace años, como parte de la historia de CREA y la propia.
Esta etapa ha empezado con jornadas en la ciudad, con una serie de componentes educativos, culturales y formativos, que buscan ofrecer herramientas y aptitudes para una mejor toma de decisiones. En las salidas iniciales he visto con satisfacción el comportamiento y responsabilidad de los chicos. En este sentido, regresa la pregunta: ¿Hemos sido parte de esto?, me gusta pensar que sí, que el programa tiene un real impacto. Solemos tomar pruebas constantemente, buscando áreas débiles en donde trabajar, y fortaleciendo talentos, mejorando día a día nuestra metodología, trabajando en los indicadores.
No niego la validez e importancia de estas evaluaciones, sin embargo nada puede decirme más que una sonrisa de agradecimiento a pesar de las horas de caminata, los ojos curiosos ante el arte, la emoción de conocer nuevas cosas o “el valió la pena” de otros voluntarios. Estos detalles me dicen que vamos por buen camino, pero también que la tarea continúa y esos momentos son el motor para seguir reinventando esta aventura, para seguir poniendo nuestra profesión y talentos en beneficio de los demás. Así cada noche sé que tengo una tarea para mañana, pero también sé que no estaré sólo para realizarla.








