Me había quedado dormido en el sofá con Mimi y me desperté diciendo esa embarazosa frase. Felizmente no despertó. ¿Cuántas horas habrían pasado? Ya era oscuro y no tenía mi celular a la mano. De repente me pareció que la casa estaba más tenebrosa que de costumbre. Mamá nos había dejado unas galletas y magdalenas en la mesita, y un peligroso y sospechoso jugo surtido. “¿Qué le habrá puesto esta vez?” me pregunté somnoliento y la sed no pudo impedir que me lo tomara todo. Miraba dormir a Mimi totalmente despeinada, roncando cada siete minutos. Le decía cosas al oído y sonreía entre sueños.
- No quiero ir al colegio, mami…
.jpg)
Afuera llovía mucho. Me daba cuenta por el característico sonido que hace la lluvia en los neumáticos de los autos que pasan apurados. El televisor estaba apagado, seguramente por obra de Mamá en algún momento cuando nos quedamos dormidos. Eché hacia atrás mi cabeza y me quede mirando el techo por largo rato. No sé si estaba disfrutando el momento o soñando despierto, con solo el sonido de la lluvia afuera y el “helado de vainilla” esporádico de una Mimi dormida como fondo. ¿Yo hablaré dormido también? Bueno, nunca nadie me dijo nada al respecto.
“Hey, bella durmiente, ¿qué estamos haciendo acá? Deberíamos estar fuera, con la nariz congelada, caminando contra el viento aferrados el uno al otro intentando sin éxito darnos abrigo. Deberíamos estar esquivando el baño gratis de los autos que pasan a velocidad por charcos de agua, creando olas color marrón. Qué raro. Por alguna razón no me atrevo a despertarte. Por alguna razón prefiero entender esto como si se hubiese detenido el tiempo y te estoy observando. Me gusta dibujarte con palabras, tal vez esa sea la razón por la cual no digo mucho cuando nos quedamos callados. Lo sabes, ¿verdad?”
- ¿Eh? ¿Me quedé dormida? – y te acabas de despertar.
- Sí, bueno, en realidad yo me acabo de despertar también.
- Ah, qué flojera. – bostezaba tapándose con la mano – Me muero de frío.
Mimi se recostó en mi pecho rodeando mi cuello con sus brazos delgados. Ciertamente estaba helada. ¿Qué tanto puede dormir en un sofá una chica de su edad? Pues ella me demostró que tal vez cinco horas no eran suficientes. Empecé a acariciar sus hombros y me di cuenta que su respiración no era la de una chica profundamente dormida.
- ¿Qué piensas? – le dije esperando con seguridad su voz.
- Nada. Estoy haciéndome la dormida.
- ¿Eh? ¿Y eso?
- Para que sigas hablándome al oído. Tu voz suena más calmada y me da cosquillas también.








Hace un tiempo que descubrí tu blog y si bien no siempre lo leo (porque a veces me abruma), cada vez que me doy una vuelta por aqui para aventurarme en uno de tus esritos pienso: caramba! este man es un maestro!
Particularmente este final me gustó mucho.
Un saludo
PD: Primera vez que comento :p (o creo que ya comente algo aqui hace media hora...? plop... que será.